Para que podamos ser mujeres de éxito en el área espiritual, moral, física y económica, necesitamos comprometernos y rendirnos de todo corazón a Dios y obedecer sus mandatos, pues ellos nos dan vida, esperanza y nos llenan de poder por su Espíritu Santo. Como mujeres de Dios debemos depender de su gracia, misericordia y bendición.

Cuando nos proponemos crecer en todo, hay resultados positivos y duraderos los cuales nos ayudan a ser mujeres que reconocemos el perdón y restauración que Dios nos ha brindado, llenándonos de gozo y alegría, libres para amar y perdonar, mujeres imperfectas pero llenas de su presencia y usadas con poder, seguras que en sus manos podemos hacer grandes cosas. Hay que enfrentar problemas, retos y desafíos. La vida cristiana se compara con una carrera larga y tenemos que despojarnos del pecado que nos estorba y comprometernos a correr con perseverancia la carrera que esta por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. Él nos provee de conocimiento por medio de leer, meditar, memorizar y practicar su Palabra. Si nos falta sabiduría hay que pedirla para poder tomar decisiones importantes y hacer su voluntad.

La oración es un arma poderosa. No hay que rendirnos fácilmente, recuerden: pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Crecemos cada día para aprender a dar amor, así como Cristo lo demostró al ir a la cruz, nuestra familia necesita amor, los hermanos, los hijos, los suegros, los esposos etc., no se reprima habrá su boca y declare palabras de amor y de seguridad, no esperemos solo a recibir, siempre atrévase a dar, sea sincera, confiable y segura de sí misma. Esto es valentía, el perdón y el amor van de la mano, atrévase, comience hoy. Vivamos felices con la ayuda de Dios, renunciemos a las amarguras, resentimientos, murmuraciones y quejas. Dejemos todo esto en las manos del que nos ama y crezcamos para que el fruto del Espíritu lo demostremos siempre. Mujer valiente, esforzada, de esperanza, de confianza y de poder adelante que el éxito en Cristo nos espera. A morir a nuestro yo y a dejar que Cristo crezca cada día.