Cuando llegamos con corazones contritos y humillados, reconociendo la grandeza y el poder de Dios, y seguros de que pedimos conforme a Su voluntad, Él nos oye. Ejemplo maravilloso y de admirar es Daniel, quien en su vida privada tenía intimidad con Dios todos los días, y una entrega completa porque amaba a Dios y creía en Sus promesas. Había un decreto que exigía que, durante treinta días, sería arrojado al foso de los leones todo el que adorara a cualquier otro dios u hombre que no fuera el Rey. Daniel se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día.
Su oración era implorando la ayuda de Dios. Daniel confió y Dios libró a su siervo de aquellos leones hambrientos. Siempre el Señor expresará su bondad con aquellos que en Él confían. Dios honró su fe y la oración que hizo Daniel, Él rescata y salva. Jesús es otro ejemplo. Él oró por los que el Padre le había dado, sus discípulos. Algunas veces se nos olvida que la oración debe ser parte de nuestras vidas. Tenemos un gran privilegio y responsabilidad, y es, orar. Una de las cosas importantes para los hijos de Dios que hemos sido perdonados por Su gracia y amor, por la obra redentora en la cruz del Calvario, es de mantenernos en comunicación con Dios. Él se agrada cuando dedicamos tiempo para entrar delante de Su presencia en adoración y oración, pues podemos decirle acerca de nuestras necesidades, inquietudes y deseos de nuestro corazón y por las peticiones de los familiares, hermanos en la fe y amigos. Somos un cuerpo en Cristo, y debemos orar los unos por los otros con mucho amor, no ser indiferentes al sufrimiento. Hablamos con Dios en el nombre de Jesús quién es nuestro abogado y es el único mediador entre Dios y los hombres.
Aprender a orar en todo tiempo, cuando hay alegrías, cuando estamos tristes y llenos de dolor, oremos sin cesar como dice Su Palabra en todo momento y en todo lugar con un corazón dispuesto, llenos de fe, y podemos decir “yo sé en quien he creído”.
Le animamos a que confíe en Dios que su oración será escuchada. No importa cuán difícil sea su situación, eleve sus ojos al cielo de donde viene su socorro, Dios le ama con amor eterno.