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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Nos fue enseñado que el ciclo de la vida tiene que ver con nacer, crecer, reproducirse y morir. Ciertamente, la muerte es algo inevitable, todos tenemos que enfrentarla más tarde o más temprano. La muerte, es de las cosas más dolorosas que experimenta el ser humano. esta semana tuvimos una celebración, por así decirlo o un día de asueto que tiene que ver con la muerte. De pronto, esto nos haga reflexionar acerca de la muerte y algunos de nosotros les hizo recordar a los familiares que ya han partido. Lo cierto, es que el duelo es devastador cuando no se conoce la perspectiva divina de la muerte. Si el ciclo de la vida, en aspecto natural, tiene que ver con nacer, crecer, reproducirse y morir, la Biblia nos habla de una eternidad.

1 Tesalonicenses 4:13-18, dice, Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.

Vamos a volver a leer este pasaje, pero frase por frase y de esta manera encontremos una enseñanza y algo para nuestro corazón. El saber qué pasa con los muertos nos da esperanza. El versículo 13 en la primera parte el apóstol Pablo dice: Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto… Si algo puede provocar en nosotros incertidumbre, dolor, temor y duda acerca del futuro es el hecho de no saber, es el hecho de ignorar qué es lo que va a pasar con los que ya han muerto. Esto nos pone en una perspectiva en la que ni siquiera podemos vivir nuestra vida hoy de manera plena, porque tenemos el temor de lo que pasó con el familiar, con el amigo que ya partió, y entonces qué va a pasar conmigo cuando me toque llegar a ese momento.

Es interesante ver cómo nos preparamos para la vida, cómo hoy las señoras son invitadas a un baby shower, porque va a nacer un niño, y los padres se preparan. Algunos preparan el cuarto del niño que ahora ya se sabe sexo, en nuestro tiempo con mi esposa apenas empezaban los ultrasonidos y siempre era una grata sorpresa, el día que nacía el bebé, saber qué era. Nos preparamos para recibir a un niño a este mundo tan complicado y lleno de violencia, tan lleno de injusticias, lleno de tantos problemas. Y, curiosamente, no nos preparamos para entrar a un mundo que es tan precioso, a la presencia del Señor. Y, muchas veces, no lo hacemos porque ignoramos lo que viene después de la muerte y por lo tanto le tenemos temor a ese momento. Somos más que cuerpo. Somos también espíritu. La muerte se nos dice que es la cesación de la existencia, pero como veremos en este pasaje, para el cristiano es el paso a una nueva vida.

En la segunda parte de este mismo versículo nos dice, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. Ojo, entonces existe la tristeza sin esperanza y existe la tristeza con esperanza. El apóstol Pablo no está diciendo que no se entristezcan, está diciendo que no lo hagamos como aquellos otros que no tienen esperanza. El que se entristece sin esperanza prácticamente es un muerto en vida y es que hay funerales en donde, además del muerto, hay muchos muertos en vida. Y se escuchan frases tan desgarradoras, frases tan llenas de sentimiento y tan llenas de emoción, claro, es comprensible, porque la gente no sabe y entonces usted escucha “Ahora para qué quiero la vida, si me dejaste”, “por qué te fuiste hijo mío”, o “ya no tiene sentido para mí la vida”, dice los deudos, “que nos entierren juntos”. Ese es el título de una canción, pero hasta canciones se hacen, precisamente por eso, porque no hay esperanza.

Pero existe la tristeza con esperanza, lo que es dolor profundo, pero con esperanza. Jesús mismo lloró ante la tumba de Lázaro. Se conmovió ante las lágrimas de los demás. Se conmovió ante la separación física de Lázaro. No es pecado llorar, podemos llorar, es bueno para el corazón, así lo dice Eclesiastés, podemos llorar, pero lloremos con esperanza. Nuestro corazón se duele, hemos sido formados y creados a imagen del Señor, es decir que también en nosotros hay sentimientos, emociones, intelecto y voluntad.

