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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Todos, alguna vez, hemos sido escobas nuevas. ¿Recuerda cuando entró por primera vez a su primer trabajo, contento? ¿Recuerda cuando comenzó su matrimonio? Por lo general con mucho entusiasmo, haciendo las cosas bien hechas. A menudo empezamos bien, pero terminamos mal, de tal manera que muchas veces nos preguntamos ¿qué le pasó a esta persona, también que iba, cómo trabajaba de bien y ahora está haciendo las cosas mal? por eso es que hoy queremos hablar de cómo podemos empezar bien y a veces terminar mal, eso es precisamente lo que le ocurrió al rey Salomón. Recientemente hablábamos que el rey Salomón es un ejemplo en el sentido de que empezó bien, empezó su reinado, tuvo un encuentro con Dios y Dios le dijo pídeme lo que quieras. Y pidió el rey sabiduría para gobernar.

Eso es lo que dice en 1 Reyes 3:7-15 “Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme. Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición, de modo que le dijo: —Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después. Además, aunque no me lo has pedido, te daré tantas riquezas y esplendor que en toda tu vida ningún rey podrá compararse contigo. Si andas por mis sendas y obedeces mis decretos y mandamientos, como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida. Cuando Salomón despertó y se dio cuenta del sueño que había tenido, regresó a Jerusalén. Se presentó ante el arca del pacto del Señor y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Luego ofreció un banquete para toda su corte”.

Salomón empezó bien, reinó sobre Israel he hizo cosas grandes, porque Dios se lo había prometido. Bajo su reino abundaron en Judá e Israel la comida, la bebida y la alegría. 1 Reyes 4:20-21 dice: Los pueblos de Judá y de Israel eran tan numerosos como la arena que está a la orilla del mar; y abundaban la comida, la bebida y la alegría. Salomón gobernaba sobre todos los reinos desde el río Éufrates hasta la tierra de los filisteos y la frontera con Egipto. Mientras Salomón vivió, todos estos países fueron sus vasallos tributarios”. Si algo deseamos en la vida diaria es que abunde la comida, la bebida y la alegría. Este sería un buen eslogan para un partido político. “En nuestro gobierno abundará la comida, la bebida y la alegría”, un pueblo alegre, un pueblo feliz y un pueblo bien alimentado. Mire a su vecino y mire si es parte del 50 por ciento de desnutridos que hay en Guatemala. Alégrese de que en el pueblo de Dios, Él hace que abunde la comida, la bebida y la alegría. Un pueblo que está bien alimentado, es un pueblo feliz.

 Hay una sentencia popular que dice “barriga llena, corazón contento”, por eso me gusta verlos contentos, es bueno estar bien alimentados y estar satisfechos y contentos. Salomón logró que en su reino no hubiera desnutridos, todos tenían comida, bebida y alegría. En 1 Reyes 4:25 Durante el reinado de Salomón, todos los habitantes de Judá y de Israel, desde Dan hasta Berseba, vivieron seguros bajo su propia parra y su propia higuera”. La Biblia dice: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré (Salmo 91 RV60). El Señor nos guarda, hay seguridad cuando estamos bajo la poderosa mano de Dios nuestro Señor.

Salomón sí logró darle seguridad a su pueblo, en su reinado dice que cada uno vivió seguro. A nosotros nos cuesta vivir seguros, cuántos antes de acostarse revisan si están con llave las puertas, y si tienen el candado puesto, la tranca, la barreta, el perro afuera, la alarma puesta, ¿por qué?, porque queremos vivir seguros. De vez en cuando tienen que llevarme a mi casa documentos que necesito firmar para la oficina y a veces prefiero que me lo pasen entre las rejas de la puerta, antes que ir a buscar la llave para abrir. Pienso que estamos presos en nuestra propia casa, buscando seguridad. Y los que tienen una tienda, una farmacia, una ferretería hacen su propia jaula y ahí están enjaulados los pobres vendedores, dueños, despachando a sus clientes los productos, porque queremos vivir seguiros. La Biblia dice que si el Señor no guarda, en vano vela la guardia, pero cuando el Señor guarda, aunque usted no tenga guardia Él está con usted y esa es la seguridad.

