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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

          ¿Se ha peleado alguna vez con su esposa alguna vez? ¿Con sus hijos? ¿Con los compañeros de trabajo? ¿Con los compañeros de estudio? Es un problema nacional, se pelean entre los partidos políticos, hay pleitos entre dos equipos de fútbol y hay conflictos, a veces, entre hermanos de una denominación con otra, esto viene dándose a través de las edades, no es nada nuevo. Por eso tenemos que hacer todo lo que está de nuestra parte para convivir en armonía. ¿Quiere vivir en armonía? Es importante convivir en armonía, no hay mejor cosa en la vida que estar uno en armonía con los compañeros de trabajo. La semana pasada enfocamos que la armonía laboral contribuye a la productividad y dimos algunos tips para mejorarla en nuestros lugares de trabajo. También hablamos de lo que dice el Salmo 133: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía! Es como el buen aceite que, desde la cabeza, va descendiendo por la barba, por la barba de Aarón, hasta el borde de sus vestiduras. Es como el rocío de Hermón que va descendiendo sobre los montes de Sión. Donde se da esta armonía, el Señor concede bendición y vida eterna”.

        ¿Quién no quiere bendición y vida eterna? Todos queremos bendición, ya se acerca la época en la que vamos a tener la oportunidad de decirle a la gente: feliz Navidad y próspero Año Nuevo, y todos queremos tener un Año Nuevo en el que todo nos salga bien. Si nuestros hijos van a dar a luz un nuevo nieto, que salga bien. Si nuestro hijo se enferma, que salga bien. Todos queremos tener prosperidad, si iniciamos un negocio que nos vaya bien, pues el secreto nos lo da el Salmo 133, cuando existe esa convivencia armoniosa entonces Dios envía bendición y vida eterna. En el Nuevo Testamento, Jesús lo dijo de esta manera: donde dos o tres están congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos.

          Cuando usted y su esposa o usted o su esposo están congregados en el nombre de Jesús, no segregados, no separados, no distanciados sino congregados en el nombre del Señor, ahí está Dios en medio de ustedes.

            La expresión mínima de la iglesia es la familia, dos o tres, esposa y esposo y una suegra. Cuando están congregados ahí está Dios, ¿usted cree que se puede vivir en paz con la suegra? Por supuesto, yo no tengo ningún problema con mi suegra, ya está en el cielo. Pero cuando estuvo aquí en la Tierra la pasamos muy bien, nunca nos peleamos, nunca hubo diferencias, Dios nos permitió vivir en armonía y además con los hijos, con las nueras, con los yernos, es importante vivir en armonía.

          Para vivir en armonía tenemos que quitar la arrogancia de nuestra vida. Vivan en armonía dice Romanos 12:16 Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben”. Muchos de los conflictos familiares no se resuelven por causa del orgullo. Cuando hay arrogancia, el orgullo impide que una mujer busque a su esposo o un esposo busque a su esposa. La arrogancia impide que la gente se sienta en paz y viva en paz. No creamos que somos los únicos que sabemos, a veces nuestra esposa sabe más que nosotros de muchos temas, a veces nuestros hijos saben más que nosotros en muchos temas. A veces nuestros compañeros son expertos en ciertos temas y nosotros tenemos que entender que no somos los únicos que sabemos. No formemos grupos que causen rivalidades entre nosotros. Yo soy de fulano, nosotros tenemos que tener sumo cuidado de no formar esos grupos rivales.      El Salmo 34: 12-14 dice “El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal. Así que ya no hable mal de su marido. Cuando usted va al cuchubal no hable mal de su marido, cuando va a su célula no hable mal de su marido, tampoco use aquellas manera “muy espiritual”, pido que oren por mi marido, es un grosero, les pido que oren por mi marido es un patán. Hay que tener cuidado refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga”. Y por supuesto refrene su lengua de proferir engaños, apártese del mal y haga el bien, bueno todo esto lo compartimos la semana pasada.

