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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

           Cuando corremos sin tener una meta no sabemos a dónde vamos a parar. Por eso es importante tener una meta, ¿cuál es su meta? Alguno dirá el mío es el Meta Mercado porque ahí tengo mi puesto, pero todos debemos tener una meta, no debemos hacer las cosas simplemente por inercia y correr, correr y correr y gastar la juventud y llegar a la senectud corriendo, siempre corriendo ¿para qué? ¿Cuál es el fin de correr y correr en la escuela? ¿Para pasar el grado nadas más? ¿Cuál es el fin de correr y correr en la universidad? ¿Cuál es el fin de correr y correr en su negocio, en su profesión? ¿Cuál es la meta? El tiempo pasa, cuando sentimos la vida se acaba, cuando menos lo imaginamos llegamos al final de nuestros días y entonces  podemos preguntarnos ¿para qué corrí tanto?

          Puede ser que se oiga la voz del Señor otra vez en aquella parábola en la que dice: necio, esta noche vuelven a pedir tu alma ¿lo que has acumulado para quién será? ¿Para quién cree será todo lo que ha acumulado? ¿Para sus dichosos yernos? ¿Sus lindas nueras? ¿Y haraganes hijos? ¿Cuál es la meta? ¿Cuál es el fin de vivir, cual es la razón de existir? ¿Para qué pasamos aquí en este mundo tantos años? No es solo para llenar nuestra pared de diplomas. Hace unos veinte años cuando construimos el Auditórium Menor se me acercó un constructor de oficinas y me dijo: Pastor, está muy linda la oficina que le diseñé y hay una pared grande, consiga todos los diplomas que tenga para ponerlos ahí. Fui a sacar de un maletín un montón de diplomas, se enmarcaron y se pusieron ahí. Por supuesto con el tiempo hay algunos que por efectos del sol se van desgastando.

          ¿Cuál es la razón de estudiar? ¿Llenar una pared de diplomas? ¿Cuál es la razón de trabajar? ¿Llenar un maletín de escrituras públicas? ¿Cuál es la razón de todo lo que hacemos aquí en la vida? Corremos y corremos y termina un año, empieza el otro año y seguimos la actividad en la misma carrera, en la misma inercia, pero ¿cuál es la meta? ¿A dónde queremos llegar?

         Se hizo famosa una película que se llama Forrest Gump, muchos la vieron, ese día  no leyeron la Biblia, pero la vieron. Famosa, ¿por qué? porque es una película cómico dramática basada en la novela homónima del escritor Winston Groom, la película fue dirigida por Robert Zemeckis y protagonizada por Tom Hanks, Robin Wright, Sally Field, y otros más. La historia describe varias décadas de la vida de Forrest Gump, un nativo de Alabama que sufre de un leve retraso mental y motor. Ello no le impide ser testigo privilegiado, y en algunos casos actor decisivo, de muchos de los momentos más transcendentales de la historia de los Estados Unidos en el siglo XX, específicamente entre 1945 y 1982.

          ¿Cuál es la imagen que más tenemos en la mente de Forrest Gump? Un tipo corriendo como loco, corre, corre y corre y se atraviesa todo Estados Unidos corriendo, se hace famoso porque anda corriendo y le preguntan ¿hacia dónde corre? Y responde -que me importa, yo lo que quiero es correr-. Y la multitud anda corriendo, siguiendo a Forrest y le preguntan ¿a dónde va? –no sé. Yo lo que estoy haciendo es correr-, y así está la raza humana, corriendo, corriendo, afanándose, madrugando, desvelándose, sacrificando el tiempo con sus hijos, con su esposa, con sus amigos y todo por correr, correr y correr ¿a dónde? Con frecuencia me toca estar en funerarias y ahí veo todo tipo de personas, algunas muy famosas, otras muy ricas, otras insignificantes, desconocidas, pero todas terminan o casi  todas terminan en una funeraria, otras nunca aparecen, el mar se las devora, la explosión las extermina o el fuego los incinera, pero al fin de tanta carrera todo termina en el día de su muerte. Un personaje notable de la historia bíblica es conocido como el apóstol Pablo, es un personaje que  supo lo que era correr y correr como todos nosotros y corrió por muchos años. Nacido en Tarso fue primero conocido como Saulo de Tarso y decía de Tarso porque era para él una  carta de presentación. Tres universidades había en esa época: la Universidad de Atenas, la de Tarso y de la de Alejandría, y cuando usted decía que venía de Tarso pues todos decían ah, como que hoy dijeran estuve en Harvard, Yale, en la San Carlos.

