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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Quiero compartirles algo que escribí después de ir a un funeral, de los muchos a los que he asistido, tenemos la bendición como iglesia de asistir a las familias, como dice el Pastor de la cuna hasta la tumba. Esto lo escribí después de un funeral. Los funerales son de gente súper buena, ¿se ha fijado? todo el mundo es un santo, el que se murió nunca se equivocó ni hizo nada malo. Dejé muy claro y se lo dije a mi esposo: si yo me voy antes, por favor lees esto.

“Hoy que estoy llena de vida, y en mis cabales, quiero pedirles, anticipadamente, un favor antes de mis servicios funerales. No se asusten, no tengo nada, no hay diagnóstico ni una mala corazonada. Es que nos pasamos la vida viendo que otros mueren y nos hacemos los locos y nos sorprendemos como si a nosotros no nos tocara. ¿Por qué será que nos creemos  invencibles y eternos? Nos sentimos demasiado en casa en este cuerpo muerto. Antes que venga mi turno, les dejo en claro algo, no se me pongan serios que para llegar al cielo estamos, no digan que fui muy buena porque estarían mintiendo, no vayan a pronunciar un discurso que solo mencione mis triunfos y aciertos, eso jamás daría honra a mi o a mi Maestro, ¡que cursi y que incompleto! Si alguien se atreve tienen mi permiso de darle un buen cuentazo y un abrazo de mi parte para que vea que aprecio su intento. Si todo lo que fui es alguien buena  gente, ¡qué desperdicio de vida y que desperdicio de sangre inocente! ¿Quién necesita salvación si es que se llama bueno? ¿Qué gloria trae rescatar a alguien que no está medio muerto? El que diga que yo decidí entregarle mi vida a Cristo está mintiendo, Él me rescató cuando mi vida valía un bledo. Mi rescate es un milagroso misterio.

Un corazón muerto no puede salvarse solo, es necesario un salvador, alguien que lo haga latir de nuevo. Jesús no era una de mis opciones, no llegó porque yo lo llamara o para llenar mis condiciones, no había algo que yo pudiera ser tirado en el camino, mi enemigo me robó y me dejó gravemente herida. Yo sin poder moverme, sin poder gritar, sin tener fuerzas para irme a refugiar. Pasaron otros tipos pero sin querer arriesgar me dejaron bien tirada y se apuraron a pasar, pero vino mi Maestro, sus pies de avanzar, con  mi carne en el polvo no pude ni voltear, Él se apuró a tocarme, con fuerzas me cargó, me limpió cada herida. A su asno me subió, mientras iba caminando y pensó que me dormí lo oí orando, lloraba por mí.

Yo no podía haber ganado su simpatía o favor, era imposible, considerando cómo me encontró. Está claro que no fue fuerza, habilidad o mi valor lo que le impresionó. Si paró y me dio su ayuda pagando hasta el hospital, no es porque yo pudiera pagarle sino porque su corazón bueno no tiene par, si algo bueno tengo es que no pude esconder mis heridas y fracasos y mi fragilidad la pudo ver. Mi éxito más grande fue el haberme hallado rota por el Rey del universo. Si yo hubiera podido tener fuerza y dar siquiera un céntimo hubiera pensado que fue eso que lo atrajo y no sabría  que sin Él todo es un cuento.

No hay justo ni siquiera uno, no digan que fui buena porque bueno solo hay uno. Digan que mi mayor triunfo y felicidad fue llamarme pecadora arrepentida, digan que sin ese rescate era una mujer perdida, que nadie piense que me voy al cielo por lo que logré hacer. Mi obra solo son frutos de que en aquel atardecer mi salvación llegó y me regaló lo que no merecía. Vi cómo pagaba mis cuentas sin preguntar si lo valía. Eso me pegó a Él y me cambió toda la vida. Si hice algo bueno, no me lo inventé yo sino porque Él empieza a vivir en quienes rescató. Así que no sean cuenteros y digan que fui muy buena, que si para algo servía era para ir corriendo a contarle mis penas. Cuenten lo que pasa cuando Él ofrece gracia, hablen de Su gloria y del fingir que mata, ahí está la fuerza en la debilidad. Que nadie piense que puede arreglarse a sí mismo para venir a ganar. Bueno solo uno, bueno sin par, bueno para siempre, bueno en verdad. Esta es mi póliza de seguro de que nadie venga a decir cosas que no son cuando ya no esté”.

