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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La semana pasada iniciamos una serie llamada “La misión del discípulo de Jesús”. Nuestro corazón es que podamos conocer qué es lo que Dios demanda de nosotros, para que podamos agradarle. Y es que cuando agradamos y honramos a Dios nuestro caminar es un camino de paz y esperanza eterna. Dios no estableció los mandamientos para que sufriéramos sino para que viviéramos en paz. Por eso, los primeros cuatro mandamientos establecen la relación con Él y nosotros, algo vertical. Y los siguientes seis mandamientos establecen la relación entre el hombre y el hombre, algo horizontal.

El Señor protege nuestras vidas, por eso dice no robarás, porque protege el derecho a la propiedad. El Señor dice no cometerás adulterio, porque protege el derecho a la santidad del matrimonio. Dice no dirán falso testimonio, porque protege el derecho a la reputación. El Señor dice no codiciarán, porque protege el derecho a la prosperidad que es igual de los mortales, por eso el socialismo no va con la Iglesia, pero la Iglesia es social, porque siempre somos mandados a hacernos cargo del pobre, del necesitado.

Leímos el pasaje clave de esta serie, 1 Juan 2:1-6 dice Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.

Estos seis temas buscan que verdaderamente conozcamos el corazón de Dios y vivamos para Él. Todo cristiano, no por fuerza es un discípulo de Jesús, pero todo discípulo de Jesús por fuerza es un cristiano. Cualquiera puede llamarse cristiano, porque cree; pero el discípulo de Jesús vive en base de lo que cree. El cristiano vive en el campo de la teoría, únicamente, el discípulo de Jesús que es cristiano vive en el campo de la práctica, en el creer y hacer.

El discípulo de Jesús vive para Dios, le da la espalda al pecado y se consagra a Dios. Esto es más fácil decirlo que hacerlo. El pasaje que leímos la vez anterior y el contexto, antes de leerlo, se recordará cuál era ese contexto. Jesús pregunta cuál es su identidad para los de afuera ¿quién dicen que soy yo? Unos decían Juan el Bautista, otros Elías y luego les pregunta a los de adentro ¿y quién dicen ustedes que soy yo? Y Pedro dice tú eres el Cristo. Ellos esperaban un mesías, un Cristo político, un libertador del imperio romano, pero cuando le dice a Pedro que tiene que morir y me va a rechazar la élite espiritual de la época, el gobierno espiritual de la época y Pedro empieza reprenderlo.

Después que Pedro dice tú eres el Cristo, el Cristo le dice apártate de mí Satanás, porque solo piensas en las cosas de la Tierra, de los hombres y no las del cielo. Le dice a él y a todos los discípulos, en Marcos 8:34, Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos. ―Si alguien quiere ser mi discípulo —les dijo—, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga. Lo que era la vergüenza para Pedro, que era la cruz, es el poder de salvación de cada uno de nosotros. Jesús tentado en todo, pero sin pecado muriendo en la cruz para reconciliarnos con el Padre, para aplacar la ira de Dios, para hacernos libres del pecado. No por obras, no por conocimiento, porque así le plació a Dios. Eso fue lo que vimos, negarnos. La pregunta es ¿usted vive para Dios? ¿Le dio la espalda al pecado y se consagra a Él?  Es más fácil saberlo que vivirlo, es más fácil creerlo que hacerlo, por eso se llama “La misión del discípulo de Jesús”, porque debe llevarnos de la fe a la acción.

Hoy veremos el segundo ingrediente de la misión del discípulo de Jesús. Juan 1:29-31, utilicemos este pasaje como texto base de lo que vamos a ver.  Para que podamos entender cuál es ese segundo ingrediente de la misión de todo discípulo de Jesús y podamos así vivir para honrar y para la gloria de Dios.  Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! Mire esta declaración, Juan el Bautista es aquella estrella famosa y rara del pueblo de Israel que se viste con piel de camello y come langostas silvestres, es decir saltamontes, para los chapines. Se para y predica: arrepiéntanse y den fruto digno de arrepentimiento. Hagan frutos que demuestren que están arrepentidos. Predica duro y la gente lo sigue. Esta estrella de la época dice aquí tienen al cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

30 De este hablaba yo cuando dije: “Después de mí viene un hombre que es superior a mí, porque existía antes que yo”. Yo ni siquiera lo conocía, pero, para que él se revelara al pueblo de Israel, vine bautizando con agua». Juan declaró: «Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él. Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu desciende y permanece es el que bautiza con el Espíritu Santo”. Yo lo he visto y por eso testifico que este es el Hijo de Dios».  Al día siguiente Juan estaba de nuevo allí, con dos de sus discípulos.