            Hoy vamos de nuevo al Salmo 134:12-14: “El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños; que se aparte del mal y haga el bien; que busque la paz y la siga”. El que busca, dijo Jesús, encuentra, pero no como lo decimos nosotros: yo soy muy tranquilo, pero el que me busca me encuentra. No, se refiere a que la paz hay que buscarla, porque la paz es un poco elusiva, le gusta el juego del escondite, a veces se nos pierde en medio de nuestras ofensas mutuas, discusiones y resentimientos. Buscar la paz es tomar la iniciativa, como cuando usted pierde su argolla matrimonial, la puso en la mesita de noche de su dormitorio y de pronto en algún movimiento brusco se le cayó, usted no tiene que decir: que aparezca la argolla y se me ponga en el dedo. Usted tiene que buscarla, y para buscarla tiene que tomar iniciativa, tiene que hacer lo necesario para encontrarla. Si usted es de aquella personas que ya no se pueden agachar, entonces tiene que llamar a alguien de la casa que si puede y decirle: hágame el favor, busque debajo de la mesa, abajo de la cama, pero usted debe tomar la iniciativa, si usted y su familia no están en paz, hay que buscarla, está cerca, pero alguien tiene que buscar.

           ¿Quién va a tomar la iniciativa? ¿El esposo o la esposa? Hoy escuchaba precisamente muy temprano las noticias en Fox News, había un consejero matrimonial que recomendaba que fuera la esposa la que tome la iniciativa. Bueno, si es la esposa o es el esposo, pero alguien tiene que tomar la iniciativa, alguien tiene que acercarse al otro y decirle que ya no deben estar enojados. Ya no estemos enojados, tenemos siete días de no hablarnos, dormimos juntos pero ¿qué pasa, qué ocurre, qué te hice? para pedirte perdón. A veces usted ni se da cuenta y usted ofendió a su mujer, o la mujer sin darse cuenta le dio un sartenazo al esposo. Es muy importante que alguien tome la iniciativa, por eso hablábamos de no ser arrogantes, porque cuando somos arrogantes y orgullosos no pedimos perdón, no damos nuestro brazo a torcer. Tenemos que buscar la paz. Si queremos vivir en paz tenemos que buscarla. Y eso es tomar la iniciativa, para amar y reconciliarnos tenemos que ser congruentes con lo que pensamos, con lo que sentimos, con lo que deseamos y con lo que actuamos.

           A veces las personas con las que he tenido oportunidad de platicar de sus conflictos matrimoniales me dicen: Pastor, qué hago, mi hogar se desmorona, estamos a punto del divorcio, qué hago. Mi pregunta por lo general es ¿y qué quiere hacer? ¿Quiere continuar con su marido, después de haberlo descrito como un monstruo? – Yo sí quiero–. Pero si usted quiere rescatar su hogar tiene que ponerse de acuerdo. Me está diciendo que quiere rescatarlo, tiene que pensar que quiere, sentir que quiere rescatarlo y tiene que actuar hacia el rescate de su hogar. Porque una casa dividida contra sí misma, Jesús dice que no puede permanecer, si usted piensa por un lado que quiere, pero por otro lado que no quiere, el resultado va ser nulo, usted mismo se va a anular, porque una cosa es lo que dice y otra cosa es lo que piensa y otra cosa es lo que quiere y otras cosa es lo que hace. Póngase de acuerdo usted mismo primero.

          Para vivir en armonía tiene que buscar la paz, y eso requiere tomar acciones.

          El diccionario define el termino paz como la situación y relación mutua de quienes no están en guerra, no están enfrentados, ni tienen riñas pendientes. Si tiene una riña pendiente arréglela, el consejo bíblico es: no dejen que el sol se ponga sobre su enojo, que no pase el día sin resolver el enojo. Si hay molestia arréglelo hoy, usted se recuerda que uno de los apóstoles era bastante impulsivo, tomaba la espada y estaba dispuesto a volarle la cabeza a una persona, Pedro fue siempre así impulsivo, agresivo, tuvo experiencias espirituales maravillosas, estuvo en el monte de la transfiguración, Pedro vio a Jesús transformarse en el Hijo de Dios, pero anduvo sobre el agua, hizo cosas sobrenaturales, pero era bravo, era de carácter volado, decimos nosotros, era explosivo y ese Pedro que en base a sus propios fracasos y experiencias llegó a negar a Jesús tres veces, nos escribe y nos aconseja palabras sabias, basadas en las mismas experiencias que tuvo, vea lo que dice la primera carta de Pedro 3:8-9 “En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías. Si queremos vivir en armonía los unos con los otros tenemos que compartir penas y alegrías. Yo sé que hay alegría en la casa cuando llega el cónyuge que trabaja o los dos cónyuges, si ambos trabajan, y llega y dicen: miren me acaban de aumentar el sueldo, ahora ya no voy a ganar cinco, voy a ganar nueve y todos felices, dispuestos a ir a gastarse el aumento. Y salen a celebrarlo y no ha venido el primer sueldo, pero ya salen a comer a un restaurante, a comprar ofertas que hay en los mercados, supermercados y en todas las tiendas y al final se gastaron el sueldo y todavía no ha recibido el primer sueldo del aumento.

