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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La Biblia nos compara a los cristianos con árboles, y es interesante todo lo que habla de los árboles y, por supuesto, hay de distinto tamaño y con distinta función, pero todos tienen que dar fruto y eso es importante entenderlo en la vida, por ejemplo, existen árboles enormes, gigantescos como los Secuoyas. Está, por ejemplo, la secuoya gigante que le pusieron como nombre General Sherman, se encuentra en el Giant Forest, dentro del Sequoia National Park (Parque Nacional de las Secuoyas). Hay otros ejemplares de similar porte, la secuoya gigante distinta a la roja de California que es el árbol más alto del mundo con 115.5 metros de altura. Sin embargo, la secuoya gigante llamada General Sherman es la más alta de su especie con 83.8 metros de alto, en su base tiene un diámetro de 11 metros, y pesa más de 2,000 toneladas. En el año 2006 se cayó su rama más grande, cuyo diámetro era de unos dos metros y su longitud de 30 metros. Se cayó por inclemencias meteorológicas, descartando posibles problemas de salud. Cada año el diámetro del tronco crece cerca de 1,5 cm.

Bonsái, es un arbolito completo, tiene su copa, tiene su tronco, sus raíces, aunque son muy cortas, porque están dentro de un recipiente donde ha crecido. Lo que quiero decir es que hay cristianos secuoyas y cristianos bonsái. Hay cristianos que tienen raíces y cristianos que no tienen raíces, ¿cuál es la diferencia entre cristianos bonsái y el cristiano secuoya? Un bonsái usted lo toma en la mano y lo puede llevar a donde quiera. Si decide regalárselo a un amigo, lo toma, va a su casa y le dice aquí te traje este bonsái. A ese bonsái le han ido cortando las raíces, le han ido cortando las ramas para hacerlo chiquito, enano. Pero si usted le quiere regalar a su amigo una secuoya ¿cómo le hace? ¿Puede ir a arrancar una a ese parque de secuoyas y llevársela a su amigo que tiene un terreno grande? ¡Es imposible arrancar ese árbol, porque tiene raíces profundas! ¿Será usted un cristiano bonsái o un cristiano secuoya? Así hay cristianos que tienen raíces y cristianos que no tienen raíces. O sea que hay cristianos que son como árboles plantados junto a corrientes de aguas que da fruto a su tiempo y su hoja no cae y todo lo que hace prospera.

Raíces. ¿Tiene usted raíces? ¿Cómo sabe usted si tiene? Si es un cristiano que no tiene raíces es un cristiano que los amigos le dicen vamos a tomar licor, vamos, contesta. ¿Por qué dice vamos? Porque no tiene raíces. Pero si es una persona que tiene raíces profundas no lo van a mover, ¿por qué? porque tiene convicciones. Otros amigos le dicen, hoy es quincena, vamos a asaltar. Ir como maceta en las manos de sus amigos a asaltar. No lo hace, porque usted es un cristiano que tiene convicciones y sabe que la Biblia dice no robarás, no codiciarás, es una persona de convicciones.

El cristiano es una persona de convicciones profundas. Será diferencia entre un cristiano plantado, sembrado, y un cristiano bonsái, es muy bonito, tiene toda la cara de cristiano y dice aleluya, dice gloria a Dios, bendito sea el Señor, Dios le bendiga. He conocido gente ratera que me dice que Dios lo bendiga. He conocido gente corrupta que dice Dios lo bendiga. Tienen todas las ramas y las hojas que aparentan ser árboles pero son bonsái. Hoy están aquí en la iglesia cristiana, mañana están allá con Sai Baba, pasado están con los espiritistas y después están con las doctrinas falsas, después resultan materialistas, porque no tienen raíces.

Si nosotros queremos ser en la vida personas dichosas y prósperas tenemos que ser cristianos con convicciones, no solamente venir a oír la prédica y no practicar nada. Cuando dejamos de negarnos a nosotros mismos y de tomar nuestra cruz cada día y seguir a Jesús, demostramos la inmadurez espiritual y el desenfoque en nuestra visión del mundo. Y un cristiano bonsái es como una persona sin convicciones, sin raíces y es una persona que no crece. Usted puede tener una arbolito bonsái 20 años en su jardín, no va a crecer, igual hay personas que tienen 20 años de estar en la iglesia, pero ¿han crecido? No, son enanos espirituales, siguen siendo bebés espirituales. Qué lindos son los bebés, aunque usted no lo crea, yo fui un bebé lindo alguna vez. Y cuando mi mamá me cargaba y la veían sus vecinas y sus parientes decían qué lindo el bebé. Hoy imagínese a mi mamá, que ya tiene 84 años, que anduviera todavía conmigo en los brazos diciendo miren qué lindo el bebé. Ya la pobre a estas alturas ya no puede cargar bebés, no puede correr tras de un bebé.