Había declarado que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, sino además que era el Hijo de Dios, que venía de Dios. 36 Al ver a Jesús que pasaba por ahí, dijo: ― ¡Aquí tienen al Cordero de Dios! Cuando los dos discípulos le oyeron decir esto, siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: ― ¿Qué buscan? ―Rabí, ¿dónde te hospedas? (Rabí significa: Maestro). ―Vengan a ver —les contestó Jesús. Ellos fueron, pues, y vieron dónde se hospedaba, y aquel mismo día se quedaron con él. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que, al oír a Juan, habían seguido a Jesús. Andrés encontró primero a su hermano Simón, y le dijo: ―Hemos encontrado al Mesías (es decir, el Cristo). Luego lo llevó a Jesús, quien, mirándolo fijamente, le dijo: ―Tú eres Simón, hijo de Juan. Serás llamado Cefas (es decir, Pedro). Al día siguiente, Jesús decidió salir hacia Galilea. Se encontró con Felipe, y lo llamó: ―Sígueme. Felipe era del pueblo de Betsaida, lo mismo que Andrés y Pedro. Felipe buscó a Natanael y le dijo: ―Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, el hijo de José, aquel de quien escribió Moisés en la ley, y de quien escribieron los profetas. ― ¡De Nazaret! —replicó Natanael—. ¿Acaso de allí puede salir algo bueno? ―Ven a ver —le contestó Felipe. “Cuándo Jesús vio que Natanael se le acercaba, comentó: ―Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay falsedad. ― ¿De dónde me conoces? —le preguntó Natanael. ―Antes de que Felipe te llamara, cuando aún estabas bajo la higuera, ya te había visto. ―Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! —declaró Natanael. ― ¿Lo crees porque te dije que te vi cuando estabas debajo de la higuera? ¡Vas a ver aun cosas más grandes que estas! Y añadió: ―Ciertamente les aseguro que ustedes verán abrirse el cielo, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

¿Qué vemos aquí? Vemos cómo Jesús obtiene a sus primeros cinco discípulos: Los dos primeros eran discípulos de Juan el Bautista, lo dejan cuando oyen la declaración de él que Jesús es el Hijo de Dios, el Cordero que quita los pecados del mundo. Aquí ya están dos, el sin nombre y Andrés, porque el nombre del primero no sabemos porque no es mencionado y Andrés, aunque sabemos quiénes eran los doce discípulos, en este pasaje no lo sabemos. ¿Qué fue lo que hizo Andrés? Fue y llamó a su hermano Simón. Le dijo hemos encontrado al Mesías, Mesías para nosotros suena muy distante, no comprendemos la distancia y el poder de ese nombre, el Prometido, el que venía a liberarlos, a defender a los pobres, a traer justicia. El cuarto discípulo llamado fue Felipe, llamado por el mismo Jesús, quien no solo lo siguió, sino que fue a llamar a Natanael, el quinto discípulo. Natanael cree, a quien Felipe le dice hemos encontrado a Jesús, el Hijo de José, del que habló Moisés en la Ley, del que escribieron los profetas.

Dese cuenta que siempre el que es discípulo hace discípulos, Andrés y Felipe. Jesús no solo vino por sus doce discípulos, aunque fueron su círculo íntimo, se dedicó a muchos. Lucas 19:1-10, hay una historia en la que encontramos el segundo ingrediente de “La Misión de todo discípulo de Jesús”. Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo ― se escribe con Z, pero bien puede escribirse con S, porque era un saqueador del pueblo de Israel. Los romanos los habían conquistado y había colocado recaudadores de impuestos y él era el jefe de los recaudadores de Jericó, era alguien detestado y odiado por sus compatriotas, porque les cobraba el impuesto para vivir con lujos. En una sociedad, hay siempre personas que abusan de otros, por eso la justicia debe ser justa ―.

Resulta que este Zaqueo, Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol sicómoro para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí. Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: ―Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa. Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente: ―Mira, Señor: Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes y, si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.  ―Hoy ha llegado la salvación a esta casa —le dijo Jesús—, ya que este también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido, y esa es la misión de Jesús, buscar y salvar lo que estaba perdido, que es todo aquel que cree que su camino es derecho, que es recto pero su final es muerte. El que está perdido no lo sabe, Zaqueo no sabía que estaba perdido. La simple presencia de Jesús y lo que hablaron ese día lo cambió resueltamente dijo que la mitad de lo que tenía iba a regalarlo a los pobres, al que hubiera defraudado iba a darle cuatro veces el valor de lo defraudado.