Platicando con una chica de la iglesia que va a la U le pregunté cómo le iba y me contestó que muy bien. ¿Con quién te estás juntado? Porque eso es difícil en la universidad. Ese es el temor de los padres que sus hijos que se han criado en la iglesia se pierdan en la universidad. A mí, el Señor me rescató en la U, hizo “coincidir” con la que hasta ahora es una de mis mejores amigas y que me trajo a la iglesia. En la U hay un círculo de chavas tranquilas, con ellas me junto, me dijo. Le pregunté si eran cristianas y me contestó que no lo necesitan “porque son buena gente y son tranquilas”. Me dije, algo estamos haciendo mal,  algo no estamos entendiendo y no es primera vez y no porque sea una joven que me dijo esto. He oído gente que tiene años de venir a la iglesia decirle a alguien más: eres tan bueno, que no necesitas ir a la iglesia. Tú no necesitas del Señor, vienes más puntual que yo, pagas tus impuestos, no dices malas palabras, eres un buen trabajador, estás bien. O la clásica, mira  tiene novio y ¿dónde se congrega, es cristiano? Es buena gente, es mejor que muchos de la iglesia. No todo el que dice Señor, Señor entrará al reino de los cielos, venir a la iglesia no es garantía de nada.

Hoy vamos a confrontar una mentira, esa que se ha colado entre nosotros y que necesitamos combatir: Yo no soy tan malo. Hemos estado viendo mentiras que creen los cristianos y esta nos encanta, yo no soy tan mala gente. Me recuerdo la primera vez que me atreví a hacer el llamado, fue en la sala de mi casa a una de mis vecinas, más o menos de mi edad. Estaba llorando con un problema adolescente serio y yo era su paño de lágrimas. Me animé, estaba empezando en las cosas del Señor y le dije tú necesitas a Jesús, ¿quieres entregarle tu vida? y en medio de sus lágrimas paró, indignada me dijo: yo no soy mala, tengo a Dios, a mi manera. Y me achicopalé, en buen chapín.

Esto es un problema. Hay dos cosas que alejan a las personas del Señor, la primera es creer que soy tan sucio y tan indigno que Dios jamás me puede querer, no me puedo acercar porque me rechazará, no me puede querer porque soy malo, demasiado malo y eso es una mentira. Pero la más frecuente y popular es yo no soy tan malo. Eso de ir a la iglesia, de ser evangélico y andar con la Biblia bajo el brazo es para gente que fue terrible, yo no le hago daño a nadie. Y las dos nos alejan del Señor, son mentiras. Antes de recibir una buena noticia tenemos que aclarar cuál es la verdad. Un amigo de mi esposo tiene años de no ir con el doctor, porque dice que no quiere escuchar malas noticias. Entonces cómo va a mantener su vida saludable, cómo va a estar bien si no sabe la verdad. No ir al doctor ¿va a sanarlo o mantenerlo bien? Muchos cristianos queremos vivir así, sin ningún diagnóstico, yo no soy tan malo, yo voy y hago mis cositas y ya. Necesitamos un diagnóstico, necesitamos una radiografía de nuestra alma, de nuestro corazón para que podamos sentir el alivio de la cura, para sentir la maravilla del rescate. Si alguien no sabe que se está muriendo jamás va a recibir con alegría ni con ansias la cura.

Hoy vamos a examinar la verdad. Yo no voy a inventar nada, no voy a exagerar nada, está todo escrito en su Biblia, no tengo una Biblia diferente, es exactamente igual a la suya. Estamos en la época tan linda de la Navidad y creo que a muchos se nos ha confundido Dios con Santa Claus, hemos llegado a pensar que Dios trata bien a los que se portan bien y que le da a los que son buenos que hacen cosas buenas y que está listo para partirnos con un rayo el día que fallamos y también creemos que podemos, de alguna manera, comprar a Dios con nuestras acciones. Ese no es el Dios de la Biblia. Si nos queremos maravillar de un Dios santo y confiar en Él vamos a la Palabra, donde se revela quién es Él. Vamos a Mateo 26 y vamos a recordar una historia de alguien que parecía muy bueno y de alguien que era muy ampliamente conocida como la mala, la mala del pueblo y vamos a ver un contraste aquí. Mateo 26:6-13 dice así, Estando Jesús en Betania, en casa de Simón llamado el Leproso,  se acercó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy caro, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras él estaba sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron. — ¿Para qué este desperdicio? —dijeron—. Podía haberse vendido este perfume por mucho dinero para darlo a los pobres. Consciente de ello, Jesús les dijo: — ¿Por qué molestan a esta mujer? Ella ha hecho una obra hermosa conmigo. A los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a mí no me van a tener siempre. Al derramar ella este perfume sobre mi cuerpo, lo hizo a fin de prepararme para la sepultura. Les aseguro que en cualquier parte del mundo donde se predique este evangelio, se contará también, en memoria de esta mujer, lo que ella hizo.

