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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

A veces a los cristianos nos han llamado locos por nuestra fe. Para la gente común y corriente creer en Cristo es una locura, pero es muy importante entender que en la vida existe el conocimiento de los sentidos y el conocimiento por revelación. Y el conocimiento por los sentidos es el que adquirimos en las universidades, es el que leemos en los libros, el que escuchamos en las conferencias, pero el conocimiento por revelación viene únicamente por el Espíritu Santo y es el Espíritu Santo que nos da ese conocimiento maravilloso.

Precisamente la semana pasada hablamos de los distintos grupos que se forman alrededor de creencias, alrededor de clases, alrededor de personalidades y Pablo nos enseña que en su época se formaron grupos, dice la Escritura que se formaron grupos alrededor de Pablo, algunos decían yo soy de Pablo, otros yo soy de Apolos, otros yo soy de Cefas y otros yo soy de Cristo. Y precisamente alrededor de Pablo se formó un grupo que, principalmente, era de gentiles, los gentiles vieron en la predicación de Pablo una vida de libertad. Pablo enseñó que el hombre y la mujer tenían una nueva vida en Cristo.

Enseñó que en Cristo somos libres de la ley y vivimos bajo la gracia. Y entonces tomaron la enseñanza como una licencia para matar y para pecar. La gracia no es licencia para pecar, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” escribió Pablo. Entonces algunos dijeron hay que pecar y pecar y seguir pecando y no parar de pecar porque la gracia siempre nos va a perdonar. Pablo mismo enseña y dice: Perseveraremos en el pecado para que la gracia crezca, de ninguna manera. Ese grupo estaba alrededor de Pablo, principalmente gentiles, luego estaban los de Apolos, los de Apolos eran precisamente aquellos muy dados al conocimiento por los sentidos.

Apolos fue un elocuente predicador de Alejandría, conocía lo que era estar en la universidad, traía a la universidad adentro de él, la academia. Y eso impresionó a muchos, a todos los intelectuales de la época, se sentían cómodos oyéndolo, porque hablaba con mucha filosofía, muchos argumentos que traía por su trasfondo alejandrino. Eran los de Alejandría los que hicieron del cristianismo una filosofía. Pero el cristianismo no es una filosofía, es un estilo de vida imitando a Jesús como nuestro principal modelo. Otros se reunieron alrededor de Cefas, este fue el nombre que le dio Jesús al apóstol Pedro, tú serás llamado Cefas, y fue reconocido como el apóstol de los judíos. Estuvo trabajando entre los judíos, representaba la tradición y la costumbre judaica y los judíos creyentes de esa época hallaron alrededor de las enseñanzas de Pedro y su simbolismo la oportunidad de tener a alguien que les recordara esas costumbres.

Ellos querían que todos los gentiles nos convirtiéramos en judíos y practicaremos todas las costumbres, tradiciones y mandatos de la religión judía. Luego había un grupo que decía que estaban alrededor de Cristo. “Nosotros somos de Cristo”, decían, pero estos probablemente eran un grupo muy sectario, Cristo les pertenecía, según ellos, se habían apropiado de Cristo y cualquiera que no estuviera en su grupo era considerado sectario. Hace muchos años oí decir a algunos en Guatemala, nosotros somos la novia de Cristo, las demás iglesias son sus concubinas, decían ellos. Eso es una herejía, porque la iglesia universal está formada por todos los creyentes en Cristo Jesús de todo el mundo, de toda raza, de todo pueblo. Si ha creído en Cristo Jesús no importa que sea coreano, mexicano, norteamericano, sudamericano, ruso, cubano, chapín, indígena o ladino. Si creemos en Cristo todos somos uno en Él.

Por eso es que decíamos la semana pasada debemos reconocer que Jesús es la cabeza del cuerpo de Cristo. Pablos, Apolos, Cefas y cualquiera de los famosos líderes de la Iglesia hoy en día son personas con una gran responsabilidad, con un gran rol que jugar, pero la cabeza del cuerpo, de la Iglesia es Cristo Jesús. Reconozca que hay que apartarse de los que causan divisiones y dificultades, conozca la motivación y el grupo objetivo de los que causan divisiones y apártese de ellos y sea sagaz, astuto o prudente para el bien e inocente para el mal.