            Qué bueno que nos gozamos en las alegrías, pero qué pasa cuando llega y dice: les cuento que me bajaron todo el sueldo, me han despedido, ¿qué hacemos en ese caso? Tenemos que aprender a compartir las penas, dice Pedro, y las alegrías. Y me llama la atención que Pedro pone en primer lugar las penas, no las alegrías, porque las alegrías son más fáciles de compartir, aunque haya alegrías que a uno le causan malestar. ¿Por qué? Porque llega unos de los hermanos y cuenta que el Señor le bendijo y se compró un carro nuevo, al contado y le bajaron un montón de cosas. Los demás hermanos dicen qué bonito, pero por dentro dice de paso que a este le salió esta oportunidad de un carro nuevo. Usted se siente mal y se va al cuarto a decir, Señor yo te estaba pidiendo un carro nuevo y se lo das a mi hermano. O cuando llega una de las hermanas y dice: Les cuento que el Paco me pidió que nos casemos. Otras dicen qué alegre, pero por dentro dicen Dios mío, si esta es la más chiquita y se va a casar primero, yo me voy a quedar para forrar Biblias.

            Hay alegrías que también hay que compartirlas, porque si nuestro amigo, nuestro hermano es el bendecido, el prosperado, ese que tiene la alegría de contar, va con todas sus amiga y les va a contar que su esposo la va a llevar a un viaje a Europa, usted dice a mí no me han llevado ni a la panadería Europa. Cuando dice Pedro que hay que compartir las penas y las alegrías, es porque hay alegrías que no son nuestras, son de otros y qué vamos a hacer cuando otros son los que tienen alegrías, compartirlas, alegrarnos. Llega su vecina y le dice, te traigo la invitación, mi hijo se gradúa de la universidad. Usted se queda viendo y dice: mi hijo va a repetir el año. Leía una nota que puso una persona en un vehículo en el vidrio de atrás con cera líquida blanca para anunciar: se vende este carro. Solo que en lugar de poner ese anuncio puso “mi hijo va a repetir”. Imagínese usted entrando con su carro al condominio, eso para enseñarle una lección al pobre patojo haragán. Imagínese que usted es la persona que le puso a su carro ese letrero y le llega la vecina que le dice que su hijo se gradúa. Ya me ofreció que de su primer sueldo me va a dar la mitad.

            Hay alegrías que cuesta compartir, pero si queremos vivir en armonía tenemos que compartir como, dice el apóstol Pedro, las penas y las alegrías. Las penas también, usted se da cuenta que su vecina sufre un accidente, choca y le queda cicatriz en la frente y ¿usted la visita, la acompaña al hospital, le lleva un ramo de flores, le ofrece ayudarla con las compras de su casa mientras se recupera? O por el contrario, hace el comentario de que ella se creía muy chula, ahora va a quedar “tasajeada” la vieja esa. Si queremos vivir en armonía tenemos que compartir las penas y las alegrías, tenemos que aprender a buscar la paz y si queremos buscarla tenemos que poner a compartir las penas y nuestras alegrías.

           Nada muestra más el amor de Dios que cuando compartimos las penas y alegrías con otros. Para muchos a veces es más fácil compartir las penas y ayudar, porque el amigo está enfermo o sin dinero. Pero a otros se les hace más difícil compartir las alegrías porque se llenan de envidia de los logros o el cariño de otros. ¿Quiere ser una persona que promueva la convivencia armoniosa en donde se encuentra? No se preocupe solo por usted. Preocúpese por aquellos que están en penas y comparta su pena. ¿Qué es compartir su pena? Que usted le ayuda a llevar esa carga. Que usted se pone a las órdenes. Que usted apoya con dinero. Que usted apoya con su presencia y sus oraciones.

