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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Vamos a la Biblia en 1 de Juan 2:1-6, este es el pasaje base que hemos estilizado en las últimas cuatro semanas, para la serie de temas que hemos venido hablando y, dice, Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.            Y es que no todo cristiano es un discípulo de Jesús, pero todo discípulo de Jesús es un cristiano. Podemos llamarnos como querramos, pero al final de cuentas la práctica es la que testifica. En las últimas cuatro semanas hablamos de los primeros cuatro ingredientes de la misión de los discípulos de Jesús. El discípulo de Jesús vive para la gloria de Dios - le da la espalda al pecado y se consagra a Él. El punto es negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz cada día y seguirle. Cuando morimos al pecado y nos consagramos a Él, estamos en sus caminos, en Su voluntad y sus caminos son vida y paz. Huye el impío sin que nadie lo persiga, pero el justo vive confiado como león. El segundo ingrediente de la misión del discípulo de Jesús es: vive para hablar de Dios – es y hace discípulos. Cuando nos enamoramos le gritamos a todo el mundo que se tiene novia, es la pasión. Cuando el cristiano tiene esa pasión por hablar de Dios y de lo que es Su Evangelio y la noticia del Dios santo que castiga el pecado a la vez es el Dios misericordioso que perdona, es aquel que tiene la severidad y la bondad de Dios. Ese hace discípulos, a eso somos llamados. El tercer ingrediente es que el discípulo de Jesús vive para conocer de Dios – lee y practica la Biblia todos los días de su vida.  Compartimos que el mejor horario para leer la Biblia es durante la cena. Aliméntese para el ejercicio físico, pero también del espiritual. Antes o después de comer juntos lean la Escritura, porque el discípulo de Jesús vive para conocer de Dios. Si un cristiano le dice que se siente vacío, sin fuerzas, que algo le falta, que hasta ha decidido retirarse de la iglesia, es porque le falta leer la Palabra de Dios. Jesucristo dijo que tenemos que llenarnos de la Palabra. El cuarto ingrediente de la misión es que el discípulo de Jesús vive para reflejar el carácter de Dios. Su carácter: Dios es santo y es bueno con su creación, por eso el discípulo de Jesús sirve con excelencia en todo lugar con su testimonio de vida. Eso significa que, si es abogado, catedrático en la U. brilla allí, si es maestro brilla en el colegio. Si es panadero, en la panadería, si es policía en la calle, donde quiera que esté, como alumno en el colegio, la universidad usted brilla, porque todo lo hace como para Dios, en el nombre de Dios y de buena gana. Hoy llegamos al quinto ingrediente de la misión del discípulo de Jesús y el desafío no es saberlo, es hacerlo. Es cuando entendemos que el conocimiento sin acción es solo como soñar despierto. Hoy estudiaremos una porción de la Escritura, para encontrar el quinto ingrediente de la misión del discípulo de Jesús, vamos a la Biblia en Lucas. Pero antes vamos a Mateo 13:34-35 que dice, Jesús le dijo a la multitud todas estas cosas en parábolas. Sin emplear parábolas no les decía nada. Así se cumplió lo dicho por el profeta: «Hablaré por medio de parábolas; revelaré cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo». Es importante que entendamos que el Señor utilizaba las parábolas como método para enseñar, ese era su método, las parábolas. Parábola es una historia real o ficticia que crea comparaciones y las comparaciones que esta crea nos dan una enseñanza. Este era su método, porque cuando le preguntaban al Señor algo o lo acusaban no respondía directo, contaba una historia. Entonces la mayoría de parábolas que tenemos surgen de una pregunta, surgen de una acusación. Y por eso, para interpretarlas, tenemos que preguntarnos qué las originó. Hay parábolas en que el Señor Jesús empezó diciendo “el reino de los cielos es como…” y empieza a explicar. Se recordará de la parábola del hijo pródigo, del hijo perdido, de la oveja perdida, de la moneda perdida. ¿Qué originó esa parábola? Una pregunta, cuando le acusaron al Señor Jesucristo ¿por qué el Maestro come con pecadores? Entonces les contó una parábola. Para interpretar una parábola, no se tiene que dar significado a todos los detalles de la misma. En la parábola