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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

            Leemos en el libro de Efesios que nosotros somos la obra maestra de Dios, pero a veces permitimos que circunstancias de la vida nos deformen en algo que no es lo que Dios desea. En Filipenses 3:13 dice, Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante (Reina Valera 1960). Entonces nos hacemos la pregunta ¿qué cosas que están atrás debemos de olvidar? Son las que nos detienen para continuar adelante. Una de ellas son éxitos en el pasado, gracias a Dios que muchos de nosotros tenemos testimonios de milagros que Dios ha hecho. A pesar de nuestras debilidades, Él ha manifestado su fortaleza, su capacidad por medio de nuestras vidas, pero tenemos el peligro, a veces, de caer en un síndrome en el que se dice: ya he alcanzado todo, ya estuve ahí, he hecho esto, me puse la camiseta, ya es tiempo que otros lo hagan.

            Pero eso no es parte del acuerdo que recibimos cuando entramos por fe en Cristo Jesús al reino de Dios, porque Jesús dio una gran comisión y ahí no hay jubilación, el compromiso de la iglesia continuará hasta el retorno de nuestro Señor Jesucristo. Cuando nosotros aceptamos a Jesús, también aceptamos ser sus discípulos y entrar en la Gran Comisión. A veces en la vida suceden cosas, por ejemplo, los abuelos que se dedican a los bebes, y abuelos que ya dieron instrucción, sostuvieron, educaron, cuidaron, protegieron, amaron a sus hijos, se casan y tienen bebés y los abuelos dicen ya hemos hecho nuestra parte. Estos años van ser nuestros, vamos hacer lo que soñamos hacer.

            Pero ya libres de responsabilidades de familia, cuando de repente sucede algo en la vida de los hijos y los nietos caen en el hogar de los abuelos que dicen esto no es el plan, eso no es justo. Yo ya hice esto, no quiero volver a empezar en este mismo escenario. Pero sabes, Dios tiene un propósito en la vida de esos nietos y Dios te ve y sabe que tú no vas a quedar callado ni sentado, ni perezoso sino accionando adentro de un problema, para convertirlo en una bendición, de seguridad y provisión, de educación y amor a los nietos.

            Un hombre que trabaja toda su vida, levantando una empresa, ya está grande, tiene más de cien empleados y tiene la esperanza que sus hijos que educó van a venir y van a manejar el negocio y él puede ir a Europa, puede jugar golf todo el día, puede gozar de la siesta, él puede hacer lo que soñaba hacer. Pero de repente los hijos anuncian que no tienen ningún interés en la empresa y se van por otro rumbo. ¿Qué hace él con cien empleados que ese trabajo es su sostén? ¿Qué hace él con la clientela, dejar lo que ha levantado? Tiene que apretarse el cinturón y decir: Señor, no puede comprar la camiseta que dice: ya lo hice, ya me puedo jubilar. Yo tengo que entrarle aquí, con nueva creatividad y nueva energía.

            Él busca personas fieles, vidas dispuestas a servir el propósito. Es bueno tener sentimientos reflexivos de pensar en las cosas que han sucedido en el pasado. Yo vengo aquí a veces para compartir asuntos de la memoria de lo que Dios hizo en mi pasado, pero hermanos, yo no estoy viviendo en el pasado, espero nuevas aventuras ahorita, en el presente. Gracias por lo que Él hizo ayer, Él quiere hacer aún mayor y abundante las cosas de hoy, porque mi fe se ha incrementado, la sabiduría está un poco más arriba, Dios quiere hacer mayores cosas en tu vida cada día. Yo quiero presentarles a una mujer muy querida, mi madre, quiero que la conozcan cuando estaba en la década de los 80.

