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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

 

           ¿Cuántos se han enojado alguna vez con uno de sus hijos? Yo conocí a uno que se enojó tanto que decía ¿dónde estará Herodes? A veces nos dejan, nos sacan de quicio, a veces los niños son tan activos, tan impertinentes, tan exigentes que las pobres mamás, a veces los papás se jalan los pelos si es que tienen por esta situación. Los niños aunque a veces nos pueden sacar de quicio tenemos que entender que son algo extraordinario, todos los que estamos aquí alguna vez fuimos niños, aunque usted no lo crea este pastor barbudo y pelón alguna vez fue un niño precioso y colocho. Siendo niños, a veces, sufrimos menosprecio porque somos morenos, porque somos feítos, pobrecitos o hablamos raro o porque vestimos de cierto modo. Los niños, en algunas ocasiones, sufren menosprecio y eso es lo que nosotros debemos evitar.

              Si bien es cierto, hay algunos niños que nos enojan por su conducta, por sus actitudes, tenemos que entender que es nuestra responsabilidad como adultos lidiar con ellos o contribuir para su buena formación, para que lleguen a ser hombres y mujeres de bien. Cuando leemos Marcos 11:15 que Jesús entró en el templo y se enojó con los que estaban ahí, nos hace sentirnos un poco aliviados, si Jesús se enoja, ¿por qué no se va a enojar usted? A veces las personas que más amamos, las idealizamos y pensamos que él nunca se enoja, ese pastor se ve tan buena gente que nunca se enoja, aténgase. A veces decimos Jesús es tan amoroso, tan bueno, tan lindo, ¿cómo se va a enojar?

               La Biblia dice que Jesús se enojó tanto que le dio vuelta a algunas mesas, dice que agarró un lazo y con ese lazo espantaba a todo mundo. Jesús se enojó, pero no solo una vez. Enojarse no es pecado, dejar que el enojo pase la tarde, la noche eso no conviene. La Biblia dice que debemos airarnos pero no pecar o sea que la ira, el enojo no nos lleve al pecado. Usted se puede enojar con su mujer, pero no debe patearla, recuerde que ella es karateca, sí, usted puede enojarse con su esposo, pero no debe darle matarrata. Una cosa es enojarse, otra cosa es pecar. Sí, usted puede enojarse con un hijo, pero no pecar. Por eso es que el fruto del Espíritu, aparte de ser amor, gozo, paz, mansedumbre, templanza, también es dominio propio. Tiene que pedirle a Dios que le dé dominio propio. Sí, usted se puede enojar porque alguien en la carretera abusivamente se le mete enfrente, pero usted debe tener dominio propio y no sacar la pistola y apuntar. O tocarle la bocina e insultarle, dominio propio.

             Jesús se enojó, me llama la atención que Jesús no solo se enojó en el templo, según Marcos 11:13-16, también se enojó en Marcos 10:13, dice que “Empezaron a llevarle niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él.»  Y después de abrazarlos, los bendecía poniendo las manos sobre ellos”. No hay que pensar mal de ellos, los discípulos eran gente adulta que amaban a Jesús y querían protegerlo, no querían que fuera fastidiado por los niños, no querían que se agotara por tratar tanto con los niños. Hay que entender que en este momento de la vida de Jesús, estaba pasando por una crisis emocional difícil. A Jesús le estaban llegando, en ese momento, pensamientos que lo querían matar. Eso fue lo que leímos en Marcos 11. Y si nos vamos al versículo 18 de Marcos 11  dice Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo oyeron y comenzaron a buscar la manera de matarlo. Una vez que Jesús estaba en Jerusalén en ese momento de la historia de su ministerio, ya tenía en mente que lo iban a crucificar. Le pregunto ¿cuál sería el estado de ánimo suyo si le dijeran que en estos días lo van a capturar y lo van a matar? ¿Cómo se pondría? ¿Un poco tenso, preocupado, irritable? recuerde que Jesús estaba en la Tierra en calidad hombre cien por ciento y a cualquier persona le afecta saber que va a rumbo a la cruz. Los discípulos vieron que iba rumbo a la cruz y decían: estos patojos molestan, no eran los patojos, porque eran bebés,  los que se estaban acercando eran los papás con sus bebés. Niños pequeños.