¿Qué es lo que nos da esperanza? ¿En dónde está la esperanza? Está en la resurrección que es Cristo Jesús. 1 Tesalonicenses 4:14 dice ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. En Juan 11:21-26 Jesús hace una afirmación categórica —Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas. —Tu hermano resucitará —le dijo Jesús. —Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta. Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás.

La resurrección, la vida es Cristo Jesús y lo que dice después parece un contrasentido, porque dice Jesucristo en mí vivirá, aunque muera. Cómo así, dice que vivirá eternamente, aunque muera físicamente y luego dice y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. Porque no enfrentará la muerte espiritual, lo que la Biblia llama como la segunda muerte. Así que nuestra esperanza está en la resurrección que Jesucristo mismo ya efectuó cuando vino. Murió, pero también resucitó. De esa misma manera, entonces los que han muerto en unión a Jesucristo, resucitarán.

La muerte no es el fin, hay una eternidad y esa es nuestra esperanza. Jesús regresará por segunda vez. Recurrentemente se predica acerca de la primera venida de Jesús, pocas veces hablamos de la segunda venida y la Palabra de Dios nos habla acerca de este aspecto. Es más, Jesucristo mismo lo prometió, y lo prometió en muchas ocasiones. En Juan 14:1 cuando el Señor empieza a decirle a sus discípulos: »No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Esa es una promesa importante. Es precioso visualizar o al menos tener una idea general de cómo Jesucristo va a las moradas celestiales, para preparar lugar para usted y para mí, pero luego Él va a volver, para tomarnos con Él y darnos de esa morada. Más adelante en el versículo 6 da la clave para que podamos llegar al decir Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nuestra esperanza está en la resurrección, en ese momento en el que Jesús volverá por nosotros.

1 Tesalonicenses 4:15-18 dice, Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con el Señor para siempre. Por lo tanto, anímense unos a otros con estas palabras.

Aquí hay cinco aspectos. 1. Jesucristo viene otra vez y ahora lo va a hacer de manera visible, no de manera humilde ni tampoco allá en Belén, sino lo va a hacer tal como lo dice el pasaje: con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios. Los muertos en Cristo van a resucita primero. 2. Nosotros, los que estemos vivos seremos llevados para encontrarnos con el Señor en el aire.

Ojo con esto, es probable que usted muera o que esté vivo cuando Jesucristo venga. Ni se lo imagina, pero así es, nuestra vida va a terminar porque terminemos nuestra vida física, nuestra vida natural o bien porque Jesucristo venga. Los muertos en Cristo resucitarán primero y luego vamos nosotros. 3. Dice este pasaje, estaremos con el Señor para siempre, que bendición, que promesa tan preciosa y termina diciendo, Por lo tanto, anímense unos a otros. Le animo a que recuerde la promesa del Señor, el Señor viene y tendremos resurrección, si ya hemos muerto para cuando Él venga. Y sus familiares, los amigos que han muerto en unión con Cristo van a resucitar, juntamente con nosotros, se encontrarán con Jesucristo en el aire. Así que tenemos una eternidad con el Señor, tenemos una vida eterna, por eso podemos llorar, entristecernos, pero con esperanza.

Si hay una vida eterna ¿habrá una muerte eterna?

Apocalipsis 20:11-15, es importante que veamos la contraparte, si hablamos de una muerte eterna. Luego vi un gran trono blanco y a alguien que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo, sin dejar rastro alguno. Vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Se abrieron unos libros, y luego otro, que es el libro de la vida. Los muertos fueron juzgados según lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros. El mar devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos; y cada uno fue juzgado según lo que había hecho. La muerte y el infierno fueron arrojados al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda. Aquel cuyo nombre no estaba escrito en el libro de la vida era arrojado al lago de fuego.