Todo tiene su tiempo, hay un tiempo para ser bebé y otro tiempo para ser joven y otro tiempo para ser adulto, otro tiempo para ser cadáver, biológicamente el hombre nace, crece, se reproduce e ixcamik, se muere. Ahora mi mamá habla de su hijo, pero no como aquel bebé lindo, sino dice: mi hijo es el pastor de la Fráter. Creció el hijo. Usted no quiere tener para siempre un bebé, ¿usted cree que el Señor quiere que seamos bebés toda la vida? Un bebé exige que le den de mamar, llora y corren a darle de mamar, chilla y corren a cambiarle pañales, chilla y corren a darle un juguete, chilla y corren a darle atención. Pero cuando uno ya no es bebé, chilla y chilla solo. Usted está con alguna pena, con alguna angustia, con algún dolor y chilla, pero lo hace solo. Tiene que ver qué busca para curarse, alimentarse, porque usted ya es un adulto.

La diferencia entre un bebé, un niño y un adulto es que el niño llora para pedir, el niño pide atención. Un adulto se queja que nadie lo visita, por eso ya no va a la iglesia, bebé chillón. Nadie ora por mí cuando estoy enfermo. Bebé Chillón. Es que nadie se acuerda de mí cuando no llego a la célula, bebé chillón. ¿Es usted un bebé chillón o es un adulto que está cuidando a otro bebé? esa es la diferencia entre un cristiano bonsái y un cristiano maduro, crecido. El cristiano crecido, maduro, adulto vive para dar. Ahora que ya somos adultos vivimos para trabajar, para ganar, para pagar todo lo que se comen nuestros hijos. Para pagar hasta las salidas con la novia, de nuestro hijo. Si usted todavía no tiene hijos en la edad del noviazgo, prepárese. Cree que va a ahorrar, no, va añadir otra silla a la mesa, no solo de la novia, de los papás de la novia, de los hermanos, y hay que llevarlos porque es la única manera de conocerla. ¿De dónde sale toda la carne que se come esa familia? De su bolsa. El adulto vive para dar, da atención, da cuidados, da dinero, da consejo, da.

El cristiano bonsái solamente está pidiendo que lo atiendan, que le corten una hojita por aquí, que la raíz allá. Usted no puede estar toda la vida demandando atención de todos los hermanos, hay un momento en la vida en el que usted tiene que empezar a dar atención. Un cristiano sin raíces, sin crecimiento es un cristiano inútil. Ese solo extrae, pero no da. Es como la higuera, a la cual Jesús vio y se le antojó comer higos y se le acercó, buscó fruto y como no encontró nada sino hojas, el Señor le dijo nunca más vas a dar fruto y al otro día estaba seca. Así que si usted está dando fruto, si usted es una persona que llega a su casa y dice que para la renta, para la electricidad, para el pan, para el colegio, para el seguro, para el carro, para tu mamá, para tu liposucción, etcétera. Si usted es una persona que está dando, siéntase útil. El otro día leía entre los muchachos que ponen sus cositas en el twitter, puso uno un mensajito: Las mujeres no son juguete y los hombres tampoco son cajeros automáticos. Usted tiene que seguir dando cada vez que le tocan el botón, tiene quedar. No le queda más remedio.

El crecimiento es clave, no podemos quedarnos en bebés, tenemos que llegar a jóvenes, tenemos que llegar a adultos. Lo mismo es en la vida cristiana, tenemos que crecer. Una de las preguntas que me hacen con frecuencia la gente cuando tengo oportunidad de platicar con pastores en otros países, aún aquí mismo, ¿cuál es la clave para el crecimiento de la iglesia? Entonces les cito 1 Corintios 3:6, dice Pablo: Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Usted quiere crecer, tiene que estar tomado del Señor. La savia que circula en nuestro espíritu y nos hace crecer y hacernos árboles frondosos, generosos, dadivosos es la misma presencia de nuestro Señor Jesucristo. Cuando Jesucristo está con nosotros crecemos. Como aquellos niños que vemos que nacen a veces prematuros de siete meses y los vemos con cinco libritas nada más, pero al rato ya están de 180 libras, crecieron.

