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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Vamos a ver el contraste de un par de personas que parecían ser igual de amigos de Jesús, porque se la pasaban juntos, están en el mismo grupo y tenían muchas similitudes. Ambos fueron llamados por Jesús, ambos fueron testigos presenciales de los milagros, nadie se los contó. Ambos escucharon las enseñanzas directamente de la boca de Jesús, el mejor maestro que pisará esta tierra, ambos participaron en la institución de la Santa Cena, ambos escucharon una palabra difícil de escuchar que fue una profecía acerca de la traición que le iban a hacer a su maestro y, de acuerdo a esa profecía, ambos le fallaron al Señor, tanto Judas como Pedro.

Espero conocer a Pedro en el cielo. Hay personajes en las Escrituras que uno dice este se parece a mí. En Mateo 26:69 se describe la conocida negación de Pedro y cuando lo hizo fue exactamente como Jesús se lo dijo. Su cobardía lo traicionó por gente que no representaba una amenaza para su vida, pero al final de todo cuando oyó al gallo, dice en el versículo, Entonces Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo de allí, lloró amargamente.

Estos dos hombres tenían muchas cosas en común, que compartían. Hubo algo determinante que hace que yo quiera conocer a Pedro y no tenga ganas de conocer a Judas, porque a donde él fue yo no quiero ir. Hay una diferencia abismal, ambos traicionaron a Jesús, pero algo pasó que hizo que Judas terminara ahorcándose y Pedro terminara restaurado. Hay una notable diferencia entre remordimiento y arrepentimiento. Aprendí algo en un comentario bíblico que Judas cometió apostasía, que quiere decir una negación de la verdad. Se dio a escoger entre la verdad y la mentira y él escogió la mentira, pero Pedro cometió un resbalón, un retroceso, como cuando a uno le pegan un susto y se da un paso hacia atrás, eso le pasó a Pedro. La evidencia es en la vida de uno y la muerte en la vida de otro.

En Mateo 27:1-5 dice, Muy de mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de condenar a muerte a Jesús. Lo ataron, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el gobernador. Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos. ―He pecado —les dijo— porque he entregado sangre inocente. Y parecía que se estaba confesando, estaba tomando la responsabilidad, pero vemos que no, por lo que sigue.  ― ¿Y eso a nosotros qué nos importa? —respondieron—. ¡Allá tú! 5 Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó.

Algo increíble pasó adentro de estos dos hombres al momento de traicionar al que decían seguir y amar. Se comprobó que uno sí tenía guardado en su corazón y arraigadas las palabras del que amaba, y el otro tenía una voz predominante, la de él mismo. Nosotros tenemos opción, escogemos la vía del arrepentimiento en el que demostramos humildad y docilidad para escuchar la voz del buen pastor o escogemos la ruta del orgullo donde yo quiero comandar mi propia vida. Cuando Judas falló no supo a donde ir y fue al lugar equivocado. Siempre lo vamos a hacer, cuando el arrepentimiento no es parte del estilo de vida que llevamos.

Judas fue y se confesó, no lo hizo porque sintiera amor por Jesús, sentía remordimiento y horror de lo que era y fue al lugar equivocado. Ese es el diablo prometiendo dividendos, prometiendo una salida, prometiendo un tipo de gloria y siempre que vamos a querer arreglar cuentas y a reclamar va a decir: a mí que me importa, porque siempre nos va a ofrecer algo que no va a poder cumplir. Hagamos un trato, eso es lo que siempre dice, encubramos esto, hagámoslo a tu manera. Vamos a salir muy bien de esto. Y luego cuando se asoma la realidad, está la respuesta: allá tú. Así paga el orgullo, así paga el vivir de acuerdo a nuestra voluntad.

Pedro negó a Jesús y algo pasó en él, ya en esos cortos años, porque se calcula unos tres años de ministerio público de Jesucristo, en ese tiempo en medio de su inmadurez, de su impulsividad, de su emocionalidad o como usted lo quiera llamar había atesorado, había bajado de los oídos, de la mente al corazón las palabras de Jesús.