            No hay que ser egoísta. No hay que ser como aquel que se ganó un viaje para dos personas a Hawaii y él fue dos veces. Comparta con otros, qué alegría que yo pueda ir a Disney algún día a ver al famoso ratón Mickey, que acaba de cumplir 85 años, más viejo que yo, pero qué mejor si podemos llevar a uno de nuestros hijos o a todos nuestros hijos o a los hijos de nuestros hijos. Claro, qué cuesta meterse la mano en la bolsa y sacar la plata y comprar los boletos. Si usted tiene un familiar enfermo y sabe que el pobre está pasando el Niágara en bicicleta, que por negligente ni seguro médico tiene, por lo menos ayúdele a pagar el taxi para que se vaya al Hospital General. Comparta con él un poco de lo que Dios le ha dado.

           Vienen las fiestas navideñas y usted ni comer quiere porque está muy gordo, pues compre tamales y comparta con aquel que está necesitado de alimentos. En este mundo hay dos clases de gente, los que tienen más apetito que comida y los que tienen más comida que apetito, y algunos hemos pasado por las dos clases. Por aquella época en la que teníamos más apetito que comida, y por aquella en la que tenemos más comida que apetito. Yo me siento a comer con muchos de ustedes y el tema que siempre sale en la mesa es el de las dietas, que el colesterol, que los triglicéridos, que la comida, siempre tienen que sacar ese tema a la hora de la comida, deberían sacarlo el día de ayuno, pero como no ayunamos estamos que reventamos.

          Así que compartamos con el que sufre penas, no sea egoísta, no piense solo en usted, sea altruista. Usted no necesita nada, tiene más ropa que puede llevarse el resto de su vida, piense en alguien que no tiene y cómprele algo nuevo, aproveche las fiestas, haga una canasta con cosas que valen la pena y si hay chiquitos métales dulces y chocolates, porque también las viejas se los comen y lo viejos, pero pensemos en otros y démosles un poco, compartamos de lo que tenemos. Compartamos penas y alegrías para que podamos convivir en armonía.

           Además en la siguiente frase, dice Pedro, practiquen el amor fraternal. Ah, es que obras son amores y no buenas razones. Cómo te quiero mi vida, mi cielo, mi amor, pero este año no hay ni sueldo ni aguinaldo, me va a servir a mí para mi viaje del año entrante. ¿Usted cree que su esposo la ama si no le da para el gasto? De noviembre, de diciembre, de enero, febrero. Usted se queja de que su marido es muy parco, que su marido no le dice nunca te quiero. Es que muchos maridos somos así, puras tablas, pero si le entrega un buen gasto cada mes, dele gracias a Dios, sí la quiere. Ahí es una acción, es una demostración de amor de muchos maridos. Muchos maridos, muchos papás les cuesta decirle a sus hijos que los aman, pero les pagan el colegio, les dan su vestuario, les dan su alimentación, les dan su recreación, todo lo que quieren. Lo que les cuesta a estos pobres maridos y papás es llegar y decirle a su hijo: te quiero hijo, así que maridos quieren ahorrarse plata díganles te quiero. En vez de darles un gran regalo dígale te quiero mi hija, vení para acá te voy a dar un abrazo y un beso, quieres otro, te doy otro. Sale barato dar abrazos y besos mis estimados padres de familia, sale más barato que estarle comprando ropa y viajes, carros y lujos.

           Expresemos ese amor, practique el amor fraternal. El amor fraternal, es aquel amor propio de hermanos. Un hermano ama al otro simple y sencillamente porque es su hermano. Ningún hermano ama a su otro hermano porque es guapo, usted ama a su hermano porque es su hermano, usted no ama a su hermano porque es inteligente, aunque sea un bruto usted lo ama, porque es su hermano. Usted ama a su hermano aunque su hermano le caiga mal, porque hay hermanos que se caen mal a veces, sobre todo cuando son inmaduros y se están molestando uno al otro. Yo no escogí a mis hermanos, y estoy seguro que usted tampoco. Cuando usted llegó a su casa y estaban ahí los hermanos. Un día llegó su mamá y le dijo: mira te traje otro hermanito. Usted solo expresó un sonido, compartir el pan con otro, mis juguetes ahora ya son nuestros juguetes y empieza la lucha de dale tu juguete, préstale el juguete. Te voy a sonar si no le dar el juguete.