            En el pueblo judío, era costumbre, sobre todo cuando los niños cumplían un año, llevarlo ante un rabino reconocido, honorable, importante, para que tocara al niño, le pusiera la mano, lo bendijera. En Guatemala todavía en algunos pueblos algunos niños se acercan a los abuelos, a los papás y le dicen: su bendición. Los viejitos ponían la mano encima y los bendecían. Eso es una costumbre que viene de mucho tiempo atrás. Ahora le pregunto si supusiera que se morirá hoy por la noche ¿qué le diría a sus niños? Si usted supiera que esta noche  lo van a matar ¿qué le diría a sus papas? ¿Qué le diría a sus hijos? ¿Cuáles serán sus últimas palabras, cuáles serían sus últimas instrucciones?

            Por eso me encanta recordar la frase, con la que respondo cuando me preguntan ¿Cuándo será la venida de Cristo? Y les digo, la venida de Cristo puede ser hoy para llevarse a una persona a la presencia del Señor o puede ser dentro de cien años cuando venga por su Iglesia. Por eso debemos vivir hoy como si fuera nuestro último día, pero trabajar como si fuéramos a vivir cien años más. ¿Qué hace con sus hijos hoy? Hoy es cuando puede instruirles, cuando puede decirles todo lo bueno que usted sabe, no deje para mañana lo que puede hacer hoy. Ahora que los niños se acercan es cuando hay que aprovechar. Si usted tiene hijos en edad que se le acercan, aproveche, porque luego crecen y después en vez de acercarse a usted, se van a acercar a una muchachita preciosa que va a andar por ahí cerca, a la que aspiran conquistar, para que sea su novia o van a querer andar con sus amigos que son deportistas, que los entusiasman para jugar y hacer deporte.

          Mi abuela sabía que se iba a morir, estaba gravemente enferma, me mandó a llamar dos horas antes de fallecer. Me dijo, arrodíllate a la orilla de mi cama. Jamás se me olvidará. Ella oró y dijo Dios mío, haz de este nieto un siervo tuyo, un predicador del Evangelio. ¿Cree que sirvió que ella dijera esas últimas palabras al que más tarde sería el pastor de ustedes? ¡Claro que sirvió! fue oportuno, fue mostrarle el rumbo, fue marcar el destino, fue tirar una flecha hacia un punto específico en la vida. Así que los discípulos estaban protegiendo al maestro, sabían que estaba bajo tensión, sabían que estaba bajo presión. La presión fue creciendo  tanto que en el Getsemaní Jesús dice que derramó gotas de sudor como gotas de sangre. Es más, Jesús dijo al Padre: Señor, si puede pasar este vaso de mí, que pase. Pero que pase conforme a tu voluntad y no conforme a la mía. La diferencia entre la mayoría de adultos y los niños es que los adultos estamos bajo presión constante. Estamos bajo constantes presiones de distinto tipo, presión en el trabajo, en la escuela, por la familia, por el estado político. El adulto vive bajo  constantes presiones, pero debemos superarlas y aprender de Jesús.

             Cuando usted llegue a su casa no traslade las presiones del trabajo a sus hijos, no traslade las presiones del tránsito a sus hijos, no traslade las presiones de la sociedad que usted está sufriendo a sus hijos, ni mucho menos las presiones por las decisiones propias que usted ha tomado por culpa suya y está sufriendo las consecuencias. No las traslade a sus hijos, bendígalos, abrácelos. Si usted no ha leído el libro Escuela para Padres, le recomiendo que lo compre hoy en Fráter Librería o que lo pida en Amazon.com, porque ahí enseñamos cómo a los hijos hay que amarlos para darles seguridad. Y eso es lo que hacía Jesús, amaba los niños y no solo de palabra, dice la Biblia que los abrazó, los tocó y los bendijo. Hablamos en el libro Escuela para Padres de bendecir para dar seguridad.