En Lucas se cuenta que Jesús entró a la casa de este hombre, un hombre importante, y ella entró con su perfume que era la dote, el precio que un papá podría pagar cuando la boda de la hija se llevara a cabo, era un intercambio, un regalo de boda, era todo lo que ella tenía. Y dice que el fariseo al igual que los discípulos, específicamente Judas el que estaba pensando esto: Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es. Alguien bueno, socialmente bueno, un buen ciudadano recibió a Jesús en su casa y la que interrumpe la escena y derrama todo es la mala, la pecadora. Y el Señor Jesús le pregunta a ese fariseo ¿quién ama más, al que se le perdona poco o al que se le perdona enormemente algo terrible? Al que se le perdona mucho. Pues has juzgado bien, le dice Jesús. Esta mujer no ha dejado de bañarme los pies con sus lágrimas desde que entré y ha derramado nardo puro para mí. Tú no me ofreciste agua para lavarme los pies. En ese momento de la historia era una cortesía común recibir al invitado y lavarle los pies, porque los caminos eran  de tierra y andaban en sandalias, sucios y era normal como lavarse las manos antes de comer. Ella entendía quién era Jesús y para qué había venido, para él quizás era un compañero de negocios, alguien con quién relacionarse para obtener algún beneficio. Jesús no vino por los buenos y ese bueno es entre comillas sino por los pecadores, no vino por los sanos, entre comillas, sino por los enfermos. Vamos a Romanos y vamos a ver por qué es entre comillas, lo dice clarísimo. Hay gente enferma y mala que sabe que está enferma y mala y hay gente mala que cree no está enferma ni mala. Romanos 3:9-19 ¿A qué conclusión llegamos? ¿Acaso los judíos somos mejores? ¡De ninguna manera! Ya hemos demostrado que tanto los judíos como los gentiles están bajo el pecado. Así está escrito: «No hay un solo justo, ni siquiera uno.  «No hay un solo justo, ni siquiera uno; no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios. Todos se han descarriado, a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno; ¡no hay uno solo!» «Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.» « ¡Veneno de víbora hay en sus labios!» «Llena está su boca de maldiciones y de amargura.» «Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus caminos, y no conocen la senda de la paz.» «No hay temor de Dios delante de sus ojos.»

No hay ni aun uno, quiere decir que el diagnóstico es parejo, Vamos a extender más esta explicación, vamos a Romanos 5,  porque es importante saber qué nos pasa, porque así podemos decidir el remedio, podemos recibir la medicina. Tener un diagnóstico no nos cura en sí, pero nos hace comprender y nos hace suavizar nuestra actitud hacia recibir la cura. Hay diagnósticos que simplemente se aceptan y se aprende a vivir con ese mal, con esa enfermedad y hay diagnósticos que son pésimos pero traen una muy buena noticia: hay tratamiento, que hay cómo controlar, hay cómo eliminar el problema. Romanos 5:12-19, dice  Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y por medio del pecado entró la muerte; fue así como la muerte pasó a toda la humanidad, porque todos pecaron. Antes de promulgarse la ley, ya existía el pecado en el mundo. Es cierto que el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley;  sin embargo, desde Adán hasta Moisés la muerte reinó, incluso sobre los que no pecaron quebrantando un mandato, como lo hizo Adán, quien es figura de aquel que había de venir.  Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo.  Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.