            La triste vida de los hermanos, sobre todo los que nacemos primero, nos cae el segundo, nos cae el tercero, el cuarto, el quinto y algunos que les ha caído la docena, pero nadie escoge a sus hermanos. Lo que nos queda con los hermanos aunque no los escojamos, es amarlos. A lo mejor usted entra a la iglesia y dice: pero si ahí está ese fulano, ese cuate yo lo conozco, es corrupto, pero es su hermano, decidió reconocer a Jesucristo como su Señor y Salvador igual que Zaqueo, se recuerda de Zaqueo que les cobraba a todos los impuestos, se convirtió. ¿Qué hizo Pedro? aceptar a Zaqueo como su hermano. Usted no puede pararse en la puerta y escoger, aquí entra este, este no, aquí todos entran, usted se va a juntar aquí con algunos ex asesinos, secuestradores, borrachos, mentirosos, estafadores, prostitutas, homosexuales, porque la Biblia dice que de tal manera amó Dios al mundo y ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en Él cree no se pierda sino que tenga vida eterna.

          Isaac y Rebeca se equivocaron, no practicaron la convivencia armoniosa y el resultado final fue la separación de la familia, tuvo que sufrir por tener a un hijo amargado porque el otro se había robado la bendición y fue hasta más tarde que Jacob buscó la paz, tomó la iniciativa, buscó a su hermano, le envió regalos. Estaba tan asustado Jacob que le mandó montones de ovejas para regalar a su hermano, montones de vacas, montones de camellos, un montón de cosas, con tal de ablandarlo y lograron la paz entre ellos. Por qué no la pueden lograr hoy los árabes y los judíos, si sus papás lo hicieron. Jacob y Esaú lograron reconciliarse, logaron hallar la paz, nosotros también podemos hallar la paz, si buscamos la paz, pero hay que ser compasivos, por eso dice 1 Pedro3:8, además el siguiente consejo, Pedro muy puntual: Compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos.

           Ser compasivo es importante, a lo mejor aquellos hermanos en la familia que van a la universidad unas pocas veces y se les queda todo, pero hay otro pobre que tiene que estar sembrado en sus libros hasta lograr entender y aun así sale raspado. Sea compasivo con el otro, ayúdelo, dele una mano. No todos somos iguales, hay algunos que son muy buenos y otros que son muy malos y tenemos que ser compasivos. Hay algunos que no sé por qué les va tan mal que dicen como aquel: a mí me van tan mal que si pongo circo me crecen los enanos, entonces hay que ser compasivos, no a todos les va muy bien. Uno quisiera que todos fueran bendecidos, inteligentes, prósperos y peludos, pero no todos. Hay algunos que tenemos que ser calvos, pero felices, qué importante es que nosotros tengamos compasión de aquel que necesita nuestra compasión.

            A veces pensamos que tenemos que ser compasivos porque este pobre se está muriendo de hambre. Pero hay algunos que no se están muriendo de hambre, pero tienen problemas con sus hijos, ni uno le salió bueno. Todos están mal, ni uno lo respeta, ni uno lo ama, ni uno les hace caso. ¿Qué podemos hacer nosotros con este hermano, amigo, compañero que sufre porque les dio todo lo material pero ningún hijo lo ama ni lo respeta? Seamos compasivos. ¿Por qué tenemos que ir a presumir todo el tiempo de los logros de nuestros hijos, de nuestros nietos? Mejor ni les digamos nada, él lo ve, lo sabe, pero seamos compasivos con él. No seamos separadores de relaciones sino constructores de puentes. Pregúntese ¿cómo me sentiría si yo estuviera en su lugar? Si yo estuviera en el lugar de este hombre que la mujer le fue infiel con su mejor amigo y el pobre anda hecho pedazos. Qué triste, póngase en su lugar, sea compasivo. ¿Qué haría yo si la chata me fuera infiel? ¿Cómo me sentiría? ¿Cómo me sentiría yo si yo fuera el que mis hijos iban en su carro y de repente perdieron el control, se fueron a un barranco y se murieron todos?

          La gente es cruel, en lugar de sentir compasión y decir ¿cómo me sentiría yo si mis hijos los que iban ese vehículo que se embarrancó? Hay que ser compasivos, tener empatía y ponernos en el lugar de aquel que ha sufrido.

            Y sigue diciendo Pedro, sean compasivos y humildes. Pregúntese ¿es usted humilde o se cree la gran cosa? ¿Cómo es usted, se cree la mamá de Tarzán, la última Pepsi en el desierto? ¿Se cree la mamá de los pollitos? Es increíble cómo la gente después de ciertas circunstancias que se dan en su vida, alcanzan un puesto en el gobierno, alcanzan una posición de gerencia, de presidencia en una gran empresa y de pronto cambia su situación y su estatus. Hay algo que pasa en la cabeza de muchos, se les hincha la cabeza, pero se les encoge la corona, por qué, porque se llenan de humo, se inflan, se van como el globo para arriba, sin darse cuenta que por allá se les va a acabar el humo y se van a quemar y se van a destruir.

