Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Hoy no es un domingo cualquiera, un domingo como hoy, Cristo Jesús resucitó y esa es nuestra esperanza de vida. Aquel que dejó el cielo, se vistió de carne y huesos y habitó entre nosotros y es nuestra esperanza. Y a lo largo de la historia la Iglesia se reúne el domingo, porque domingo Jesucristo resucitó. Cuando estamos en Cristo Jesús, el Señor perdona nuestros pecados, nos da identidad.

Esta época es muy importante para la iglesia. Cuando era niño quería ser cucurucho como los niños que veía vestidos de morado cargando una imagen. Lloraba y lloraba y mi mamá me decía que no podía ser cucurucho, porque somos cristianos evangélicos y los cristianos admiramos el arte, creemos en el arte, pero no cargamos imágenes, no oramos a las imágenes, no confiamos en ellas. Toda la Semana Santa vemos procesiones y el domingo solo sale una y es porque nos gusta el dolor, el chisme, cuando algo malo pasa todo el mundo empieza a wasapear y a contar lo malo. Es cierto, un viernes Jesucristo murió, pero se habla tanto de su muerte que es parte de la verdad. Es la mitad de la verdad, se nos dice que murió el viernes y vemos a Cristo, en esta época, en la televisión y en las calles crucificado, con una corona de espinas, sufriendo. Pero no vemos su resurrección.

Recordemos hoy que Jesús murió, pero también resucitó y esa es nuestra esperanza.

En Mateo 28:1-15 leemos qué pasó ese día y dice Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.  Sucedió que hubo un terremoto violento, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve.  Los guardias tuvieron tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos.  El ángel dijo a las mujeres: ―No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Luego vayan pronto a decirles a sus discípulos: “Él se ha levantado de entre los muertos y va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán”. Ahora ya lo saben. Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres, y corrieron a dar la noticia a los discípulos. En eso Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. ―No tengan miedo —les dijo Jesús—. Vayan a decirles a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y allí me verán. Mientras las mujeres iban de camino, algunos de los guardias entraron en la ciudad e informaron a los jefes de los sacerdotes de todo lo que había sucedido. Después de reunirse estos jefes con los ancianos y de trazar un plan, les dieron a los soldados una fuerte suma de dinero y les encargaron: «Digan que los discípulos de Jesús vinieron por la noche y que, mientras ustedes dormían, se robaron el cuerpo. Y, si el gobernador llega a enterarse de esto, nosotros responderemos por ustedes y les evitaremos cualquier problema». Así que los soldados tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Esta es la versión de los sucesos que hasta el día de hoy ha circulado entre los judíos.

 Nuestro Señor Jesús, no solo murió, también resucitó. ¿Qué tiene que ver su resurrección con nosotros? ¿Cómo nos afecta que Cristo Jesús no haya muerto nada más, sino que haya resucitado? En primer lugar, la resurrección de Jesús garantiza el perdón de pecados al que cree. De hecho, no hay justo ni siquiera uno. En este lugar que es la casa de Dios, donde la asamblea se realiza, donde nos reunimos gente que viene de Fraijanes, de Villa Nueva, de San Lucas, de Chimaltenango, de Santa Lucía Cotzumalguapa, les puede quedar lejos pero no para adorar al Señor y nos reunimos acá para celebrar que en la resurrección de Cristo Jesús hay perdón de pecados. Su vergüenza fue cubierta por Cristo Jesús, es más, Romanos 4:25 nos dice Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Y es que llega el momento en el que los seres humanos entendemos que después de ese historial de pecados no hay nada que podamos hacer para borrarlos. Solo queda un camino, y no es el camino de las obras, de las buenas obras, no es el camino de guardar los mandamientos. Puede ser médico, atropellar a alguien por andar bajo los efectos de ebriedad y curar a mil personas después, pero nunca quedará tablas ante Dios nuestro Señor.

Pablo lo ponía de mejor forma en Gálatas 2:15-21 dice» Nosotros somos judíos de nacimiento y no “pecadores paganos”. Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado. » Ahora bien, cuando buscamos ser justificados por Cristo, se hace evidente que nosotros mismos somos pecadores. ¿Quiere esto decir que Cristo está al servicio del pecado? ¡De ninguna manera! Si uno vuelve a edificar lo que antes había destruido, se hace transgresor. Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano».