            Tenemos que aprender hablar bien a nuestros hijos, a bendecirles, a decirles desde que están en el vientre de la madre y más cuando nacen, que confiamos que Dios les hará hombres y mujeres de bien, que Dios les sanará de las enfermedades, que les ayudará a vencer las dificultades y que serán verdaderamente campeones. Así que los discípulos no reprendieron a los niños, sino a los papás que eran los que llevaban a los niños a Jesús.

            Cuando el Señor se dio cuenta se indignó, por supuesto. Eso significa que se irritó con alguien, los sinónimos de indignación son: irritar, enfadar, enojar, encolerizar, enfurecer, poner el grito en el cielo, montar en cólera. Jesús dijo en otra parte, si alguno escandalizare a unos de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera ponerse una piedra de molino en el cuello y lanzarse al mar. La piedra de molino, yo las vi en Israel, se usaban en la época de Jesús. Eran unas grandes piedras que pasaban sobre un surco de roca y ahí prensaban las aceitunas y sacaban el aceite. Para ponerse una piedra de molino en el cuello quiere decir que usted no va a salir del mar. Por eso dice el Señor, para aquel que escandaliza a los chiquitos.

              La orden era “dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan”. Y esa es la orden para usted y para mí, no impidamos que los niños lleguen al Señor, traigámoslos a la iglesia, llevémoslos con nosotros s nuestras actividades espirituales, que participen ellos en la vida cristiana junto con nosotros. No impidamos a los niños. Yo entiendo que hay esfuerzo y trabajo para andar con niños. Sí, a mí me toco andar con tres y los tres niños había que bañarlos, cambiarlos, alimentarlos y había que llevarlos a cada una de las reuniones, pero hoy en día que ya no tengo que andar con ninguno de ellos bendigo a Dios porque lo hicimos, porque ahora ellos solos andan jalando, cada uno, a sus tres hijos o a sus dos hijos, y próximamente Jorgito, el primogénito, va a tener cuatro hijos, para abril o para mayo como dirían los hermanos Carrión. Va a nacer Dana Valentina, van a ser cuatro. Y yo los veo y digo, sí se esfuerzan, sí les cuesta, pero cuando los hijos crecen y son bien preparados  entonces usted se siente orgulloso.

            La Biblia dice que corona del anciano son los nietos. Y a uno le gusta lucir a sus nietos, pero usted no quiere lucir a un nieto secuestrador, a otro asesino, a otro jefe de maras, otro ratero. Usted no quiere tener nietos que lo avergüencen y que sean una corona de espinas en su cabeza. Entonces tiene que enseñar a sus hijos bien, para que los hijos repliquen, repitan lo que usted enseñó a ellos. Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan. Porque el Señor sabía que darles un tiempecito a los niños y abrazarlos y bendecirlos iba producir fruto en el futuro. Recuerdo a uno de mis hijos que no se olvida que cuando era chiquito, allá por 1983 tuvimos una gran concentración en el Campo de Marte, había más o menos un millón de creyentes en el primer centenario de la Iglesia Evangélica de Guatemala, entonces tuvimos el privilegio de subir a la tribuna del Campo de Marte y estar entre las personalidades que ahí nos visitaban. El mandatario de turno cuando nos vio se acercó a  saludarnos, besó a los niños. Varias veces he oído a alguno decir yo recuerdo cuando este fulano me besó.

             Cuando se es una personalidad en el mundo y usted se acerca a un niño para bendecirlo, para darle un apretón de manos, darle un abrazo o sacudirle la colochera que carga, eso lo recordará un niño para siempre. Por eso es que nosotros podemos ser muy importantes, muy elevados en la sociedad, pero siempre debemos tener tiempo para caminar entre la gente y sobre todo entre los niños y darles un poco de tiempo. Hace algunas semanas me invitaron para visitar cada una de las clases del Liceo Bilingüe Fraternidad Cristiana, fuimos de clase en clase saludando a los niños y conociendo a los nuevos y diciéndoles a los antiguos: aprecien a los nuevos, recíbanlos en sus círculos, apóyenlos y dándoles consejos a los niños. Me he encontrado con muchos papás que me dicen que su hijo llegó muy contento porque fueron a visitar su clase, hablaron con ellos un rato, oraron por ellos un rato, se tomaron una foto con ellos. Son detalles que nuestros niños le contarán siempre.

