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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

No todo el que se llama cristiano, forzosamente es un discípulo de Jesús. Sin embargo, todo discípulo de Jesús, es forzosamente un cristiano genuino. Cualquiera puede llamarse cristiano, porque cree en lo que el cristianismo enseña, pero no practicarlo, al extremo que algunos se dicen cristianos no practicantes. El discípulo, en cambio, es alguien que busca conocer las enseñanzas de su maestro, pero también ponerlas en práctica. Es alguien que tiene conectada la teoría a la práctica. Es aquel que obtiene y   conoce lo que el Señor ha dejado, pero que también lo lleva al terreno de la práctica. 1 de Juan 2:1-6 Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. Es fuerte la declaración, porque el que afirma que lo conoce, pero no guarda sus mandamientos es un mentiroso. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió. Una persona puede llamarse cristiano solo porque cree, pero comportarse como una persona que no conoce del Evangelio y que no busca honrar a Dios, no es un discípulo de Jesús. Santiago 2:19 dice ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan. Hay algunos cristianos que dicen que creen, pero son demonios, Es más, tal vez ni llegan a la categoría de demonio, porque la Palabra dice que los demonios creen y tiemblan. Así que el verdadero discípulo de Jesús va a vivir como Él vivió. Estamos compartiendo una serie de temas titulada La Misión del Discípulo de Jesús. Durante seis semanas estaremos compartiendo acerca de los ingredientes del verdadero discípulo de Jesús. Esto, con el propósito de que conozcamos, de acuerdo a la Palabra, cuáles son las cosas que nos deben caracterizar para ser discípulos de Jesús. Hoy veremos el tercer ingrediente, pero vale la pena que hagamos un repaso rápido de los dos anteriores: el discípulo de Jesús vive para Dios, le da la espalda al pecado y se consagra completamente a Dios. El segundo, vive para hablar de Dios, es y hace discípulos de Jesús.  Hoy veremos el tercero, para lo cual tomaremos una porción de la Escritura en Josué, pero antes de leer algunos versículos vale la pena que hagamos un rápido recordatorio de lo que está sucediendo en ese momento. Moisés acaba de morir, a Josué se le está dando la importante misión de atravesar el río Jordán y de conquistar la tierra prometida. Se le está diciendo mira, toma todo este pueblo. No era un pueblo de diez mil, cien mil, era más de un millón de personas. Era un pueblo complicado, difícil, un pueblo que por cuarenta años había pasado en el desierto, siendo rebelde y desobediente. ¿No nos identificamos? ¿No le parece que a veces somos rebeldes, no obedecemos, somos un pueblo difícil? A Josué le toca la difícil misión de llevar a ese pueblo a la tierra prometida. Imagínese la gran responsabilidad para cumplir la misión, pero veamos lo que Dios mismo le instruye y le aconseja. Josué 1:6-9 »Sé fuerte y valiente, porque tú harás que este pueblo herede la tierra que les prometí a sus antepasados.  Solo te pido que tengas mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley que mi siervo Moisés te ordenó. No te apartes de ella para nada; solo así tendrás éxito dondequiera que vayas.  Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito. Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas». El Señor iba a acompañar a Josué. ¿El Señor lo acompaña a usted? Sin embargo, se necesita que seamos fuertes y que seamos valientes. En el versículo 6 le dice que sea fuerte y valiente y que cumplirá la promesa, pero tiene que ser fuerte y valiente. En el 7 se le da énfasis en que tenga mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley, para que no se aparte de ella. Para obedecer hay que ser fuerte y hay que ser valiente. Lo tomamos muchas veces a la ligera, pero el obedecer requiere carácter, decir yo obedezco la instrucción que me están dando y no hago lo que quiero o lo que pienso que es mejor. Requiere carácter.  Lo interesante es que a Josué se le pide que sea obediente. Está por entrar a la tierra prometida y va a enfrentar muchas batallas, es curioso que el Señor no le diga que prepare un buen ejército, que lo integre solo con hombres valientes, bien entrenado, bien preparado. No le dice que aprenda acerca de estrategias militares, que vaya y examine todo el terreno. No.  