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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Muchas veces somos egoístas, vanidosos, envidiosos. Podemos calificar a aquel que constantemente es egoísta o aquel que en algún momento se comporta de manera egoísta como el “yo que destruye”. Cuando nuestro yo importa más que el de los demás habrá conflictos. El orgullo exalta el yo y el orgullo crea muchos dolores. El sentirnos superiores a los demás nos lleva a menospreciar a los otros y a exigir un trato súper especial que creemos merecemos. El “yo que destruye”, es un ego que destruye relaciones en el hogar, en la casa, en los estudios, en el trabajo y en la iglesia y en cualquier ambiente social en el que nos desenvolvamos. La iglesia de Filipos estaba pasando por una situación causada, en buena medida, por el egoísmo y la vanidad. Había ciertos problemas, había ciertas divisiones. De hecho, casi al final de la carta del apóstol Pablo, se menciona una situación acerca de dos mujeres que necesitaban llegar a un acuerdo. Ahora bien, ¿qué es lo que les escribe a los cristianos de la iglesia de Filipos, para enfrentar este “yo que destruye”? Antes de responder voy a referirme a lo que hemos venido estudiando en estas últimas semanas, temas sustentados en la carta a los Filipenses. La semana anterior concluimos las enseñanzas contenidas en el primer capítulo y hoy vamos a seguir estudiando esta preciosa carta. Para continuar, permítame hacerle nuevamente la pregunta ¿qué es lo que les escribe el apóstol Pablo a los cristianos de la iglesia de Filipos, para enfrentar este “yo que destruye”? Filipenses 2:1 Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable. Y esta expresión, “por tanto”, nos debe hacer referencia a algo que acaba de pasar, algo que recién les acaba de escribir. La semana pasada estuvimos compartiendo acerca de “pase lo que pase, la iglesia, nosotros como cristianos, debemos comportarnos dignamente por el Evangelio del que hemos creído, debemos mantener la unidad, la fe y seguir adelante”. Y si vuelve a leer el primer capítulo nuevamente se va a encontrar con que les expresa su agradecimiento, pero a la vez les dice que no sabe si es mejor partir a la presencia del Señor o quedarse con ellos. Luego escribe un versículo precioso que seguramente usted lo sabe, porque dice Pablo para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. En ese contexto, ahora viene el apóstol Pablo y les dice por tanto y establece cuatro aspectos, cuatro cláusulas condicionales importantes en este primer versículo. Quiero sustentarme en la versión Nueva Traducción Viviente, porque en esta traducción lo establece en forma de pregunta y respondamos a estas preguntas que les está haciendo a los filipenses: ¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Pablo en esta traducción se los hace en preguntas que implican una respuesta afirmativa. Bien pudiésemos leerlo de una manera afirmativa, de la siguiente manera, como está en la Nueva Versión Internacional: porque ustedes tienen una comunión con Cristo, porque sienten un consuelo en su amor, porque sienten un compañerismo en el Espíritu y porque sienten un afecto entrañable, 2 llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. Si respondimos afirmativamente a las preguntas anteriores, entonces vamos a llenar de alegría el corazón de este apóstol al mantenernos en unidad. Estamos por celebrare el Día de la Madre, la mayoría ya está pensando qué le va a regalar a su mamá. Cuando éramos niños y le llevábamos un regalo nos decía que el mejor regalo que ella podía recibir era que nos portáramos bien. Y allí se nos complicaba la cosa. Hay regalos de sumo valor, pero no tienen precio y otros que tienen mucho precio, pero ningún valor. En cierta forma es lo que el apóstol Pablo les está diciendo a los filipenses: llénenme de alegría siendo de un mismo parecer, teniendo unidad en el alma y unidad de pensamiento. Cuán importante es para él enviarles este mensaje, porque es seguro que estaba sucediendo algo allí y para eso vamos a Filipenses 4:1-3 que dice, Por lo tanto, queridos hermanos míos, a quienes amo y extraño mucho, ustedes que son mi alegría y mi corona, manténganse así firmes en el Señor. Ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Dos mujeres que estaban en desacuerdo. Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres que han luchado a mi lado en la obra del evangelio, junto con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida. No hace una referencia más específica a esa situación; sin embargo, sí hay algo que está pasando. Hay un descuerdo entre estas dos mujeres y es algo que se debe resolver. Si Pablo lo anota en esa carta, es algo muy importante. Me llama la atención que luego le encarga a su amigo fiel que resuelva el asunto. No solo las mujeres son complicadas, también hay hombres. No todos estaban unidos en un mismo parecer, ni en un mismo amor, ni en alma, ni en pensamiento, pero la Iglesia de Cristo tiene este llamado y como se está dando esta situación, el apóstol Pablo nos explica qué debemos hacer y qué no debemos hacer para alcanzar la unidad. Filipenses 2:3-11 dice No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. Egoísmo y vanidad. Egoísmo es el excesivo aprecio que tiene una persona por sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés, sin preocuparse por el interés de los demás. Vanidad, es la arrogancia, el envanecimiento y el deseo de ser admirado por el alto concepto de lo propios méritos. El apóstol Pablo les dice a los filipenses y el Señor nos dice hoy a nosotros que no hagamos nada por egoísmo o por vanidad y luego nos dice que debemos de hacerlo con humildad que implica considerar a los demás como superiores a nosotros mismos. ¿Alguna vez se ha comportado de manera egoísta? ¿Alguna vez se ha comportado de manera vanidosa o envidiosa? El apóstol Pablo en Gálatas 5:26 en una sola oración nos da este consejo: No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros. Es muy importante que erradiquemos la vanidad, el egoísmo de nuestro comportamiento y que adoptemos una actitud humilde considerando a los demás superiores a nosotros. Es complicado considerar los intereses de los demás, ¿acaso no estamos siempre interesados en lo nuestro y ahora considerar el interés de los demás? Se tiene interés por llegar temprano al trabajo, y de pronto hay muchísimo tránsito. Alguien quiere entrar a la cola ¿es de los que acelera para que no entre o es de los que deja que pase? El interés del otro también es válido, pero el suyo también lo es, pero a menudo buscamos nuestro interés. ¿Ha considerado cuántos segundos pierde en darle el lugar a otro? ¿Cuánto va a implicar esto en que usted llegue más tarde o más temprano? Son segundos. Finalmente decide darle paso al otro, porque el Espíritu Santo lo redarguyó. Evitó que entraran diez y permitió que lo hiciera uno solo. Esto le permitió hacer su obra del día. Y el que pasó ni siquiera le dice gracias y usted se pone molesto que la gente no sea agradecida. Pongo este ejemplo, se puede considerar trivial, pero ¿cuántas cosas hacemos solo por nuestro interés y nos olvidamos del interés de los demás? El apóstol Pablo nos dice que, para alcanzar la unidad, para tener un mismo espíritu, un mismo sentir, un mismo amor, un mismo pensamiento tenemos que actuar dejando el egoísmo y la vanidad, por un lado, considerando a los demás como superiores a nosotros y considerar también el interés de los demás. No se queda solo en decirnos qué hacer o qué no debemos hacer, nos da un ejemplo, un estándar, un modelo a seguir, lo vemos en el versículo 5, porque a partir de aquí, vamos a encontrar el máximo ejemplo de anti egoísmo, anti vanidad, anti intereses propios. Ese ejemplo es Jesús.  La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, Su actitud y mi actitud debe ser como la actitud de Jesús y cómo fue esa actitud, 6 quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Jesús no buscaba ser alguien, Él ya era y Él es Dios. Cuando alguien sabe quién es no necesita demostrarlo. Cuando alguien sabe quién es actúa de manera natural y considera a los demás como superiores. Este versículo nos dice que Jesucristo es Dios y esta afirmación es un aspecto doctrinal básico en el Evangelio. Jesucristo es Dios. Y por qué mi insistencia, por qué el énfasis, porque hay muchos que creen que fue un buen filósofo, una buena persona, que dejó buenos consejos, que dio un ejemplo; pero no creen que Jesucristo es Dios. Este y muchos más versículos en la Palabra de Dios establecen la deidad de Jesucristo, esto significa que es Dios. 7 Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos. Me impresiona que Jesucristo haya venido para servirnos. Mateo 20:28 dice de la siguiente manera:  así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Jesucristo vino a servir, vino a entregar su vida y yo pregunto ¿y nosotros qué nos creemos? Se cree digno que los demás