Eso ocurre con el cristiano sano, el cristiano que está conectado a Cristo, plantado junto a corrientes de agua viva. Salmo 1:1 dice “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados”. Aquí empezamos con lo que podríamos llamar “en busca de la felicidad”. El ser humano vive en busca de la felicidad, The Pursuit of Happyness, dice el título de aquella película famosa en la que Will Smith y su hijito representan a aquel personaje que anda en la calle sin trabajo, buscando como salir adelante en busca de la felicidad. Todo ser humano anda en busca de la felicidad. Lo malo que muchos piensan que la felicidad se encuentra, cuando se encuentra dinero. ¿Cuántos saben que el dinero no da la felicidad? No la da. Otros piensan que la felicidad la van a encontrar cuando compren su primer carro último modelo. No es cierto, compra su primer carro último modelo, sale de la agencia y empieza a sufrir, porque un motorista se le pone al lado, otro carro se le pone enfrente, piensa que ya se lo van a quitar. En eso se para al lado un carro de otro modelo más bonito que el suyo y en ese momento pierde la felicidad. No le duró ni cinco minutos. No digamos si de repente pasa alguien por ahí y le raya el carro, no digamos tres meses después cuando no ha podido pagar la cuota, la letra, la hipoteca, empieza ayunar para juntar y pagar.

Olvídese, si usted anda en busca de la felicidad, porque no está en carros, no está en casas, no está en dinero. La cita bíblica dice “Dichoso el hombre”. Esta palabra es la misma que usó Jesús en su primera prédica en público, el Sermón del Monte, en donde dijo en diez ocasiones dichoso el hombre. La versión del 60 dice: Bienaventurados, en griego viene de la palabra makarios, que significa dichoso. Yo soy feliz y dichoso, qué más quiero. Usted quiere ser feliz y dichoso, dichoso dice aquí el Salmo, el hombre que no sigue el consejo de los malvados, porque el malvado piensa constantemente en el mal y aconseja actuar mal. No siga el consejo de los malvados, escúchelos si le hablan, pero honre a Dios.

Qué importante es no seguir el consejo de los malvados, sigue diciendo en la segunda parte del Salmo 1:1 “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores”. Usted pasa con sus amigos por las casas de citas, de prostitución y ellos se detienen ahí y le dicen: venite mano, la primera es gratis, te invitamos. Pero usted no se detiene y les dice no. Si usted no se detiene en la senda de los malvados va a ser un hombre feliz, va a llegar a su casa con su cheque completo, no va a tener que dejar pedazos en el camino, porque cuando ya están entre copa y copa usted es los que dicen “yo pago la siguiente ronda. Y traigan, por favor, del fino, nada de guaro corriente”. Porque a lo bueno le dicen malo y a lo malo le dicen bueno.

Todo el que no hace lo que Dios demanda quebranta la ley, todos somos pecadores, pero no todos somos pecadores arrepentidos que recibimos el perdón de Dios. No se detenga con aquellos que abiertamente quebrantan Su ley, sigue diciendo: ni cultiva la amistad de los blasfemos”. Usted tiene personas con las que se relaciona que son blasfemos, que viven ofendiendo a Dios, que viven maldiciendo a Dios, que viven hablando mal de Dios y mal de todo lo que es de Dios y Jesucristo, no cultive amistad con ellos. Tiene que soportarlos porque trabajan con usted o estudian con usted, pero no tiene por qué cultivar la amistad con ellos, porque el que con sabios anda, sabio será. El que con blasfemos anda, blasfemo será. El que con rateros anda, ratero será. Dime con quién andas y te diré quién eres, coyote de la misma loma, pluma del mismo pájaro, porque el que anda entre la miel… así que no cultive la amistad con los blasfemos.