Salomón tuvo un reinado maravilloso. Y miren lo que comía Salomón y toda su corte, 1 Reyes 4:22-23,27-28 “La provisión diaria de Salomón era de seis mil seiscientos litros de flor de harina y trece mil doscientos litros de harina, diez bueyes engordados y veinte de pastoreo, y cien ovejas, así como venados, gacelas, corzos y aves de corral”. Usted se preocupa porque tiene que alimentar a cinco, imagínese a Salomón tenía que alimentar a cientos que estaban trabajando con él. Así que todos los días se destazaban diez bueyes engordados y veinte de pastoreo. Treinta bueyes se comían todos los días. Claro usted no sé cuántos bueyes se ha comido de bistec en bistec, de pedacito en pedacito se ha comido un gran buey a estas alturas de la vida, pero este se los comía a diario con toda su gente. Continuamos: Los gobernadores, cada uno en su mes, abastecían al rey Salomón y a todos los que se sentaban a su mesa, y se ocupaban de que no les faltara nada. Además, llevaban a los lugares indicados sus cuotas de cebada y de paja para los caballos de tiro y para el resto de la caballería”.

No tenía problemas de recaudación tributaria, Salomón tenía ingresos en abundancia para él. El versículos 26 dice: “Salomón tenía doce mil caballos, y cuatro mil establos para los caballos de sus carros de combate”. Aquí es noticia cuando aparece nuestro presidente, nuestro alcalde o algún funcionario en algún caballo de esos lindos en las ferias de los pueblos, pues Salomón no tuvo tiempo para subirse a todos los caballos que tenía. Los versículos 29-32 dicen: “Dios le dio a Salomón sabiduría e inteligencia extraordinarias; sus conocimientos eran tan vastos como la arena que está a la orilla del mar. Sobrepasó en sabiduría a todos los sabios del Oriente y de Egipto. En efecto, fue más sabio que nadie: más que Etán el ezraíta, y más que Hemán, Calcol y Dardá, los hijos de Majol. Por eso la fama de Salomón se difundió por todas las naciones vecinas. Compuso tres mil proverbios y mil cinco canciones”.

El hombre no solo estaba lleno de sabiduría sino lleno de capacidad para escribir esa cantidad de proverbios y canciones. Alguna vez uno cree haber compuesto alguna canción, no es fácil. Salomón sí tenía esa gracia. La reina de Sabá vino a visitarlo para conocer su reino y oír de su sabiduría y dice la Biblia que la reina le dijo: lo que me dijeron, la fama que me llegó de ti, por la que yo estoy aquí ahora, no es ni la mitad de lo que yo he visto y oído aquí en tu presencia. Por eso es tan importante reconocer que Salomón comenzó muy bien. El hombre sabía, el hombre era sabio, dice el versículo 33 que “Disertó acerca de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en los muros. También enseñó acerca de las bestias y las aves, los reptiles y los peces”. Era muy docto Salomón por eso dice en el versículo 34 “Los reyes de todas las naciones del mundo que se enteraron de la sabiduría de Salomón enviaron a sus representantes para que lo escucharan”.

 Salomón empezó bien, pero… cuando uno dice pero se prepara para lo peor. Salomón comenzó bien, pero terminó mal. Y ese es el problema de muchos. Empiezan bien, pero terminan mal, cuando vemos a un Salomón que no le hacía falta nada, no nos podemos imaginar a alguien que se alejara de Dios, pero el rey es recordado no solo porque pidió sabiduría sino que terminó su vida desviándose del favor de cada una de las bendiciones. Eso es muy triste, una persona que empieza bien y termina mal, porque empieza a alejarse de Dios, empieza a separarse, empieza a hacer cosas que no esperaría uno que hiciera un siervo del Señor.

 Vean los que le pasó a Salomón 1Reyes 11:1-13: “Ahora bien, además de casarse con la hija del faraón, el rey Salomón tuvo amoríos con muchas mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonitas e hititas, todas ellas mujeres extranjeras, que procedían de naciones de las cuales el Señor había dicho a los israelitas: «No se unan a ellas». Una y otra vez les decimos a nuestros jóvenes y señoritas, a nuestros viudos y viudas: no se unan en yugos desiguales, qué comunión tiene la luz con las tinieblas, ¿por qué se va a casar con alguien que no es del pueblo de Dios?, pero una y otra vez vemos a jóvenes y señoritas, hombres y mujeres adultos casarse con alguien que no es del pueblo del Señor. Y cuando usted se casa con alguien que es hijo del diablo, ya sabe quién será su suegro. Es muy importante que escoja bien, muy importante que el matrimonio se construya sobre una base de unidad, de fe y de muchas cosas más.