Las palabras de Dios están vivas y unos ojos que han sido abiertos para ver al buen pastor, unos oídos que han sido diseñados para ser abiertos, para oír la voz del buen pastor. Una vez se oye esa voz, ya no se deja de oír toda la vida. Y se puede escoger entre escucharla o acallarla, abrazarla o negarla. Obedecerla o desafiarla y Judas no tenía otra voz en su mente y corazón, Pedro tenía la voz de Jesús y lo que lo hizo llorar amargamente fue recordar la voz del buen pastor. Ese es amor, eso produjo que Pedro mantuviera su vida.

La respuesta natural a la traición al que se ama, Judas no amaba realmente a Jesús, él se amaba a sí mismo y al dinero. Cuando las cosas salieron mal y su nombre se iba a arruinar, decidió la muerte. No había esperanza en Judas, porque tenía su esperanza en el resultado que quería. Pedro tenía esperanza, porque tenía guardadas las palabras de Jesús en su mente y corazón y si, en el momento de la traición, oyó la voz de Jesús quiere decir que entre allí y la siguiente escena que vamos a ver el Señor tuvo misericordia de él. Estuvo recordándole el tiempo que estuvieron juntos.

Se sabe que regresó a su oficio, los que eran pescadores regresaron a pescar. Creyeron que todo se había acabado, eran olvidadizos y torpes como somos los discípulos de ahora, porque a pesar que el Señor les anunció su muerte, les anunció su resurrección ellos lo borraron. Dice la Palabra en Juan 21:7-8, cuando se lanzó de la barca, ― ¡Es el Señor! —dijo a Pedro el discípulo a quien Jesús amaba. Tan pronto como Simón Pedro le oyó decir: «Es el Señor», se puso la ropa, pues estaba semidesnudo, y se tiró al agua. Los otros discípulos lo siguieron en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban a escasos cien metros de la orilla.

Pedro lo vio y lo reconoció, es como si lo estuviera esperando, había esperanza, por eso no se quitó la vida. Y el Señor fue fiel en regresar a él y le dijo, después de la muerte y de su resurrección, esto que encontramos en Juan 21:15-17, Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Simón Pedro: ―Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? ―Sí, Señor, tú sabes que te quiero —contestó Pedro. ―Apacienta mis corderos —le dijo Jesús. Y volvió a preguntarle: ―Simón, hijo de Juan, ¿me amas? ―Sí, Señor, tú sabes que te quiero. ―Cuida de mis ovejas. Por tercera vez Jesús le preguntó: ―Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? A Pedro le dolió que por tercera vez Jesús le hubiera preguntado: «¿Me quieres?» Así que le dijo: ―Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. ―Apacienta mis ovejas —le dijo Jesús—.

Ese encuentro es la restauración de Pedro que pudo ser, porque en él hubo humildad y hubo una tristeza para salvación, hubo arrepentimiento.  Richard Owen Roberts es el autor del libro que se titula “El arrepentimiento”, y tiene siete mitos acerca del arrepentimiento y hoy vamos a compartir cinco.

 Mito 1. Estas son mentiras, esto no es arrepentimiento: Experimentar dolor o tristeza es exactamente lo mismo que arrepentirse. El dolor o la tristeza frecuentemente se expresan en lágrimas, pero en este caso cometemos dos errores. Uno es pensar que todo el que llora está arrepentido y el otro es creer que si no hay lágrimas no hay arrepentimiento. Las lágrimas muchas veces reflejan nuestra vergüenza, pero no nuestro dolor por el pecado. Experimentar dolor o tristeza no significa que usted se ha arrepentido de sus pecados. Judas manifestó dolor y tristeza, pero no estaba arrepentido y terminó suicidándose.

Mito 2: Cambios de conducta es lo mismo que arrepentimiento. Un cambio de conducta no es necesariamente un reflejo de que nos hemos arrepentido de nuestros pecados. La psicología también es capaz de producir cambios conductuales. El miedo a perder un trabajo o a su pareja, puede producir cambios, pero no es arrepentimiento. El saber que me están observando puede producir cambios, pero si el malestar interno del enojo, del espíritu de rebelión, la forma de hablar, la incomodidad y la insatisfacción permanecen, entonces no hay garantía que ha habido un arrepentimiento real.