El blasfemo es el que maldice o habla mal de las personas o lo sagrado. No sea amigo de aquellos que maldicen a otros y a Dios nuestro Creador. Sea luz, que se conviertan ellos a usted, y no usted a ellos. Versículo 2 dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, sino que en la ley del Señor se deleita. ¿En qué debemos deleitarnos? En la ley del Señor. Lo que dice la Biblia, eso hay que hacerlo, y hay que hacerlo con gusto. La Biblia dice: honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien en la tierra y seas de larga vida. Hay que honrarlos, pero dirá: si mi papá ha sido un grosero conmigo, ha sido un malcriado, tacaño conmigo, la verdad es que yo pido que Dios lo recoja, ya vivió bastante. La Biblia dice, el que honra a su padre y a su madre tendrá larga vida y le irá bien. Así que hay que honrar a nuestros padres.

¿Recuerda a Pedro? Pedro caminó sobre el agua en dirección a Jesús, pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. ¡Quitó su mirada de Jesús! y se hundió. No quite su mirada de Jesús, téngalo presente en cada decisión y hónrelo. A veces cometemos el error de quitar la mirada de Jesús y poner la mirada en el pastor. Y de repente el pastor, Dios nos guarde, mete la pata y entonces ¿qué hacemos? se nos viene todo abajo. Por eso yo no creo en nada, usted quita la mirada del Señor y la pone en el anciano, de repente lo encuentra con una gran botella echándole como que es borracho, hasta cantando rancheras. Yo por eso ya no creo en nada. Usted quita la mirada de Jesús y la pone en el líder de la célula, y usted llega un día a la célula y encuentra a la esposa con los dos ojos morados y no es maquillaje. ¿Qué le pasó? Mi marido me pegó. Entonces usted se siente desanimado. ¿En quién hay que poner la mirada siempre? En Jesús.

Estaba en mi primer pastorado, tenía apenas veinte años, y salí a evangelizar casa por casa y llegué a una tienda y empecé a tomar una gaseosa y hablar con el dueño de la tienda. Y él me dice: ¿usted conoce a fulano de tal? Si, le dije, ese fue pastor mío, lo conocí, muy bueno. Tremenda obra la que Dios hizo en su vida. –Yo lo conocí allá, en tal lugar, y ese era el prestamista de ahí–. Me dije, para qué abrí la bocota, de ahí en adelante cuando me dicen, que si conozco a alguien, digo que sí lo conozco, o no lo conozco, pero mejor ya no uso ningún de ejemplo, porque los seres humanos a veces somos una cosa en un lado y otra cosa en el otro. Pero un verdadero cristiano es un cristiano con raíces, con convicción que es lo mismo aquí y allá.

Mire, todos angelitos, hasta les brilla el rostro, hay un fulgor. Qué preciosa esa señora, parece ángel, este señor parece arcángel y este joven parece un “hartangel”. Pero cuando los encuentra allá en el trabajo, los encuentra en la calle usted ve la conducta a veces diferente y es porque son cristianos bonsái, no dan fruto. Salmo 1:3 dice: “Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! De un árbol se requiere que dé fruto. He visto árboles enanos de naranjas, pero qué naranjas las que dan, árboles enanos de limón, pero qué limones los que dan. No es el tamaño, es el fruto. Quizá usted no llega a ser un cristiano del tamaño de Billy Graham, Luis Palau, usted va ser un Agripino Pérez, pero usted es un cristiano a lo mejor desconocido, pero cuando la gente se acerca a usted va a encontrar fruto. Y cuando ve un árbol con fruto se acerca, estira la mano y se queda con un fruto o pide que le regalen uno.

Andaba allá por 1993 con Marcos Witt, Carlos Alvarado y Danilo Montero, me invitaron a una gira en Argentina, Paraguay, Chile, ellos cantaban y yo predicaba, a ellos los conocían y yo saber quién era, pero ahí estaba. Llegamos a Bahía Blanca, un puerto en Argentina. Me habían dicho por carta, que llevara ropa liviana porque la temperatura estaba a 40 grados. En Buenos Aires, en enero, hay un fuerte calor. El primer día con la costumbre me paré a predicar con el traje y bajé con el traje mojado. De ahí nos llevaron a Bahía Blanca, cuando llegamos había un fuerte frío y la reunión era en un Diamante de Béisbol y soplaba el aire, mi esposa y yo estábamos abrazados, apretados diciendo tanto suéter en la casa, tanta chumpa en la casa, hasta abrigos hay en la casa y aquí nos estamos muriendo del frío.

