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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

En Guatemala se han popularizado las carreras de atletismo de 10k y 21k y en los días previos la emoción, las fotos del número, de la playera para subirlas a las redes sociales. Por fin se llega el día y todos listos esperando el banderazo de salida y salen como caballos desbocados. No se crea que el recorrido es fácil, es complicado. La mayoría de corredores no tienen como meta alcanzar el primer lugar, muchos solamente quieren llegar a la meta, lo que quieren es atravesar esa línea y ahora hasta les toman el tiempo exacto en el que llegaron, un mensajito con el dato de cuánto tiempo se llevó para culminar la carrera. Una gran mayoría se proponen solo bajar sus marcas personales.

Antes no eran conocidas las carreras, una que otra importante, la San Silvestres el último día del año. Quería correr, le decía a mi papá que tenía el deseo y hasta que un maestro del colegio me motivó para inscribirme en una de esas pequeñas carreras en la zona 5 que tenía como recorrido el trayecto hacia el bulevar el Austriaco y de regreso, un circuito. Recorrido difícil, llegué con la lengua de fuera y arribé al segundo lugar, solo corrimos tres en mi categoría. Luego la San Silvestre. Yo corría con ganas, con todo lo que tenía y no veía donde terminaba la fila de corredores ni donde empezaba, pero llegué.

Qué tiene que ver una carrera de atletismo un domingo en el que yo vengo a oír palabra de Dios, pues precisamente tiene todo que ver, porque Jesucristo utilizó formas de expresión, de comunicación, utilizó las parábolas, sin parábolas, dice, que no les hablaba a las personas.  Pablo también utilizó figuras como las metáforas para hacernos comprender las verdades bíblicas del Evangelio. Una de ellas es una carrera. Quiero que guarde esto en mente, porque cuando leamos el pasaje que vamos a leer debe tenerse presente que Pablo está viendo una carrera, una salida, hay un recorrido, hay una meta. Y ¿cómo es que esto se aplica a nuestra vida cristiana? Antes de entrar al pasaje bíblico debemos recordar el tema “Perder para ganar” que vimos la semana pasada. Es hasta que nos humillamos delante de Dios, que reconocemos nuestro pecado y ante los ojos de los hombres estamos derrotados, que Dios, entonces, nos exalta y nos da la posición de hijos, no por nuestras fuerzas, no por nuestras obras, no por nuestro esfuerzo humano sino por la obra de Cristo, Dios que se vistió de carne y huesos, tentado en todo, pero sin pecado, el único que complace al Padre Dios completamente con lo que pedía la Ley del Antiguo Testamento.

Y dice en Filipenses 3:10-11, por qué es que todos los esfuerzos humanos que puede mencionar, todo su currículo lo ha perdido. Dijimos la semana pasada: Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. Cuatro cosas: A fin de conocer a Cristo, lo ha perdido todo. Experimentar el poder que se manifestó en su resurrección. Participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte, y, por último, para alcanzar la resurrección de entre los muertos. Por eso lo ha perdido todo.

Al entrar al versículo 12 la pregunta es ¿Pablo ha conseguido todo esto, ha conocido a Cristo, ha experimentado el poder que se manifiesta en su resurrección, ha participado en sus sufrimientos y ha llegado a ser semejante a Cristo Jesús en su muerte? ¿Ha alcanzado la resurrección entre los muertos? La respuesta es no. Filipenses 3:12, No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Pablo entiende que aún no ha llegado a la meta, ni lo ha conseguido todo ni es perfecto, no conoce a plenitud a Cristo, aunque Cristo Jesús camino a Damasco se le apareció ya resucitado y lo comisionó para ser el predicador para todo el pueblo gentil, que somos todos nosotros, los que no somos judíos, pero no ha conocido a plenitud a Cristo, por lo que perdió todo. No ha experimentado el poder de su resurrección, aunque vio a Cristo resucitado. Ha participado de los sufrimientos, pero no ha tenido una muerte semejante a la de Cristo Jesús. Pablo sabe que ni lo ha conseguido todo ni es perfecto.

