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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Todos queremos estar cerca de los grandes personajes. Cuando era niño había un personaje muy conocido en la lucha libre y en las historietas. El Santo el enmascarado de plata vino una vez a Guatemala y me aproveché porque yo tenía “cuello” con mi tío Nemesio, el jefe del departamento de soldadura de una empresa aérea guatemalteca y le dije que quería me llevara con él al trabajo. — ¿Para qué? —Me dijo —,  para que me lleve a la pista y ver cuando venga al Santo, viene hoy. Quiero tocarle “los gatos”  (en Guatemala se les llama así a los bíceps). Aterrizó el avión, en el aeropuerto La Aurora que estaba en la avenida Hincapié, no exista el actual aeropuerto internacional. De pronto apareció el luchador, con su máscara, baja y todos los que “teníamos cuello” estábamos en la pista listos. Le toqué los bíceps duros del luchador que “se había convertido en el defensor de los pobres” y que siempre ganaba la lucha.

Pero hay un santo más santo que el santo, es Jehová de los ejércitos. Quiero decirle que usted y yo tenemos cuello, porque nos podemos acercar a Su presencia y estar a solas con Él cuando queramos. Lo que pasa es que existe una de esas mentiras que no debemos creer. La gente nos dice usted que está más cerca de Dios, ahí ora por mí. Usted es buena gente que solo hace lo correcto, usted que está más cerca de Dios, no se olvide orar por mí hoy. ¿Habrá gente que tiene más cuello que otra, que tiene más influencia para estar más cerca de Dios, será que solo unos pocos pueden estar más cerca y los demás está por allá como deseando algún día estar cerca del Santo?  Claro que no.

Lo que ocurre es que todavía tenemos conceptos antiguos testamentarios que manejamos y que creemos que son los que funcionan hoy, pero ya no. El Antiguo Testamento ya no funciona en su totalidad para nosotros que somos gentiles convertidos al cristianismo. En la antigüedad, cuando el pueblo de Israel quería acercarse a Dios, tenía por ley que hacerlo a través de un mediador y ese mediador era el sacerdote. Tenían que llegar a donde estaba, en el Tabernáculo, en la época de Moisés, o en el Tempo de Jerusalén, en la época de Salomón. Por eso hacían grandes peregrinaciones para llegar a donde estaban los sacerdotes, cada uno llevaba un sacrificio o lo compraba en las afueras del templo, dependiendo el tipo de sacrificio que querían hacer y la necesidad que querían suplir compraban un cordero, unas palomas o un buey.

Llegaban y le decían al sacerdote que querían pedir perdón por sus pecados: secuestramos a unos por allá, robamos a otros por allí, estafamos a unos por acá, cometimos pecados. El sacerdote tomaba el cordero y lo sacrificaba allí en el altar. Hubo épocas en Jerusalén, los historiadores cuentan que ríos de sangre bajaban del templo, sobre todo en la época de la pascua, porque eran miles y miles de sacrificios de corderos que se hacían para expiar el pecado del pueblo. Los sacerdotes eran los únicos que podían dirigirse a Dios, orar a Dios por buscar el favor del pueblo. Ni siquiera ellos podían entrar al lugar Santísimo sino solamente uno que era el sumo sacerdote que entraba una vez al año por todo el pueblo, que multitudinariamente esperaba afuera. Es más, le amarraban un cordel en la pierna, por si acaso le daba vahído, se caía o se moría, entonces tiraban de la cuerda para sacarlo, porque si alguien entraba a sacarlo se exponía al juicio. No tenían acceso.

Hubo un día que un hombre de 30 años  se presentó ante Juan el Bautista, el predicador más conocido de la época, era la estrella del momento, si hubiera sido en esta época hubiera estado en todos los titulares de CNN, Fox News, Telemundo y otros más. Y cuando ve que Jesús llega entre la fila para ser bautizado hacen un alto y hace una presentación de este personaje que además era su pariente, era su primero. Y dice: eh  aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y cuando bautizó Juan a Jesús se abrió el cielo y descendió el Espíritu Santo en forma corporal como paloma y se oyeron palabras que decían tú eres mi Hijo amado, estoy muy complacido consigo.