              Usted como abuelo, como tío, como padre de esos niños tiene una gran responsabilidad con ellos. ¿Por qué la Iglesia no debe menospreciar a los niños? lamentablemente he estado en algunas congregaciones a través de la vida, donde a los niños los refunden en un lugar inhóspito, en un lugar inapropiado, porque estorban. Nosotros debemos, como iglesia, darle a nuestros hijos lo mejor que podemos dar, por eso aquí en la Fráter siempre le hemos dado prioridad a la niñez, les hemos construido las mejores aulas, con los mejores recursos audiovisuales, con los mejores maestros para que les instruyan y les ayuden. Por eso es que gracias a los diezmos, ofrendas y promesas de fe de todos ustedes nuestros hijos están bien atendidos cada domingo, y les gusta venir.

              Ahora estamos por construirles la Villa Campeón, un lugar precioso para que ellos tengan un lugar donde recibir clases al aire libre, disfrutar, jugar y correr. Que los niños vengan a la iglesia y la encuentren como un lugar atractivo. La razón por la que no está aquí la mayoría de niños, no es porque no los queramos, sino porque es ellos están aprendiendo a su ritmo, con la pedagogía adecuada, con la didáctica adecuada, hay niños que están en el piso no porque no haya sillas sino porque ahí están más contentos. Hay chiquitos que están en su clase y les están pintando florecitas en el rostro, chiquititos pero están contentos y felices. Ellos están mejor que usted y yo aquí, porque a ellos les dan merienda. Aquí una vez al mes les damos Santa Cena. Los niños están bien atendidos.

            Es importante pensar en dar lo mejor a los niños, por eso es que hace 27 años fundamos el Liceo Bilingüe Fraternidad Cristiana. Leía en la primera plana de Prensa Libre que hay una gran limitación en los jóvenes, porque no aprendieron inglés y hay grandes oportunidades de trabajo, pero deben saber inglés. Nosotros hace 27 años cuando fundamos el Liceo tomamos la determinación que iba ser un colegio totalmente bilingüe, de tal manera que aprendieran inglés bien y español  bien. Y todos nuestros graduados han salido con un inglés tan bien aprendido que en las universidades donde les exigen sacar el famoso examen  del TOEFL ellos no han tenido problema, ¿por qué? Porque lo sacaron ahí en la escuela secundaria. Ellos saben hablar muy buen inglés y yo pensé en eso, no solo porque les convenía a sus profesiones sino porque dije un día: Dios los puede llevar como misioneros a cualquier parte del mundo y hablando bien el inglés y hablando bien el español ellos van a poder ser mejores siervos del Señor.

             Pensemos en los niños, proyectémoslos al futuro, al éxito, para que ellos puedan triunfar en todo lugar. Por eso dice la Biblia en Proverbios 22:6 Instruye al niño en el camino correcto, y aun en sus vejez no lo abandonará. Usted quiere que su hijo ande siempre por el camino correcto, que siempre sea una persona honrada, que sea siempre una persona puntual, que sea una persona diligente, responsable, cortés, disciplinado, con valores y principios cristianos, debemos enseñarles a nuestros hijos ahora que son niños. Instruye al niño en su camino, eso quiere decir que el niño no va a estar quieto todo el tiempo, cuando son más chiquitos los niños es cuando más andan corriendo de un lado para otro, pero nosotros debemos instruirlos en la ruta correcta, para que no se pierdan. A un niño no puede dejarlo uno solo.