             “Fui una misionera de fe por 36 años en México. Luego sufrí una embolia, que me dejó paralizada, prisionera a una silla de ruedas, y me dejó sin la capacidad de hablar, podía pensar, pero mi cerebro no podía coordinar las palabras para que fueran expresadas por mi boca. Mi hijita Sandra me cuidó, se hizo cargo de mí, de mis cuidados, pero era tan intensivo el cuidado necesario en mi condición, que buscó gente que la ayudara. Un día, yo escuché a las enfermeras hablar con mi hija con una voz muy fuerte, regañándola, diciéndole: tu mamá llora muchas horas, cada día. Llora con sollozos fuertes, ella necesita algo que tú no le estás dando y ni siquiera estás presente cuando ella llora desesperadamente. Yo escuché a las enfermeras y les quise decir que cuando me veían con lágrimas bañando mi rostro, no era por necesitad o por tristeza, sino era por el diálogo íntimo que sostenía con Jesús en la oración. Soy una mujer de oración, oro todos los días, cada día, es mi vida. Mi hija llegó y me preguntó: Mamá, ¿me dicen que pasas mucho tiempo llorando? ¿Tienes hambre? ¿Tienes dolor? Respondí moviendo mi rostro que no. ¿Hay algo que te falta que no estoy descubriendo? Y le contesté con un movimiento negativo con mi cabeza, después de una pausa mi hija preguntó: mamá, ¿será posible que estés intercediendo, que estés orando? Asentí con la cabeza.

            Cuando Jesús me asignó como su misionera en México, uno de mis grandes tareas era orar. Me levantaba todas las mañanas a las cuatro, y de cuatro a siete de la mañana tiraba mi colchita en el piso, me acostaba boca abajo, y empezaba a orar con gemidos, con lágrimas, con llanto, intercediendo por el legado espiritual de México. Eso, quise comunicarlo a todos pero no pude. Le dije a mi hija, bueno, lo pensé en mi mente: Hija, yo estoy orando, estoy hablando con Jesús, estoy intercediendo por ti, por la obra y el ministerio que brote de tu vida y no solamente para ti sino para el legado espiritual de la próxima generación. Yo pensé las palabras, pero no las pude expresar, lo único que ella sintió y que yo sentí y otros vieron era cuando yo tocaba el brazo de mi hija y le decía, “bam, bam, bam , bam.” La única palabra que podía expresar. La embolia no pudo detener mi llamado, tan poco la enfermedad y no poder hablar ni caminar podían bloquear el destino y el llamado que Dios me había hecho. Mientras saliera aliento en mí, yo iba a terminar mi caminata, yo iba a obedecer hasta el fin. Y seguí orando por el legado espiritual de la próxima generación”.

            Nosotros no cesamos, seguimos adelante, no nos detenemos por los éxitos en el pasado, aunque los recordamos y damos gracias a Dios por ellos, pero en toda circunstancia, en toda etapa, en cada situación Dios nos está llamando para vivir la vida en plenitud y para servir a la humanidad en el amor de Él, en la fuerza de Él y en el ánimo de nuestros corazones. La vida no está definida por los fracasos, tenemos que olvidarlos. El perdón de pecados nos califica para un servicio presente. Cuando nosotros hemos caído y comprendemos la gracia de Dios en nuestra vida somos generosos para ofrecer la misma gracia a los demás. Porque nos levantamos y seguimos adelante.

            En Isaías 43:25 dice, Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados (Reina Valera 1960). Todos hemos pecado, todos hemos cometido errores, todos tenemos cosas vergonzosas en nuestras vidas que nos degradan, que nos dejan en humillación, que nos dejan con gran pena y entendemos que merecemos castigo, pero en vez de castigo Cristo nos ofrece perdón si venimos a él y pedimos perdón, lo recibimos y lo reconocemos, pero tenemos que producir frutos de arrepentimiento y uno de los mayores frutos de arrepentimiento no es solamente recibir el perdón de Dios, sino perdonarte a ti mismo, porque si no lo haces tú mismo cancelas todo lo bueno que Dios quiere dar a tu vida. Pablo lo hizo, estaba en persecución de la iglesia primitiva y cuando Jesús llegó a él su vida cambió, aunque muchos cristianos de aquel tiempo tenían desconfianza y temor, porque pensaban que era imposible que hubiese cambiado tanto. Tú que estás aquí, has pasado por fraude, has cometido adulterio, has mentido tanto que la gente no te cree, pero llega Jesús y le pides perdón, Él te lava con Su sangre, te renueva y te da promesas de vida. No desmayes, porque otros desconfían de ti, lo importante es la opinión de Dios. La segunda opinión más importante es la tuya, que tú crees que eres aceptado y perdonado. Ten paciencia con los desconfiados, con el tiempo verán la trayectoria de la gloria de Dios y su favor sobre tu vida y serán reconciliados contigo.