Tres años y medio más tarde Jesucristo pasó por la agonía del Getsemaní. En la cruz del Calvario es presentado delante de Dios el Cordero que quita el pecado del mundo, se ofreció como el último sacrificio para conseguir el perdón de pecados del ser humano, la vida nueva, la vida en abundancia, la vida eterna. Jesús en la cruz dijo: consumado es, entonces entregó su espíritu, en ese momento se oscurecieron los cielos, hubo terremoto en la Tierra y dice que en el templo de Jerusalén, en el lugar santísimo, había una cortina que se rasgó de arriba abajo, porque a partir de ese momento, todos los que creemos en Jesús como el Hijo de Dios, podemos tener acceso a la presencia del Padre. Todos los hijos de Dios podemos platicar con nuestro Padre celestial.

Eso es lo que leemos en la Biblia en Gálatas 3:26-29, porque en Cristo no existen categorías de  cristianos, todos tenemos acceso a la misma gracia, entra el pobre, entra el rico, entra el famoso, el desconocido, el hombre, la mujer, en Cristo se rompieron todas las barreras y todas las categorías que tenemos los seres humanos en nuestra sociedad. Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús — muchos podemos venir con mucha plata, otros endeudados pero todos somos hijos de Dios y como tales tenemos acceso al Señor —, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.

El pensar que otros están más cerca de Dios proviene que estamos lejos de Él. Cuando pensamos que existen personas más cerca de Dios lo hacemos porque nuestra vida espiritual está en negativo. Hemos vivido nuestro caminar siguiendo nuestra voluntad, nuestros deseos, haciendo lo que nos da la gana y vivimos como dijera Rubén Darío mi juventud fue como potro sin freno, como potro sin freno vivimos alejados de Dios. Por lo que creemos que Dios es incapaz de escucharnos. En Cristo, o estamos con Dios o no estamos con él, no existe otra opción. Mateo 12:30 dice  El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce. 1 Timoteo 2:1-7 leemos Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna. Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador, pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos.

Ya no es como en la antigua vida testamentaria en la que Israel tenía al sumo pontífice como mediador y tenía a los demás sacerdotes como mediadores; ahora existe solo un mediador, no hay dos, no hay una mediadora y un mediador, hay un solo mediador y aclara que ese único mediador es Jesucristo. Por eso cuando Jesucristo enseñó a sus discípulos a orar, porque ellos le dijeron enséñanos ahora, les dijo cómo deben orar: Padre nuestro que estás en los cielos. Jesús dijo todo lo que pidan al Padre en mi nombre yo lo haré, por eso nuestra oración va dirigida al Padre y se hace en el nombre de Jesús que dijo en Juan 6:14  —Yo soy el camino, la verdad y la vida —. Nadie llega al Padre sino por mí. No hay otro camino, eso que todos los caminos llevan a Roma, es cierto; pero, eso que todas las religiones llevan a Dios, no es cierto. Solo hay un camino para llegar a Dios y ese camino se llama Jesús. ¿Por qué es un camino? Porque existe una brecha, un abismo que separa a Dios de los hombres Y ese abismo se llama pecado que ha producido una separación entre Dios que es santo y el hombre que es pecador. Y para conectar un extremo del abismo con el  otro extremo del abismo vino Jesús y por eso dice yo soy el camino, el único camino y Jesús se tendió como un puente.

La palabra pontífice viene del latín pontifex y quiere decir puente, el puente entre Dios y los hombres se llama Jesús y cuando ya cruzamos ese puente tenemos relación con Dios nuestro Señor, por eso podemos hablar con Él, por eso podemos estar con Él. Todos  los hijos de Dios estamos tan cerca como queramos estar. Ya la opción no es de Dios sino del hombre, el hombre puede estar cerca de Dios tanto como quiera o alejarse de Dios tanto como quiera. 1 Juan 3:7-8 dice Queridos hijos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue enviado precisamente para destruir las obras del diablo. Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado.  Esto es clave, una cosa es practicar el pecado y otra es eventualmente pecar. He visto, más en el pasado que ahora, grupos de servidores o de células que se reúnen y deciden jugar futbol y siempre paramos con alguien en el hospital, porque una cosa es jugar futbol de vez en cuando y otra cosa es practicar futbol. Hay quienes son pecadores practicantes. Van de lunes a domingo andando en la maldad.

Porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios. Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: el que no practica la justicia no es hijo de Dios; ni tampoco lo es el que no ama a su hermano. Solo dos familias hay en esta Tierra, los hijos de Dios y los hijos del diablo, ¿quién es su papá? Solo hay dos caminos: el de la maldad y el de la justicia o es hijo de Dios o es hijo del diablo, por eso le digo a los jóvenes inicien relaciones de pacto y de compromiso de noviazgo, de matrimonio con personas que son iguales a ustedes hijas o hijos de Dios porque si no, ya sabe quién va a ser su suegro

Santiago 4:8-10 dice Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Aquí habla de pecadores y de inconstantes. Los pecadores son aquellos que todavía no han reconocido que son pecadores y que deben arrepentirse y buscar a Dios y reconocer a Jesús como su Señor y Salvador personal. Los inconstantes son los cristianos que ahora están con Él y mañana lejos de Él, por eso dice la Escritura: no dejen de congregarse como algunos tienen por costumbre. Pero la constancia es clave en la vida para todo. Casarse es emocionante, divertido, hay viaje, paseo, regalos, luna de miel, pero seguir casado con el mismo un año, dos, cinco, veinte cuarenta, cincuenta años requiere constancia, valor dice alguien.

Es importante que seamos constantes. Es fácil entrar a una universidad, lo difícil es ser constante hasta graduarse. Es fácil iniciar un negocio pero lo difícil es ser constante y sacarlo adelante; es fácil iniciar cualquier tipo de campaña, lo difícil es ser constante hasta llegar al final. Por eso la Biblia dice el que persevere hasta el fin será salvo. El apóstol Pablo nos lo ilustra de esta manera y dice que debemos correr la carrera con paciencia. Esto quiere decir con constancia, no es necesario que vaya a toda velocidad, puede ir despacio pero sea constante como aquella fábula de la liebre y la tortuga que apostaron a ver quién llegaba más rápido y cualquier lógica hubiera dicho el conejo va a llegar más rápido, pero esa liebre se atuvo, se distrajo, no fue constante. En cambio, la tortuga lenta pero paso a paso llegó a la meta. Así que no importa que usted se mueva despacio pero muévase, siga. Hay que ser constantes y nuestro Señor nos ha dicho cualquiera que quiera ser mi discípulo tome su cruz cada día y sígame. Y allí vamos constantes.

Santiago 4:8-10 dice Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará. Humillarse ante nuestro Señor es reconocer nuestros pecados, reconocer nuestras maldades y humildemente decirle Señor tengo las manos sucias, me las quiero limpiar, como hacían los sacerdotes en el Antiguo Testamento, ya eran levitas, sacerdotes, pero cuando entraban al tabernáculo lo primero que hacían era pasar por el lavacro de la purificación, se lavaban las manos y los pies, Esto es un indicativo de lo que tenemos que hacer todos: purificarnos constantemente, dejar de ser inconstantes.

Aquí voy a exponer algo categórico: Dios no se aleja de nosotros, nosotros nos alejamos de Él. Conocemos la parábola del hijo pródigo que más bien podríamos llamarle la parábola del padre amante, el padre tenía dos hijos y según la ley hebrea el mayor tenía derecho a dos terceras partes de la herencia y el menor a una tercera parte. El menor le dice al papá que le diera la herencia y se la dio. Se fue al extranjero, parrandeó, despilfarró compró Rolex, Laborghini, un apartamento. Al final se quedó sin nada y tuvo que  buscar trabajo y lo único que encontró fue de cuidar cerdos. Y cuando llegaban a tirarles la comida a los cerdos se abalanzaba junto con ellos para pelearse la comida, porque no tenía que comer. Estando ahí, dice, que levantó sus ojos al cielo y dijo: cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan y yo aquí perezco de hambre. Me levantaré e iré a la casa de mi padre y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy dignos de ser tu hijo, hazme como uno de tus jornaleros.

