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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

            En estos días estamos celebrando 35 años de fundación de Fraternidad Cristiana de Guatemala. Le damos gloria a Dios por esto. Hemos caminado juntos con muchos de ustedes desde el primer día y el Señor nos ha llevado lejos, porque para llegar lejos hay que empezar dando el primer paso, y el primer paso es importante, porque luego vienen el segundo, el tercero y al final de muchos años logramos avanzar muchos pasos en el proyecto que el Señor nos da.

             Cada proyecto grande que el Señor pone en nuestras vidas, es un proyecto de vida. Una jovencita se le acercó a un hombre que tocó magistralmente el violín en un concierto y le dijo al final: señor, yo daría mi vida por tocar como usted toca. Se le quedó viendo y le respondió: - exactamente eso es lo que yo hice, di mi vida para tocar como toco. Eso debemos hacer para ver realizados nuestros propósitos, nuestros sueños. Debemos dedicar nuestra vida a aquello que nosotros nos hemos propuesto.

             Fue el 4 de febrero de 1976 cuando tuvimos un gran terremoto, los que lo vivimos ya no queremos experimentarlo otra vez. Suficiente, nadie quiere volver a experimentarlo otra vez, no queremos más, uno bastó. Tres de la mañana y 33 segundos de terremoto nos hicieron recordar cómo solo Dios puede guardar nuestra vida de una de estas cosas tan terribles. Veinticinco mil muertos aproximadamente, cien mil personas terriblemente damnificadas, mucha gente sin vivienda.

          Fue en noviembre del 75 que una señora, Dulce de García, cubana, había venido a Guatemala porque su esposo trabajaba aquí. Se integró a una célula que yo dirigía en ese entonces, nos dice: tuve una visión, vi que venía un terremoto terrible para Guatemala, sería en los primeros días de febrero y la oímos, varios creímos, yo fui uno de ellos. Ella creyó tanto la visión que vendió todos sus muebles y se fue para Miami de regreso.

          Yo no me fui a Miami, tuve que quedarme aquí. Eso sí, preparamos una maleta con ropa de nuestro único hijo, el primogénito Jorge y comida de bebé, un attaché con todos mis documentos personales y ahí estábamos. El día 4 de febrero cuando se producen esos ruidos estremecedores de un terremoto y salimos al carro que teníamos en la calle.

           Al pasar las primeras horas nos fuimos a ver cómo estaba la familia y luego fui a ver la iglesia. Ahí organizamos brigadas de rescate que enviamos a distintos lugares y yo me fui al occidente a ver cómo estaban nuestras iglesias en Santa María Cauqué, San Jacinto Chimaltenango. Fui a encontrarme con que los pueblos estaban totalmente arrasados y gente que yo conocía, porque había predicado ahí muchas veces, me decía, Pastor, solo yo quedé de mi familia.

           Era increíble ver todas las casas de adobe en el suelo. Por seis meses, organizados en un comité de emergencia, estuvimos trabajando duramente en la reconstrucción nacional. Salía de mi casa a las 6 de la mañana y volvía a las 9 de la noche. Un día dando unas conferencias sobre la familia en Puerto Rico, el Señor me hizo pensar que estaba bien que ayudáramos en la reconstrucción de las casas de mucha gente, pero también había que trabajar en la construcción y reconstrucción de las familias. La casa es importante, pero más importante es la familia que habita en esas casas.

             A veces estamos en una casa lujosa pero la familia está despedazada. A veces tenemos muchos lujos, pero la familia no tiene paz. Por eso es importante que nos demos cuenta que la voluntad de Dios no es solo darnos cosas sino darnos bienes espirituales. La felicidad, escribía en un tuit esta semana, no consiste en las cosas materiales, en las posesiones, consiste en las buenas relaciones personales. Si estamos en paz con nuestra familia, con nuestros amigos y con nuestros hermanos somos gente feliz. Pero si no estamos en paz con nadie, aunque tengamos muchos bienes no somos felices.

            Por eso, cuando iniciamos la Fraternidad Cristiana de Guatemala, el Señor me hizo ver que había que usar un enfoque a la familia y por eso pusimos el eslogan: Una iglesia cristiana para la familia. La Iglesia ¿cuál es la iglesia? Es ese grupo de personas sacadas del mundo para vivir en el reino de Dios. La iglesia no es el edificio, la iglesia son los cristianos, usted es la iglesia. Hoy nos reunimos en este edificio, hace treinta y cinco años nos reuníamos en el Hotel Guatemala Fiesta, tres años después en el Camino Real, después en el Cine Reforma y luego en un edificio que se había construido para el club de baile, el Barco, donde está lo que llamamos hoy el Auditórium Menor de la Roosevelt. Pero la iglesia no es ni el hotel, ni el cine, ni el club, ni el Mega Auditórium, la iglesia somos usted y yo, nosotros somos la iglesia, no importa dónde nos reunamos. Nosotros somos la iglesia.

