Corrie Ten Boom fue una mujer sobreviviente de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Junto a su familia ocultó en su casa a decenas de judíos durante la ocupación alemana de su país natal, Holanda, hasta que fueron descubiertos por los nazis y varios miembros de la familia fueron enviados a prisión en 1944. En su libro “El refugio secreto”, hay un relato, entre los muchos, sobre lo que significa permanecer firme a pesar de las circunstancias. 

Junto a su hermana Betsy, se encontraban en el campo de concentración de Ravensbrück. Allí organizaban devocionales con las demás prisioneras y compartían la esperanza de Jesucristo. Dormían en barracas junto a cientos de mujeres, y debido a la exigua higiene y el hacinamiento, se infestaron de piojos y pulgas. Corrie estaba asqueada y desmoralizada, pero su hermana Betsy le recordó que había que dar gracias a Dios en medio de cualquier circunstancia, pero Corrie no encontraba sentido en darle gracias a Dios por los piojos y pulgas. 

Semanas después, cuando un supervisor fue enviado a investigar las reuniones que ellas estaban realizando, este se negó a ingresar debido a la plaga de piojos y pulgas. Betsy le dijo a Corrie que eran las pulgas las que habían evitado que sus actividades evangelísticas fueran interrumpidas. Ahí se dio cuenta Corrie que sí, podía dar gracias a Dios aun por las pulgas. 

En Hebreos 10:23 leemos “Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.” La misma esperanza que sostuvo a Corrie y Betsy en sus circunstancias abrumadoras, es la que puede sostenernos a nosotros en medio de cualquier situación. Esa esperanza está basada en la promesa de nuestro salvador Jesucristo, quien prometió que nos prepararía un lugar en el hogar celestial, para que estemos con él para siempre, disfrutando de su amor y compañía, sin llanto y sin dolor. Permanezcamos firmes sostenidos por esa promesa.