No le dice eso, le dice que sea fuerte y valiente para obedecer la Palabra de Dios. Cuánto nos preparamos y capacitamos a veces por estrategias de mercado, de economía, de empresa, de esto y de lo otro. Está bien que lo hagamos, pero más importante que eso es que nos esforcemos y seamos valientes para obedecer la Palabra. En el versículo 8, el Señor le dice a Josué tres aspectos sumamente importantes. El primero de ellos es que recite el libro de la Ley. Recitar es decir algo de memoria en voz alta. No solo es leer, es memorizar y recitar la Palabra de Dios. ¿Cuántos versículos de la Palabra de Dios sabemos de memoria? Recuerdo cuando estaba en el grupo de jóvenes, había concursos de versículos memorizados, se hacían entre hombres y mujeres. Era impresionante, algunos se sabían tantos versículos de memoria. En este versículo se nos pide de parte de Dios que meditemos de día y de noche. La meditación implica leer con atención, con cuidado, con reflexión. No es leer a la carrera, es leer detenidamente, reflexionando acerca de la Palabra de Dios, qué es lo que nos dice. Pero finalmente Dios le dice a Josué y a nosotros que cumpliera con cuidado lo que en la Biblia está escrito. Observe, primero recitar, luego meditar y ahora practicar, cumplir, accionar, según lo que estamos aprendiendo en la Palabra de Dios. Así que no pidió a Josué que fuera a un curso de liderazgo, tampoco le pidió que mejorara su forma de hablar o que mejorara su forma de liderar o que se prepara para hacer estrategias. Dios le pidió que recitara, que meditara y que cumpliera con Su Palabra. En base a este pasaje podemos tomar y sacar el tercer ingrediente del discípulo de Jesús. El tercer ingrediente de la misión de todo discípulo de Jesús.  El discípulo de Jesús, vive para conocer de Dios, leer y practicar la Biblia todos los días de su vida. Así como el enamorado busca más de su enamorada, también nosotros debemos saber más de nuestro Dios. Mi esposa guarda una caja que es un tesoro. Allí están los telegramas que le envié cuando éramos novios, también el presupuesto de nuestra luna de miel. Las facturas de lo que gastamos en hotel, las compras que hicimos. Son tesoros que están allí, pero tesoros más preciosos están en la Biblia, que lo que hace falta es que lo escudriñemos para conocer de ese amor que Dios nos tiene. Cómo conocer a Dios, a menos que se revele a nosotros. Hebreos 1:1- 4 Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la derecha de la Majestad en las alturas. Así llegó a ser superior a los ángeles en la misma medida en que el nombre que ha heredado supera en excelencia al de ellos. Para conocerlo, Jesús se ha revelado a nosotros y ha quedado plasmado todo en Su Palabra. Cuando ora le habla a Dios, cuando lee la Palabra, escucha la voz de Dios. Y lo precioso es que cuando Dios le habla, cuando usted se expone a la Palabra, cuando escudriña la Palabra, Dios le habla. Dice Isaías 55:11, Dios mismo hablando dice cuando la palabra que sale de mi boca:  No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo   y cumplirá con mis propósitos. Cuando el Señor habla tiene un propósito para su vida, pero si no leemos Su Palabra, cómo vamos a conocer ese propósito. Hace falta que escudriñemos Su palabra, para entonces poder conocer lo que Dios quiere y tiene para nosotros. 2 Timoteo 3:16-17 dice Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra. Primer punto, la Escritura es inspiración divina. Dios inspiró a muchos hombres durante la historia, respetando su estilo, su personalidad, respetando el contexto en el que se movían, para enviarnos Su Palabra. Dicho de otra manera, les hablaba al oído, para que ellos escribiesen y que hoy podamos tener directamente de Dios mismo. Pero aparte de que Él la inspiró, tiene una utilidad para nosotros. El mismo apóstol Pablo se lo dice a Timoteo categóricamente. Dice que esta Palabra es útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. Claro que necesitamos ser enseñados, que se corrijan nuestros pasos por el camino que vamos, ser reprendidos, ser instruidos en la justicia, leamos la Palabra de Dios. En la Biblia está el propósito de que estemos enteramente capacitados para toda buena obra. Queremos conocer de Dios, leamos Su Palabra. Para ello le queremos dar algunos consejos prácticos, para que los pueda poner de inmediato en obra. 1. Tenga una Biblia a la mano que no sale de casa. Seguramente tiene varias Biblias y las ama tanto que las guardó muy bien y ahora no sabe dónde están. Seleccione una que sea la que esté siempre a la mano y esa es la que va a leer cuando esté en casa. Si no la tiene, pase hoy comprándola, pero hágalo hoy, porque si lo deja para mañana ya no lo va a hacer.