              He aprendido que es la persona la que hace al lugar, y no el lugar el que hace a la persona. Por eso cuando nos reunimos en algún lugar somos la iglesia viva de nuestro Señor Jesucristo, y eso es importante entenderlo, claro, tenemos metido por enseñanzas milenarias que vamos a la iglesia, decimos y pensamos en el edificio, pensamos en el templo, pensamos en la catedral, pero Jesucristo dijo donde dos o tres están congregados en mi nombre, ahí estoy en medio de ellos. Hay una iglesia local como es esta y hay una iglesia chica que se llama la familia, donde está el esposo, la esposa, los hijos, los abuelos, las nueras, los yernos, ahí también está el Señor en medio de nosotros cuando estamos congregados, pero si estamos segregados y si estamos peleando, y si estamos separados ahí se complica la cosa.

           Una iglesia cristiana para la familia, ¿por qué le pusimos cristiana? Porque la Biblia dice en el libro de los Hechos 11:25-26 “Después partió Bernabé para Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Durante todo un año se reunieron los dos con la iglesia y enseñaron a mucha gente. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó "cristianos" por primera vez”. La primera vez que apareció la palabra cristiano fue en Antioquía. Y por qué los llamaron cristianos, porque eran discípulos de Cristo.

          ¿Qué es un discípulo? es un seguidor, es un aprendiz, ¿a quién estamos siguiendo y de quien estamos aprendiendo? de Cristo. Más que decir yo soy discípulo de Jorge H. López debemos decir nosotros somos discípulos de Cristo. Hay personas que con frecuencia dicen: mis discípulos, pero es un poco arriesgado cuando nosotros somos el ejemplo, porque el ejemplo humano está expuesto a fallar. Usted ha fallado alguna vez, muchas veces. Y si la gente pone sus ojos en nosotros, solo en nosotros, se expone a que algún día lo defraudemos, a que un día lo desanimemos, a que un día lo decepcionemos, porque nosotros somos de barro. Pero si ponemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, nunca, nunca nos va a fallar. Jesús nunca nos va a decepcionar, Jesús siempre va a ser el mejor ejemplo.

           Es importante entender que somos el cuerpo de Cristo y dice la Biblia que Cristo en nosotros es la esperanza de gloria, y por eso les hemos enseñado que a Cristo le conviene crecer y a mí menguar. Entre más desaparezcamos y más dejemos que Cristo brille, la gente ve a Cristo en nosotros, y lo verá en nuestro carácter, en nuestra conducta. Por eso le pusimos Fraternidad Cristiana de Guatemala, porque queremos ser seguidores de Cristo, ser discípulos de Cristo Jesús.

         Tenemos que ser muy cuidadosos al decir yo soy la gran cosa, porque esa gran cosa resulta ser poca cosa. Somos lo que somos por la gracia de Dios, por la misericordia de Dios y es porque vamos caminando como el burro que entró a Jerusalén. Todos salieron a saludar, pero no salieron a saludar al burro, sino al que iba encima. Un día después cuando el burro entró por Jerusalén sin Cristo, nadie salió a saludarlo ni a felicitarlo. Si a nosotros se nos da algún crédito, algún mérito, algún elogio, no es por nosotros mismos solamente, es porque Cristo está en nosotros y eso es lo que nos hace diferentes. Por eso somos cristianos, porque queremos ser como Cristo.

          Es importante que si queremos ser como Cristo, andemos como Jesús, que imitemos a Jesús, que seamos como Él es. En 2 Timoteo 3:1-5 dice: Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! Ah, qué duro es.

           Hace algunos años leí la frase que decía: habría menos impíos por las calles, si hubiera menos hipócritas en la iglesia. Y lo peor es que algunas veces hemos visto a ese hipócrita por el espejo hoy en la mañana. Cuántas veces nos ha tocado aparentar, a cuántas parejas les toca a menudo estar en la casa en serias discusiones y hasta se dicen de qué se van a morir el uno y el otro. Toca el timbre, un miembro de la célula, un hermano de la iglesia y entonces se ponen la careta de cristianos. Abren la puertas y ¡qué tal, qué gusto! ¿Cómo están? Y aleluya y gloria a Dios, se despiden y se van, se quitan la careta y a seguirse agarrando. El Señor quiere que nuestra conducta sea una conducta buena.

