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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

En la casa de mi abuela se mantenía siempre la Biblia abierta en el Salmo 91, eso lo hemos visto en algunas casas, porque todos queremos ser protegidos: el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. La verdad es que también los buenos sufren y la pregunta a menudo es ¿por qué los buenos sufren? Ese el tema que di hace algún tiempo y usted la puede encontrar en Reproducciones o en www.fraterpredicas.org y ahí encontrará todas nuestras prédicas. Y es que en esta serie que estamos dando que se llama “Mentiras que no debemos creer” hay una muy común y es que como soy cristiano nada malo me pasará. Y, sin embargo, usted mira a su marido y comenta “ya me pasó”. Pero nada malo me pasará y sin embargo pasan cosas difíciles.

Un día fui a un retiro de jóvenes en Monte Sion a la orilla del Lago de Amatitlán, iba con una Stastion Wagon  muy linda la camionetona, había dispuesto venderla pero nadie la quería comprar, tenían miedo porque era muy gastona. Ese día decidí que no la iba a vender, le borré el rótulo, me llevé a mi hijo mayor que era un niño apenas. Compartí Palabra y luego de regreso tomé por Villa Canales, porque tenía que celebrar los 25 años de casados de los esposos Franco. Seis de la tarde, lloviznaba, la penumbra llegaba. En una curva aparece un autobús extraurbano que se metió mucho en el carril en el que yo iba y pasó encima de mi camioneta. En ese momento dije Padre, perdóname por lo que todavía no he pedido perdón. Un gran estruendo e inmediatamente me empecé a examinar, estoy completo, estoy vivo, estoy en la tierra. Los anteojos salieron volando. Llegó el momento en el que uno dice gracias Señor, puedo mover los brazos, las piernas, estoy completito.

¿Y el carro? se acabó, empezó la discusión típica con los autobuseros. Aquí, le dije, encárguese de su camioneta y yo me encargo de mi carro. Otro día temprano cuando llegué a la Fráter Roosevelt, en ese entonces, cojeando un poco, me dolía el pie, seguramente me golpee con unos de los pedales. Ese día prediqué sentado por aquello que hubiera daños ahí, pero no hubo nada. Ese día vi el carro totalmente destruido. Y uno a veces se pregunta, si yo andaba predicando, no andaba haciendo nada malo, Señor, si yo soy “buena onda”, predicador del Evangelio, pastor de la Fráter y ¿por qué pasan estas cosas? ¿Por qué no le pasa a aquellos que andan haciendo barbaridades? Pero gracias a Dios quedé vivo y sigo vivo proclamando a Jesús, para transformar a Guatemala.

Seguramente el Señor nos guarda, nos protege, pero a veces como que permite que pasen ciertas cosas malas que algunas al final resultan buenas. Había querido vender ese vehículo y como nadie me lo compraba empecé a ofrecerlo en las funerarias. El dueño de una me dijo que me daba 12 mil quetzales, mil al mes. Dije mejor lo uso, lo acabo. Ese día del accidente la aseguradora lo declaró en destrucción total. Como era ya un vehículo que no valía tanto, instruí a los contadores para que no le compraran pólizas de seguro contra accidentes total, solo contra terceros. Pero como usted a veces manda y no le obedecen, estaba convencido que no estaba cubierto el carro y qué si sí, estaba cubierto. Vino la aseguradora y me pagó Q24, 400. Uno de mis hijos me comentó que este estilo de vender carros no era  recomendable.

Al final, no hay mal que por bien no venga. Al principio de la Fráter vino un joven a contarme que lo habían quitado del puesto, lo echaron de Guatel.  – Qué bueno, –dije– Cómo que bueno. –Sí, le dije– porque ahora ya sabes un oficio, podes poner tu propia empresa. Han pasado 30 años y no se ha muerto de hambre, porque puso su empresa y ha estado trabajando. Las cosas son necesarias que ocurran, a veces las cosas malas para que vengan las buenas. Pastor, me dijo uno, hace algunos años, todos mis compañeros consiguieron puesto en el Congreso, en el Palacio solo a mí no me dieron. Dale gracias a Dios, le dije, hay situaciones en las que uno a veces reclama porque ocurren.

