Cuando tenemos problemas con pleitos, iras y contiendas, por lo general, afectamos nuestras relaciones familiares, de trabajo y amistades, perdemos el control y el dominio propio sobre nuestros instintos y no guardamos nuestra lengua. Cuando dejamos que Dios gobierne nuestras vidas, comenzamos a decir cosas que ayudan a la edificación de otros. Muchos matrimonios y oportunidades de negocios se han destruido por chismes, por manipulación y por hablar de más. Dios nos demanda y desea que abandonemos toda amargura que nos hace tanto daño emocional, espiritual y física.
Como hijos de Dios dejemos a un lado el enojo, gritos y calumnias y tratemos de edificar buenas relaciones con amor, cariño y consideración, tratando a los demás como quisiéramos nosotros ser tratados. Mucho de cómo las personas nos consideran viene de nuestras actitudes y de lo que comentamos, pues nos marcan y nos señalan. Todos fallamos, solo Jesús es perfecto y santo, pero tenemos que saber que Dios nos da la autoridad y poder para vencer en su nombre, toda carnalidad y crecer cada día, aprendiendo de su humildad y sencillez, honrando su nombre. Jesús nos da ejemplo de obediencia cuando puso en práctica el dominio propio en el momento que fue lastimado y herido por nosotros. En Isaías 53:7 dice que fue maltratado y humillado y ni siquiera abrió su boca; y como cordero fue llevado al matadero.
El deseo de Dios es bendecirle, ayudarle, usar su vida para la expansión del evangelio, recordemos que nuestras conversaciones y contestaciones tienen que ser edificantes y que a su tiempo darán frutos de amor, comprensión, compañerismo, buenas relaciones. Piense primero antes de hablar, todo lo podemos en Cristo, Él es la fuente de sabiduría, pida a Dios que le ayude a ser victorioso. Aprendamos a ser buenos oidores, saber escuchar, dejar hablar a los demás y no interrumpir. Recuerde que Dios nos ha dado un valor y a sus ojos somos de alta estima. Esforcémonos en agradar a Dios y a los que amamos. Usted puede, con sus actitudes, conquistar lo que desee. No se quede solo con palabras, actúe para el bienestar de los suyos. Hablemos con palabras sabias y llenas de Dios.