Esta semana les enviaba un tuit en el  cual decía: evite hablar a los oídos de los hijos de Dios en contra de los hermanos o terminaremos arrastrándonos como serpientes. Le pasó a la serpiente antigua, el diablo, que le habló al oído a Eva y le tergiversó las palabras de Dios y la sedujo a apartarse de la voluntad de Dios. La serpiente antigua que en ese entonces andaba enhiesta terminó arrastrada y  así terminan aquellos que se dedican a murmurar y a criticar y a dañar reputaciones ajenas, después los vemos arrastrándose como serpientes. Pero Pablo sigue en su predicación y dice en  1 Corintios 1:14-16 “Gracias a Dios que no bauticé a ninguno de ustedes, excepto a Crispo y a Gayo, de modo que nadie puede decir que fue bautizado en mi nombre. Bueno, también bauticé a la familia de Estéfanas; fuera de éstos, no recuerdo haber bautizado a ningún otro”.

En vista de tanta división en la iglesia de Corinto por los cuatro grupos que se habían formado,  Pablo da gracias porque bautizó a muy pocos. Lo que está diciendo es: yo no me doy el tupé de ser el bautizador de todos ustedes, hay otros que han tomado esa decisión de bautizar y todos somos necesarios, pero deja claro que Cristo lo envió a predicar el Evangelio sin discursos de sabiduría humana, precisamente porque existía ese grupo alrededor de Apolos que filosofaban mucho, que les gustaba lucir todo los argumentos de la cultura griega que todavía llegan a nosotros. No se apoyaban tanto en Sócrates ni en todos los filósofos de la época.

1 Corintios 1:17-20, dice Pablo, Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio, y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia. Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios. Pues está escrito: «Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes.»  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo?

Hay que recordar que Pablo antes de convertirse en cristiano era el famosísimo Saulo de Tarso, y cuando se decía de Tarso era un equivalente Apolos de Alejandría, Saulo de Tarso, dos de las tres ciudades que tenían las más grandes universidades en la antigüedad, Tarso, Alejandría y Atenas. Sin embargo, Pablo llegó a entender que la predicación del Evangelio no tenía que hacerse con sabiduría humana sino con la sencillez del Evangelio demostrada por Jesucristo cada vez que Él predicaba, no con la astucia de la argumentación humana, porque se corría el riesgo de que la cruz de Cristo perdiera su eficacia. La cruz de Cristo nunca debía perder su eficacia, ¿qué fue lo que Jesús logró al morir en la cruz? Redimirnos de nuestros pecados.

Muere el justo por los injustos, los discursos de argumentación humana dijimos que diluyen el Evangelio o cambian el Evangelio, nuestra predicación debe basarse en la cruz de Cristo y lo que Él efectuó, por todos los que hemos creído en la cruz. No es fácil que otros crean en lo que pareciera una locura y este es el siguiente punto de Pablo, para los que se pierden el mensaje de la cruz es  locura. Un salvador que muere, no un hombre si no un Dios hecho hombre que muere. ¿Cómo se explica esto? Para los que se pierden el mensaje de la cruz es locura, lo contrario es para los que salvan.

Por otro lado, los que se salvan y creen el mensaje de la cruz es el poder de Dios, es decir, la fuente de nuestra redención, sobre la que descansan la reconciliación entre Dios y los hombres. La cruz de Cristo tiene un madero horizontal y un madero vertical para recordarnos que Jesucristo no solamente logró nuestra reconciliación con Dios sino que también logró nuestra reconciliación con los hombres. El más grande mandamiento de Jesús fue este: Amarás al Señor tu Dios con todas tus fueras, con toda tu alma y a tu prójimo como a ti mismo.

En la cruz de Cristo hay lugar para todo aquel que está separado de Dios. Cuando usted comete pecado, usted se separa de Dios. Esta semana nos ha tocado estar en varios sepelios, el primero fue el lunes, estábamos acá en el Seminario de Voluntarios cuando vi que mi esposa tuvo que salir y ya no regresó y pensé: algo grave pasó. Quizás alguien cercano murió y precisamente a las 8 de la noche había fallecido mi cuñado Fredy, el hermano de mi esposa. Así que de aquí partimos a la casa a verlo y luego hacer los arreglos de la funeraria y lo sepultamos el martes. La muerte llega siempre y la muerte es separación. Cuando usted muere su espíritu, la parte  espiritual suya se separa de lo físico que es su cuerpo y cuando usted se separa de su cuerpo usted queda muerto.