          Este hombre supo lo que era quemarse las pestañas. Dice que fue educado a los pies de Gamaliel, la hermosura de la ley le llamaban a Gamaliel. Saulo de Tarso derivó de los mejores maestros las enseñanzas que aprendió y eso lo hizo iniciar todavía una carrera mayor: la carrera de perseguir a los cristianos. Para él los hebreos, los israelitas, los judíos, como religión, eran lo mejor, lo único y por lo tanto había que atacar cualquier competidor, cualquiera que no creyera igual que él. Se dedicó atacar a la secta del Camino, así se conocía a aquellos que repetían la Palabra de Jesús,  Juan 14:6 dijo, Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino sor mí. ¿Cuántos conocen a ese de la secta del Camino, cuántas andan en el camino de Jesús?

          Por eso Saulo corriendo en ese camino, persiguiendo a los cristianos con cartas autorizándole por parte de los judíos, para entrar por las casas, capturar a los cristianos, hombres, mujeres y niños, los torturaba, los apresaba y en algunos casos como el de Esteban hasta participaba viendo el martirio. En esa carrera andaba Saulo, en la carrera de la religión, en la carrera de la instrucción, en la carrera de la vida hasta que un día en el camino a Damasco se encontró con Jesucristo y aquel medio día iba sobre un caballo en busca de los cristianos en Damasco cuando se le apareció el Señor y dice que una luz brillante lo encegueció, fue tanto el impacto de esa luz sobre Saulo que cayó del caballo y quedó tirado en el suelo y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar patadas en contra del aguijón, y ahí fue cuando Saulo tuvo su encuentro con Jesús. Quedó ciego por tres días.

          Mientras estaba en su casa ciego, Dios le envió a un hombre para que le mostrara la meta verdadera de la vida y llegó y le habló de Cristo, lo bautizó en agua, le instruyó en la vida cristiana y Saulo empezó a caminar pero ya con la meta. La vida ya no era simplemente por vivirse, y no era simplemente correr por correr sin tener meta. Y por eso el apóstol en 1 Corintios 9:24-27 dice “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan.  Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre.

          Los premios se oxidan,  los diplomas se apolillan, las flores se marchitan pero el premio que el Señor ofrece a los cristianos que corren la carrera cristiana hasta llegar a la meta, es un premio que dura para siempre. Es el premio de la vida eterna en comunión con Dios. Ese premio es incorruptible. Por eso dice Pablo: Así que yo no corro como quien no tiene meta. Sí, mañana cuando vaya en carreras para un lado, pregúntese ¿cuál es mi meta? ¿A qué quiero llegar? ¿Qué pretendo alcanzar? ¿Cuál es el premio al final de todo esto? Pablo dice: yo no corro como quien no tiene meta, no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado”.

          En la vida cristiana hay que aprender a dominar nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo nos traiciona, he visto gente que quiere bajar de peso pero se sienta a la mesa y es de los que agarran un pan, lo devoran, agarran otro y también, otro y otro. Y eso que quieren bajar de peso. Si nosotros queremos estar en buenas condiciones físicas tenemos que dominar nuestro cuerpo. Usted tuvo muchos años en los que estuvo dominado por el alcoholismo, por ejemplo, pero ahora ya no está dominado porque decidió dominar su cuerpo. Ahora le ofrecen un trago y dice no gracias, deme un té, deme un café, deme una limonada, un licuado de papaya. Ha logrado dominar su cuerpo, al extremo que el problema del alcohol ya no va con usted.

          Por aquí estoy viendo la cara de uno que era mujeriego, qué terrible es eso, se encuentra con una mujer preciosa y está con ella, pero en eso pasa la prima de la mujer y se va detrás de ella, porque la lujuria lo domina, porque esa obra de la carne que se llama adulterio lo domina, hasta que usted logre dominar su cuerpo. Por eso dice la Biblia, lo que decíamos hace ocho días, que si alguno quiere ser discípulo de Jesús tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguir al Señor. Si usted la ve linda, qué tiene que decir: no me la voy a comer. Si usted lo ve lindo y pistudo, tiene que decir: no voy tras este chavo, no voy tras este viejo, porque ahora los viejos pistudos ya no son viejos feos, son “qué caballero tan interesante”. ¡Cómo cambian las cosas! Y si se  transporta en un vehículo de primera, qué bien se ve, qué bien se viste. Usted por dentro sabe que ya va rumbo a la 20 calle, pero así es la vida.

