Desde hace más de tres décadas, cada vez que una tragedia sacude a la humanidad este grupo de hombres, dispuestos a todo para salvar la vida de los otros, demuestran el verdadero significado de la palabra héroe.

Su trabajo es liberar a las víctimas atrapadas bajo los escombros, llegan ahí donde las máquinas y los hombres no se atreven y al respecto dicen: “No hay remuneración, no hay muerte, no hay miedo, no hay comida. Únicamente el servicio a los demás, cuando comprendes esto, entonces eres un Topo.”

La historia de los Topos empezó a contarse en una de las peores tragedias que haya vivido la Ciudad de México. La mañana del 19 de septiembre de 1985 un terremoto de dos minutos desató una crisis humanitaria sin precedentes. Decenas de edificios sucumbieron y por lo menos 10 mil personas quedaron debajo de los escombros.

Estos voluntarios dieron origen a varias brigadas que por su forma de trabajar fueron conocidos como «Los Topos». Actualmente, dichos rescatistas se identifican con un traje anaranjado y no aceptan donaciones de ningún tipo.

Hay terremotos que vienen a nuestra vida donde el único que nos puede rescatar es Dios. En la catástrofe familiar, empresarial, judicial o sentimental, él nos envía la salvación a través de su hijo Jesús.

Crea en Jesucristo y reciba el recate de su vida aquí en la tierra y en la eternidad.