Y aunque sabe que no lo ha conseguido todo, ni es perfecto sigue adelante esperando alcanzar a aquello para lo cual Cristo Jesús lo alcanzó a él. Y Cristo Jesús lo alcanzó, precisamente, para predicar el Evangelio de la gracia, el Evangelio de Jesús que dice que no hay justo ni siquiera uno, que Dios es santo y castiga al pecador, pero que este Dios santo a su vez perdona sin dejar de ser justo, porque lo hace a través de la sustitución de Cristo, el único justo que muere por los injustos. Jesús también lo alcanzó para que viviera un progreso espiritual diario, por eso estamos un domingo aquí en la iglesia celebrando, porque Jesús resucitó un domingo. Todos reunidos, porque Dios es bueno.

Un progreso diario. ¿Será que usted lo ha alcanzado todo o es perfecto? Sabe que la respuesta es no, pero aquí está, siga avanzado, siga adelante, Pablo sabe que su misión es seguir avanzando. El día que venimos a Cristo, la vida no se nos resuelve, resuelve en que somos reconciliados con el Padre Dios, pero la vida no se convierte en un lugar donde no se sufre, el día que venimos a Cristo nacemos a una nueva vida espiritual, pero no vivimos en el cielo donde no hay injusticias ni llanto, ni dolor, por eso estamos aquí en la Tierra donde se sufre. A pesar que nacemos a una vida espiritual, vivimos en un mundo caído que tiende hacia el mal y muchas veces el mal nos toca. A pesar que nacemos a una vida espiritual nueva y hemos sido llamados a vivir en santidad y a hacer buenas obras, a veces fallamos y necesitamos de Su gracia. Pablo sabía esto y más y por eso decía que seguía adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús lo había alcanzado, eso es llegar al cielo. La carrera del cristiano comienza el día en que se arrepiente de sus pecados y termina el día que se muere.

Su carrera comenzó el día en que dijo Señor, me arrepiento de mis pecados, yo sé que he quebrantado tus pensamientos, yo sé que he vivido lejos de tu perfecta voluntad que es dolor, que es muerte, que es tristeza, que es enfermedad al cuerpo, ese día comenzó la carrera espiritual de su vida y va a terminar el día que se muera. Durante ese recorrido Pablo entiende que no ha llegado a la meta, porque la meta es el día de su muerte y el día en el que muera se termina la carrera.

Llegamos al punto central del mensaje.

Pablo sabe que aún no ha llegado a la meta, pero hace una cosa, una cosa que se traduce, aparentemente, en tres cosas. Filipenses 3:13-14 Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Por qué dice tres cosas hago, y hace una cosa y es que lo más probable es que el apóstol Pablo está dictando su carta. Y esa única cosa probablemente es sigo avanzando, eso es lo que él hace, pero como elabora, dijo hago una cosa y son tres.

Olvidando lo que queda atrás y esto es algo que tenemos que hacer si queremos seguir avanzando, es olvidar lo que queda atrás. Cuánta gente ha tratado su pasado, pero cuando uno corre no va pensando en lo que va dejando atrás, para nada. Uno corre enfocado en lo que está adelante, porque si se quedó pensando en lo que se queda atrás está loco, porque el objetivo es llegar a la meta. Pablo olvidaba lo que quedaba atrás, sus logros humanos, el currículo que dio, que considera que todo eso que tenía como ganancia lo tiene como basura, a fin de encontrar y ganar la justicia que viene en Jesús. Cuando habla de todo lo que queda atrás, se refiere a olvidar el logro de sus esfuerzos, sus obras que según él le daban salvación y justificación. Y de la misma manera debe olvidar los esfuerzos humanos que cree le darán salvación.