Ayer debí imprimir algunos documentos para llevárselos a mis papás; revisé la tinta, ya estaba muy baja, primera vez que le hecho tinta a esta impresora. Empecé a llenar de tinta el tambito. Hasta ahí todo iba bien, hasta que decidí taparlo, lo dejé en su lugar, tomé lo que debía tapar, el orificio donde había vertido la tinta; lo había manchado. ¡Qué me costaba ir a traer papel toilette y tomar esa tapadera y colocarla! Tomo eso, lo coloco, corro a lavarme las manos, para mi sorpresa, no se quitó nada. Manchado de negro, me lavé las manos con agua y jabón, me agarraba con papel toilette y con la toalla… y nada. Era una mancha imborrable. Entonces me voy a la lavandería y ahí tengo un bote de thinner que todo lo quita. Empecé a limpiarme con wipe y nada. Y pensando en el mensaje me decía la tinta del pecado nos mancha de tal manera que no solo no podemos borrarlo, no podemos ocultarlo. La mayoría de pecados salen a luz en esta Tierra y los que no salen saldrán a luz en el cielo.

Me decía, tengo que predicar en San Cristóbal y voy a llegar todo entintado y cuando levante la mano todos van a ver la tinta y no el mensaje. Antes del servicio del sábado me fui a bañar, me quedé reflexionando sobre muchas cosas, el baño se convierte en la oficina número dos. Me eché agua, jabón, agua y qué creen, cuando me estaba secando ya no había nada. No les digo que fue un milagro, fue el agua, mucha agua. Cuando no podemos quitarnos la mancha del pecado, cuando no hay detergente que limpie entonces estamos en el momento propicio para recibir a Cristo. Lo hemos probado todo y solo queda el verdadero, el verdadero camino, verdad y vida que es Jesús.

Creando una lista de difusión en wasap, particularmente no me gusta esta red, una lista de difusión son 250 personas que agrupa para enviarles información posteriormente. Pero como no había hecho una lista en este teléfono. En lugar de crearla, formé un grupo con 256 personas, no eran 256 personas normales, había políticos, gente cristiana conocidísima que sus números telefónicos los mantienen privados. Y algunos de ustedes amigos míos recibieron la invitación. Lo creé y lo dejé ahí y después entran los mensajes preguntando si los había incluido. Entonces creo que borrándome todo estaba solucionado y alguien me dijo que tenía que haber borrado a todo el grupo, pero que en ese momento ya no se podía. En ese momento me entró lo que las abuelitas dicen el flato.

Son esos momentos que solo queda nada más que decir perdón.  Y ¿qué podía hacer para retirar lo que había hecho? Nada. Así es el Evangelio, lo que hicimos es algo que no podemos regresar. Ya mentimos, ya robamos, quién quemó, pintó y destruyó, quién chismeó. Estamos descalificados, cómo podemos retirar la mentira, el robo y dejamos pecados más profundos que no se ven: la envidia, los celos, la codicia, la avaricia. La Escritura dice que la resurrección de Jesús garantiza el perdón de pecados a todo el que cree. Yo soy el administrador de crisis, borrar grupo y qué alivio. Ese alivio es lo que siente toda persona cuando pone sus manos en alto y escucha el Evangelio de Jesús, pasa al frente y reconoce que es un pecador, nada puede hacer sino aferrarse a la gracia de Dios, a ese favor inmerecido. No es por obras, es por Su obra. Y eso nos lo garantiza la resurrección de Jesucristo. No solo eso, también nos garantiza llevar una nueva vida.

Pasar al frente y arrepentirnos de nuestros pecados es una cuestión, pero el llevar una nueva vida es nuestro llamado. Dice la Escritura que desde el principio Adán y Eva fueron creados para buenas obras. Adán era el encargado de cuidar el jardín del Edén y cuidar un jardín no es nada fácil, hay que atenderlo. Dios nos creó para buenas obras, pero nuestra naturaleza pecaminosa, desde Adán y Eva, se corrompió y ahora tendemos hacia el mal y yo siempre lo digo: estoy hablando y entusiasmado estoy predicando y me tropiezo y caigo todos o la gran mayoría va a sacar un celular, porque hay que documentar ese momento. Y todos los que vean ese video soltarán una carcajada porque son malacates. Arrepentirnos de nuestros pecados es una cosa, consagrarnos a Él día a día es otra cosa. Y nuestro llamado es consagrarnos a Él. Todos estamos descalificados, pero por la obra de Cristo somos perdonados y empoderados para llevar una nueva vida.