Nuestro relajo, nuestra explicación, nuestra enfermedad tienen su raíz en Génesis 3, cuando el Señor hizo el cielo y la Tierra y puso todo lo que vemos en la Creación, hizo al hombre y a la mujer y les dio un solo mandato y era este árbol no se toca, este árbol no se come y usted y yo somos de este tipo. Ese árbol fue el que tocaron y comieron porque la serpiente da un discurso bastante convincente para nuestra carne y dice ustedes también pueden ser como Dios y les dicen coman. Ustedes saben más que Él y nos hace dudar del amor de Dios y entonces Adán y Eva pecaron. Lo que Romanos 5 está diciendo que desde el primer hombre de la raza humana representada en Adán se ensució exactamente de lo mismo y es una mancha que no sale con buenas obras, las buenas obras no sirven, no funcionan, no quitan, no sanan el corazón enfermo de pecado. Como Adán era de carne y hueso y en su carne pecó y se ensució en nuestra naturaleza humana había necesidad de un hombre de carne y hueso que deshiciera lo que hizo ese Adán, por eso a Cristo se le dice segundo Adán.

¿Por qué celebramos el nacimiento de Jesús? porque hay que celebrar que teníamos la enfermedad mortal que se llama pecado y que Dios no se conformó con vernos de lejos. El problema en nuestra maldad es tan grande que hubo necesidad que Dios mismo bajara a remediarlo, que Él mismo se pusiera carne y hueso, para deshacer la maldición que hizo Adán. Todos estábamos condenados a muerte, a menos que Dios interviniera. ¿Quién, entonces, puede llamarse bueno? El que se miente a sí mismo, cuando se compara con otro y dice que no es tan malo como el otro, que no es tan terrible como ese, no ha entendido que su pecado solamente se manifiesta de otra manera, pero está exactamente debajo de las mismas condiciones, porque justo no hay uno, nunca va a haber alguien que dé la talla.

Isaías 64:6. Tengo una pregunta, si ser buena gente, hacer buenas obras y ser un buen  Boys  Scout, no robar, ser hombre de una sola mujer, ser mujer de un solo hombre fuera suficiente para regresar al cielo, para regresar al Padre ¿cuál es el punto para enviar al unigénito Hijo de Dios, habitar en este polvoriento lugar y morir como murió? Si podemos alcanzar con nuestras obras el camino de regreso a Dios ¿cuál es el punto de la cruz? Tiene que  maravillarse de esta verdad a diario y poder saber de lo que dice Isaías es verdad.

Todos somos como gente impura;  todos nuestros actos de justicia  son como trapos de inmundicia. A que llega todo lo bueno que usted en su carne, en su esfuerzo humano puede hacer, ¿a qué categoría llega? a trapitos de caja de un supermercado donde limpian la faja, donde limpian los productos. Es la cosa más sucia del mundo. A esto llegan nuestras buenas obras comparadas a la santidad de Dios, a la perfección de limpieza y pureza de Dios, el Dios de la Biblia al que pertenecemos. Para una ilustración más fuerte vamos a Mateo 7, quiero que se dé cuenta de esto, porque si usted se está alarmando, qué bueno, porque esto es los que hace la Palabra de Dios. Mateo 7:21-23 dice No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!”

Ya se dio cuenta que no era gente que andaba parrandeando, mujereando, drogándose. Ni siquiera está mencionando eso. El Señor está hablando de un encuentro definitivo con gente que parecía que estaba haciendo buenas obras, que al final si solo estamos actuando en nuestra carne, nuestra voluntad y nuestras fuerzas se llama hacedores de maldad. Milagros y prodigios, echar fuera demonios, ¿cree que esto es suficiente para regresar al Señor? ¿Cuál es la voluntad de Dios? Que creamos en aquel que el Padre envió. Si fuera suficiente hacer cosas para regresar al Padre, si queremos cubrir nuestra maldad, nuestra mancha de pecado con buenas obras nos vamos a topar con que eso son trapos de inmundicia y el Señor, a menos que Él tenga nuestro corazón, no quiere nuestras obras, al menos que Jesús tenga acceso a todo en nuestra vida. No quiere obras de nosotros. Solo vamos a ser bienaventurados, como dice Mateo 5, si lloramos, si nos declaramos pobres, porque bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consuelo.

