Criar a un hijo macho redujo significativamente la posibilidad de que una orca hembra pudiera volver a reproducirse en el futuro. “Las madres sacrifican su propia comida y su propia energía”, explica el profesor Darren Croft de la Universidad de Exeter. Las orcas permanecen estrechamente unidas a sus familias durante toda su vida. Pero mientras las crías hembras jóvenes se vuelven independientes cuando alcanzan la adultez, los machos dependen de sus madres, incluso exigiendo una parte de la comida que capturan sus matriarcas. El profesor Croft lo describió como una “nueva visión de la compleja vida social y familiar de estos asombrosos animales”. “Nuestra investigación ha demostrado que los hijos tienen una mayor probabilidad de supervivencia si su madre está cerca”, dijo Michael Weiss, de la Universidad de Exeter y el Centro de Investigación de Ballenas. El sacrificio de una madre, aun en el reino animal, es sorprendente y de mucho valor.

La Biblia nos dice que Jesús sufrió el sacrificio supremo, pagó el precio de la paz de la humanidad, un precio que lo llevó a morir en la cruz. Reconozca a Jesús como su salvador y viva en paz y armonía.

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