Tengo un amigo a quién le faltan ciertas cosas para enderezar su vida espiritual. Estábamos en una reunión social en donde nos presentó a uno de sus amigos de antes y les digo cómo era él antes. Una interjección y los comentarios de cómo era. Era un buen o mal pecador. Veo ciertas cosas que debe cambiar en su vida y lo hemos hablado. Su vida dio una vuelta, porque cuando venimos a Cristo hay poder para ser transformados, hay un poder para buenas obras, hay un poder para refrenar la lengua, hay un poder para huir de la tentación. Antes éramos como un perro que se le muestra carne y muerde, come. Ahora podemos pensar y si pecamos no es porque debemos, es porque escogemos. Romanos 6:1-7 dice ¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado; porque el que muere queda liberado del pecado.

El Señor resucitó a Cristo Jesús a una nueva vida y nosotros resucitamos para llevar una vida nueva. ¿Por qué estamos un Domingo de Resurrección en la iglesia? ¿Quién lo resucitó a usted? Cristo Jesús. ¿Por qué sirve con tanta entrega y excelencia en la iglesia, en un ministerio, en una célula por las casas y en todo lugar con su testimonio de vida? Por gratitud. Él nos hizo libres y no solo nos hizo libres del pecado, sino que nos empoderó para llevar una vida nueva. Si no lleva una vida nueva es porque no está buscando consagrarse a Él, se está enfocando en usted, en su naturaleza pecaminosa. Alguien dijo tenemos dos perros un negro y un blanco. A ¿cuál debemos de darle de comer y fortalecer? Dios puso todo eso en nosotros. Tenemos que orar para que no nos dominen los deseos.

El Señor por medio de su resurrección nos garantiza el perdón de pecados y nos garantiza el poder para llevar una vida nueva. Y de eso, aquí hay testimonios en vastedad. Éramos y ya no somos, quiénes pueden testificar que éramos y ya no somos, pero en el proceso fallé o me levanté. Me acuerdo de Juan que dijo: yo les he dicho estas cosas para que no pequen, pero si alguno peca abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo el Justo. Su resurrección nos garantiza el perdón de pecados al que cree, nos garantiza el poder para llevar una nueva vida y, para esto, necesitamos huir de la tentación. Su resurrección nos garantiza nuestra resurrección. 1 Corintios 15:20-23 Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicias de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. 2 Corintios 4:14 dice Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará junto con ustedes a su presencia.

La resurrección de Jesús garantiza la resurrección de sus hijos, perdón de pecados para una vida nueva. La resurrección nos da sentido a la vida, el saber que esta vida no es esta vida nada más, sino que es la entrada al plato fuerte que nos espera, nos tiene que transformar la forma en que pensamos. La gente dice “vive la vida a lo loco que lo bueno dura poco”, y lo dicen porque ven la vida como un tiempo de 20, 30, 40, 50, 60, 80 años, si es narco menos, donde van a sacarle el jugo a la vida supuestamente. Pero no nos ponemos a pensar que la eternidad es mucho más, impresionante, mayor que lo terrenal. La resurrección nos da sentido a la vida. De hecho, 1 Corintios 15:19 dice Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera sólo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales. Cuando empezamos a hablarles a nuestros hijos sobre la resurrección, sobre el cielo, decían ya me quiero morir, porque saben que aquí se sufre. Le roban su celular, su carro, anda tranquilo y le levantan un falso por allá, llega al trabajo y le dicen que quebró la empresa, llega al trabajo y le dicen que ya no lo necesitan. Se despierta un día y ya no siente los pies, va al médico y operación.