          Por eso es importante ser humilde. Es triste ver a gente que de pronto se les llenó de ínfulas la cabeza y dos o tres años después andan en la llanura, escondiéndose porque los persigue la policía, hay orden de captura. Yo ya no me junto con los de esa chusma, así decía doña Florida Meza, no te juntes con esa chusma. Usted todavía piensa que todavía hay chusma y que usted ya no es de esa chusma, sea humilde. Si le toca estar con aquellos de la chusma, recuerde que usted también, a lo mejor estuvo en un tiempo con ellos, ámelos, sea humilde. He aprendido que la verdadera grandeza está en la sencillez. Puede ser una persona famosa, muy rica, muy poderosa, muy intelectual, pero hay que ser humilde. Cualquier persona que sea rica y arrogante cae mal, cualquier persona famosa y arrogante, cae mal, vivirá aislado, vivirá lejos.

          Sí, solo en su mundo de fantasía, pero no tendrá amigos, no tendrá buenas relaciones, no tendrá convivencia en armonía. Siempre va a tener ataques completos, choques, pleitos, celos, iras, contiendas, porque dejó que el orgullo se le subiera. Con el primero con el que va a tener problemas es con Dios, porque la Biblia dice que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Así que no importa el carro o la casa que usted tenga, sea humilde, porque las cosas pueden desaparecer de un día a otro como le pasó a Job, que se quedó de un día para otro sin nada, enfermo con llagas en todo el cuerpo, pero lo importante es la convivencia en armonía.

          Cuando usted está viviendo en armonía con Dios y con toda la gente, aunque usted esté sin un centavo, siempre tendrá lo que necesita, porque Dios suplirá todo lo que les falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Sea humilde, he aprendido amar y saludar a Raymundo y a todo el mundo. Estamos en cualquier restaurante, vamos por cualquier centro comercial y me saludan, Pastor, me da gusto saludarlo, soy católico, pero yo veo su programa en Canal 7 los domingos, mire Pastor, gracias por sus mensaje. La gente se acerca y yo tengo que ser humilde, saludarlos y decirles muchas gracias, Dios le bendiga. Salude a Raymundo y a todo el mundo y usted va a promover la convivencia en armonía. Salude al más encumbrado y salude al más desdichado, a todo el mundo, busque la paz, busque la armonía. Sea humilde.

           1 Pedro 3:8-9: “En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen el amor fraternal, sean compasivos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición”. Ah, es usted de aquellos que dicen: yo por bien soy bueno, pero si me tratan me sale lo zacapaneco, el apellido se me sube, lo étnico se me sale. No devuelvan mal por mal. Estamos condicionados para devolver lo que nos dan, nos saludan, saludamos. Nos abrazan, abrazamos. Nos insultan, insultamos, pero aquí Pedro dice: no devuelvan mal por mal. No insulten, yo he dicho muchas veces a la congregación, sobre todas a los más jóvenes, pero hoy a cualquiera se le aplica: no respondan insulto con insulto, porque lo más probable es que va a sufrir las consecuencias del pleito, de la muerte, del balazo. Tenemos que aprender a no devolver mal por mal.

          Y si alguien le hizo daño, siga el ejemplo de nuestro Señor, a Jesús lo desnudaron, le arrancaron la barba a puros jalones, lo coronaron con espinas, lo clavaron en una cruz y al final lo que Jesús dijo fue: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Ese es el ejemplo de Jesús, perdónalos. Si algo tenemos que hacer nosotros cuando un hijo imprudentemente, neciamente nos ofrende, nos insulta, no es devolverle otro insulto, porque para eso somos especialistas, somos buenos para insultar. No devuelvan insulto con insulto, más bien, bendigan, dice la Escritura.

           Su mujer lo insulta, no le devuelva el insulto, porque se va a volver una cadena interminable de insultos, bendiga. Y entonces, sí lograremos practicar el amor fraternal y vamos a ver que es bueno tener convivencia en armonía. Hemos visto de Pedro cómo nos aconseja actuar para ser de los que fomentan la armonía.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…