Esto me recuerda a los fariseos, al joven rico que tenían un comportamiento externo bueno, eran buenos ciudadanos, eran obedientes a la ley de Moisés, pero su corazón estaba lejos de Dios.

Mito 3. Puedo estar arrepentido y querer defenderme al mismo tiempo. Uno nunca se encontrará con el arrepentimiento y la autodefensa caminando de la mano. Cuando usted se arrepiente, no se auto defiende, porque reconoce su pecado. Es suyo y sólo suyo. Ni la justificación, ni la autodefensa, son compatible con el arrepentimiento.

Qué tan distinta fue la actitud del rey David a la actitud de Adán. Recuerde que el Señor baja al jardín a pedir cuentas y le pregunta a Adán ¿dónde estás? No es que no supiera dónde está, sino quería que él diera la cara y que supiera que Él allí estaba. Adán ls dice, la mujer que me diste, o sea tú y ella, me hicieron pecar. Esa es nuestra inclinación natural de echar el muerto a otro lado. Nuestra inclinación natural es defendernos, no hacernos responsables de la ofensa que hemos cometido contra el rey del universo.

David, en cambio, en el Salmo 51: 1-4, después que Natán llega y le revela su pecado que fue no solo el adulterio contra Betsabé sino el asesinato contra Urías, el esposo de ella. Y la respuesta de David es exactamente lo que hace un hombre conforme al corazón de Dios y dice, Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, solo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.

Nos hemos reunido con parejas, mi esposo y yo, sentados al otro lado de la mesa y yo decirles tú estás lamentándote, ¿te cacharon la infidelidad o tenías dolor por haber roto el corazón de Dios y por lo que le hiciste a tu esposa y a tu familia? Son dos mundos completamente diferentes. David no era un hombre conforme al corazón de Dios, porque era intachable, sino porque era humilde e inmediatamente aceptaba toda la responsabilidad de sus actos.

Mito 4. El arrepentimiento puede ser selectivo. En este caso la persona dice: “Estoy dispuesto a arrepentirme de esto, pero no de aquello”. En un alto porcentaje de nuestros pecados, hay una gran dosis de orgullo, y es ese orgullo que decide aceptar solo parte de la culpa tratando de que alguien comparta la carga con él. Arrepentirse parcialmente, no es arrepentimiento de pecados.

Mito 5. El arrepentimiento elimina las consecuencias. Dios ya me perdonó, ya está. Pero si algo hay que lidiar después de eso, se tiene que lidiar. El ladrón, de la cruz, los que estaban a la par de Jesús en el momento de su muerte. Uno se arrepintió, reconoció el señorío de Jesús. El Señor le dijo que lo vería en el paraíso, pero no lo bajó de la cruz. Pagó su sentencia.

El verdadero arrepentimiento. En el Antiguo Testamento shub.  En el Antiguo Testamento la palabra más frecuentemente utilizada para referirse al acto del arrepentimiento significa: dar la vuelta, volverse hacia atrás, regresar o retornar. En otras palabras, el arrepentimiento involucra un cambio de dirección.

La palabra metanoeo, en el Nuevo Testamento, significa cambiar de mente o de forma de pensar. El Verdadero arrepentimiento se ve diferente a largo plazo. Charles Spurgeon, inglés, llamado el príncipe de los predicadores dijo que “el arrepentimiento es el descubrimiento de la maldad del pecado, el duelo por haberlo cometido, y la resolución de abandonarlo. Es, de hecho, un cambio de mente, de un carácter profundo y práctico, que hace que el hombre ame lo que antes odiaba y que odie lo que antes amaba”.

Cuando su hijo venga con preguntas acerca de su fe, brinque de alegría, porque quiere decir que Dios está haciendo algo en esa mente, en ese corazón, está hablando, está llamando. Y una de las alegrías más profundas que tuve las pasadas semanas fue, una noche, Juan Marcos, nuestro niño de 12 años, me dice necesito que oremos, porque uno se acostumbra al pecado y yo quiero odiar mi pecado. Es una gratitud tan grande, porque sé que mi Dios está salvando a mi hijo, le está hablando, le está forjando el carácter de Su hijo en mi hijo, porque entiende que va a luchar con su carne toda su vida. Decir, enséñame qué estoy haciendo mal y que me duela, porque te estoy ofendiendo, te estoy rompiendo el corazón.