Cuando usted toma el teléfono y no hay conexión con el otro teléfono al que está marcando, usted dice: esta línea está muerta y el hombre está vivo físicamente, pero muerto espiritualmente a menos que se arrepienta de sus pecados y crea que Jesucristo es su redentor, es decir, que Jesucristo pagó el precio de su salvación. Y eso es lo que hizo Jesús en la cruz, se ofreció voluntariamente para morir en lugar de nosotros y redimirnos. La palabra redención se entiende mucho cuando usted hipoteca algo.

Si ha ido a hipotecar una pulsera, un reloj costoso, cualquier joya, aparato o propiedad la única manera que usted recupere esto que hipotecó es pagando el precio de la hipoteca con todos los intereses. Entonces usted llega, paga a la empresa que le recibió sus bienes y la empresa le devuelve a usted sus bienes. Eso se llama redimir una joya, redimir, ahora muchos han ido a hipotecar sus joyas, pero nunca han tenido dinero para redimirlas y las pierden.

Imagínese que aparezca un amigo, un familiar y le dice ¿dónde están tus joyas? Las hipotequé y usted va y dice: vengo a redimir las joyas de mi pariente, aquí está la nota, aquí está el cheque para pagar lo que cuesta. Recupera las joyas y se las lleva a su amigo o pariente. Las joyas fueron redimidas. Nosotros fuimos hipotecados por el pecado a la muerte eterna y ninguno de los seres humanos teníamos para pagar la redención de nuestra alma, de nuestro espíritu. Al estar desconectados con Dios estábamos muertos, pero Cristo vino y por eso Jesucristo vino y dijo en Juan 14:6 —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí. ¿Ha creído que Jesús  es el camino para llegar al padre? Y aquí estamos gracias a Cristo y a su muerte en la cruz estamos redimidos.

Dios había prometido en Isaías frustrar la sabiduría de los sabios  en Isaías 29:14 dice Por eso, una vez más asombraré a este pueblo   con prodigios maravillosos; perecerá la sabiduría de sus sabios,   y se esfumará la inteligencia de sus inteligentes. La cruz de Cristo no se predica con argumentaciones humanas como la de los filósofos. Si la cruz de Cristo se presenta así, pierde su eficacia, pero Dios tuvo a bien salvarnos.  1 Corintios 21-22 dice  Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. 22 Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría. Esta ha sido la petición de un grupo de la humanidad, ver señales milagrosas y los judíos las vieron todo el tiempo, cuando estaban en Egipto esclavizados, Moisés llegó e hizo milagro tras milagro, se conoce como las diez plagas de Egipto. Todos los milagros y señales que hizo Moisés y salieron de Egipto y luego se abrió el Mar Rojo y pasaron en seco, luego después de ver tantas señales y cómo el agua sepultó a sus enemigos, ¿qué hicieron los israelitas? Tres días después ya querían martirizar a Moisés, porque no tenían agua, porque no tenían pan y habían visto las señales. Moisés hizo milagros en el nombre del Señor, hallaron agua en la Peña de Horeb, vino el maná del cielo que gratuitamente recogían todos los días y en medio de todas esas señales y milagros ¿acaso el pueblo de Israel era un pueblo fiel? Era un pueblo rebelde, continuamente rebelde.