El fariseo, el discípulo que decían “uy, esa mujer”, ellos no pueden recibir consuelo porque ni siquiera saben que están enfermos, el que puede recibir consuelo es  el que llora su maldad y que ya vio no hay alternativa. El dichoso es el que corre a Cristo porque sabe que no hay salvación en ningún otro. Queremos ser llamados bienaventurados, primero tenemos que aceptar que somos malos, en nosotros hay suficiente maldad y hubo necesidad de un sustituto. Hay gente que dice que Dios es bueno, que es amor y entonces me va a perdonar, me va a perdonar, y ¿cómo me va a castigar, para eso me hizo, para castigarme? Eso es una gran mentira de Satanás y por donde podemos decir “yo no soy tan malo, ele me tiene que querer”, pero Juan 3:16 es claro porque siempre nos sabemos la primera partecita, pero hoy vamos a leer más abajo. Juan 3:16-21 »Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.  Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.

Dios es amor y Dios es bueno, pero también es santo, tres veces santo y nadie que no sea santo podrá verlo. ¿Cómo lo podemos hacer? Refugiándonos en Cristo. Escogemos, la luz vino pero preferimos las tinieblas, nuestra naturaleza se inclina a dudar del amor de Dios, a retar la voluntad de Dios, hacer nuestra voluntad. Me pongo a pensar en todas esas situaciones que pasaron antes de nuestro tiempo y nos asustamos de los israelitas pero le digo que los israelitas somos usted y yo en la Escritura. Nos escandalizamos de esa gente que no les dio posada, pero le digo que le toca el timbre un patojo y una patoja a pie, una quinceañera embarazada. ¿Le va a dar posada? No podemos juzgar porque nosotros haríamos lo mismo. Esa noche, en Belén, la era cambió y esa noche unos cuantos pastorcitos se enteraron, porque a ti te plació anunciarles, pero el mundo entero estaba en su asunto, no le interesó. La luz vino y el mundo ni enterado. Somos tan ciegos, alguien escribió en Twitter “somos tan ciegos que el mundo recibió al Rey del universo y lo mandamos a un establo”.

Si hubiéramos sabido que el Rey del universo – el dueño de todo lo que existe, de todas las galaxias, el dueño del aire que respiramos y que si lo cortara un milisegundo nos morimos–, era el bebé que venía en ese vientre, la gente se hubiera peleado por dar su mejor cama, pero lo mandamos al establo y esa es la naturaleza humana, la luz vino y preferimos las tinieblas. Somos por naturaleza torcidos. Este es nuestro diagnóstico: estamos enfermos desde Adán idénticamente con manifestaciones diferentes, pero con la raíz exactamente igual, quiero hacer mi voluntad, yo no soy tan malo, yo no necesito realmente salvación, quizás que mejore mi situación de vida, pero salvación eso es para la gente realmente mala, eso somos.

Las buenas obras no funcionan cuando se trata de salvación. Hebreos 4:14-15 Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento en que más la necesitemos. En el Antiguo Testamento, el Señor estableció que su pueblo iba a ser la familia de Abraham y la hizo agrandar y cuando llegaron a ser un montón y después de una larga historia: siendo esclavos de Egipto los sacó a la libertad, al desierto para que lo conocieran y allí estableció los diez mandamientos y leyes, reglas – eso el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

En el desierto les mandó a construir un templo móvil, una carpa gigante y con detalles impresionantes, allí adentro, habían ciertas secciones especiales, hasta adentro estaba el Lugar Santísimo donde Su presencia habitaba y nadie podía entrar, a menos que fuera un hombre designado y ese era el sumo sacerdote que debía de limpiarse, hacer la ceremonia de limpieza él mismo para él mismo antes de entrar, porque no podía hacerlo sin hacer sacrificios, porque moriría, porque Dios es demasiado santo y no tolera ningún tipo de defecto. El sumo sacerdote se limpiaba el mismo y luego entraba a hacer los sacrificios por el pueblo de Israel. Hebreos nos está diciendo y si se toma la tarea de leer todo el libro explica exactamente que eso, era una figura de lo que iba a venir, de lo eterno: Jesucristo.

Él fue y es nuestro sumo sacerdote, el que no necesitó limpiarse a sí mismo porque Él es nuestra justicia y es perfección. Entró al lugar santísimo para poder dar el intercambio de Su vida por la nuestra.

Antes de que expirase dijo consumado est, es decir lo terminé, la misión está cumplida. Belén no pasó aislada, pasó para el Calvario, para el Gólgota, pasó para la cruz. Todo el punto era ese momento. Colosenses lo dice: todo fue hecho por Él  y para Él, Él es preeminente sobre todas las cosas, la cúspide, el clímax de toda la creación fue la cruz, eso el centro de todo el universo y la historia entera y de la Biblia.