En Mateo 13:20-21, en la parábola del sembrador  dice: El que recibió la semilla que cayó en terreno pedregoso es el que oye la palabra e inmediatamente la recibe con alegría;  pero como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella. Va a haber problemas. Usted cree en Cristo, recibe la Palabra. Llega a su casa y le dicen te hiciste protestante. Ah, no, bolo nos gustabas más. He oído padres que dijeron a su hijo que los preferían bolo que evangélico. Te prefiero prostituta que protestante. A veces viene el ataque, la persecución por causa de la Palabra, no siempre va ser todo miel sobre hojuelas, habrá dificultades. Jesús dijo si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Hoy vamos a ver la mentira número tres que no debemos creer, nada malo me pasará. A todos nos pasa algo malo alguna vez. Eclesiastés 9:11-12 dice Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos. Vi además que nadie sabe cuándo le llegará su hora. Así como los peces caen en la red maligna y las aves caen en la trampa, también los hombres se ven atrapados por una desgracia que de pronto les sobreviene. Va tranquilo cuando se le atraviesa un árbol, está tranquilo cuando se le cae la casa, cuando le quitan el trabajo, cuando su mujer se va y se lleva todos sus ahorros y le deja todos los hijos y a la suegra. A todos les llegan buenos y malos tiempos. En Génesis 1:31 dice que cuando Dios creó todo y miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana: ése fue el sexto día. Todo lo creado era bueno y con orden, ya no había ni tinieblas ni caos total. Dios hablaba cara a cara con Adán y Eva.

No existía la muerte. No existía el pecado, ni la vergüenza o su consecuencia. Su trabajo era cuidar el jardín del Edén. Así fue al principio, Dios puso al hombre en una situación perfecta, ideal, ¿qué pasó, después que Adán y Eva desobedecieron a Dios al comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y destruyeron el plan de Dios? Dice Génesis 3:23-24 “Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho. Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines, y una espada ardiente que se movía por todos lados, para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida.

Antes del pecado de Adán y Eva sembraban y cosechaban sin mayores dificultades, después del pecado ya hubo zarzas, maleza, plagas, ya hubo que trabajar mucho más para hacer lo mismo que antes hacían tranquilamente. Sus hijos hasta se mataron entre ellos, Caín mató a Abel, se complicó la cosa por el pecado del hombre. Entramos en una época entre el jardín del Edén y el cielo, que es el jardín del futuro y de la eternidad. Mientras tanto llega la bendición de estar en el cielo, aquí en la tierra la cosa se pone difícil. Algunos aunque sean muy buenos cristianos a veces les viene de repente una situación complicada.

En Apocalipsis 21: 1-4 dice  Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: « ¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.» Llegará el momento en el que el Señor tomará esta Tierra como tal, la consumirá al fuego y nos dará una Tierra nueva, un cielo nuevo en el cual ya no habrá lamento ni dolor. Ya no habrá por qué llorar, ahora lloramos porque no ganamos las elecciones, porque perdió el Barsa, perdió el Real, lloramos porque nos robaron el aguinaldo.

Un hermano me contó esta semana que el domingo pasado llegó la iglesia, cargaba en la bolsa de atrás un sobre con Q3700. A la hora de la entrega de  diezmos, ofrendas y promesas de fe decidió abonar un poco más a su promesa de fe, pero pensó lo hago después. Ya no halló el sobre, lo perdió, lo botó, saber qué pasó. Tenemos que ser obedientes y actuar pronto para dar al Señor lo que es del Señor  y no lamentar. Jesús dijo claramente en Juan 16:33 Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Jesús nunca nos engaña y nos dijo que en ese mundo tendremos aflicciones, así que no se extrañe si está afligido porque se quedó sin trabajo, se endeudó más de la cuenta; cuidado en esta época de no gastar de lo que gana, de no comprar cosas que no necesita para impresionar a gente que no le importa a usted con dinero que no tiene. Cuídese, va a empezar el año más endeudado que como lo empezó.