del hijo perdido el propósito es decirle a los que le preguntaron ¿por qué come con pecadores? Que ellos son el hermano mayor que, también recibió la herencia. Se molestó cuando el otro, después de despilfarrarlo todo, volvió y el padre que era bueno y misericordioso lo perdona y hace una celebración en su honor. El hermano mayor, enojado, amargado, tenía en su corazón, lo que decía “no es justo” y es que cuando alguien está en el mundo cincuenta años y viene a Cristo el Señor borra sus pecados, lo hace una nueva creación y hace una fiesta. Dice la Escritura que cuando un pecador se arrepiente hay fiesta en los cielos, no cuando hay un concierto, es cuando un pecador se arrepiente que hay fiesta en los cielos. El hermano mayor dice: “siempre he estado contigo, nunca me mataste un corderito”. Alegando por un corderito, cuando le habían dado la herencia. Mire qué patojo ingrato. Entender qué hace que surjan las parábolas nos permite comprender el verdadero significado. Cuidado con darle significado a los detalles, al hijo pródigo le puso el anillo, era la tarjeta de crédito. Era cierto. Pero no era el punto en la parábola. Porque no surge para eso, cuando usted habla de alegorías, eso sí. Las alegorías tienen toda su explicación en los detalles, las parábolas son un único punto. Con esto en mente, ahora que sabemos interpretar las parábolas, porque sabe que cuando Jesús está respondiendo hace comparaciones. Y la gente sabe que el que preguntó, el que está oyendo y el tema en mención van hacer mencionados en la historia, pero sin revelar quiénes son, pero todos saben quiénes son. Lea lo que dice Lucas 10:25-37, En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: ―Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Jesús replicó: ― ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú? Como respuesta el hombre citó: ― “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. ―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás. Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: ― ¿Y quién es mi prójimo? Jesús respondió: ―Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? ―El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. ―Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús. Vamos a estudiar esta parábola, pero explicarla es como explicar un chiste. Hay alguien en un grupo que no entendió el chiste y no se rio como los demás. Lo llevan aparte y se lo explican. Después que se lo explican solo él se ríe y no con la carcajada esperada, porque no tenía los puntos de referencia para entender el chiste. Lo mismo ocurre con las parábolas, es como contar un chiste. Tenemos que desarmarla, porque estamos tan lejos que alguien dice que quién es un experto en la  ley, qué hacía, quién era un levita y quién era un samaritano y el judío, Jericó, Jerusalén y la distancia, la altura. Tenemos que ir a entender, entonces, el texto bíblico para poderlo aplicar al aquí y al ahora y qué significa esta parábola. Si se da cuenta, hay cinco personajes. El primero es el maestro de la Ley, un experto de la ley. Este era un judío que hace las dos preguntas. Y quien quiere una sola cosa: poner a prueba a Jesús. Realmente quería que Jesús cayera, porque predicaba con autoridad y no como los demás. Decían, este hombre es diferente, no sabían que era el hijo de Dios. Este maestro de la ley hacía lo mismo que los escribas, en aquel entonces no existía la imprenta, tenían que copiar en papiro cada texto del Antiguo Testamento. Y si se quería una copia, nada que digital, tenía que sentarse y copiar a mano todo, por eso existe la crítica textual que lo que hace es comparar los manuscritos más antiguos, para ver donde se confundió un escriba y que tengamos el mejor manuscrito en griego, más apegado al texto original. Pero, no solo eran personas que copiaban la Biblia, además eran expertos en interpretar y enseñar su contenido. ¿Qué hacia un experto haciendo preguntas tan simples? Es como un licenciado en deportes se le acerque a una atleta y le diga qué tengo que hacer para estar en condiciones físicas. Es ridículo, porque es un licenciado en deportes, especializado en ello. Volvamos a Lucas 10:25-29, pensando ahora en lo que es un experto maestro de la Ley y a la luz de esto busque interpretar el texto. En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: ―Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Jesús replicó: ― ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú? El Señor sabía que este no era un ignorante, era un maestro de la Ley. Como respuesta el hombre citó: ― “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Cuando a Jesús le preguntaron cuál es el mandamiento más importante, citó los mismos que el maestro de la ley ha citado acá. 28 ―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás. Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: ― ¿Y quién es mi prójimo? Imagínese que el licenciado en deportes pregunte ¿qué es ejercicio? Así que tenemos al primer personaje, al experto maestro de la Ley. Ahora vamos al segundo, y este es un judío al que los ladrones le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto. Recuerde que el maestro de la Ley es judío y este igual, dicen que bajaron de Jerusalén a Jericó y bajar literalmente es bajar, según los estudios Jerusalén estaba a 700 metros sobre el nivel del mar. Jericó a 250 por debajo, según la Sociedad Bíblica Americana. El recorrido, el trayecto de acuerdo al historiador Josefo, estamos hablando de 28 kilómetros. No es un recorrido corto, un recorrido difícil. El pueblo de Israel, el escogido por Dios, un pueblo minúsculo en comparación de lo demás, que Dios escoge desde Abrahán hasta abajo para formar un pueblo que revelara el carácter de Dios, la santidad de Dios. Entonces la humanidad completa pudiera entender quién es Dios. Por eso tenían tantas prohibiciones, no es que Dios fuera prohibición tras prohibición, tenían tantas prohibiciones para que vieran que ellos eran diferentes, es decir santos. Por eso somos santos, porque somos diferentes. Vuelvo a leer Lucas 10:29-30 explicando la parábola, Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: ― ¿Y quién es mi prójimo? Jesús respondió: ―Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Hasta allí el maestro de la Ley está conforme con la historia y entonces escucha esto, versículo 31: Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote -él dijo esta historia va a terminar maravillosamente bien, porque los sacerdotes, recordará que cuando Israel estuvo esclavo en Egipto por más de 400 años, Moisés lo liberó, van por el desierto y el Señor les ordena construir un tabernáculo o templo de reunión y allí en la tienda de reunión la presencia de Dios se manifiesta en un solo lugar que se llamaba Lugar Santísimo, lugar donde el sacerdote una vez al año entraba y allí presentaba la expiación de los pecados del pueblo con la sangre de un cordero, pero antes de hacerlo tenía que pedir perdón por sus pecados, primero, porque era un pecador. Todos los sacerdotes eran descendientes de Aarón, eran los encargados de los sacrificios de animales en el templo, el lugar donde la presencia de Dios habitaba. Qué pasaría si la historia fuera diferente, si dijeran que de pronto viajaba por el mismo camino un pastor de una mega iglesia, ¡qué chilero! se lo echa al lomo y lo ayuda. No, dice al verlo se desvió y siguió de largo. Tenemos ya a nuestro tercer personaje, el maestro de la Ley, el judío golpeado, que le han robado; el sacerdote que oficiaba en el templo y el cuarto personaje es un levita. ¿Quién era un levita? Se recuerda que Jacob, el nieto de Abraham, Abrahán, Isaac y Jacob –Dios le cambió el nombre por el de Israel- y tuvo doce hijos de donde vienen las doce tribus de Israel. De estos hijos, entre ellos había uno que se llamaba Leví, cuando salen de la esclavitud de Egipto camino a Canaán, la tierra prometida, establecen el templo de reunión, el Tabernáculo. Israel era un pueblo nómada, no estaba en un solo lugar, se movía de lugar en lugar, el templo lo armaban y desarmaban, como en el principio de la Fráter, los voluntarios llevaban un órgano, las bocinas, las luces. Lo armaban todo y lo desarmaban cada semana allá en el Cine Reforma. De repente la nube que estaba sobre el lugar santísimo se levantaba y todo el pueblo junto se movía. Los levitas eran los encargados de desmontar, transportar y volver a montar el templo de reunión. En otras palabras, tanto el sacerdote como los levitas servían a Dios en el templo y eran reconocidos en el pueblo de Israel, solo lo descendientes de Aarón podían ser sacerdotes.  