        Dominen su  cuerpo, golpeen su cuerpo si es necesario. Contrólese la lengua. Esa lengua dice que hay que ponerle freno, porque  si usted no le pone freno se desboca y habla de más, El apóstol Pablo no corría  como quien no tiene meta, no luchaba como quien da golpes al aire, su meta era conoce r y permanecer unido a Cristo Jesús y alcanzar la resurrección de entre los muertos. En Filipenses 3:1en adelante: Por lo demás, hermanos míos, alégrense en el Señor. Para mí no es molestia volver a escribirles lo mismo, y a ustedes les da seguridad. El Cuídense de esos perros, cuídense de esos que hacen el mal, cuídense de esos que mutilan el cuerpo.  Se refiere a aquellos que están causando divisiones en la iglesia, Porque la circuncisión somos nosotros, los que por medio del Espíritu de Dios adoramos, nos enorgullecemos en Cristo Jesús y no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos. Tenemos que poner nuestra confianza en Dios, en Cristo Jesús y no en esfuerzos humanos.

       Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo;  en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable.  Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo.  Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo.

           Para Pablo su estancia en la Universidad de Tarso, el haber nacido como un hebreo en una tribu privilegiada y en una familia privilegiada y haber cumplido con todos los requisitos, eso no era importante, lo más importante era ganar a Cristo. Usted puede llegar al cielo cuando se muera y llegar a presumir de todo lo que usted fue aquí en la tierra y decir: aquí en la tierra era de una familia de abolengo- López, aquí en la Tierra fui una persona de mucho dinero, puede ser que su apellido sea Gates, pueda ser que su apellido sea Kennedy, sea Rockefeller o Gutiérrez, Novella, yo no sé de cuál apellido es usted. Puede llegar al cielo y presumir de su apellido, de su abolengo, de sus posesiones y decir que en la Tierra tuvo tantos millones como Carlos Slim y el Señor se le va a quedar viendo y -¿qué? ¿Ganaste a Cristo, reconociste a Cristo como tu Rey, como tu Señor?

           -Pero Señor, yo en la Tierra tuve muchas joyas-. Ajá y qué. -Pero Señor me gradué de varios doctorados, tuve muchas maestrías y muchos reconocimientos-. ¿Y qué? ¿Ganaste a Cristo? Ojalá que usted pueda tener en la Tierra todos esos beneficios y además lo más importante: a Cristo en su corazón. Eso es lo que más vale, que usted tenga aquí en la Tierra, a Cristo en su corazón.

          Para Pablo todo lo que había logrado humanamente lo consideraba perdido, lo dejó por un lado. Es más, lo comparaba con algo que usted no atesora mucho, el estiércol. Y Pablo llegó al punto en su vida en que dijo: Todos mis estudios, toda mi posesión, toda mi religión, todo mi abolengo, todo mi apellido, todo lo que soy y todo lo que tengo lo considero como estiércol. No vale nada, comparado con lo que tengo y ese es el amor a Cristo, la presencia de Cristo en mi vida. Eso es lo que más vale.

          Cuando lleguen a visitarlo a su casa, está bien, tenga los mejores muebles, los mejores cuadros, las mejores casas, los mejores carros, tengamos lo mejor que podamos tener, pero lo que más podemos lucir, lo que más nos debe enorgullecer y presentarlo con orgullo a nuestros amigos, a nuestros visitantes, familiares, socios, clientes, compañeros, es a Cristo porque es lo mejor que vamos a tener en la vida y lo vamos a tener no solo aquí sino en toda la eternidad.

          Por eso dice, Filipenses 3:7-11 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo.   y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.  Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte.  Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos”.

          Todo los que hacemos en esta vida, todo lo que nos hace correr en esta vida debe ser con una meta mayor que cualquier meta material. Si usted se pone como meta alcanzar un millón de dólares, cuando lo alcance va querer otro millón de dólares. Si su meta es comprar una casa, cuando la tenga ¿cuál va a ser la siguiente? ¿Otra más grande? Si su meta es  tener un diploma, ¿qué va a hacer entonces, buscar un segundo, un segundo título? Todo lo que nosotros hacemos debe tener como fin primordial conocer a Cristo, identificarnos con Él, conocer el poder que se manifestó en Él y aún como dice Pablo, estar dispuesto a sufrir con Él, entonces vamos a experimentar el poder de la resurrección de entre los muertos. La única diferencia es que cuando usted resucite, va a resucitar como Cristo resucitó entre los muertos para nunca envejecer más, para nunca enfermar más, para nunca sufrir más, para siempre vivir en comunión con Dios.

