Quien no olvida su pasado paraliza su presente y elimina su futuro.  No podemos disfrutar al máximo si vivimos en el pasado, pero sí podemos desperdiciar nuestra vida al máximo si vivimos en el pasado.  ¿Cuál es la solución? El Apóstol Pablo nos la da en Filipenses 3:13 “Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.”.  ¡Olvide lo que queda atrás! Haga como dijo Pablo: “esforzándome por alcanzar la meta que está adelante sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús.”  
Ser cristiano no es fácil, ser cristiano es una carrera de resistencia, es correr paso a paso, día a día, año tras año, y como dijo Jesús: “el que persevere hasta el fin, este será salvo.”  Porque no es fácil, hay momentos en los que usted ya quiere tirar la toalla, que usted ya no quiere seguir, pero si usted persevera paso a paso, Dios estará al lado suyo diciendo: “sigue hijo, ya vas llegando, el premio está allá.  Mira, levanta los ojos, allá estoy esperándote con el premio que tú tienes ganado, por medio de la fe en Cristo.” 
Olvidar el ayer es imposible, pero el pensamiento que nos llega podemos dominarlo al grado que no nos cause la náusea, el rencor, la tristeza que antes nos causó.  Reflexione sobre estos pasajes bíblicos acerca del pasado: 
Romanos 12:19 “No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor.” 
Y aquí viene otro, más difícil de tragar, pero es la medicina que él nos da: 
Mateo 6:12 “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.” 

Todos queremos que Dios perdone nuestros pecados. Pero Él dice, “los perdono si ustedes perdonan.  Si ustedes no perdonan va a estar difícil que yo perdone”. El perdón es condicional.  Si nosotros damos recibimos, si sembramos cosechamos.  Tenemos que aprender a perdonar.  ¡Perdone!  Sobre todo, si es a su esposo o a su esposa. 

Si usted está viendo el pasado todavía y viviendo en el pasado, recordando la herida, la tristeza, la ofensa y eso lo mantiene incapaz de disfrutar el presente, usted jamás será feliz.  Tiene que aprender a perdonar, a amar al Señor y a no mirar atrás. 

Dígale al Señor qué es lo que sufre, lo que le duele, lo que resiente.  Dígaselo al Señor.  Qué es lo que le hace ser infeliz hoy, póngalo en las manos del Señor.  Quizás son sus hijos ingratos, quizás es su padre irresponsable, quizás es su madre pecadora, el socio falso.  No sé qué es lo que le ha tenido sufriendo por años, pero dígale al Señor de corazón: Señor, no quiero sufrir más el día de hoy por esto que me pasó ayer, hace cinco años o hace sesenta años.  Usted sabe cuándo fue, Dios también lo sabe.  Dígale al Señor que le ayude a perdonar, a poner en sus manos el caso.  Él es el juez justo y él dice: Mía es la venganza, yo pagaré.  Él se encargará, pero usted no anide más en su corazón estos sentimientos. 

Olvide el pasado, fije su mirada en el presente y camine a su futuro brillante. Aprópiese de esta promesa: “Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” 

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