El 15 de mayo de 1941, a las 9:45, Walter Osipoff, subteniente de infantería estadounidense de 23 años abordó un DC-2 para supervisar saltos de práctica de 12 de hombres a su cargo.

Nueve de los hombres ya habían saltado cuando Osipoff comenzó a prepararse para lanzar el último contenedor. Pero la cuerda de apertura automática de la mochila del paracaídas se enredó en el cilindro y, de pronto, su paracaídas se desgarró.

Intentó sujetarse a la tela de seda que fluía a toda velocidad, pero se vio succionado hacia el vacío. Con el avión que tiraba de él en una dirección y el paracaídas de emergencia en otra, advirtió que sería partido por la mitad, estaba colgando de una sola pierna, girando y rebotando.

En tierra, el teniente Bill Lowrey y el mecánico de aviación John McCants, se percataron del peligro. Subieron a un avión de observación de dos asientos donde luego de varios intentos lograron rescatar a Osipoff, cortando las cuerdas del paracaídas con el propulsor del avión.

Todos en la vida necesitamos de amigos que nos ayuden en los momentos que más lo necesitamos. La Biblia dice que dos son mejor que uno, porque si caen, uno levanta al otro, pero ay de aquel que no tiene quien lo levante.

Tómese de la mano de Dios porque nunca lo dejará caer.

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