Y por eso cuando buscamos solo señales y milagros, sí vemos la señal, vemos el milagro, pero luego nos olvidamos de Dios. No es suficiente la señal y el milagro, he visto gente que milagrosamente ha sido sanada de cáncer  y vuelve a su pecado. Gente que ha sido provista de un gran empleo y se olvidan de Dios. Porque las señales y milagros no son suficientes. Y por eso dice Pablo los judíos piden señales y milagros y los gentiles piden sabiduría. A ellos les gusta escuchar las filosofías y por eso cuando Pablo llega en el libro de los Hechos a Grecia y se encuentra en Atenas en el Areópago ahí se encuentra con los filósofos griegos y los epicúreos y con toda esta gente discutiendo, filosofado, hablando y hay gente que le encanta eso, y leen y leen, se van a un Seminario, sacan su bachillerato, sacan su maestría y su doctorado y gastan la vida en busca de la sabiduría. Pues mi hermano gracias a Dios que Cristo no dijo: todo el que quiera ir al cielo tiene que tener una maestría. Porque también los ignorantes podemos llegar al cielo si creemos en él como nuestro Señor y nuestro Salvador personal. Jesucristo maravillosamente abre los brazos para el sabio y para el sencillo. Para el rico y para el pobre. Para el hombre y para la mujer. En la cruz de Cristo esta la gran igualadora de todos los seres humanos. Si crees serás salvo, si no crees ya estás condenado. 1 Corintios 1:23 dice mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, – note los religiosos, los que vieron señales y milagros-  y es locura para los gentiles. Los que buscan la sabiduría, los argumentos y el conocimiento. 24 pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. 25 Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.” Los judíos pedían grandes señales por eso un día le dijeron a Jesucristo en Juan 6:30 ¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? —Insistieron ellos—

Jesús resucitó a Lázaro, alimentó a cinco mil hombres, abrió los ojos de los ciegos, sanó a los leprosos ¿creyeron por eso los judíos? No. Pedían señales pero no eran suficientes para creer en él.

Jesús hablo sabiamente, dio el Sermón del Monte y dio grandes enseñanzas y sabiduría, ¿creyeron por eso muchos? No. Por eso al final cuando Jesús es crucificado apenas un puñado de personas estaban al pie de la cruz. Estaba Juan el discípulo amado, María la madre de Jesús y algunas otras mujeres. ¡Que valientes son las mujeres! Al menos con Cristo lo demostraron. Los hombres estaban escondidos huyendo y las mujeres alrededor de Cristo, con la excepción de Juan.

Los judíos anhelaban la señal de un Mesías, el ungido que venía a salvarlos. Pero ellos veían la aparición del Mesías de una manera extraordinaria. Precisamente un día como hoy domingo, se reconoce como Domingo de Ramos porque ese fue el día en que Jesús entró sobre un burrito en Jerusalén. Así esperaban los judíos la llegada del Mesías de una manera espectacular. Que entrara por el aeropuerto en un avión privado y que bajara en una alfombra roja y lo trasladaran en una limosina de lujo, abierta con muchos motoristas al frente y muchos seguidores detrás y multitudes a los lados diciendo: ¡Este es nuestro líder. Este en nuestro rey, este nos viene a librar de todos los delincuentes que hay en Guatemala, de toda la corrupción y de todos los asesinos!

Israel quería a alguien que políticamente fuera fuerte, que tuviera carisma, y que tuviera poder contra la opresión romana. Israel estaba bajo la opresión romana. La bota romana era dura sobre el pueblo de Israel. Y ellos esperaban que apareciera un hombre joven como Jesús de 30 a 33 años, pero con la disposición de establecer el reino de David otra vez en Israel. Israel no tenía rey en ese entonces, habían perdido la época de oro en la cual ellos tenían el dominio y el control. No había rey en Israel. Y así veían venir al Mesías, pero el Mesías sorprendió a Israel. El Mesías apareció en un humilde pesebre. En una aldea insignificante. Belén, como quien dice Camotán, Jocotán en Guatemala. Allí nace Jesús. De una familia sencilla, de una familia obrera, de un hombre y una mujer desconocidos, comunes y corrientes. Y se forma, no en las universidades de Alejandría y de Tarso, no. Se forma en las sinagogas del pueblo y en una carpintería que era de su padre adoptivo, José.

Para los judíos era inconcebible después ver a Jesús predicar y hacer sanidades y milagros. Decían: no puede ser porque este viene de Belén. Este es hijo de un carpintero, este no viene graduado de una universidad de Alejandría o de Tarso o Atenas. Y sin embargo Jesucristo, dice la Biblia: a los suyos vino y los suyos no le recibieron, pero a todos los que le recibieron les dio el derecho de ser hijos de Dios. ¿Se alegra usted de haber creído en él? ¿de haberle recibido?