Sabía que cualquier criado, cualquier sirviente en la casa de su padre tenía agua para bañarse, ropa para vestir, comida para alimentarse, cama para dormir, trabajo para ocuparse y él y sus familia estaban bien atendidos, pero él no porque estabas alejado. Emprendió el camino acercándose paso a paso a su papá. Y dice la Biblia que lo estaba esperando, por la ventana vio que venía a lo lejos, sintió que era su hijo, como que le dio un vuelco el corazón, y dijo allá viene mi hijo. Hecho desgracia pero ya viene, hediondo pero ya viene, roto pero ya viene, gafo, sin nada pero ya viene. El papá cuando vio que su hijo se estaba acercando salió corriendo a buscarlo y lo abrazó, porque eso es lo que hace un padre con su hijo.

Este padre lo vio en la peor condición y en vez de cerrarle las puertas le abrió los brazos y le dijo bienvenido a casa. Aquí aprendemos una importante lección: una vez hijo, siempre hijo y por eso esos hijos ingratos, malagradecidos que se van de la casa y llevan una vida desordenada, despilfarran, se emborrachan, mujerean hasta que caen con sida, regresan a su casa y ahí están los pobres viejitos cuidando a su hijo, porque lo aman. El Padre nuestro que está en los cielos nos ama de tal manera que envió a Jesús, su Hijo, para rescatarnos y acércanos de nuevo a la casa de nuestro Padre donde nos han curado, nos han vendado, nos han restaurado, porque no solo lo mandó a bañarse, a vestir, a calzar sino le dio nuevamente autoridad. Y le puso anillo, porque el anillo que usaban en ese entonces los hacendados era un sello y con ese sello cerraban los negocios, marcaban sus mercancías. Cuando usted viene a Cristo Jesús lo hace nacer de nuevo y se convierte en un hijo de Dios, por lo tanto tiene acceso a todas las bendiciones de Dios para sus hijos.

Un hombre llegó a una barbería y mientras le cortaban el cabello abrió su Biblia y estuvo leyendo. Al terminar y despedirse le dice el barbero: yo no creo que Dios exista. — ¿Por qué? — le dice —. Porque si existiera no habría tanta gente sufriendo en el mundo. No habría tantos amargados, tantos enfermos ni tanta necesidad. Por eso creo que Dios no existe. Se contuvo, no respondió y se despidió, salió de la barbería y a la par estaba un peludo, de aquellos que no se han cortado el pelo en quince años. Y le pidió que lo  acompañara para entrar a la barbería. Entra y le dice al barbero — Yo no creo que existan barberos —. ¡Cómo va a ser eso! Aquí estoy yo. — Si existen barberos, por qué hay gente como este peludo, barbudo —. Ah, él está así porque no viene a mí. No me busca. Si viniera y me buscara le cortaría el cabello, le arreglaría la barba y sería otra su apariencia. Pues exactamente lo mismo pasa con Dios. Cuando viene a Dios, cuando se acerca a Dios no lo echa sino que lo recibe y lo transforma, lo hace una nueva criatura.