John Piper dice “El arrepentimiento significa experimentar un cambio de mente que ahora ve a Dios como verdadero y hermoso y digno de toda nuestra adoración y de toda nuestra obediencia”. Me puse a pensar, si es digno merece que yo abandone todo lo demás, porque eso es digno. Por eso la Palabra dice que el reino de los cielos es como una perla de gran precio. Había un hombre que supo que la perla estaba en ese terreno y vendió todo para comprarlo, porque esa perla era digna y lo valía.

Nuestra falta de arrepentimiento delata que consideremos digno nuestro pellejo por unos cuantos años a la eternidad con Dios para siempre. Qué es lo que más valoramos, lo vemos a Él como lo verdadero, hermoso y digno o lo vemos como alguien que nos sirve para esta vida nada más.

Arrepentimiento es sabiduría, es sensibilidad, es luz, es sensatez, es vida, es temor de Dios y es santidad. ¿Cómo saco esa definición? Porque Efesios 4:17 nos da una lista de lo que es contrario y yo hice una lista de lo que es vivir en arrepentimiento. Efesios 4:17-32 “Así que les digo esto y les insisto en el Señor: no vivan más con pensamientos frívolos como los paganos – aquí el autor le está escribiendo al pueblo de Dios, no le está escribiendo al de afuera, al que no ha creído, le está escribiendo al que ha creído –. A causa de la ignorancia que los domina – ignorancia, si yo vivo orgullosamente sin arrepentimiento vivo en ignorancia, pero con arrepentimiento vivo en sabiduría. Hay esclavitud en vivir con falta de arrepentimiento, pero hay libertad si me arrepiento – y por la dureza de su corazón – con el arrepentimiento hay un corazón sensible, tierno a la voz de Dios. Sin arrepentimiento hay dureza de corazón –, estos tienen oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios. Han perdido toda vergüenza, se han entregado a la inmoralidad, y no se sacian de cometer toda clase de actos indecentes. No fue esta la enseñanza que ustedes recibieron acerca de Cristo, si de veras se les habló y enseñó de Jesús según la verdad que está en él. Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad.

En Efesios 5 continúa diciendo en los versículos 7 al 13 Así que no se hagan cómplices de ellos. Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de luz (el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad) y comprueben lo que agrada al Señor. No tengan nada que ver con las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien denúncienlas, porque da vergüenza aun mencionar lo que los desobedientes hacen en secreto. Pero todo lo que la luz pone al descubierto se hace visible, porque la luz es lo que hace que todo sea visible. Por eso se dice: «Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo».

Hay aquí un pasaje muy importante en 2 Timoteo 2:23-26, porque es importante saber cómo puede llegar el arrepentimiento a nosotros, si es lo deseable, si es lo que necesitamos. Entonces ¿cómo llega? Miremos lo que Pablo le dice a Timoteo como un consejo a la hora de debatir con gente que está en necedad, dice, No tengas nada que ver con discusiones necias y sin sentido, pues ya sabes que terminan en pleitos. Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos, capaz de enseñar y no propenso a irritarse. Así, humildemente, debe corregir a los adversarios, con la esperanza de que Dios les conceda el arrepentimiento para conocer la verdad, de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad.

¿Cree que sin arrepentimiento delante de Dios es libre? Es cautivo y ni lo sabe, tiene un amo malo que le va a decir a mí qué. Cuando esté delante de Dios va a escuchar palabras de aprobación por lo que Jesús hizo o palabras de condenación, porque pretende llegar con una vida construida con sus fuerzas. ¿Qué quiere escuchar? El Señor constantemente, desde el principio de la Palabra, está instando al arrepentimiento. La abundancia de orgullo nos conduce a escondernos de nuestro pecado, porque aún pensamos que podemos engañar a Dios, así somos de orgullosos. Ese es el gran meollo de por qué ofende a Dios, porque Dios resiste a los orgullosos, pero exalta, abraza, le da la bienvenida a los que son como niños que no pueden defenderse. La falta de arrepentimiento es una señal clara de abundancia de orgullo, la falta de concesión, de arrepentimiento es la máxima muestra de desafío al Señor, ¿por qué? porque estamos declarando que queremos independencia de Él. Queremos hacer un trato con su enemigo. La ruta que Dios ha marcado es el arrepentimiento. O tomamos esa ruta o vamos solos.