Así que Salomón se casó con tales mujeres y tuvo amoríos, ellas seguían a otros dioses. Tuvo setecientas esposas que eran princesas, y trescientas concubinas; todas estas mujeres. Imagínese si usted durmiera con una, la volvería a ver dentro de dos años. Setecientas esposas, cuidar de setecientas suegras. Cuando usted se casa, no es solo con la novia, hay que entender esto, no se casa solo con su pareja, tiene que aceptar todo el combo. La oferta incluye un combo y el combo trae cuñados haraganes, cuñadas borrachas, suegras chismosas, hermanas shutes, tiene que agarrar todo el combo. Por eso es importante que cuando se vaya a casar piense en toda la pareja y piense en todo lo que trae la pareja.

Ella viene caminando viene jalando una carretada de cosas que no podrá evitar.

Ahora imagínese a Salomón, setecientas esposas, princesas y no solo eso, sigue diciendo y trescientas concubinas. Mil, como diríamos en Guatemala, por docena es más barato, pero Salomón dijo por millar. Y esa fue su gran caída, todas esas mujeres hicieron que se pervirtiera su corazón. Señora usted tiene la llave para entrar al corazón de su esposo o lo pervierte o lo santifica. Usted hace de su esposo un hombre que se aleja de Dios o puede hacer de su esposo un hombre que se acerca a Dios. Usted como esposa tiene la influencia para ayudarlo. Por eso dice la Biblia que la mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba. Por eso es tan importante esta relación de marido y mujer, pero Salomón no se conformó con tener una buena esposa, una suegra, una familia, sino que se lanzó a tener mil.

 En efecto, dice en los versículos 4-8 Salomón llegó a viejo, sus mujeres le pervirtieron el corazón de modo que él siguió a otros dioses, y no siempre fue fiel al Señor su Dios como lo había sido su padre David. Por el contrario, Salomón siguió a Astarté, diosa de los sidonios, y a Moloc, el detestable dios de los amonitas. Así que Salomón hizo lo que ofende al Señor y no permaneció fiel a él como su padre David. Fue en esa época cuando, en una montaña al este de Jerusalén, Salomón edificó un altar pagano para Quemós, el detestable dios de Moab, y otro para Moloc, el despreciable dios de los amonitas. Lo mismo hizo en favor de sus mujeres extranjeras, para que éstas pudieran quemar incienso y ofrecer sacrificios a sus dioses.

Las setecientas esposas eran princesas de otros reinos, cada persona traer un bagaje cultural de su propio país y por eso yo creo que no debemos discriminar a nadie ni por su raza, ni por su color de piel, pero si usted se casa siendo un guatemalteco con una persona africana ya sea de raza blanca o negra, van a tener distintos conceptos. Cada princesa que venía de distinto país traía su propia religión, su propia manera de hablar y Salomón por quedar bien con su mujer, cuántos esposos por tratar de quedar bien con su mujer están bien ensartados con muchas deudas. “Yo quiero una casa acá, aquí porque están baratas, cerca de la escuela. No, quiero una casa allá donde vale cinco veces más”, y los hombres se enjaranan, se endeudan por quedar bien con su mujer.

Salomón no solo hizo el templo famoso de Salomón, sino hizo un templo a Moloc, otro a Astarté, otra a Quemós. Para trasladarlo a nuestro contexto, imagínese que el Pastor Jorge dispusiera, después de haber tenido el privilegio de trabajar en la construcción de este hermoso Mega Auditórium y el otro lindo Auditórium en la Roosevelt, y les dijera: quiero que hagamos una promesa de fe, vamos a hacerle un templo a Maximón. Eso mismo fue lo que le pasó a Salomón, después de haberle hecho un templo a Dios, hace un templo a Moloc, cómo puede uno desviarse. Pero ahora que hicimos esto a Maximón vamos a hacer uno para todos los que quieren practicar espiritismo. Salomón empezó bien, pero terminó mal. ¿Culpa de quién? De las mujeres.

Eso dice aquí, las mujeres le pervirtieron el corazón. Yo las amo mujeres, pero ustedes pueden hacer mucho bien o mucho mal. Ahí les encargo, háganle bien a su esposo, no lo lleven por malos caminos, llévenlo por buenos caminos. No m’ijito, mira estamos en una gran necesidad, aceptá la oferta que te hizo tu primo, te vas a ir una vez cada quince días a España, llevas un poco de droga y salimos de las deudas. En cambio usted puede decir, no m’ijo, aquí estamos con gran necesidad, pero no te metas. Sí, ahí está tu primo con sus veinte carros, trece fincas, catorce casas, helicópteros y aviones, pero mira, aquí estamos en paz, contentos, tranquilos, felices sirviendo en la Fráter, una célula en nuestra casa, nuestros hijos metidos en la Zona de Campeones, estamos contentos con lo que Dios nos da. No terminemos mal como Salomón.