En Josué 24:14-24 encontramos el último discurso que el hombre que sucedió a Moisés en el mando en Israel, del hombre que conquistó con Israel la tierra prometida, pero llegó el momento en el que tuvo que retirarse de su cargo y entregarle el gobierno a los jueces. Dice así: »Por lo tanto, ahora ustedes entréguense al Señor y sírvanle fielmente. Desháganse de los dioses que sus antepasados adoraron al otro lado del río Éufrates y en Egipto, y sirvan sólo al Señor. Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor. El pueblo respondió: — ¡Eso no pasará jamás! ¡Nosotros no abandonaremos al Señor por servir a otros dioses!  El Señor nuestro Dios es quien nos sacó a nosotros y a nuestros antepasados del país de Egipto, aquella tierra de servidumbre. Él fue quien hizo aquellas grandes señales ante nuestros ojos. Nos protegió durante todo nuestro peregrinaje por el desierto y cuando pasamos entre tantas naciones. El Señor expulsó a todas las que vivían en este país, incluso a los amorreos. Por esa razón, nosotros también serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios. Entonces Josué les dijo: —Ustedes son incapaces de servir al Señor, porque él es Dios santo y Dios celoso. No les tolerará sus rebeliones y pecados. Si ustedes lo abandonan y sirven a dioses ajenos, él se les echará encima y les traerá desastre; los destruirá completamente, a pesar de haber sido bueno con ustedes. Pero el pueblo insistió: — ¡Eso no pasará jamás! Nosotros sólo serviremos al Señor. Y Josué les dijo una vez más: —Ustedes son testigos contra ustedes mismos de que han decidido servir al Señor. —Sí, sí lo somos —respondió toda la asamblea. Josué replicó: —Desháganse de los dioses ajenos que todavía conservan. ¡Vuélvanse de todo corazón al Señor, Dios de Israel! El pueblo respondió: —Sólo al Señor nuestro Dios serviremos, y sólo a él obedeceremos.

Muy al principio de la Fráter una linda familia me invitó a cenar a su casa. Era un diputado y se había convertido al Señor y estaba muy contento, ya descansa en los brazos del Señor desde hace muchos años. Estando en la mesa de su casa le pregunté ¿por qué tienes a ese Buda? — Porque como está situación en el país, estamos hablando al principio de los 80, hay que tener protección. Ella ya se había entregado al Señor, él era un creyente, pero tenía todavía un dios ajeno. Lo fuimos preparando para enseñarle que no tenía necesidad de creer en Buda sino en Jesús, con Jesús tenía suficiente. He entrado a otros negocios de queridos amigos que todavía tienen arriba de la puerta un manojo de ajos, a veces los forran con papel de china rojo, lo tienen “para protección, buena suerte”. Quite el manojo de ajos, écheselo a la olla de frijoles y ahí le sirve más.

La protección y la bendición vienen de lo  Alto, de Dios nuestro Señor. Otros tienen colgada una herradura dicen que les trae buena suerte, pero no se vive por la buena suerte. Qué suerte la suya, qué buenos hijos tiene, le dicen. No saben que le han costado toda una vida: no coman con la boca abierta, cierren la boca. Cuesta enseñar a los hijos. Cuando se mira a hijos bien portados es porque costó toda una vida de trabajo. Otros tienen pata de conejo, porque también dicen que trae buena suerte. Nace el bebé y el hilito rojo en la frente, o un hilito rojo amarrado en la pulsera o la muñeca del brazo. Dicen que es para que no le hagan mal de ojo. En fin, todos tenemos diosecitos, unas veces es la chequera porque mientras más cifras tengamos no sentimos más seguros, se nos olvida que las riquezas tienen alas y vuelan de repente. Tantas historias recientes de instituciones financieras y de  bancos que desaparecieron y con ellos la plata de muchos. Si es hijo de Dios, obedece a Dios, guarda sus mandamientos, se deshace de todos los dioses ajenos que va formando, créame, Dios lo va a proteger, lo va a bendecir, Dios lo va a ayudar, a cuidar y aun en las malas estará allí para sacarlo.

Dioses ajenos no son solamente aquellos de Egipto que tenían los de Israel, a Dios no le molesta que sea una persona que tenga miles de cabezas de ganado lo que le molesta es que haga de ellas su Dios y viva para servir a sus cabezas de ganado, para honrarlas y viva para dar la vida solo por ellas. La Biblia dice busquen primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas serán añadidas. Podrá tener, como Job, mucho ganado, mucho dinero, muchos criados, carros, casas, mucho de lo material pero no haga de nada material su dios. Recuerde que solo hay un Dios a quien debemos servir. Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…