En el oeste de Puerto Rico, una hilera de estructuras inclinadas parece que le hace reverencias al mar y a los hermosos atardeceres naranja intenso que allí ocurren. Lo que una vez fueron complejos de apartamentos cuyas unidades tenían un valor sobre los 200 mil dólares, son ahora ruinas.
Fueron demolidos en 2022, luego de que, por la marejada ciclónica que provocó el huracán María en 2017, la pérdida de playa hizo que una parte de los edificios quedara dentro del agua. Ahora la orilla no es más que una pequeña franja de arena. El patio de muchos hogares es un cúmulo de ruinas de cemento, basura y vegetación. «Hay un refrán que dice ‘lo que es del mar al mar vuelve’ comenta Anaís Rodríguez Vega, la secretaria de Recursos Naturales y Ambientales, mientras camina por la carretera rota y se escuchan las olas golpear con fuerza los pedazos rotos. Lo que parecía un destino paradisíaco es ahora escombros.
La Biblia nos instruye a construir sobre la roca que es Cristo, para tener una vida, aunque no libre de tribulaciones, sí de destrucción y desolación. Reconozca a Dios y viva tranquilo sin temor del mal.