Así llegó a aquel lugar un levita y se desvió y siguió de largo. Este maestro de la Ley, para entonces, ya estaba muy molesto, porque ¿a quién le estaba dando duro? A él y todos los que sabían y conocían la Ley, pero no la vivían. Quinto y último personaje, un samaritano. Los samaritanos eran odiados y despreciados por los judíos. Es el extranjero que ayuda a quien lo odia y cuando se es menospreciado se llena de resentimiento. Los samaritanos no solo eran odiados, probablemente estaban resentidos, eran judíos mezclados con extranjeros, es decir que eran descendientes de los israelitas sobrevivientes del reino del norte. Israel se divide en el reino del norte y del reino del sur, diez tribus y dos tribus y allí hay dos reinados distintos. Se mezclaron con la población extranjera trasplantada después de la caída de Samaria en el año 722 antes de Cristo. Adoraban al mismo Dios como lo judíos, la autoridad de ellos eran los cinco libros de Moisés, el Pentateuco, pero no el resto del Antiguo Testamento, adoraban a Dios en el Monte Gerizim y no en Jerusalén, por lo que eran considerados una secta herética. Eran odiados y despreciados por los judíos. Pero vea lo que pasó. Eran 28 kilómetros el trayecto aproximado de acuerdo a Josefo, pero de Jerusalén a Samaria eran 164 kilómetros. Dice, Lucas 10:33-37, Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó.  No pierda de vista que está vendando a alguien que lo menosprecia, que no lo reconoce como de su pueblo. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos monedas de plata y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que -gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva. Aquí termina la parábola. Ahora vuelve a la realidad. ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?  ―El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. ―Anda entonces y haz tú lo mismo. Esto se lo digo hoy a usted: Anda y haz tú lo mismo. Qué significa esta parábola, significa que hasta un enemigo racial es el prójimo, Significa que mucha gente ve la necesidad, pero se desvía y sigue de largo, pero el samaritano al final de cuentas amó. Teológicamente este maestro de la Ley estaba bien enfocado, Dios pide que lo amemos a Él con todo y al prójimo como a uno mismo. ¿Cuál de estos tres demostró ser el prójimo? El que amó. Ama a Dios con todo y a tu prójimo como a ti mismo, mi prójimo es hasta quien es mi enemigo. Mi prójimo, mi semejante, el más cercano.  La Escritura es clara, ahora ¿Cuál es el quinto ingrediente de la misión del discípulo de Jesús? Es el que dice que el discípulo de Jesús vive para ser las manos de Dios. La Escritura dice que nadie ha visto jamás a Dios, pero si ustedes se aman, Dios permanece en medio de ustedes. No es en el alboroto donde permanece Dios o que Dios se manifiesta en los conciertos, en los momentos de adoración, en la predicación. Dios habita en medio de nosotros, dice, cuando ustedes se aman. Kike Pavón lo dice de esta manera: “el mundo está preparado para recibir tu crítica, pero no está preparado para recibir tu amor”. La gente no entiende, cuando yo invito a alguien que venga a la iglesia me dicen aquí me aman, por qué. Hicimos una encuesta con los directores, llamamos gente cristiana y no cristiana que viniera a la iglesia y la característica número uno que salió a relucir es que aquí nos amamos. Somos uno, si vamos todos los líderes, la gente no sabe quién es el líder principal, quien es el segundo, porque todos somos uno. El discípulo de Jesús vive para ser las manos de Dios, es generoso con el necesitado. No vayamos tan lejos, ¿de quién se compadeció en esta última semana? ¿Será que su billetera se abrió y se entregó algo? ¿Será que se detuvo en medio del afán por alcanzar las metas y obtener el éxito y no se detuvo para escuchar a alguien? Porque cuando se sienta a ver su carro que lo reparan y alguien llega al lado y le ofrece limpieza y usted no solo le dice ¿cómo está? Más o menos y qué pasó, mi hermano se suicidó hace tanto tiempo y se pone a llorar y usted lo oye. Le dice vamos a un retiro, yo lo invito, véngase. Lo que pasa que la gente viene a Cristo para recibir y no para dar y el que viene a Cristo para recibir va morir sin nada. La gente viene a la iglesia esperando tan solo para recibir, Israel no llegaba a recibir, siempre llegaba a dar. Si viene a la iglesia con una mentalidad de recibir