              Ayer veía en las noticias como unos padres de familia estaban bebiendo licor frente a una venta de licor y ahí con ellos tenían a una niña de unos cuatro años o cinco años. ¿Qué instrucción está recibiendo esa niña a los cuatro o cinco años? Que hay que ser bebedor de licor, que hay que ser borracho. Y esos ejemplos tenemos que evitarlos. Si usted instruye a su niño que es normal beber licor en la calle con sus amigos frente a una venta de licores, pues va a tener a un hijo, más adelante, que lo va a avergonzar por su conducta. Un borracho es una persona irresponsable, es una persona que va conducir un automóvil con riesgos de matar a otro y de matarse él mismo. Instruye al niño en su camino y esa instrucción debe ser con nuestro ejemplo y aun en su vejez no lo abandonará. Cuando él sea viejo y usted ya esté en la tumba, ese hijo dirá: mi papá me decía, mi mamá me enseñó, y esas instrucciones recibidas de niño lo van a guiar bien cuando sea viejo. Yo bendigo a nuestros padres, a nuestras madres, a nuestros abuelos, a nuestras tías, a los tíos, a los maestros de nuestras clases de niños, porque ellos contribuyeron a que hoy nosotros estemos en un buen camino. Bendigamos a nuestros viejos que nos instruyeron bien y gracias a ellos hoy somos hombres y mujeres de bien.

            Si andamos en un buen camino es porque nos instruyeron bien, porque nos dieron un buen ejemplo y eso es lo que tenemos que hacer nosotros con los niños siempre. La frase famosa que dice: la mano que mece la cuna, gobierna al mundo. Esa mano que mece la cuna debe ser la mano suya, si es la mano de alguien más esta es la persona que va a gobernar  al mundo más adelante. Como nosotros preparemos a nuestros niños determinará cómo ellos gobernarán al mundo más adelante. Los gobernantes hoy en día fueron una vez niños instruidos por padres, por madres, por abuelas, por abuelos, por tíos, por maestros. Un día Timoteo el hijo en la fe del  apóstol Pablo  también fue un niño, no un niño que hacía estorbo, un niño que fue enseñado en la Palabra de Dios y reconocido como un hermano en Cristo, un niño que fue enseñado por su abuela Loida y por su madre Eunice.

              Y eso, es lo que escribe Pablo en 2 Timoteo 3:15 “Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús”. Está bien que paguemos un buen colegio para que aprendan ciencias, letras, artes, pero está mal que no les enseñemos la Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios es la que les va a dar la sabiduría. Las ciencias, las artes. Los libros les van a dar conocimiento, pero una cosa es el conocimiento y otra es la sabiduría. Una cosa es el conocimiento adquirido científicamente y otra cosa es el conocimiento revelado por Dios que es la sabiduría que nos hace hombres y mujeres con discernimiento para saber cómo actuar en la vida. Los niños no deben ser menospreciados porque son el futuro de la sociedad. Si algo me alegra muchísimo es ver cada vez que hay presentación de niños en nuestras reuniones, que tenemos treinta, cuarenta bebés que están siendo presentados, porque también cada semana me toca ir al funeral de uno, dos o tres. Hay personas que se están muriendo, algunas ya por la edad, por el desgaste, pero bendito sea Dios hay otros que vienen naciendo y la Iglesia no se va a acabar, mientras tengamos niños, niños instruidos en el camino del Señor. La Iglesia está a una generación de morir, porque si fallamos en instruir a nuestra niñez en los caminos del Señor, se va a terminar. Por eso es que me impresiona lo que dice Deuteronomio 6:1-9 »Éstos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor  tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida. Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados.  »Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos.

           Debemos ser repetitivos, nuestros hijos no aprendieron a lavarse los dientes, solo porque un día los sentamos frente a una pizarra y les dijimos las conveniencias de lavarse los dientes. Es una enseñanza de todos los días, en bañarse, en peinarse, en acostarse temprano, hacer sus tareas, eso es una enseñanza continua, pero el principio bíblico de amar a Dios con el corazón, con todas las fuerzas, con toda el alma hay que inculcarlo continuamente a nuestros hijos. Continuamos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.

