Todos, en mayor o menor medida, hemos experimentado lo que significa esforzarse. A veces el cansancio, las preocupaciones, los problemas o las penas nos quitan el descanso y, aun así, el despertador suena a las cinco de la mañana y nos levantamos. El cuerpo quizás no quiera, pero nos levantamos porque estamos dispuestos a esforzarnos. Ejemplo de ello son los miles de voluntarios de La Fráter, que no se les paga un salario, y sin embargo ahí están, domingo a domingo, sirviendo con amor a Dios. En la Zona de Campeones, por ejemplo, hay varios cientos de niños que asisten a cada reunión y aprenden la Palabra del Señor gracias a personas que sirven por gratitud y por fe.
Todo lo que hagamos, debemos hacerlo como para el Señor, no como para los hombres. ¿Hay algo fácil? No hay nada que no requiera esfuerzo. A veces no tenemos el ánimo, ni siquiera de quitarnos porque viene el peligro, pero es importante el esfuerzo. Ya viene la época donde muchos padres de familia tendrán que levantarse muy temprano para llevar a sus hijos al colegio y luego ir a trabajar. Y al regresar, llegan a la casa y tienen otro trabajo. Ver a sus hijos, ver sus tareas, ver que la casa esté en orden. ¡Algunas mujeres tienen que atender a los hijos y al esposo! Por eso Pablo no dejó de decirnos a nosotros los cristianos que nos esforzáramos.
Cualquier deportista sabe que para lograr sus resultados tiene que esforzarse; ya sea dejar de comer algo o comer mucho más de lo otro o hacer más ejercicio que la mayoría. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, tiene 40 años haciendo hazañas como cuando tenía 20. ¿Cómo es que lo ha logrado? Es el primero en llegar al campo, último en salir del campo; sus compañeros dicen que él nunca bromea cuando está haciendo prácticas, todo lo hace en serio, él se esfuerza. El esfuerzo es parte de la vida. Y si nosotros le ponemos esfuerzo a lo que hacemos, vamos a tener éxito. En Josué 1:7 dice “Solo te pido que seas fuerte y muy valiente para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella ni a derecha ni a izquierda; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas.” Nos desafía. Todos queremos tener éxito, pero no hay éxito sin esfuerzo. El éxito no es por casualidad. El éxito no se hereda. El éxito se obtiene con dedicación, con esfuerzo. El versículo 8 dice “Recita siempre el libro de la Ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito.”
La gente que ha prosperado en esta vida es gente que se ha esforzado. Gente que no se ha conformado con ser normal, del montón; cualquiera que destaca es porque se esfuerza. Y eso es lo que necesitamos hacer nosotros.
Hay que esforzarnos para prosperar y tener éxito. En el versículo 9 lo vuelve a decir: “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas».” En la vida es muy fácil desanimarse, siempre va a haber alguien que nos puede desanimar. Seamos como los profetas del Antiguo Testamento que tenían rostro de pedernales, no les calaba lo que les decían, como dicen algunos, «se ponen aceite y les resbala».
Iniciemos este año con esfuerzo, dedicación y enfoque. Tenemos que consagrarnos a desarrollar nuestra visión. No podemos desenfocarnos, tenemos que enfocarnos en lo que el Señor nos ha mandado hacer. Todos nosotros tenemos un llamado, una misión; y hay que enfocarnos, no hay que distraernos y buscar que la hagamos con éxito. Cuando lo hagamos, veremos el resultado, incluso al transcurrir de los años. Yo me he encontrado con personas que me han dicho que el consejo que les di hace 30 años les ha cambiado la vida. A veces son como marcas de clavos, que marcan la madera, pero sostienen a través del tiempo.
Como hijos de Dios, debemos obedecerle, leer su Palabra todos los días para que él nos hable, orar todos los días para que él nos escuche, y compartir el evangelio todos los días para transformar nuestra nación.
Que el bien y la misericordia del Señor lo sigan todos los días de su vida.