y que lo apapachen, que lo cuiden que lo abracen, le digan, que le hagan y le prometan no va a permanecer en la fe nunca. Y si va con alguien más que le diga lo que quiere oír, créame que cuando venga la prueba su fe se va a desmoronar, porque Jesús dijo en el mundo tendrán aflicciones, pero confíen en mí, yo he vencido al mundo. Tenemos que depender de una fe inamovible e inconmovible en Dios nuestro Señor. Jesucristo dijo si así los hicieron con el maestro, qué van a hacer con los discípulos. Se viene para dar. Muchos cristianos se dan una buena forrada el domingo y no comen toda la semana ¿cuál sería el resultado? Así lo hacen muchos cristianos, creen que ir a la iglesia, sentarse, recibir alimento, Claro, que sí forma de, pero el verdadero alimento es el que usted se prepara cuando abre la Biblia con su familia, cuando la lee, cuando la investiga, cuando le compra una Biblia de estudio a su hijo de diez años y comparte con él la lectura. 1 de Juan 3:16-18, dice, En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. No lo hizo por Él, sino por nosotros. Dios no necesita de gloria, Él es la gloria, Jesucristo dejó la gloria. La Escritura dice que por Su Palabra el universo fue creado, dejó la gloria y vino a la Tierra, precisamente, para entregarse. La vida del cristiano consiste en darse, si no cree, sigamos leyendo: Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Juan 3:16 nos muestra el corazón de Dios para la iglesia. Nos muestra el corazón de Jesucristo por la iglesia y el corazón que la iglesia debe tener por su prójimo. Eso le llamamos en la Facultad de la Fe y Liderazgo pasión por las almas, es tener pasión por las almas, es estar apasionados por evangelizar, discipular, por enviar a la gente que realice el mismo proceso con otros. Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? ¿Cómo se puede entender si tiene dinero y no ayuda al que tiene necesidad? Difícilmente alguien da su vida como Cristo la dio por nosotros. Lo que está diciendo Dios por medio de este pasaje, que al dar la vida es el límite de allá para acá todo. Decimos que estamos dispuestos a dar la vida. Decimos que estamos dispuestos a dar la vida por Dios. Estoy dispuestos a dar la vida por Dios, pero perdoná que no te pueda ayudar, es que está difícil la situación. En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos, Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. La ayuda debe ser práctica en obras, no solamente sentir lástima por los demás. El maestro de la Ley y el levita vieron la necesidad, pero se desviaron y siguieron de largo. No basta con que lloremos por los demás, somos llamados hacer algo por los demás. Cambien su pedacito de mundo, alguien dijo dedíquese a ese metro cuadrado y cambie su metro cuadrado, afecte con los que tiene relación, sea luz con los demás. Hay unas palabras de Jesús que no están en los evangelios, son palabras que ni siquiera los evangelistas registraron. Ningún discípulo de Jesús directamente las registró, fue Pablo, y Pablo fue quien registró las palabras que me caen en el corazón, porque hoy todos queremos estar mejor, pero la misión del cristiano no es solamente estar mejor. De qué le sirven sus cuentas llenas, si al final se va. Hechos 20:31-38, dice, Así que estén alerta. Es Pablo que le está hablando a una iglesia que jamás volverá a ver, porque va a Jerusalén y lo dice el profeta que lo que le espera son créceles. Y nos le importa, porque estaba dispuesto a morir por Cristo. Recuerden que día y noche, durante tres años, no he dejado de amonestar con lágrimas a cada uno en particular. »Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros.  Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados –. Pablo decía que trabajen duro para ayudar a los necesitados , recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir”». Después de decir esto, Pablo se puso de rodillas con todos ellos y oró. Todos lloraban inconsolablemente mientras lo abrazaban y lo besaban. Lo que más los entristecía era su declaración de que ellos no volverían a verlo. Luego lo acompañaron hasta el barco. Con el ejemplo hemos demostrado que hay que trabajar duro, para dar a los necesitados, es el corazón de Dios. Quiero explicar algo. Cuando se tiene, uno sonríe, cuando se da dos sonríen. Jesucristo dijo que hay más dicha en dar que