Y la relación es una relación de fe no una relación de razón. Sino de fe en Jesucristo. Los gentiles esperaban que fuera alguien como Apolos, un elocuente predicador y sin embargo el Mesías estaba clavado a una cruz. ¿Cómo se puede pensar que un hombre que ha sido condenado a la cruz sea el redentor? ¿Cómo puede un hombre que está desnudo en la cruz, golpeado por todos, humillado, insultado sea el Mesías, el Salvador? A la par de él había otros que estaban en la misma categoría del crucificado y eran dos delincuentes reconocidos. Dos criminales, dos asesinos igualmente clavados en la cruz, igualmente desnudos en la cruz. Para aquellos que tenían un razonamiento muy fino, muy académico decían: no puede ser este Jesús que está ahí clavado el redentor de la humanidad. Como no lo puede ser este ladrón ni este otro ladrón.

Y después de sufrir la pena capital nuestro Señor en la cruz, a pesar de las señales milagrosas y la sabiduría que la humanidad pide, nosotros hoy podemos decir que Jesús sí es el Salvador del mundo porque podemos ver más de lo que ellos pudieron ver ese día. Vimos al Cristo no solo crucificado sino al Cristo resucitado. Sentado a la diestra de Dios Padre.

Pero a los que Dios nos ha llamado, Cristo es el poder y la sabiduría de Dios.  Pablo utilizando una hipérbole, que consiste en aumentar o disminuir exageradamente lo que se habla, le dice a los Corintios que: “La locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana”.

Recuerdo la historia de un hombre soberbio, engreído que se puso en una montaña a gritar ¡Dios si existes manifiéstate! ¡Si existes ven y convénceme Señor, si de verdad existes! Y volvió a abrir la boca para decir algo y en eso un insecto voló dentro de su boca y se murió.

A veces nosotros nos creemos dioses. Nos endiosamos en nuestra sabiduría y conocimiento. Nos endiosamos en nuestras posesiones económicas o políticas. Y se nos olvida que somos polvo y el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu a Dios que lo dio. Pero allá Dios dice: este creyó en Jesús como su Señor y Salvador personal por lo tanto se queda aquí conmigo. Este no creyó en Jesús como su Señor y Salvador personal por lo tanto muerte eterna, que significa separación eterna. Cuando usted muere físicamente su espíritu va a Dios y su cuerpo va al polvo. Pero cuando llegue el día del Juicio, los que creen Cristo permanecerán con Dios y los que no, lejos de Dios, esa es la muerte eterna. Así que no solo existe la muerte física. Pero nosotros que hemos leído la Palabra de Dios y creemos en Cristo sabemos que la muerte es un paso de la muerte física a la vida eterna. El día que digan que nosotros hemos muerto, no crean, estaremos más vivos que nunca en la presencia de Dios nuestro Señor.

Por eso dice 1 Pedro 3:8 “Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida.” ¿Cuántas veces murió Cristo por los pecados? Una vez por todas. Cada vez que celebramos la Cena del Señor y partimos el pan no estamos matando a Cristo otra vez, estamos recordando que él murió una vez por todas. Cristo no tiene que morir cada vez que quiere redimirnos de un pecado. La muerte de Cristo fue suficiente una vez. En el Antiguo Testamento había que sacrificar un cordero, un macho cabrío, un buey o una paloma cada vez que había pecado. Cada año había un sacrificio por la nación de Israel y se hacía un sacrificio expiatorio, moría un animal para que no muriera el pueblo de Israel. Pero tenía que repetirse todos los años. Hoy cuando usted o yo cometemos un pecado no tiene que morir Cristo otra vez porque dice el apóstol Pedro porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida.

Hay un himno precioso que escribió el poeta de Chiquimula, Guatemala, Raul Mejía González hace muchas décadas y el escribió lo que se llama La Visión de la Cruz que dice:

Largos años vagué
Por el valle  del mal
Sin consuelo, sin fe, y sin amor;

Y la sombra fatal
De la senda que hollé,
Puso en mi alma la hiel del dolor.

A mis pies el infierno se abrió,
Y clamé con el alma a Jesús,
Y al instante la escena cambió
En la hermosa visión de la Cruz.

Desde entonces por El,
Ya no soy lo que fui,
Una sombra sin Dios y sin ley;

Mi existencia le di
Y le quiero ser fiel,
Me constriñe el amor por mi Rey.

 A mis pies el infierno se abrió,
Y clamé con el alma a Jesús,
Y al instante la escena cambió
En la hermosa visión de la Cruz.

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