No se pregunte qué he hecho en el reino de Dios, pregúntese qué estoy haciendo para el reino de Dios. Olvide los logros, nos es qué he hecho sino qué estoy haciendo. Pablo no solo olvidaba los logros, en cuanto el celo que era perseguidor de la iglesia, aprobó la muerte de Esteban, uno de los siete diáconos y sostuvo el manto de todos mientras lo apedreaban, consiguió cartas y empezó a perseguir a los del Camino, los tomaba y los arrestaba, los metía a la cárcel, porque los consideraba una secta, por declarar a Jesús como su Señor y Salvador. Olvida los que quedaba atrás y estos son los logros que no dan salvación y los pecados que no nos llevan a ningún lado.

Decía la gente antes perseguía a la iglesia y ahora predica el Evangelio que perseguía. Cuando anunciaban que el apóstol Pablo iba a predicar, nadie llegaba. Sentía esa gente que era un engaño. No sé qué pecados tiene usted del pasado, dígame quién no tiene pecados. Pero si sigue pensando en ese aborto, está abortando su vida. Si usted ya se arrepintió, ya pidió perdón, ya se apartó olvide lo que queda atrás.  Si sigue pensando en ese novio que le engañó. Si sigue pensando en ese novio, que solo la usó y la abandonó, la lastimó y tiene consecuencias hasta el día de hoy, olvide lo que queda atrás. Si sigue pensando en el pecado que se cometió contra usted, de un padre o de una madre ausente, de un padre o madre alcohólicos, un padre o madre violento o violenta sea libre. Nadie corre viendo hacia atrás, solo los locos, pero a veces nos gusta ser locos. Ha escuchado la frase: el pasado no existe, el futuro no está aquí solo tenemos un regalo y por eso se llama presente. Olvide el ayer.

Puede que diga que es imposible olvidar el pasado, es cierto. No conozco a nadie que diga venga y le borramos un pedazo de su memoria, a menos que le golpeen. Pablo no está diciendo olviden, está diciendo conscientemente no pongan su enfoque en las cosas de ayer, porque las cosas del ayer no producen nada bueno para el mañana. Si en su matrimonio tiene problemas porque le sigue recordando a su pareja las cosas de hace veinte años, de hace diez, de dos, de la boda de hace seis meses, va a parar divorciado. Y ¿qué puede hacer su pareja por las cosas del pasado? Nada, no se puede hacer nada por ese pecado. Sabe qué es lo triste, no es el diablo el que nos recuerda el pasado, muchas veces es la persona más cercana.

Si es posible no meditar conscientemente en las cosas que no traerán nada bueno. Nunca preguntes por qué tiempos pasados fueron mejor, no es de sabios hacer tales preguntas, dijo el sabio Salomón. En uno de mis libros escribí: quien vive en su pasado, paraliza su presente y elimina su futuro. Solo le digo que el pasado solo se puede aceptar y perdonar, si es que quiere ver vida. Olvidemos, entonces, lo que queda atrás, no meditemos conscientemente en ello, Pablo olvidaba sus logros, sus pecados. Decía, Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante. En esa carrera de San Silvestre, que yo corrí, no nos dieron agua. Ahora hasta están instalados puestos de abastecimiento. Yo iba cansado. Mi papá me dejó en el Hipódromo del Norte y se fue al estadio Mateo Flores donde entraban todos los que corrían la competencia. Solo me quedaba correr, iba cansado. Lo rico era cuando miré la Torre del Reformador y que iba dejando cosas, iba rebasando y me acercaba. Me imaginaba la meta, creía que era lo máximo entrar al estadio en su pista de atletismo.

Esforzándome por alcanzar lo que está adelante. El atleta corre la carrera pensando en la meta y nada más que en la meta. Podrá sentir que ya no puede más, pero piensa en la meta y sigue adelante. La vida del cristiano no la define la ausencia de las pruebas sino la fe esforzada y constante en medio de ellas. Y es que en la carrera van a haber dificultades, enfermedad, calumnia, accidentes, despidos, extorsiones, problemas en la familia. Pero no puede detenerse, usted es de los que sigue corriendo a pesar de lo que se pueda venir, porque la carrera cristiana es para los valientes, es para aquellos que saben que hay una meta que es el cielo que nos espera.