La vida no es fácil. Jesús dijo en el mundo tendrán aflicciones, pero confíen yo he vencido al mundo y lo venció porque murió y resucitó. La esperanza de esta iglesia y la Iglesia en el mundo es la resurrección de los muertos, es el cielo. Ayer falleció don Mártir Berganza, uno de nuestros servidores en el grupo dos. En el funeral me puse a pensar en la diferencia de los funerales de los que creemos que morir en Cristo es morir con promesa. Alguien decía que no se lloraba porque se hacían los fuertes, pero no es así. Abracé a la viuda y lloró como si fuera mi hija, es que había lágrimas, había tristeza, pero había esperanza. He estado en funerales donde me quiero meter con el muerto, porque lo que hay ahí es muerte en vida. El luto es tan duro y tan difícil, por eso tenemos “Abrazos de Esperanza” en la Fráter, que se reúnen el segundo y cuarto sábado del mes en Fráter Ciudad San Cristóbal a las 8:30 horas, para que pueda venir la gente que no entiende que es el luto, porque es algo difícil y hay etapas de luto y hay quienes las pasan rápidamente, hay quienes se saltan unas, pero generalmente son las mismas.

Lo primero que ocurre es negación, “no puedo creerlo, es un sueño”. Y una fase del enojo “quién fue, quienes lo hicieron, es que Dios…” y pensamos buscar un proceso de sanidad. Yo estaba en ese funeral y abrazaba a la esposa, a las hijas. Qué tan distinto es ir a un funeral donde hay esperanza. La resurrección de Jesús lo garantiza, no solo hay sentido de la vida, la resurrección de los muertos y que la muerte para nosotros es ganancia, la resurrección de los creyentes hace de la muerte una ganancia. Pablo dijo para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia. El asunto es que Pablo entendía qué es el cielo, había sufrido tantos azotes, lo habían dejado como muerto al haberlo apedreado, había naufragado varias veces, había pasado hambre y decía para mí es mucho mejor estar cara a cara con aquel que camino a Damasco me comisionó, Cristo Jesús resucitado se le aparece y le dice: que debía ser luz a los gentiles y que le iba a enseñar lo que era sufrir a causa de Su Nombre y por eso él se llamaba el último de los apósteles, porque los apóstoles fueron comisionados cara a cara  por Cristo Jesús y Cristo Jesús resucitado lo comisionó y podía decir para mi vivir es Cristo y el morir es ganancia, porque vivía para proclamar este evangelio a costa de su vida y murió a causa del Evangelio. Decía no sé si morir e irme con el Señor o estar con ustedes aquí, que es un dolor.

Hoy Domingo de Resurrección necesitamos resucitar a una nueva vida si hemos escogido enterrarnos a nosotros, porque no hay nada peor que estar en la casa de Dios sin ser un hombre de Dios y yo sé lo que es estar en la casa de Dios. ¿Sabe que hay ahí? Dolor, vergüenza, muerte. La iglesia necesita entender que ha resucitado y entender que es para llevar una nueva vida. Que allá en su matrimonio esa nueva vida se manifieste. Si usted sigue siendo el mismo peleonero, el mismo chismoso, el rebelde, de los que no perdonan el pasado no está en Cristo, porque estar en Cristo es ser nueva creación. No podemos seguir coqueteando con el mundo. Necesitamos resucitar y nacer a una nueva vida. Cómo es con sus hijos. No podemos no atenderlos, porque hemos resucitado a nueva vida y esa nueva vida se manifiesta en el trato del día a día, en cada interacción, en cada pensamiento, en cada acción.

Ahora lo entiendo, porque yo soy como usted, necesito un redentor como usted, necesitamos resucitar a una nueva vida. Gálatas 2:19-21 Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios. He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.» Lo que necesitamos es declarar: he sido crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí. Lo que tenemos que hacer es vivir para Él. El juicio viene, la Biblia habla del Gran Juicio, del trono blanco. Hoy tiene al Señor no como su juez, lo tiene como su abogado. No guarde la imagen, usted lo necesita a Él. Hoy Domingo de Resurrección debe ser el día que debemos resucitar de una vida muerta cuando ya lo conocemos, debemos recuperar el gozo de vivir la vida y el gozo de vivir la vida en Él y desgastarnos para amarle, de compartir de Él, por servir.

 

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…