Me llamaron la atención dos cosas. Una, en las calles de Bahía Blanca hay tubos que han sido fundidos en el concreto de las banquetas. ¿Para qué? ¿Será para las banderas que ponen en los desfiles? ¿Para qué será? Pregunté por ese montón de tubos, la verdad se miraba fea la calle. Ah, me dijeron, porque aquí hay épocas en las que sopla el aire tan fuerte, si uno no se agarra del tubo se lo lleva. Vaya, dije, así que usted se agarraba del tubo y del otro tubo y así iba caminando. Así debe ser el cristiano, debe ser como un árbol plantado, para que cuando venga el fuerte viento no se lo lleve y los que vienen ahí que sí se los lleva, se agarren de un tubo para que no se los lleve de una vez.

Llegamos a un lugar que era de una institución religiosa y cuando entramos, en el garaje, había sembrado una vid y colgaban del techito de madera las uvas, los racimos de uvas. Y ¿qué creen que hicimos cuando vimos los racimos colgando? Agarrar uvas y probarlas, así es. Si usted quiere que la gente que se le acerque dé fruto, van agarrar un poco y probar del fruto que usted tiene. La gente está deseosa de probar cosas buenas, saludables, deliciosas y gratis. Cuando usted da cosas gratis, todos son sus amigos. Qué fruto es el que debemos dar como árboles plantados junto a ríos. Abra su Biblia en Gálatas, la carta que Pablo escribió a los Gálatas, 5:19-21 Estas son las obras de la naturaleza pecaminosa; inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas.

¿Se acerca usted a gente que tiene de todo esto? ¿O prefiere alejarse? Yo al menos no me siento a gusto cuando estoy rodeado de borrachos, ¿a quién le encanta? A ninguno. Son impertinentes, son sucios, malhablados, abusivos. Y los envidiosos, menos, y los inmorales tampoco y los que practican la idolatría y la brujería, el odio, la discordia, los celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones. Con esa gente nadie se quiere juntar. Ahora, si usted es un cristiano ¿va a dar frutos de la carne, de la naturaleza pecaminosa o frutos del Espíritu? Del Espíritu, no se concibe un cristiano que esté con celos, con disensiones, con borracheras, con inmoralidades sexuales, etcétera. No es ese el carácter que debemos mostrar.

Sin embargo, vea el versículo 22 en adelante: En cambio, el fruto del Espíritu es amor. ¿Acaso no todos los seres humanos tenemos necesidad de ser amados? Todos, por qué queremos tanto a nuestras mamás, porque desde que éramos una criatura en el vientre de ellas ahí nos amaban, nos querían, cuando nacimos igual, nos abrazaban, nos daban lactancia materna y nos fueron queriendo cuando todo el mundo nos decía que no servíamos, que éramos unos inútiles, que éramos feos, nuestras mamás siempre nos amaban. Las mamás aman a sus hijos aun con cualquier defecto, aunque sea chaparro, aunque sea alto. Aman a sus hijos sean flacos o enteleridos o sean gordos, si son bonitos o feos, el cristiano igualmente tiene que amar. Cuando usted ama a los que lo maldicen, ama a sus enemigos, ama a todos, la gente quiere estar con usted.

El fruto del Espíritu es amor, alegría. A quién no le gusta estar cerca de gente alegre. A veces llega gente amargada a su casa y usted le dice: perdóneme, no lo puedo atender, no lo paso adelante, voy de emergencia para afuera, disculpe, encantado de saludarlo, y ahí nos vemos. ¿Por qué? porque a nadie le gusta estar con gente amargada. Si usted ve que nadie lo recibe, que nadie lo llama, que nadie lo busca, a lo mejor necesita algo de amor y de alegría. Porque hay quienes amanecen todos los días practicando la quejabanza, hay qué frío, hay qué calor, que mucho polvo, que mucho tránsito, que ahora está vacía la calle, siempre se queja. En vez de ser gente alegre. Además dice: paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Todo árbol que en mí no lleva fruto, dice el Señor, será cortado.