Cuando el Señor Jesús expiró  algo sucedió en el  templo de Jerusalén, el velo que estaba separando el Lugar Santísimo de todo lo demás se rasgó de arriba para abajo. En un comentario bíblico me enteré que ese velo tenía de ancho aproximadamente una cuarta, era como una  camisa de fuerza, no era nomás de ahí voy, era una pared y el cielo lo rasgó de arriba hacia abajo y entonces hubo lugar, así como en el pesebre hubo lugar para pastorcitos de ver a un Rey, ahora hay lugar aquí al pie de la cruz, el Lugar Santísimo está abierto para el que llora, para el que sabe su diagnóstico y acepta que no merece nada, sabe que está enfermo y viene corriendo para recibir la cura que es Cristo. Ese velo se rasgó de arriba para abajo. Ahí en el pesebre empezó, ni siquiera diría que empezó, continuó el plan de redención. Raúl Garduño tiene una frase que uso muchísimo “antes que Dios dijera hágase la luz, en Génesis, dijo hágase la cruz”.  No hay cabos sueltos en la gran historia de Dios y en la Escritura. Siempre supo que lo íbamos a traicionar, supo el costo de traernos a casa. No hay gloria más grande para un Dios santo que  limpiar a traidores y llamarlos hijos y adoptarlos. La Navidad es cuando Dios mandó a nuestro hermano mayor a firmar nuestros papeles de adopción. Ni usted y yo nos hubiéramos dado cuenta, eso es lo que pasó en el pesebre, del pesebre pasó a la cruz.

Si se cree buena gente y que la iglesia y de estar tan entregado es para gente realmente mala espero que hoy le haya caído el veinte de que justo no hay uno, ni usted. Y del pesebre lo quiero llevar al Getsemaní. Si hubiera habido otra manera cuando Jesús en agonía sudaba gotas de sangre y oraba Señor, si es posible pasa de mí esta copa, es decir si hay otra manera de salvarlos, por favor dímelo ahora. Señor, no quiero hacer esto, si tienes otra manera, otro camino de hacer esto, y el silencio de Dios respondió no, no Hijo. No hay otra manera, tú eres el camino, la verdad y la vida, nadie puede regresar a mí, a menos que sea por ti. El que no reconoce que necesita salvación, jamás la podrá recibir. ¿Dónde nace la adoración? En la maravilla de saber que no merecíamos absolutamente nada y Él se  compadeció de nosotros.

¿Quién adora en espíritu y en verdad, no con las manos en alto, esto es una expresión externa, esporádica, pero quien tiene un corazón arrodillado,  inclinado delante de Dios, que se parece a la mujer del perfume? El que sabe que no puede esconderse de Dios, el que sabe que no hay buenas obras que paguen la salvación, el que no tiene planes de tratar de engañar a Dios, el que no quiere morirse engañándose a sí mismo, el que sabe su enfermedad terminal y está dispuesto en humildad a venir a rendirse, porque este reino no es de los buenos tratando de ser mejores, este reino es de los malos que se arrepienten, son limpiados y entonces transformados, ese es el reino de los cielos, no es de buenos, es de malvados redimidos.

El Getsemaní confirmó que no había otro camino. La encarnación nos empezó a decir que a menos que Dios bajara no había solución, la cruz dijo esta es la solución, la resurrección es la garantía. El Getsemaní confirmó que no había otro camino y hoy vamos a orar, vamos a orar por aquellos que quieren dejar de jugar a ser buenos. Bajen sus defensas, sus excusas, sus pantallas y se rindan delante  del Señor, porque el cielo se llenó se ángeles y anunció con alegría que había venido la salvación, la cura. El diagnóstico era terrible, es terrible, pero la cura es maravillosa, donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, la transgresión de uno no se compara con la dádiva de Dios en Cristo Jesús. Hoy sin temor podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia, porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nosotros, tentado en todo pero hallado sin pecado, en sustitución por nosotros, hoy tenemos esperanza, podemos correr al Padre sin temor de caer muertos, porque si corremos a Cristo nos cubre con su justicia perfecta y no hay condenación para el que está en Cristo Jesús.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…