            Que importante, por eso decimos en el Liceo Fráter el único libro de texto que se repite en todos nuestros grados es la Biblia, porque es Palabra de Dios y ahí está la sabiduría para que nuestros hijos no se pierdan en el camino. Un líder ve potencial en toda persona ¿qué potencial le vemos a nuestros hijos? ¿Qué potencial les vemos a nuestros nietos? ¿Qué potencial vemos en los niños de nuestros vecinos, en los primos y sobrinos? Tenemos que ver el potencial y tenemos que estimularlos, tenemos que enriquecerlos. Un día llegó un niño que andaba con sus padres en paseo allá en Jerusalén. Y de pronto se le perdió el niño a sus papás, y pasaron tres días buscándolo, el niño tenía doce años. A los doce años ya tiene bastante criterio, ya piensa, ya es un hombrecito. Entre el pueblo de Israel se celebra una fiesta que le llama Barnisva, es un acto en el cual se le dice al niño de doce años que ya es hombre, que ya es responsable, esa edad tenía Jesús cuando se les extravió en medio de la multitud. Como si usted se va a la Antigua en plena Semana Santa y se le pierda ahí su niño, lleno de gente. Es difícil encontrarlo.

             Dice la Escritura que cuando lo encontraron estaba en el templo, estaba discutiendo con los rabinos, los fariseos, saduceos, todos líderes y conocedores del templo, y dice que estaban asombrados de la sabiduría del niño. No se queje usted porque a sus hijos les gusta venir a la Fráter, no se queje usted porque sus hijos quieren ir a la célula de Juniors o de Jóvenes, no se queje porque sus hijos quieren participar en el coro de niños o participar en una obra de teatro o participar en un retiro de niños. Porque yo sé la reacción típica de la mayoría de los papás. Tener que llevarlo, agarre fuerzas nuevas, pídale a Dios ánimo, porque ese trabajo que usted hace de llevar a su hijo, de traerlo a la célula, a la iglesia, a las actividades juveniles vale la pena. Un día usted se va a sentir muy orgulloso de su hijo o de su hija, ya no va a tener la necesidad de llevarlo y traerlo. Quizá él tendrá que llevarlo y traerlo a usted, entonces.

              Un día Jesucristo se encontró con una cantidad de gente similar a la que está aquí, era tarde, ¿Qué vamos a hacer nosotros para darle de comer a toda esta gente? le dijeron sus discípulos, y Jesús les dijo, denles ustedes de comer, ardua tarea. Imagínese que a usted le diga ahorita se encarga de darle almuerzo a toda esta gente. Usted dirá ¿de dónde? ¿Cómo? Pero Andrés no solo vio el problema sino que contribuyó a la solución. Dice que Andrés, hermano de Pedro, llegó con un niño de la mano y le dijo a Jesús: Aquí hay un niño. Mira lo que tiene, cinco panes y dos peces. El Señor tomó al niño y le dijo: mira, quieres darnos tus panes y tus peces. Y para mí, esto es un milagro, trate de quitarle de quitarle la refa a un niño. No es fácil, no es fácil que un niño suelte la merienda, su refacción, suelte su comida. No. Pero estoy seguro que a ese niño su mamá le enseñó a compartir, a ser generoso, a dar y eso premia a nuestros niños cuando los llevamos a la Zona de Campeones de chiquitos y cuando están en la casa ellos ven cuando usted hace su cheque de sus diezmos, cuando hace un cheque para ayudar a una persona necesitada, cuando ellos ven que toma de su despensa y lo comparte con alguien que está pasando necesidades. Los hijos ven en usted el ejemplo y aprenden, este niño ha de haber visto a sus padres compartir y ver milagros. El niño le dijo, Sí, Señor, toma mis panes y mis peces. El Señor tomó los panes, esos peces y los bendijo y dio gracias a Dios.

            Usted tiene que alimentar  a cinco mil hombres y solo tiene cinco panes y dos peces, no se angustie, dele gracias a Dios por lo que tiene. Dice la Escritura que el Señor los empezó a partir y se empezaron a multiplicar, salieron sándwiches de pescado por todos lados. La gente recibió sándwiches de pescado, felices. Dice que los discípulos recogieron doce cestas llenas, yo pregunto ¿cree que ese niño que dio los cinco panes y los dos peces se quedó con hambre? No. Él comió y ha de haber pasado toda la vida recordando que un día le dio a Jesús todo lo que tenía, pero no se quedó con hambre sino que sirvió para satisfacer el hambre de multitudes. Hay niños que a lo mejor tienen algo insignificante, pero quiero decirle que lo que tienen Dios lo puede multiplicar y usarlo para servir a mucha gente.

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Como en casa aún en el extranjero…