Aflicciones hay  muchas, Jesús no dijo créanme que yo soy su Salvador y jamás tendrán problemas, por el contrario, dijo cada día niéguense a sí mismos y tomen su cruz. En la vida cristiana sí tenemos problemas, por ejemplo: ¿Cómo trataron a nuestro Señor? Era santo, era el Hijo de Dios, no tenía culpa, nunca cometió pecado y al final lo desnudaron, le arrancaron la barba con la mano, le pusieron corona de espinas, lo azotaron, lo clavaron en la cruz, lo traspasaron con una espada, lo avergonzaron. ¿Sería sufrimiento ese? El sufrimiento era tanto, que en el Getsemaní dice que de su frente caían gotas de sudor como gotas de sangre. El estrés era tal, la situación era tan difícil que el Señor sufrió angustia. Así fue como vivió Jesús.

¿Cómo trataron a sus discípulos? Después que Jesús fue crucificado a Pedro y a Juan por sanar a un cojo los metieron a la cárcel. En lugar de hacerles un monumento por sanar al cojo que tenía tantos años de estar a la puerta del templo pidiendo limosna, se los llevaron a la cárcel y los castigaron. Dice la Escritura que salieron gozosos de haber padecido por el nombre de Jesús. Pensamos que nunca vamos a sufrir, que nunca vamos a tener problemas y por eso cuando viene el problema decimos Señor, qué pasó, si yo soy fiel diezmador, soy servidor, ayuno, soy fiel, tengo mi célula, te sirvo y me pasa esto.

¿Cómo trataron al apóstol Pablo? Tres veces lo azotaron con 39 azotes en la espalda, lo apedrearon y lo dejaron como muerto, varias veces naufragó en botes o en barcos. Pablo tuvo también sus sufrimientos. ¿Cómo se tratarán unos a otros en los últimos tiempos? Hay países en el mundo donde están quemando los templos cristianos católicos o evangélicos, están quemando a los creyentes, los están matando, los están torturando, los están apresando, les están quitando el trabajo. Hay lugares en donde por no ser creyentes de la religión oficial del país no les dan más allá del salario mínimo en las empresas, por causa de la Palabra, por causa de la fe. Eso ocurre, Jesús dijo,  Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. ¿Quién es nuestra paz? Jesús. Él es quien nos da paz en medio de la tormenta. ¡Claro que hay tormentas! Está listo para casarse, tiene todo listo, compró el vestido, tiene la casa equipada, de repente se acabó el compromiso. Por supuesto, cree que ya no hay vida, pero luego viene Jesús y le da paz en medio de la tormenta y le da otra pareja mejor que la anterior.

Eso pasa, lo he visto muchas veces aquí en la iglesia, Dios bendice a su pueblo, por eso Filipenses 4:6-7 dice No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Le viene una desgracia repentina lo que tiene que hacer es recurrir a Dios, orar a Dios y darle gracias. ¿Qué hizo Job? El hombre más rico de toda su comarca, el hombre más recto de toda su época, un hombre temeroso de Dios y apartado del mal, y sin embargo, dice en el capítulo 1 que El Señor le dijo a Satanás, ya viste a mi siervo cómo es de recto y temeroso. Y el diablo le dijo sí, quién no va a ser temeroso de Dios, mira como lo tienes. Lo tienes bendecido en su ganado, en su transporte de camellos, con una gran familia con mucha riqueza.

Y sin embargo, me sirve, le dijo el Señor. Ah, pero quítale todo lo que tiene, le dijo el diablo, porque le tienes un cerco de fuego a su alrededor y de todas sus cosas. Quítale todo lo que tiene. Y en un solo día con permiso del Señor entró el enemigo de nuestra alma y le quitó a Job todo lo que tenía, le robaron sus millares de camellos, de ovejas, le mataron a los criados, lo dejaron en la vil calle. Otro día estaban todos sus hijos en una fiesta, vino un viento fuerte que cayó sobre esa casa que se derrumbó, todos sus hijos murieron ese mismo día. Cuando se quedó sin un centavo, se quedó sin sus hijos. Luego fue tocado en su cuerpo y lo llenó de sarna desde la coronilla hasta la planta de los pies. Dice la Biblia que se postró y adoró y dijo: el Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito.