En el día final se va a oír y el Señor es muy claro en Mateo 7:21, es uno de los pasajes más espeluznantes para mí de leer.  » No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?”  conducta, conducta, conducta, esto puede dar o no evidencia de arrepentimiento  Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!

¿Qué es más elemental? ¿Salvar el pellejo por unos años? O ¿pasar un rato colorado y una eternidad colorida delante del Señor? Yo sé lo que quiero: la voz que dirá ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad! Nunca los conocí. No va sonar a una voz malvada que está satisfecha de que ellos no vayan a compartir la gloria con Él. Va a ser una voz con dolor, porque es la misma voz que se oyó a lo largo de toda su vida diciendo arrepiéntete, arrepiéntete, arrepiéntete. Es lo que el Señor mandó a sus discípulos a predicar, y nunca, nadie que oiga esas palabras, va a decir no sabía. Romanos 1 dice que nadie tiene excusa, porque el Señor a lo largo de nuestra vida nos persigue con bondad, nos persigue con misericordia, eso es lo que el Salmo 23 dice.

Nadie va a ser destituido de la gloria de Dios sin merecerlo. El Señor es amplio en misericordia y nos persuade.

El Señor no es un papá bravucón, inactivo, desconectado que solo está viendo a qué hora castiga, porque estamos haciendo mal. Ese no es Dios, ese no es el Dios de la Biblia. El Señor nos ha persuadido en nuestra vida entera. En toda nuestra vida nos ha mostrado bondad. ¿Tiene amigos que le dicen lo que usted necesita oír y no lo que quiere oír? Es Dios llamando su atención, entre otras mil maneras de mostrar Su gracia. Cuando alguien destapa nuestra maldad no es ataque del diablo, es la gracia de Dios persiguiéndonos, llamándonos y apelando a que le entreguemos el corazón completo y dejemos de jugar fuegos.

Oseas 11:1-7, «Desde que Israel era niño, yo lo amé es decir desde el inicio, desde antes que pudiéramos buscarlo, Él nos amó –; de Egipto llamé a mi hijo.  Pero cuanto más lo llamaba, más se alejaba de mí. Ofrecía sacrificios a sus falsos dioses   y quemaba incienso a las imágenes – Judas viviendo para lo que él creía era digno, nosotros viviendo de acuerdo a nuestra voluntad, para lo que creemos que es digno . Yo fui quien enseñó a caminar a Efraín; yo fui quien lo tomó de la mano. Pero él no quiso reconocer que era yo quien lo sanaba.  Lo atraje con cuerdas de ternura, lo atraje con lazos de amor. Le quité de la cerviz el yugo, y con ternura me acerqué para alimentarlo. » No volverán a Egipto, sino que Asiria reinará sobre ellos, porque no quisieron volverse a mí.

No lleguemos al día en donde Dios finalmente nos dé lo que queremos, a veces la señal que Dios ya no está con alguien es que lo deja avanzar y tener éxito solo sin Él. Ese no es verdadero éxito, porque al final hay condenación. En sus ciudades se blandirán espadas, que destrozarán los barrotes de sus puertas y acabarán con sus planes. Mi pueblo está resuelto a renegar de mi nombre; por eso, aunque me invoquen, no los exaltaré.

Oseas 14:1-4 es una apelación, el libro no termina diciendo que si van a ser caso, pues ya. El Señor tan misericordioso y bueno que lo termina así: Vuélvete, Israel, al Señor tu Dios. ¡Tu perversidad te ha hecho caer! Piensa bien lo que le dirás, y vuélvete al Señor con este ruego: «Perdónanos nuestra perversidad, y recíbenos con benevolencia, pues queremos ofrecerte el fruto de nuestros labios.  «Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado. Yo seré para Israel como el rocío, y lo haré florecer como lirio. ¡Hundirá sus raíces como cedro del Líbano! Esa es una profecía acerca de Cristo

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