en recibir. Recuerde el primer ingrediente del discípulo de Jesús; vive para la gloria de Dios, le da la espalda al pecado y se consagra a Él. Consagrarse a Él es morir. Hay gente predicando que cuando se viene a Cristo se vuelve millonario, pero si usted viene a Cristo no tiene por qué volverse pobre. Cristo se volvió pobre para que usted espiritualmente fuera rico. Un montón de mujeres apoyaban a Jesucristo, incluso la esposa de Cusa, que era del alto mando del gobierno. Es tener o no tener dinero. El corazón de Dios siempre ha sido para el necesitado. Amarlo a Él con todo amarlo y al prójimo no solo respetarlo, es ayudarlo. A los mejor aquí hay muchos que están pasando penas, para sobrevivir. Comprando frijoles y el huevito, pero hay otros que pudieran tener bodegas de bodegas, Dios les ha bendecido. Hay otros que tienen esto y más y pueden compartir. Todos podemos dar, incluso el que no tiene dinero puede dar amor, su tiempo. La próxima semana veremos el último ingrediente y se refiere también al dar, porque eso hizo Jesucristo, se dio. Cuando se tiene se sonríe, cuando se da dos sonríen. Produzca sonrisas con su generosidad, produzca sonrisas con su amor. El mundo se derrite ante el amor, porque placer no es amor, el amor ágape, es amor de comunidad donde nos apoyamos unos a otros. Dios siempre ha estado del lado de los desvalidos, de la viuda, del huérfano, del extranjero. Del mismo lado debemos estar, si lee el Antiguo Testamento, el Señor está al lado del pobre, por eso les caía tan mal a los del Nuevo Testamento que decían ah, si usted le prometió lo que le da a su papá, usted se lo da Dios, que sea bendito para el Señor. Jesús les decía ustedes ni siquiera a sus padres honran. Deuteronomio 10:18, dice, Él defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos. Este es el corazón de Dios, es el corazón que debemos tener. No podemos cambiar Guatemala, va a cambiar su pedazo de Guatemala, pero si todos cambiamos nuestro pedazo, Guatemala va a ser diferente. Amar a los que nos aman, eso lo hacen los gentiles. Todo el que no es del pueblo de Israel. Amar al que no nos corresponde, donde no tenemos obligación aparente, ese es el verdadero amor. Quiero que cuando vean necesidad no se desvíen y pasen de largo. Tal vez no pueden suplirla toda, pero pueden ayudar en algo. El corazón del cristiano no se mide por el carro que tiene, se mide por las obras de caridad que hace. No admira a la gente por sus posesiones, admira a la gente por sus convicciones ante el dar y ayudar al que no puede decirle sino gracias, porque no puede decir, la próxima pago yo. Hay orfanatorios, asilos de ancianos, escuelas, institutos, vecindarios, lugares donde se puede ser luz. Ahora la luz está concentrada y así no ilumina más toda la ciudad, es cuando decimos amén, cuando nos dispersamos a lo largo y ancho de la ciudad, que se sale a ser luz, en esos lugares se puede ser la diferencia. Hay gente que no tiene mayor dinero, pero sirven allá afuera, donan su tiempo, aman. Apartir de hoy, por encima de sus diezmos y ofrendas, sea generoso con su prójimo que atraviesa necesidad. Aparte mensualmente un porcentaje de su presupuesto para bendecir a otros. Bendiga a aquel que sólo puede decir gracias y no puede pagarle de otra manera y no promueva la haraganería, pero no la use como excusa para no dar. A veces podemos vivir en una burbuja bonita y olvidarnos que hay gente que tan solo necesita “yo estoy con vos, vos podés oremos”. Que las casas de esta iglesia, sean para que cuando la gente toca el timbre sea para tomarse un café. El mayor ejemplo de dar fue Jesucristo, en eso se basa todo. Ojalá que cuando usted se muera la gente diga todo el dinero que dejó, los hijos se lo van a gastar todo comprando casas, carros viajes y al rato no van a tener nada, solo el hijo prudente va a tener. Espero que la gente se pare en su funeral, en su entierro y cuenten historias de su amor y digan cuando yo no tenía nada, él llegó. Nadie va a saber esas historias hasta el día de su muerte, pero que lo recuerden porque dio. Que digan que dio cuando no había, que fue generoso, que dio su amor. Nosotros damos, Él dio, porque el dar de Cristo es mi reconciliación con Él, es mi perdón
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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…