Las personas nos dicen «no tengas temor» y algunas veces esas palabras no tienen el efecto deseado, pero con la ayuda de Dios podemos superar nuestros temores y alcanzar la fe en Jesús. El temor es típico en el ser humano y aparece de repente, pero como hijos de Dios nuestra reacción debe ser poner en práctica la fe que hemos alcanzado. En la Biblia tenemos ejemplos, como David que escribió: “busqué al Señor, y Él me respondió; me libró de todos mis temores.” David tenía temor y miedo de morir, ese hombre que estaba lleno de la presencia de Dios, campeón de Israel, el salmista, el pastor dedicado, el que mataba osos, el que domaba leones, el que venció al gigante Goliat y el líder del ejército de Israel tenía momentos de temor.
Él buscó al Señor y se aferró a sus promesas, en su apuro demandó su favor, le pidió auxilio, y el Señor le oyó y le contestó inmediatamente y lo libró de todos sus temores, fue libre. David dijo: «Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza. Confío en el Señor y no tengo miedo.” También encontramos en la Biblia a la reina Ester. Su primera reacción al oír que su pueblo estaba oprimido fue el temor. Pero ella entregó a Dios su situación con todos sus temores, y Dios le dio poder y fuerza para librar a su pueblo, cambió su temor por fe. La fe viene por creer y aplicar la Palabra de Dios. No basta solo con oír su Palabra, hay que ponerla en práctica en cada situación que se nos presente. Si usted posee una Biblia, para conocer sus verdades y bendiciones, tiene que abrirla, leerla y estar listo para obedecer sus mandatos. La Biblia nos presenta la realidad de Dios, revela su carácter, su obra, su deseo y sus mandamientos; y nos lleva a tener una relación personal con Dios y con su Hijo Jesucristo.
Esta relación personal se construye sobre la fe, que es creer y confiar en el Dios vivo como lo revela su Palabra. Cuando leemos y aplicamos su Palabra llegamos a conocer mejor a Dios. La fe en Dios nos da libertad del temor y aumenta la seguridad que Él nos ama.
Así como David y la reina Ester vencieron los temores sobresaliendo la fe, la oración y la obediencia; también nosotros debemos imitarlos, para dejar atrás el temor y que nuestra fe y confianza en Dios crezca cada día más y más.