Nosotros no nacimos con camellos y ganados, nacimos desnudos, ahora nos da vergüenza andar desnudos y nos vamos a morir igual. Un traje bonito le van a poner solo para que no se vaya desnudo en la caja, pero créanme que en la caja nos le van a poner joyas, efectivo, nada. Job dijo desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a partir. Pero como no hay mal que por bien no venga, al final Job tuvo un acercamiento más grande a Dios y dice de oídas te había conocido pero ahora mis ojos te ven. Además, dijo, yo sé que mi redentor vive y al fin me levantará del polvo. Llegó a entender que aunque se muriera sería resucitado, que es la esperanza que usted y yo tenemos, que nos vamos a morir, pero vamos a resucitar a la vida eterna.

Dios oyó la oración de Job y al final dice que lo bendijo al doble de lo que tenía y le dio otra vez hijos y dice que las hijas que le dio ahora eran más bonitas que las otras. Dios  siempre responde a nuestras oraciones con un sí o con un no o con un espera. Somos llamados a ser fieles y a honrar a Dios en las buenas y en las malas. No solo debemos honrar a Dios en la adversidad sino también en la prosperidad. Hablaba hoy con una pareja y me decía que cuando todo va bien a uno se le olvida hasta orar y pedirle a Dios. Pero cuando las cosas van mal ahí se pone uno muy consagrado, a pedir, a buscar al Señor. Cuando todo nos va bien, ahí es donde debemos buscar al Señor y ser más fieles que nunca y decirle aquí están cabal mis diezmos, aquí está cabal mi tiempo, mi servicio. Es cuando más debemos servir al Señor, porque de repente viene un viento solano del desierto que cae sobre nuestra casa y empieza la desgracia.

Por eso es importante que seamos fieles al Señor para bien o para mal, como cuando se hace el pacto matrimonial: ¿se compromete usted a renunciar a todas las demás mujeres y serle fiel solo a ella? Se ríen pero dicen sí. ¿Promete cuidarla sacrificialmente así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella?  Sí. ¿Promete cuidarla en tiempo de salud, así como en enfermedad, de riqueza o de pobreza, para bien o para mal hasta que la muerte los separe? sí, dicen. No me he encontrado con nadie que diga no, todos dicen sí. Hay que ser fiel al Señor en las buenas y en las malas porque es más fácil ser fiel al Señor en las malas, en las malas todos se vuelven espirituales, orando, ayunando, sirviendo. Cuando está en las malas se pone a tiro con el Señor. El problema es cuando ya han pasado las malas y empezaron las buenas, rollos de billetes en las bolsas. Saque esos rollos y dé sus diezmos, ayude al necesitado. Dele a su mujer, hay mujeres que no saben lo que gana el marido y le siguen dando el mismo gasto de hace veinte años.

Que se sufre, se sufre. Santiago 1:2-4 dice “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Cuando se es una persona constante, fiel permanente es porque ha sido probada en su fe y ya sabe que tiene que permanecer, tiene que seguir y por eso es necesario que a veces vengan pruebas, porque la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. No se extrañe si alguna vez viene una prueba. Compartí anteriormente un adagio popular que dice que no hay mal que por bien no venga, pareciera que nos hicieron mal, pero realmente nos hicieron bien. José fue vendido como esclavo por sus hermanos en Egipto. Después fueron a pedirle comida y dijeron ahora que José está en la autoridad máxima en el palacio nos va a mandar a matar, se va a vengar. Y José les dijo: no, ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió el mal para bien.

Romanos 8:28-39, dice, Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. ¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica.  ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!» Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

A veces nos tocará sufrir, a veces nos tocará padecer, pero nada nos apartará del Señor. En medio de cualquier dificultad por la que hemos pasado, Dios ha sido bueno. Todos hemos pasado por desgracias, por pesares, por angustias, por aflicciones, pero Dios ha sido bueno, nos ha sostenido, nos ha ayudado. Démosle gracias porque la ayudó en medio de la orfandad, la ayudó en medio de la viudez, de la enfermedad, en medio de la soledad, del divorcio difícil por el que pasó, la ayudó en medio de la pérdida del hijo, en medio del desempleo, Dios ha sido bueno y nos ha ayudado en medio de tantas dificultades.

 

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