           Jesucristo dijo, por los frutos los conocerán. ¿Cómo vamos a saber si alguien es o no cristiano? El que es cristiano se comporta como cristiano y el que no es cristiano se comporta como pagano. ¿Cómo puedo decir que soy cristiano y aborrecer a mi hermano? ¿Cómo puedo decir yo soy cristiano y aborrecer a mi papá, aborrecer a mi mamá, a mi hermana, a mi amigo? Ahí es donde los frutos pesan, mucho más que los dones, porque a veces los dones del Espíritu los manifestamos y hacemos milagros o hacemos sanidades o hacemos cosas extraordinarias, pero ya en la conducta el fruto del Espíritu no aparece, no tenemos ese fruto que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Tiene que manifestarse ese fruto del Espíritu en nuestra vida, para que la gente de veras pueda confirmar que somos cristianos.

             En la Fráter ha sido el enfoque buscar el fruto del Espíritu, y ese listado del fruto empieza con amor. Toda persona que quebranta la ley de Dios y la ley de los hombres fue un niño que por algún motivo se desvió. Cuando nacen los bebés y los tomamos en nuestros brazos son tiernos, qué bonitos son. Todos los bebés son bonitos, sobre todo para sus papás, los agarran y dicen qué lindo mi bebé, los abuelos también, habrá alguno que no está tan afectivamente acostumbrado y podrá decir igual que la mamá o igual que el papá, porque detrás de un niño lindo hay unos papás lindos.

             Es importante entender que todo bebé es lindo. Yo les quiero decir algo, ¿ustedes creen que aquel famoso asesino de apellido Manson cuando bebé era monstruoso? No. Cuando bebé era muy bonito. Fidel Castro cuando nació era una belleza, sí. Todas las personas cuando nacieron eran bebes preciosos. Tal vez usted tuvo en sus brazos al que ahora es un borracho y dice y cómo resultó mi hijo siendo borracho, tan lindo que era de bebé. Cómo resultó mi hija siendo secuestradora, cómo resultaron mis hijos en esos malos caminos. Por eso es tan importante que nuestras familias se preocupen de transmitir a sus generaciones más jóvenes la fe en el Señor, la fe en Su Palabra, que puedan darle a cada uno de ellos principios, enseñanza con su ejemplo, no solo con su palabra.

                 Y a veces fallaron los papás y a veces los papás no fallaron, pero llega un momento en que el niños crece, se vuelve joven y cada ser humano es un agente moral libre que tiene voluntad. Usted escoge, y escoge el camino del bien o el camino del mal, usted escoge como el hijo pródigo irse de su casa y perderse en la distancia. Por eso hay padres buenos que tienen hijos malos y hay padres malos que tienen hijos buenos, pero por qué, porque cada uno busca en Cristo Jesús la ayuda para cambiar, de modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas. Por eso usted y yo estamos acá, porque Dios nos amó y envió a Cristo Jesús para salvarnos y dar una nueva vida.

               En la Fráter hemos luchado por darle restauración y atención espiritual a la necesidad de cada miembro de la familia. Y por eso hacemos grandes esfuerzos para que los niños tengan instalaciones adecuadas, aulas adecuadas, equipo adecuado, maestros adecuados. Y hemos dicho que aquí servimos a la gente desde la cuna hasta la tumba. Porque si usted se muere, créamelo, lo vamos a acompañar en el funeral y en el cementerio, y si se enferma también los hermanos de su célula lo van a acompañar.

              El enfoque a la familia no excluye a los que no tienen una, aquí somos familia todos. Aquí ha venido gente huérfana, gente viuda, divorciada, gente que dejó a su familia en el interior y emigró a la ciudad y aquí se encontró sola, pero en la Fráter encontró a una familia, encontró en su célula a una familia que los apoya y que le ayuda. Si usted es una persona que está aislada en esta gran ciudad - cuya metrópoli es ya casi de tres millones de personas y en medio de tanta gente, la gente está sola-, les animamos a involucrarse a una célula. Le animamos a que vaya a un grupo en casa.

             La gente me pregunta y ¿cómo hace usted para pastorear una iglesia grande? Y les digo a través de las pequeñas células. En las pequeñas células, la gente recibe un pastoreo personalizado. De diez, ocho, doce personas, hay un líder, una líder que está atento a atender a su pequeña congregación. Y si está enferma se le llama, se le visita, se ora y si se muere también se le acompaña y se ayuda a sus deudos en el dolor. Involúcrese en una célula, si usted no es parte de una, involúcrese, ahí va a encontrar mamás, papás, hermanos, ahí va a tener a alguien lo que lo ame, que lo exhorte, que le llame la atención, que lo estimule. Es importante conectarnos, no aislarnos.

              Dios nos ha permitido ver a muchas personas encontrar aquí a su familia. Y el Salmo 68:5-6 se ha hecho una realidad, dice: Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa. Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitarán en el desierto.