¿Qué fue lo que pasó? Entonces el Señor, Dios de Israel, se enojó con Salomón. Usted se pregunta Dios es amor ¿será que Dios se enoja? ¿Quería un ejemplo? Aquí hay un ejemplo, Dios se enojó con Salomón, usted dirá ¿pero si yo peco aquí, caigo allá y no me pasa nada? Espere, tenga paciencia, así dijo Salomón, ya tengo una, ya tengo a dos, tengo cinco, tengo diez, tengo veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, un millar y no pasa nada. Llega el momento. Entonces el Señor, Dios de Israel, se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado de él, a pesar de que en dos ocasiones se le había aparecido para prohibirle que siguiera a otros dioses. Como Salomón no había cumplido esa orden, el Señor le dijo: «Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a uno de tus siervos. No obstante, por consideración a tu padre David no lo haré mientras tú vivas, sino que lo arrancaré de la mano de tu hijo. Y a éste, también por consideración a mi siervo David y a Jerusalén, no le quitaré todo el reino, sino que le dejaré una sola tribu, la cual ya he escogido.»”.

Así que podemos decir que Salomón comenzó bien, pero terminó mal, si usted ha comenzado bien, hágame el favor continúe bien, termine bien, siga bien. Dígale a su vecino, empiece bien. Hay que comenzar, continuar y concluir. Hay muchos que comenzaron mal, pero gracias a Dios terminaron bien. Yo prefiero ser de esos que comenzaron mal pero que terminaron bien, y no ser de aquellos que empiezan bien, pero terminan mal.

Ejemplo de una persona que empezó mal pero terminó bien. 1 Corintios 15:9 nos habla del apóstol Pablo cuando todavía tenía su nombre anterior, Saulo de Tarso. ¿Cómo comenzó Saulo en su juventud? Comenzó como un linchador de cristianos, un perseguidor de la iglesia Cristiana y dice 1 Corintios 15:9 “Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios”. Yo sé que aquí entre ustedes hay algunos que en su juventud persiguieron a la iglesia de Dios en su pueblo, en su barrio, había un grupito de cristianos que se reunían a cantar y a orar todas las noches y usted pasaba enfrente de la iglesia y les gritaba barbaridades, les tiraba piedras, hablaba mal de ellos, se burlaba de ellos. Usted comenzó mal como Saulo, lo bueno es que está terminando bien, porque ahora está aquí con nosotros, cantando y diciendo aleluya, gloria a Dios, con un corazón agradecido por lo que Dios ha hecho en su vida.

A veces empezamos mal, pero terminamos bien. Pablo fue testigo de la muerte de cristianos como Esteban, en Hechos 7:54-60 dice, “Al oír esto, rechinando los dientes montaron en cólera contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. — ¡Veo el cielo abierto —exclamó—, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios! Entonces ellos, gritando a voz en cuello, se taparon los oídos y todos a una se abalanzaron sobre él, lo sacaron a empellones fuera de la ciudad y comenzaron a apedrearlo. Los acusadores le encargaron sus mantos a un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba. —Señor Jesús —decía—, recibe mi espíritu. Luego cayó de rodillas y gritó: — ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado! Cuando hubo dicho esto, murió”.

En el capítulo 8: 1 dice: “Y Saulo estaba allí, aprobando la muerte de Esteban. Aquel día se desató una gran persecución contra la iglesia en Jerusalén, y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria”. Porque Saulo que después llegó a ser el apóstol Pablo, estaba persiguiendo con muchos más a la iglesia de Cristo. Capítulo 9:1-2 dice: “Mientras tanto, Saulo, respirando aún amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de extradición para las sinagogas de Damasco. Tenía la intención de encontrar y llevarse presos a Jerusalén a todos los que pertenecieran al Camino, fueran hombres o mujeres”. Lamentablemente a través de los siglos han habido grupos que han perseguido a los cristianos y ahí estaba Saulo en esa persecución, pero dice en Gálatas 1:22-24, “Pero en Judea las iglesias de Cristo no me conocían personalmente. Sólo habían oído decir: El que antes nos perseguía ahora predica la fe que procuraba destruir. Y por causa mía glorificaban a Dios”.