Cuando Jesucristo llega al corazón de alguien hay arrepentimiento, hay transformación, porque aquel que no tenía por qué bajar del cielo a la Tierra para llevarnos de nuestra vergüenza a la gloria lo hizo y gustosamente. Jesús no ganó nada para Él por morir en la cruz, ganó todo para los que no merecían nada y cuando vemos a Zaqueo, no solo Zaqueo sino todos, estamos perdidos en nuestros pecados. no solo Zaqueo, todos podemos ser librados de la ira de Dios, ser perdonados. Juan el Bautista y Jesús y los discípulos predicaron ¡arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca!  La Iglesia predica arrepiéntanse porque el reino de los cielos está cerca. Ellos pensaban que era un reino terrenal, pero era un reino celestial.

Por eso Pedro se molestó y empezó a reprender a Jesús cuando les dijo que iba a morir. No, todavía no, todavía hay que derrotar a estos señores. Por eso cuando hizo milagros y multiplicó los panes, todo el mundo quería coronarlo rey y eso era dar un golpe de Estado. Zaqueo no era de los íntimos sino de los despreciados, porque a Dios no le importaban solo sus doce sino le importaba la humanidad y vemos la misión de Jesús, Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido y eso es lo que tenemos que hacer, buscar y salvar lo que se había perdido.

La parábola de la moneda perdida, aquella señora que pierde una moneda en su casa. Recuérdese que en aquel entonces no había la iluminación de ahora, empezó a mover todo, a barrer, desarmó todo. Cuando la encontró celebró. Se recuerda de la oveja perdida, y deja las 99 el pastor y se va por la única, como diría alguien que esta no es mentalidad de empresario sino mentalidad de pastor, deja las 99 por una. Y cuando la encuentra la carga, le da seguridad del amor y la regresa a su rebaño.

La tercera parábola, la del hijo perdido más conocida como la del hijo pródigo. Es aquel hijo, el segundo, que recibe la herencia y se va, la despilfarra en prostitutas, la gasta en pecado. Resulta en el peor trabajo que puede tener, con cerdos. Tenía hambre, decide comer la comida de cerdo. Comenta para sí en mi casa están mejor los siervos que yo, yo voy a regresar. Le voy a decir a mi padre, no merezco ser llamado tu hijo, pero aquí estoy, déjame, aunque sea, ser tu siervo .  Regresa y el padre corre hacia ese hijo pestilente, sucio, apestoso. Corre y no le importa, lo abraza y manda a matar un becerro, le prepara una fiesta, porque el hijo que estaba perdido ha vuelto.

Las parábolas no son historias bonitas nada más, siempre contornen una única enseñanza y no mil interpretaciones, surgen cuando a Jesús lo provocaban a algo y Él nos habla sino por parábolas. ¿Qué hizo para que estas tres parábolas surgieran? Cuando alguien le dijo, por qué comes con pecadores. Entonces les contó la parábola de la moneda perdida, de la oveja perdida y del hijo perdido y en esta estaban los fariseos que hicieron esta pregunta, ellos eran el hermano mayor que se emberrinchó, no quiso ir a la fiesta, no quiso celebrar que había vuelto, que le reclamó al padre su bondad. A Dios le interesan los perdidos. Es pecador, bienvenido aquí a la Fráter, lo esperamos. Aquí el Señor le limpia todas sus cochinadas, el Señor lo hace nuevo, le da esperanza eterna. El Evangelio de Jesús es transformación de vida hasta la eternidad.

Las parábolas son con un propósito y la misión de Jesús es buscar y salvar lo que se había perdido y esa es nuestra mi misión y la hemos redactado de esta manera: Este es el segundo ingrediente de la misión de todo discípulo de Jesús. El discípulo de Jesús vive para hablar de Dios, es y hace discípulos de Jesús. El primer ingrediente es vivir para Dios, la da la espalda al pecado y se consagra para Él. El segundo es: vive para hablar de Dios, es y hace discípulos.

Se ha dicho que un mendigo diciéndole a otro mendigo dónde encontrar pan. El día que le dije a Aixa que fuéramos novios, la fui a atraer al teatro Nacional porque se encontraba en una conferencia de la Universidad Landívar, donde estudiaba. La llevaba a su casa y en el camino le dije que la quería invitar a comer, cerca de donde ella vivía Yo no tengo hambre me dijo . Y yo queriendo caerle. Pasemos a comer algo, yo sí tengo hambre. Nos sentamos y le conté la historia de un chavito que le gustaba una jovencita, desde los once años. Claro, que había aprendido por medio de la iglesia que el noviazgo no es para jugar. Le dije que él quería ser su novio, casarse y vivir juntos para siempre. Ahora, le dije, la historia la tiene que contar usted. Y empieza contar la historia que ella quería estar con él. ¿Eso significa que sí? Le pregunté. ¡Sí! me dijo. Ahora mínimo deme un beso. La fui a dejar a su casa, estaba emocionada y llamó a sus tías por teléfono y les contó. Cuando alguien está emocionado por algo lo habla, lo grita a los cuatro vientos y es que el que está en Cristo tiene que hablar de Cristo, no porque le pongan tarea, sino fluye, es normal.