          2 Corintios 11:21-33 “¡Para vergüenza mía, confieso que hemos sido demasiado débiles! Si alguien se atreve a dárselas de algo, también yo me atrevo a hacerlo; lo digo como un insensato. ¿Son ellos hebreos? Pues yo también. ¿Son israelitas? También yo lo soy. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. ¿Son servidores de Cristo? ¡Qué locura! Yo lo soy más que ellos. He trabajado más arduamente, he sido encarcelado más veces, he recibido los azotes más severos, he estado en peligro de muerte repetidas veces.  Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes.  Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez.  Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias. ¿Cuando alguien se siente débil, no comparto yo su debilidad? ¿Y cuando a alguien se le hace tropezar, no ardo yo de indignación? Si me veo obligado a jactarme, me jactaré de mi debilidad. El Dios y Padre del Señor Jesús (¡sea por siempre alabado!) sabe que no miento. En Damasco, el gobernador bajo el rey Aretas mandó que se vigilara la ciudad de los damascenos con el fin de arrestarme;  pero me bajaron en un canasto por una ventana de la muralla, y así escapé de las manos del gobernador”.

         Yo conozco a muchos que han pasado por muchas pruebas, de enfermedades terribles, de la muerte inesperada de un familiar, pruebas de un robo increíble que los ha dejado otra vez a cero, pruebas graves que los ha hecho tener un pie en la cárcel, pruebas terribles que hasta en los medios han desnudado una situación a veces a medias, otras veces falsa. Sí, podemos sufrir, pero si nuestro sufrimiento es porque queremos ser como Cristo Jesús, vale la pena sufrir, porque si sufrimos juntamente con Cristo reinaremos juntamente con Cristo. Tenemos esa esperanza.

           Déjeme darle metas espirituales para este año nuevo,  hoy no le quiero hablar de metas terrenales y materiales. Número uno, sostenga la obra de Dios en obediencia. Todo lo que Dios nos ha permitido hacer en estos treinta y cinco años es gracias a hombres y mujeres que han sostenido la obra de Dios en obediencia, fielmente han sostenido esta obra con sus diezmos, ofrendas y promesas de fe.

        Anoche, precisamente, me hablaba una persona graduada en derecho, tiene un doctorado en derecho, con una función pública muy importante. La pasé a la parte del privado que tengo allá en el Auditórium de la Roosevelt y me dice: Pastor, qué lindo está todo esto aquí. Cuando yo estaba acá en un extremo del corredor atendíamos a los convertidos. Ahora,  tenemos un salón lindo con computadoras. Y me dice, aquí se ven nuestros diezmos, ofrendas y promesas de fe. Déjeme contarle algo, me dijo, cuando yo empecé a venir a la Fráter, con mi esposo, y empecé a diezmar, él me dijo para que diezmas si ni carro tenemos, ni casa. Te voy a llevar allá atrás para que veas el carro del pastor, él sí tiene carro, nosotros y casi que le decía ni petate donde caer muerto. Ella me dice, ahora nos reímos mi esposo y yo, porque hemos sido fieles diezmadores y Dios nos ha bendecido, nos ha prosperado en lo material, en lo intelectual, en lo político, en todos los aspectos y es porque se propuso ser fiel diezmador, aun cuando no tenía ni carro, ni casa, ni los títulos que ahora ostenta. La biblia dice que el que es fiel en lo poco, es puesto en lo mucho. El que da un diezmo de cien quetzales no le va costar dar un diezmo de quinientos ni de mil, de cien mil, ni de un millón.

         Esta semana se me acercaba un hermano y me  dice: hace un año yo le hablé de mi condición triste, una calamidad económica, quebrando nuestros negocios y usted oró conmigo y me aconsejó y quiero decirle que aquí vengo ahora a dejarle este diezmo, resultado de un buen negocio que hicimos el mes pasado . Y trajo un cheque de un cuarto de millón y pico de quetzales. El que hace un año estaba quebrado, que estaba mal, pero aprendió que lo que hacemos en esta vida es para poder sostener la obra de Dios en obediencia, y si Dios nos hace enriquecer es para que tengamos y dar para la obra de Dios, para el pobre, para el familiar necesitado. Es bueno que nos pongamos como meta diezmar, si usted no ha sido fiel diezmador, empiece, Dios lo va a prosperar.

          Segunda meta. Sirva en la obra con excelencia. Cuánto hemos dicho, el que sirve, sirve y el que no sirve, no sirve. Claro, hay quienes dicen que mucho ayuda el que no estorba. Si, nosotros decimos yo no le hago mal a nadie, pero la pregunta es ¿cuál es el bien que hacemos? Sirva, comparta de Cristo a donde quiera que vaya, eso es servir. Se sienta a hablar con cualquier personaje encumbrado o cualquier personaje muy quebrado, háblele del Señor, sirva. Sirva como el buen samaritano, aquel que está postrado, aquel que está asaltado, que está herido, sirva. Pueden pasar sirviendo en una célula por las casas y en un ministerio dentro de la Fráter. Este ingrediente provee comunidad y el sostenimiento operativo de los servicios. Propóngase asistir a una célula, para juntos orar al Señor, juntos alabar al Señor, juntos ayudarse uno a otros.