Irremisiblemente tenemos que preguntar, no es una pregunta del privado en la universidad, no es la pregunta del millón de dólares. Es la pregunta de la eternidad: ¿Su nombre está escrito en el libro de la vida? Porque si su nombre no está escrito no tiene vida eterna, tienes muerte eterna. Y, aunque es duro decirlo, es la verdad establecida en la Palabra de Dios. Claro que creemos en un Dios amoroso, misericordioso, pero también es un Dios de justicia y que para aplicar justicia y alcanzarnos, porque no podemos ser justificados por ningún medio propio, Él envió a Jesucristo.

Esto nos da la pauta para ver el pasaje que hemos escuchado repetidamente, pero esperaría que lo podamos ver desde una perspectiva todavía más radical y determinante para nuestra vida: Juan 3:16-18 »Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Ahí está la clave, para tener vida eterna hay que creer en Jesucristo, quien hizo el sacrificio por nosotros. Si no creemos, entonces no tenemos vida eterna, nuestro nombre no está escrito en el libro de la vida y, por lo tanto, tenemos muerte eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.

¿Su nombre está escrito en el libro de la vida? Si no está escrito o no está seguro que está allí, lo que tiene que hacer es creer en Jesucristo. Solamente por medio de Él podemos alcanzar la vida eterna. Podemos decir que para el cristiano la muerte es triste y duele, pero duele con esperanza. Podemos decir que estamos seguros de que, así como Cristo Jesús murió y resucitó, los que muramos con Él vamos a resucitar y tener una vida eterna. Así que nos podemos animar unos a otros con estas palabras: Jesucristo viene otra vez y los que hayamos muerto con Él resucitaremos también con Él. Hoy queremos orar por aquellos que siguen padeciendo el dolor de la pérdida de un ser querido, que a lo mejor no han encontrado el consuelo para sus corazones, y particularmente en estos días cuando la fecha trae a nuestra mente y corazón recuerdos y pensamientos de aquellos que se nos han adelantado. Probablemente algunos han caído en la cuenta que no han logrado sanar sus corazones, porque les ha hecho falta el consuelo adecuado.

2 Corintios1:3-4 que empieza diciendo: Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Nuestro Dios además de ser un Dios de amor y un Dios de misericordia es también un Dios que nos da consuelo. Los que ya hemos despedido a varios familiares hemos experimentado ese consuelo que viene de parte de Dios. Hay un consuelo también especial que solamente viene de Dios cuando los familiares, amigos, los miembros de la congregación se acercan a uno en momentos como esos y dan un fuerte abrazo y está el apoyo de ellos, la oración de todos.

Ese consuelo de Dios se experimenta cuando se ha quedado solo, cuando ya ha pasado el momento del funeral, cuando toda la gente que lo rodeaba se tuvo que ir y seguir atendiendo sus compromisos, cuando se vuelve a casa y se encuentra con que la persona ya no está, aunque sí están sus cosas. Cuando se piensa que la persona está allí, pero realmente ya no está. Cuando llega la noche y todos se van a dormir, aún el cónyuge, pero se queda solo en su corazón padeciendo y llorando, se puede experimentar ese consuelo de Dios que esta con uno siempre.

Hay algo más que solo el consuelo de Dios y es la paz de Dios. Filipenses 4:6 empieza diciendo No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Es reconfortante poder despedir a un familiar y decir, Gracias Señor, porque me lo diste, porque me la diste. Gracias, porque te llevaste a mi mamá, pero por medio de ella me diste vida o gracias porque le diste vida a mi papá, por tantos años y estuvo conmigo. O gracias por mi hermano. Gracias por el hijo que me diste y lo pude disfrutar.

Y podemos acercamos a Dios con acción de gracias, pero presentándole el sentir de nuestro corazón. El pasaje concluye diciendo: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Esa paz de Dios que no la podemos entender, pero que sí la podemos experimentar, porque guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos de cualquier locura que se pudiese pensar hacer. Es ahí donde podemos decir me puedo entristecer, pero con esperanza, porque al entristecerme derramo mis lágrimas, pero tengo el consuelo de mi Padre, el Dios de toda consolación y tengo la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento y que guarda mi corazón y mis pensamientos.

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