          La iglesia es un hogar para los desamparados. Para los más desprotegidos o vulnerables de la sociedad. Las viudas y los huérfanos encuentran en la iglesia de Dios una familia segura. Así que hemos buscado rescatar una persona a la vez, una familia a la vez. Anoche me hablaba una viuda y me decía que cinco días antes de morir su esposo recibió una carta que yo escribí en la que le daba gracias por una promesas de fe que él hizo y estaba muy contento, y murió, por supuesto yo estaba muy triste, pero allá en el cementerio se me acercó mi familiar y me dijo:- no te preocupes, el cheque que recibía tu esposo del negocio, lo vas a seguir recibiendo tú, además, me dijo, él ya había metido papeles para su pensión y jubilación en el IGSS y salió y ya la estoy recibiendo y ahora estoy recibiendo la mía. Por supuesto esa viuda ya no estaba llorando ni estaba triste. Estaba contenta. Maravilloso lo que Dios hace con una viuda. Llora la muerte de su esposo y después está feliz, aunque ya no esté su esposo, él pasó a mejor vida y ella también. Dios bendiga a las viudas que recuperan la alegría de vivir, una sonrisas de oreja a oreja.

            Dios nos da a todos la alegría de vivir y cuando vienen problemas que pareciera que nos van a quitar todo el gozo, toda la paz, Dios de una manera extraordinaria nos rescata y por eso seguimos predicando el Evangelio para rescatar una persona a la vez, una familia a la vez y contribuir de esa manera a nuestras sociedad. Por eso decimos que Fraternidad Cristiana es una iglesia cristiana para la familia, que proclama el amor de Dios, manifiesta el poder del Cristo resucitado y persevera en el orden dado en la Biblia.

            Por qué decimos que proclamamos el amor de Dios, porque no hay nada más importante que el amor de Dios. La Biblia dice que las profecías pasarán, la fe pasará, las sanidades pasarán, pero el amor nunca pasará, porque el amor es eterno. Dios es amor y por eso es importante que también seamos gente de amor, gente que amemos. El amor no solo es un sentimiento, el amor no es un apasionamiento, el amor es una convicción, es una decisión, es igual que el perdón, que no es un sentimiento. Usted toma la decisión de perdonar y no dice voy a perdonar a este o voy a perdonar a esta, usted toma la decisión y perdona. La gente a veces me dice que no le nace y yo le digo ni le va a nacer, no es un hijo al que va a dar a luz, aquí no es que le nazca, usted tiene que razonar, llegar a la conclusión de que debe perdonar. Es una decisión, igual cuando usted decide amar, ama.

            Aquella madre que decide amar a su hijo, no importa que sean las tres de la mañana y que el hijo empiece a llorar, como que se está muriendo, ella se levanta y va a donde el niño. No porque sienta gran amor, es su decisión que tomó de amar a su hijo, aunque haya que cambiar pañal hediondo, aunque haya que curarlo de fiebre alta, aunque haya que limpiarlo por una infección terrible, pero esa es una decisión que se toma de amar.

            Por eso se ama tanto a las madres, porque deciden amar a sus hijos, aunque los hijos no sirvan para nada, los siguen amando. Aunque el hijo no responda, lo siguen amando. Aunque sea un haragán, lo siguen amando, porque amar es una decisión. Quiero decirles que Dios dijo con amor eterno te he amado y el Señor dice no te dejaré ni te desampararé. Y aunque estemos allá lejos en el pozo de la desesperación, hasta ahí llega el amor de Dios y nos saca. El amor de Dios se manifiesta en nuestra vida siempre, aunque estemos como el hijo pródigo lejos del padre, el padre nos espera con los brazos abiertos y por eso tenemos que seguir proclamando el amor de Dios, enfocados en esa visión que el Señor nos dio de amar.

            Por eso es que tenemos ahí en nuestro logo esas tres palabras Amor, Poder y Orden y ese amor se representa en un mundo con dos brazos entrelazados de las manos, porque creo que el cristiano tiene que ser un puente para unir en amor al pobre con el rico, al indígena con el ladino, al blanco con el negro, al izquierdista con el capitalista, a los del Barsa con los del Real, pero tenemos que unirnos en el amor de Dios, porque en Cristo somos uno.

                  No podemos estar haciendo acepción de personas y por eso me encanta ver aquí en la Fráter que la gente viene y se siente cómoda, no importa que sea de mucha plata o de nada de plata, no importa que sea joven o vieja, no importa que sea famosa o desconocida, porque lo que aquí nos une es un común denominador que se llama el amor de Dios y el amor de Dios es suficiente para que nosotros vivamos en paz los unos con los otros.

              Juan 3:16- 21 Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Ésta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.

               Ah que importante es refrescar nuestro visión y los que no la conozcan, que la conozcan y poder mantenernos enfocados en lo que el Señor nos mandó a hacer, para no distraernos en nada que nos haga perder el amor por cumplir la Gran Comisión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

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