El apóstol Juan en su tercera carta dice “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.”
Dios quiere que nos vaya bien, pero hay trabajo que hacer para que eso suceda. Te comparto 3 pasos para que te vaya bien en todos tus asuntos.

El primero: conciencia. Cuando el ser humano entiende su entorno, el cambio sucede. Es decir, hasta cuando está consciente es que las cosas ocurren. La conciencia es un límite, un parámetro de conducta; nos dicta cómo debemos comportarnos en una situación específica. Por eso, alguien inconsciente de su límite de velocidad puede causar una tragedia al conducir su vehículo. Pero ¿cómo pasar de un estado de inconciencia a uno de conciencia? Mi respuesta es madurez. Solo el maduro comprende la situación. Un niño no tiene la capacidad para evaluar los riesgos que representa jugar con un cuchillo, un adulto sí.

El segundo: disciplina. Para mí, la disciplina es el respeto al tiempo. Por ejemplo, si es tiempo de comer, comer, si es tiempo de dormir, dormir. Pero muchas veces ocupamos el tiempo de algo en otras cosas dando como resultado el caos. ¿Has experimentado el caos en tu vida? Quizás lo que te hace falta es disciplina.

El tercero: constancia. La diferencia entre disciplina y constancia son las veces que algo ocurre. Si aplicas la disciplina solo una vez no habrá cambios, pero si lo haces constantemente verás los resultados. Ser disciplinado en hacer ejercicios 1 día, sí te ayudará, pero hacerlo constantemente por un mes o un año, ¿cómo crees que te verás? Aplica la constancia a tu salud, a tus finanzas, incluso a tus relaciones con otros y verás la diferencia. No hay constancia sin disciplina y no hay disciplina sin conciencia. Con un elemento que falte todo es ilusión. La conciencia lleva a la disciplina, y esta impulsa a la constancia y esa combinación lleva al éxito. Recuerda, Dios desea que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente.