Micrófono con luces de Navidad

La época navideña y de fin de año invita siempre a la reflexión. Aprovechamos para resaltar el milagro del nacimiento de Jesús, como promesa de Dios para una vida nueva y eterna. En las iglesias invitamos a las personas para abrir su corazón, para que nazca el Salvador y llene de esperanza sus vidas. Y sí, Jesús vino a cumplir lo que Dios había establecido, y lo sigue haciendo con cada persona que lo reconoce como Hijo de Dios y Salvador.

Para que Jesús nazca en el corazón de muchos se requiere de un anunciamiento. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron de parte de Dios, entregando el mensaje de esperanza; los ángeles hicieron su labor al hablar con María, con José y con los pastores de ovejas. Los discípulos fueron testigos en “Jerusalén como en toda Judea y Samaria, hasta en los confines de la tierra.” El compromiso de cada cristiano ahora es que, no solo esta época, sino cada día proclame “Miren que traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor.”

Es importante que nos apropiemos de la responsabilidad del evangelismo, de ser las voces que proclamen el mensaje de salvación. Con el derecho de ser llamados hijos de Dios, recibimos el mandato de “ir y hacer discípulos”. No podemos separar una cosa de la otra.

A la Navidad le sigue una vida de devoción y entrega, de santidad y servicio. El niño Jesús creció para convertirse en el Mesías que entregó su vida para “para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

Dios cumplió su promesa, Jesús cumplió su propósito, ahora nos toca a nosotros cumplir nuestra parte del plan divino. Así que ¿a quién le predicará del regalo de la salvación? ¿A quién invitará a reconocer a Jesús como su Salvador?

El mejor regalo de Navidad que podemos entregar es un mensaje de esperanza.