El Dios con nosotros se hace realidad cuando reconocemos a Jesús como nuestro Salvador personal, Él perdona nuestros pecados y nos adopta como sus hijos y experimentamos ese gozo de la salvación. Hemos alcanzado su misericordia de transformación personal, ahora somos diferentes porque Jesús nos ha regalado paz, amor, perdón, bendición y podemos brillar para Él porque Él es la luz del mundo, ha quitado la amargura, el temor, el miedo, la frustración y nos ha dado de Su poder y dominio propio por Su Espíritu Santo. Tenemos que expresar agradecimiento y reconocimiento a Dios por darnos a Jesús quien ha hecho grandes cosas en nuestras vidas, el salmista dice: “Oh Dios, tú has hecho grandes cosas; tu justicia llega a las alturas. ¿Quién como tú, Oh Dios?”. En Isaías se anuncia el nacimiento de Jesús el Salvador del mundo: “El Señor mismo les dará una señal: La joven concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel, Dios con nosotros.” Y en los Evangelios encontramos la historia de cómo Dios envió al ángel Gabriel a visitar a María, y le dice: “¡tú que has recibido el favor de Dios, el Señor está contigo María! Ella se perturbó, y se preguntó ¿qué podría significar este saludo?, algo muy importante es que le dice: “No tengas temor. Quedarás encinta y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, será un gran hombre y lo llamarán Hijo del Altísimo. Porque para Dios no hay nada imposible.” María comienza a regocijarse y dice: “mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.”
En la Palabra de Dios encontramos promesas que nos dan ánimo, aliento de vida, fortaleza, provisión y consolación para el corazón necesitado. Esto, lo recibimos por Su gracia y amor.
Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna, esta es la gran verdad que motivó el plan de Dios para la salvación. Demos gracias a Dios por amarnos tanto que nos dio a su hijo para darnos vida eterna, quien nació humildemente pero ahora está sentado a la diestra de Dios Padre intercediendo por nosotros. ¡Jesús, digno eres de recibir todo honor y toda gloria! Amén.