No solo olvide lo que queda atrás, esfuércese por lo que está adelante, a pesar de lo que pueda venir, porque de lo contrario cuando vengan las pruebas va a decir que esa carrera no es de Dios, porque en Dios no hay pruebas y cuando uno está en Dios es cuando más pruebas hay. Un amigo empezó a servir en agosto y en octubre lo operaron del corazón. Estar sentados en la iglesia, leer la Biblia todos los días no es garantía que no tendremos problemas, Jesús mismo dijo en el mundo tendrán aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo y lo venció porque al tercer día resucitó y nos prometió que, así como Él resucitó, todos los que morimos con la fe puesta en Él vamos a resucitar en una nueva vida en donde hay un cielo, la promesa futura para todo cristiano.

Pablo desea ser hallado fiel, ¿qué está delante de Pablo y por lo que se esfuerza y que debe estar delante de nosotros? Quiere ser hallado fiel el día de su muerte, quiere terminar la vida abrazando no la justicia de los esfuerzos humanos que no existe, sino la justicia que viene por la fe. Quiere morir fiel a Dios como Jesús murió fiel en obediencia al Padre y a Jesús no lo sostuvieron los clavos, los sostuvo el amor por nosotros, porque Él era Dios, pero debía el Dios justo descargar su ira sobre un justo y solo Cristo podía hacer eso. Esforcémonos por alcanzar lo que está delante, olvide lo que queda atrás y eso se aplica no solo a la vida espiritual. Esfuércese por seguir avanzando para ver la meta olvidando lo que queda atrás. La vida del cristiano es dura y a veces es más dura porque por ser cristiano tiene que pagar el precio de no prestarse a las injusticias y salir de algún lugar. Tiene que pagar el precio de no conseguir un proyecto, porque no vas a dar mordida, pero fiel al Señor.

La tercera cosa es sigo avanzando hacia la meta, para ganar el premio que Dios ofrece, mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús, ese premio que es la gloria celestial. Usted y yo somos los que olvidamos el pasado, olvidando lo que queda atrás, olvidando los logros y los pecados. Somos los que nos esforzamos por lo que está delante, perseveramos a pesar de, y somos los que seguimos avanzando a la meta que Dios ofrece. Seguimos avanzando, en otras palabras: nada nos detiene. Y es que en las buenas qué fácil es correr, pero cuando uno está en las malas y siente que ya no puede más, como le sucedió o a una atleta que asiste a la iglesia en una competencia internacional y sentía que ya no podía más, que era mejor abandonar, en el último kilómetro recuperó fuerzas, y cuando llegó a la meta besó el lugar como si hubiera entrado victoriosa. Hebreos 12:1-3 Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.

La prueba es seguir avanzando, por eso cuando veo a un cristiano que pasa por una prueba y siente que ya no puede más, es alguien que no ha entendido que su esperanza es el cielo. Porque el que ha entendido que su esperanza es el cielo entiende que todo sufrimiento, que toda prueba es momentánea comparada con la eternidad, aunque parezca la eternidad esta Tierra, es momentánea comparada con la eternidad. Pablo olvida lo que queda atrás y se esfuerza por lo que está delante y sigue avanzando, Pablo quiere ganar ese premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús y nuestra misión es seguir, seguir y seguir avanzando.

La carrera de nuestra fe termina el día de nuestra muerte en todo tiempo y lugar. Don Tirso Trejo, un miembro de nuestra congregación, postrado en un hospital y en sus últimas, uno de los yernos que es médico entró, ya no hablaba, le llevó saludos de la familia. Pero allí, enfermo, sin saber cuándo moría, solo con su índice levantado señaló hacia arriba. En su vida cristiana jamás se detenga, sigamos avanzando. Olvide lo que está atrás y cuando sienta que ya no tiene fuerzas descanse en las fuerzas del Señor.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…