        Yo  bendigo a Dios por los más de tres mil voluntarios que sirven en la Fráter. Cada vez que usted entra por acá ve a un montón de gente sirviendo y sirven presentables con saco, corbata y ahí están sirviendo, sirven en la Zona de Campeones con los niños, sirven en la cárcel visitando a las presas o a los presos. Sirven detrás de una cámara, sirven porque esa es una buena meta para este año, el propósito de este año. El propósito debe ser tener metas espirituales: voy a servir, no solo voy a dar mi diezmo y ofrendas, voy a dar mi tiempo. Voy a servir.

Tercera meta. Cumpla la obra del Señor comisionando a otros. Jesús dijo: vayan por todo el mundo, prediquen el Evangelio a toda criatura, el que crea y sea bautizado será salvo. Por eso lo hemos puesto en palabras fáciles de recordar: nuestra gran responsabilidad es convertir, conservar, capacitar, comisionar. Qué privilegio tan grande el que Dios nos da de ir a presentar a Cristo a aquellos que andan en el pecado y que se conviertan. Convertirse es ir en una dirección y luego dar media vuelta y volver. El ser humano se ha alejado de Dios, se ha alejado tanto de Dios que necesita convertirse. Muchos jóvenes y señoritas se han alejado de Dios y necesitan convertirse de su mala conducta, de su mal trato.

          Yo bendigo a Dios porque hemos visto a millares convertirse, hemos visto a muchos hombres y mujeres dejar de pegarle a su pareja. Aquí hay algunos que tenían el don de imposición de manos, pero se han convertido de sus malos caminos y ahora tratan a su esposa como vaso más frágil y la esposa trata a su esposo como cabeza de su casa, con respeto. Convertirse, si se convierte un amigo suyo, un familiar suyo consérvelo, llévelo a la célula, llévelo a un retiro espiritual, tráigalo a la Facultad de Liderazgo, acompáñelo a la iglesia. Cumpla la obra del Señor comisionando a otros a que sigan haciendo la obra.

         Propóngase este año compartir su testimonio con otras personas, propóngase decirle a un pariente y amigo, yo te quiero contar el secreto de mi vida en paz, el secreto de mi vida alegre, el secreto de mi éxito está en que yo conozco a Cristo. ¿Quieres que te lo presente? ¿Quieres recibir a Cristo como tu Salvador personal? Sí. Pues oremos aquí, no importa. Yo he orado por gente para que se convierta a Cristo en mercados, restaurantes, en el cementerio. Dios hace la obra, pero tenemos que evangelizar y por supuesto, qué bueno que mira buenas películas como la de Forrest Gump, que le parece si se propone este año leer su Biblia, léala. La Biblia hay que leerla para ser sabios, hay que creerla para ser salvos y hay que practicarla para ser santos. Leamos la Biblia este año.

        ¿Qué otras metas espirituales puede establecerse? ¿Existe algún pecado que lo tiene atrapado? ¿Cómo el apóstol Pablo alcanzó su meta? Terminó la carrera y se mantuvo en la fe. Le comparto los siguientes versículos que son una mina de lecciones, lea 2 Timoteo 4:6-8 “Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. Yo creo que hay muchos aquí que podríamos decir lo mismo que Pablo. Yo creo que el tiempo de mi partida ha llegado, ya estoy llegando al promedio de vida en Guatemala. Poco me va quedando para que el tiempo de mi partida llegue, pero dice el apóstol en el versículo 7 He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe.  Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida”.

Me querido amigo, yo le deseo que usted tenga este año muchos millones o por lo menos para comer todos los días. Que tenga mucho éxito en su profesión, que tenga muchos éxitos en sus estudios, que alcance todo lo que humanamente sueña, pero sobre todo le recomiendo pelear la buena batalla, terminar la carrera y sobre todo,  mantenerse en la fe. Manténgase en la fe cuando es pobre, manténgase en la fe cuando es rico. Manténgase en la fe cuando nadie lo conoce y manténgase en la fe cuando sea famoso, manténgase en la fe siempre, porque un día dejaremos todo lo que tenemos aquí en la Tierra y nos iremos a la presencia del Señor y recibiremos la corona que de veras queremos: la corona de justicia,  la corona que el Señor pondrá sobre nosotros.

   
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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…