El discípulo de Jesús vive para hablar de Dios es y hace discípulos de Jesús. Vino para hacer discípulos. Andrés fue por Pedro, Felipe fue por Natanael. ¿Quién es su Pedro? ¿Quién es su Natanael? Usted es un discípulo de Jesús, cuando vive para Dios, cuando le da la espalda al pecado y se consagra para Él. Hace discípulos de Jesús cuando predica el Evangelio y todo el que lo recibe lo guía en una oración de arrepentimiento de pecados y lo anima a consagrarse a Él. Mateo 28:18-20, es nuestra misión, dice Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: ―Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Obediencia es lo que pide Dios de nosotros, y somos rebeldes. Predique con el silencio de sus acciones, su cara lo dice todo. No salga al vecindario todo amargado, usted es cristiano. Me dice un instalador que llegó a una y comentó que bonitos los de allí, siempre andan felices . Usted y yo no nos morimos, sentimos que nos morimos a veces, duele la muerte, pero duele con esperanza, porque sabemos que en esta Tierra no es todo. En medio de la muerte todavía podemos reír, mientras lloramos y volvemos a reír.

Cuando nos enfermamos decimos por qué Señor. No, si sabemos que este mundo está caído. Jesús dijo en el mundo tendrán aflicciones, pero confíen, yo he vencido al mundo. No nos espantemos. Predique en el silencio sus acciones, caiga bien. La Escritura dice hagan brillar su luz delante de todos los hombreas, para que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. Somos luz porque reflejamos a Jesús. Sea caebien.

Tuvimos una cumbre Latinoamericana que organizó SH y la Fráter les permitió hacer el evento sin cobrarles un centavo, estuvo el pastor Juan Puerto, tres hijos biológicos, 23 hijos de acogimiento temporal y esto predica algo más que alguien juzgando y criticando, cuando la gente ve el amor. Estuvo Chagui, que ha venido con los niños, con su hija, recién casada, la adoptó como su hija a los 13 años. El silencio de las acciones. La generosidad en el silencio de sus acciones.

Predique presentando el Evangelio, la buena noticia, pero para presentar la buena noticia hay que presentar la mala. La mala, Dios es justo y no hay pecado en Él, es santo y no tolera el pecado. Imagínese a un juez ante alguien que ha matado a veinte y porque lo ve llorar, diga pobrecito, está arrepentido. Treinta días de servicio comunitario, nada más. ¿Qué pensaría de ese juez? Para el injusto la justicia. Dios que es justo, para el injusto la justicia. Dios es bueno, pero es justo y su bondad va vinculada de la severidad. Dios castigará todo pecador, Dice la Escritura.

La buena noticia es que no tiene que hacer nada, porque no puede hacer nada, una vez pecador, siempre pecador y en pecado lo concibió su madre, dijo David. Fe en el sacrificio de Jesús, no murió un hombre muriendo por hombres, el Hijo de Dios, quien por su Palabra hizo que se formara el universo. Tomó nuestro lugar en la cruz y nos sustituye. Predique la buena noticia, pero predique la mala. Le dirán ¿Cómo un Dios de amor va a mandar a un pecador al infierno? Explíqueles qué significa la justicia de Dios y la santidad de Dios.

Memorice las 4C: Cuando usted predica alguien se arrepiente de sus pecados, se convierte hay que conservarlo, capacitarlo y comisionarlo. Hablamos en la Fráter de convertir, conservar, capacitar y comisionar.

Cuando alguien se arrepiente, se convierte, pero hay que conservarlo, es un bebé espiritual, no sabe cómo comer, no sabe nada. Usted no lo suelta, le compra una Biblia, lo lleva y lo trae a la iglesia. No solo conservarlo, hay que capacitarlo, hay que llevarlo a una célula. Entre a www.buscocelula.org , pasa a los centros de información, lo ubica. Lo inscribe en la Facultad de la Fe y Liderazgo para que reciba lo básico, en Mis primeros pasos, del primer nivel. Y luego lo inscribe en el segundo nivel Hacia la madurez, cuatro módulos donde va a aprender qué es la Biblia, que enseña Biblia, Lo que creemos los cristianos, como ser espiritual y emocionalmente maduro.

Cuide a todo nuevo creyente como un recién nacido. La misión del discípulo de Jesús, el segundo ingrediente, es el discípulo de Jesús vive para hablar de Dios, Es y hace discípulos de Jesús. ¿Lo hará? Esa es nuestra misión y no es aquí adentro, es allá afuera. Andrés fue por Pedro, Felipe por Natanael, ¿por quién va ir usted? Sea y haga discípulos, dele la espalda al pecado, conságrese a Dios. Vaya y haga discípulos, pero sobre todo enséñeles a obedecer.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…