Vamos a Juan 15:1-2 »Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta –así que si quiere dar fruto tiene que estar injertado en la vid que es Cristo, pero si no da fruto el Señor lo va a cortar–; pero toda rama que da fruto la podapara que dé más fruto todavía. A veces usted está dando fruto y siente por ahí el tijeretazo del Señor. Pero Señor ¿por qué? empecé mi célula hace un mes y ya vienen quince y ahora por qué tengo estos problemas. El Señor cuando usted da frutos Él lo poda para que dé más fruto. Así que no se extrañe cuando el labrador viene a meterle la tijera por ahí. Si siente que la cosa se está complicando, dígale, Señor, poda todo lo que quieras, dale duro. Al mal paso hay que darle prisa y empiece a dar más frutos, déjese podar por el Señor, para que pueda dar más fruto todavía.

Versículo 3: Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Once veces en este pasaje dice la Palabra permanecer, permanezca, porque para dar fruto hay que estar plantado junto a corrientes de agua, hay que permanecer sembrados, la constancia, la perseverancia hace que demos fruto en la vida. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Tome nota, usted por sí mismo no va a poder amar a su enemigo nunca, usted por sí mismo no podrá amar a aquella persona que le cae mal. ¿Tiene alguien que le cae mal? Sí, ¿lo vio hoy a la par de su casa, lo vio alrededor de su mesa? A veces hay una persona que nos cae mal, ¿qué nos queda como cristianos? Amarla, bendecirla, ¿cómo va a poder dar ese fruto de gozo, de amor, de paz, de dominio propio? Lo va a dar solo si está injertado en la vida verdadera que es Cristo. Es la única manera como va a dar ese fruto. No nos separemos del Señor nunca.

Versículos 5-8 »Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá. Mi Padre es glorificado cuando ustedes dan mucho fruto y muestran así que son mis discípulos. Si somos discípulos de Jesús, si somos verdaderos cristianos, si somos ramas de la vid verdadera ¿cómo se va a notar? En que damos fruto. No puede ser un cristiano verdadero y vivir siempre trompudo, aunque haya nacido así, puede sonreír. Tiene que ser una persona alegre, amable, no importa que usted sea el Bill Gates de Guatemala y tenga mucho dinero, usted si es cristiano tiene que ser amable, amoroso, alegre, una persona que da fruto. Lejos del Señor no podemos dar fruto. Si usted deja de congregarse le va a pasar lo del leño que es sacado de la hoguera y puesto lejos, el leño lejos de la hoguera ya no arde. Por eso dice la Escritura: no dejen de congregarse como algunos tienen por costumbre. Dele un aplauso a los que están reunidos aquí, porque estos están ardiendo en fuego del Espíritu Santo. Cuando usted se sienta triste, desanimado, busque otro leño y júntese, por eso le animamos a ir a las células entre semana, para que tenga con quien arder, con quien apoyarse, con quien animarse. Lejos de Jesús no podemos hacer nada.

Yo le hablaba a un cristiano que ya debía estar muy maduro y me decía –ya no voy a ir a la iglesia, porque van a decir qué clavo el mío–. Usted si se aleja se enfría, se seca, se muere y finalmente se le quema. Lo que le corresponde ahora es congregarse más que nunca, retomar, recuperar el primer amor, hacer lo que hacía al principio: orar, leer la Palabra, congregarse en la célula, venir a la iglesia, traer sus diezmos, servir a otros, siempre hay otros peores que nosotros. Iba un hombre comiendo hierbas, quejándose porque solo montes iba comiendo y en una curva vio que atrás venía un hombre tan jorobado que comía lo que el hombre escupía. Otro hombre se quejaba que no tenía zapatos hasta que vio a otro que no tenía pies. Siempre hay alguien a quien nosotros podemos tenderle la mano, darle consejos, animarlo, ayudarlo. Todo cristiano que no dé fruto será cortado.

Vamos al final de Juan 15, vamos a los versículos 14-17 Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. ¿Cuántos queremos ser amigos de Jesús? ¿Cuál es la condición que nos pide para ser su amigo? Hacer lo que Él nos manda: ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Y nos manda a perdonar ¿Es fácil perdonar? No es fácil. Yo le digo a la gente, mire perdonar es como tomarse un frasco de aceite de ricino, es feo, desagradable, pero es bueno, la medicina aunque sea fea es buena. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto. No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…