le sirvan, pues vea el ejemplo de Jesucristo. Usted está siempre pendiente de que lo demás hagan y le sirvan en lugar de hacerlo usted. Pues vea lo que Jesucristo hizo. Busca argumentos que para nosotros parecen válidos, porque se justifica diciendo he trabajado mucho, me merezco esto o aquello. He entregado muchísimo a esta institución, esta empresa, por la casa, por la familia merezco esto y lo otro. Pero Jesucristo no consideró ser igual a Dios, no consideró a Dios como algo a que aferrarse, sino que tomó forma de siervo, tomó forma de hombre para servirle a usted y a mí. 8 Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Jesucristo es Dios y ahora que tiene forma de hombre se humilla más todavía para morir y entregar su vida por nosotros y de qué manera muere, en una cruz. La muerte de cruz no era para los romanos, era para los extranjeros y los judíos consideraban a todo aquel que muriese en una cruz como un maldito, como una maldición, así lo dice Gálatas 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición, porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero. Se hizo maldición para que recibamos la bendición de la vida eterna. Entregó Su vida para que tuviésemos vida. No puede entregar usted su vida al extremo de morir en una cruz, pero sí puede entregar su vida por otros al darles tiempo, al darlas atención, al servirlos, porque es vida la que damos. Si tenemos vida demos vida por otros y no digo que deje su casa, su familia, su trabajo, allí en su familia, en su casa, en el trabajo, en la congregación dé vida, dé lo que tiene porque tiene muchas bendiciones de parte de Dios. No las acumule solamente sino también sea un canal de bendición, para que otros reciban la bendición que Dios le ha dado. 9-11 para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Se humilló Jesucristo, pero ahora viene Dios y lo exalta hasta lo sumo, hasta lo máximo. Llegará un día, el día del juicio del gran trono blanco y en ese día toda la humanidad deberá presentarse delante de Dios, unos nos presentaremos con gozo, así lo creo y así lo espero. Otros se van a presentar con desesperanza, pero ese día toda rodilla se va a doblar delante de la presencia del Señor y todos van a confesar el nombre de Jesucristo como el Nombre sobre todo nombre y esa confesión será en el cielo y en la Tierra y aún debajo de la tierra, porque Jesucristo tiene señorío sobre todo el universo.  La pregunta a responder es ¿qué tenemos que hacer hoy? El pasaje nos lo deja tan claro que a mí solo me resta describir o mencionar lo que debemos hacer: 1. El pueblo de Dios es uno en Cristo y como uno debemos buscar la unidad, ser de un mismo parecer, ser de un mismo amor, una misma alma y un mismo pensamiento. 2. Erradicar el egoísmo y la vanidad que nos van a llevar o empujar a la división. Y ¿cómo erradicamos el egoísmo y la vanidad? El antídoto, la medicina es la humildad. Seamos humildes y al ser humildes nos va a llevar a hacer dos cosas, una tratar a los demás como superiores a nosotros mismos. Dos velar no solo por nuestros intereses sino por los intereses de los demás. Se requiere que seamos humildes, el mismo Señor Jesucristo dijo: el que se humilla será exaltado. Tenemos que humillarnos, y me llama la atención cuando leo pasajes y frases de Jesucristo como esta: el que se humilla serás exaltado. Si yo me humillo soy exaltado ¿cuándo he sido exaltado tengo que quedar como exaltado? No, tengo que volverme a humillar| y mantener una actitud humilde siempre, siempre, siempre. Habrá de ser un comportamiento continuo, yo mi humillo y Dios en su misericordia me exalta, pues me vuelvo a humillar y vuelvo a ser humilde y sigo siendo humilde y me mantengo humilde. Acabamos de leer que Dios exaltó a Jesucristo hasta lo sumo, porque se humilló y porque fue humilde. Cuando somos humiles Dios nos recompensa. Es más, Proverbios 22:4 dice Recompensa de la humildad y del temor del Señor   son las riquezas, la honra y la vida. De manera que si nos mantenemos humildes tengamos por seguro que Dios nos va a recompensar.  Si somos uno con Cristo actuemos como Él actuó al tomar forma de hombre. Humillémonos al tratar a los demás como superiores a nosotros mismos y velar no solo por nuestros intereses sino también por los intereses de los demás. Que Jesús haya dejado la gloria y tomar la forma de hombre es el mayor ejemplo para no ser egoístas y vanidosos sino mantenernos en humildad.
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