  1. Busque un lugar y una hora para sentarse a leer la Palabra de Dios. Todo depende que seamos determinados y disciplinados para leer la Palabra de Dios. Cuando no se tiene un lugar ni una hora específica para hacerlo, fácilmente podrá decir que escucha la radio, que por cierto que ya en la Fráter tenemos seis radios en internet. Una de las radios le apoyará para que memorice versículos. Utilice los recursos, pero no deje de tener un lugar y una hora específica para leer la Palabra de Dios.
  2. Siéntese a leer la Biblia por tiempo o por capítulos. Puede decidir día con día leer quince minutos la Palabra de Dios. Toma la Biblia y empieza a leer por 15, por 20 minutos o media hora. O decidir leer la Biblia por capítulos. Leer un capítulo diario, dos o tres. Si escoge esta metodología, también puede seguir la guía de lecturas que aparece en el boletín mensual Mensaje de la Fráter. Todos los meses aparece una guía de lectura y la puede seguir. Con eso va a leer día con día la Palabra de Dios. Lo importante es que tome la determinación y luego sea disciplinado para leer la Palabra.
Tome un cuaderno de notas y anote todo lo que está aprendiendo. Anote los versículos que desea memorizar, anote las preguntas y dudas que resultan durante la lectura. Hay palabras que muchas veces no entendemos, escribámoslas en la parte de atrás del cuaderno y vamos al diccionario a ver su significado y entender mejor los que me estaban enseñando. Si le es posible, lea ante sus hijos y frente a sus nietos. Es una bendición cuando un hijo ve que su padre lee la Palabra de Dios, que bendición es cuando un nieto ve que sus abuelos leen la Palabra de Dios. La abuela de mi esposa era una mujer analfabeta, y a sus nietos los ponía a leer la Biblia y cuando alguien se equivocaba en la lectura lo corregía, porque se sabía la Palabra de Dios. Nos dio el ejemplo de amar las Escrituras. Vi el ejemplo con mi mamá que leía con nosotros y nos ponía a leer la Biblia. Ejemplos que ahora podemos darles a nuestros hijos y a nuestros nietos y eso nos permita la oportunidad de platicar con ellos lo que la Escritura dice. Le da la oportunidad de interactuar con sus hijos, con sus nietos y enseñarles la Palabra de Dios. Estudie en la Facultad de la Fe y Liderazgo. Es posible que haya cursado el primer nivel, se titula “Mis primeros pasos” y en ese nivel recibimos 28 temas acerca de doctrina básica, siete temas acerca de liderazgo y siete temas acerca de visión. En el segundo nivel hay siete módulos y en cada uno de ellos va aprender acerca del Señor. El primer módulo tiene que ver con la estructura de la Biblia. El segundo cómo interpretar las Escrituras, el tercer módulo tiene que ver con la doctrina que los cristianos creemos. El cuarto módulo nos lleva a ser creyentes maduros en el Señor. Le animo que se inscriba en la Facultad de la Fe y Liderazgo. Si aún no la ha cursado, le va a ayudar en sus primeros pasos. Le va a ayudar a leer la Biblia y comprenderla de mejor manera. Y esto le va a traer mucha bendición a su vida. Tercer ingrediente del discípulo de Jesús es vivir para conocer de Dios, leer y practicar la Biblia todos los días de su vida.  Haga un compromiso de recitar Su Palabra, de meditarla, de practicarla. Empiece hoy leyendo la Palabra de Dios, un capítulo durante quince o veinte minutos y el Señor le va a mostrar sus tesoros, tesoros que tiene para nosotros, pero no los disfrutamos sencillamente, porque no los conocemos y para conocerlos hace falta que los leamos. El Señor requiere de nosotros que le obedezcamos y eso se hace con carácter, más que con talento, con determinación de leer Su Palabra con pasión y meternos en sus caminos y recibir lo que quiera enseñarnos, decirnos, instruir, corregirnos. Busquemos del Señor para que nos ayude a utilizar bien el tiempo día con día, para no desperdiciarlo en cosas que no valen la pena e invertirlo en leer Su Palabra, memorizarla, meditarla y practicarla y ser discípulos genuinos de Jesús.
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La fe viene por el oir…

 

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