 El apóstol Pablo comenzó mal, pero terminó bien, con la fe puesta en Dios. Es en la última carta que escribió, es en donde encontramos sus últimas palabras. Estas palabras debieran ser las últimas que cada uno de nosotros debemos decir antes de nuestra muerte. Por cada ser humano que muere hay uno que nace, todo ser humano que nace se muere, nos enseñan en la escuela: el hombre nace, crece, se reproduce y muere. No sabemos cuándo, pero en cualquier momento llegará la muerte. Un grupo de servidores estaba en su reunión de pre servicio, hace muchos años en Fráter Roosevelt, y ahí estaban sentados, de repente un servidor vio que el otro se le recostó en el hombro, creyó que se estaba durmiendo, pero no, se estaba muriendo, de ahí lo llevaron al IGSS y ahí falleció.

Anoche me contaba a un servidor que estaba de turno en la Roosevelt: mi hermano murió en julio, estaba reunido con todo el Consejo de las Iglesias de la Misión Centroamericana en Zacapa o Jutiapa. Les habló a todos, hizo una oración, se sentó y murió. Es importante que estemos preparados para cuando llegue la muerte. La pregunta es ¿cuáles van a ser sus últimas palabras que va a decir antes de su muerte? ¿Cuáles son sus últimas palabras? Es muy importante, usted piense, porque esas palabras van a tener mucho que ver con el resto de su vida.

En 2 Timoteo 4:6-8 están las últimas palabras que pronunció el apóstol Pablo: “Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. Es interesante que Pablo ya supiera que el tiempo de su partida había llegado, a los mejor muchas veces uno ya presiente, siente que se va a morir. Recuerdo a un hermano que lo mataron enfrente de su oficina, dijo esa misma semana en su grupo de Desayuno de Desarrollo Integral, algo así “esta podría ser la última vez que estoy con ustedes” y así fue, Pablo dijo: el tiempo de mi partida ha llegado.

Cada día que vivimos nos acercamos más al día de la partida, así que ya no le pegue a su marido. El día de la partida está cerca, ya no maltrate a su mujer, el día de la partida está cerca. He peleado la buena batalla. No hay vida cristiana sin pelea, tenemos que luchar. La Biblia dice que nuestra lucha no es contra sangre y carne, es contra principados, potestades, gobernadores de tinieblas, milicias espirituales, pero que es una batalla, es una batalla en contra de la pereza, es una batalla en contra de la dejadez, es una batalla en contra de la miseria, es una batalla en contra de la tentación, precisamente para no caer. He terminado la carrera. Los cristianos tenemos que correr una carrera, pero una cosa es empezar, la mayoría de los que estamos aquí hemos empezado la carrera, ahora nos queda terminarla. Ya vamos llegando a le meta.

También la carrera universitaria que usted empezó termínela. Ayer a los 41 años de edad Jorge Erdmenger, nuestro director de células, celebró su graduación como Licenciado en Informática y Administración de Negocios. Estaba muy contento, estaba contenta su mamá, contenta su esposa, contentos sus hijos. Todos estábamos muy contentos. No importa, cuarenta y un años, termine su carrera. Hemos leído de personas que a los 80 años han terminado una carrera en la universidad. Si usted tiene quince años de estar pensando hacer la tesis o su examen privado termine la carrera. No sea haragán, no sea dejado, termine la carrera. No se desanime, termínela, hay otros igual que usted en la carrera, termínela. Empezó un proyecto, termínelo. Empezó una casa, termínela. Empezó un matrimonio aguántese hasta que se acabe.

Me he mantenido en la fe. Si algo es importante es eso, mantenerse en la fe. Salomón no se mantuvo en la fe, agarró para estos dioses, agarró para otros dioses y eso causó su caída. Usted manténgase en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida”. Entonces la pegunta para nosotros es ¿Cómo está viviendo hoy? ¿Ha comenzado bien como el rey Salomón o mal como el apóstol Pablo? ¿Refleja su estilo de vida la vida de Cristo o está viviendo lejos da la voluntad de Dios? ¿Comenzó bien como el rey Salomón pero la bendición, la prosperidad o la adversidad lo apartaron de Dios? ¿Comenzó mal, encontró a Jesús, pero está viviendo lejos de él? Yo conozco a mucha gente que comenzó mal, pero encontró a Jesús y tuvo una vida preciosa, pero luego se apartó del Señor. ¿Está dispuesto a mantener la fe aún en medio de la abundancia de Salomón o de la adversidad del Apóstol Pablo? Porque en la vida llegan épocas de abundancia y prosperidad, pero pueden llegan épocas de limitaciones, adversidad y de escasez.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…