            Miren lo que hizo David, adúltero, mentiroso, asesino, con abuso de poder, siendo rey y pastor de Israel, pero era un hombre conforme al corazón de Dios. Con todos los pecados de su vida y decimos ¿cómo puede ser que sea amado según el corazón de Dios? Porque cuando él clamó a Dios y dijo: yo merezco morir, merezco destrucción por lo que he hecho, pero caigo sobre tu misericordia, caigo sobre tu gloria Señor, y el Señor lo perdonó, pero David se perdonó también, porque se levantó, cumplió su destino como líder de Israel. Las personas afectadas por su pecado nunca lo soltaron y ellos murieron prematuramente y en miseria por no soltar el daño que hizo David. Eso es injusto, nadie dijo que las cosas que Dios balancea tienen entendimiento para nuestra manera de medir los asuntos. Dios perdona y olvida, borra el pecado. Y honró a David porque también soltó, dejó a la gracia de Dios sus errores, Dios lo coronó de favor, tú tienes y yo tengo que entender eso.

                Si tú quieres bendecir a Dios arrepiéntete de tus pecados, recibe su perdón y perdónate a ti mismo y levántate en pos de Él, negándote y yendo en pos de lo que Él desea para tu vida. Eso da una sonrisa a Dios, un alivio a Dios, porque el sacrificio de su Hijo Jesucristo, se cumple en ti, que la sangre que Él derramó en la cruz del calvario es aplicado a tu vergüenza y tu pena, esto da gozo en el cielo, hay fiesta, porque el propósito de la vida de Jesús y su sacrificio se cumple en ti, y el mismo poder del Espíritu Santo que resucitó a Jesús de la tumba resucitará tu vida y las cenizas de tu vida se cambiarán a gloriosos momentos de ver esa gloriosa aprobación de Dios. Habrá gente herida por sus daños, dirán que no están de acuerdo que Dios abra puertas de oportunidad por este miserable, miren lo que ha hecho. Pero el perdón de Dios es completo y Él abre puertas para el más miserable que haya entrado por la puerta de Jesús y vendrá reportando el honor que Dios merece por levantarte y darte una oportunidad.

            No vamos a quedar atados por nuestro pasado. Cada día es una nueva oportunidad con Dios y vamos a dejar atrás las heridas del ayer. Jesús dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás es apto para el reino de Dios. Jesús entendía la vida de los agricultores que para arar necesitan hacer una línea recta y para hacer eso tienen que fijarse en un objetivo que no se mueva, que sea sólido, para hacer la línea completamente recta. Igualmente, nosotros tenemos que vivir nuestras vidas con nuestros ojos fijos sobre Jesús, pero si empiezas a pensar en lo que te han hecho, lo que han dicho de ti, cómo te ven, te sientes humillado, porque nadie escucha tu opinión. Si empiezas pensar cómo te abandonaron, cómo te maltrataron, estarás arando torcido. No, toma lo que tienes en tu mente y dile: sabes que yo estoy en una aventura nueva de fe y mis ojos están sobre el Señor Jesús todo el tiempo.

            Hay gente que le gusta sentirse víctima y sentirse mal y siempre quejarse de lo que no tienen o de lo que otros le han hecho. Mi opinión es que sus vidas son tan monótonas y aburridas, porque no se han propuesto a ser útiles y embarcarse en una aventura de fe, porque lo único que tienen en sus vidas es una energía negativa, de hablar de las heridas de ayer, de hoy y las que esperan mañana. Eso no es la vida en abundancia a la cual el Señor nos ha llamado. Yo digo que la discordia es venenosa, la Biblia dice que donde hay discordia, hay toda mala obra. En mi caso, creo en el tuyo también, que la discordia no está atada a mi destino, yo no voy a permitir que los celos se unan a mis metas atadas. No, soy una mujer libre y tuve que ser libre en Cristo Jesús, el rechazo no va a impedir mi propósito, voy a olvidar, soltar, dejar atrás todo lo que puede estorbar mi progreso.

            Mentes pequeñas y mentes grandes. Las mentes pequeñas hacen que el ayer ocupe mucho espacio en el hoy. Jeremías 29:11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Eso nos está diciendo que no debemos escribir nuestras bendiciones en la arena donde desaparece, con cualquier ola. O escribir nuestras ofensas en granito, en mármol donde siempre las tendremos. Vamos a ser personas flexibles con el Señor. Flexibles con Él. Mentes grandes dan oportunidad a otras formas de pensamiento. Yo en un tiempo pensé que mi manera de pensar era la divina que esa era la revelación de Dios a mis pensamientos. Pienso de una manera definida, soy muy creativa, puedo captar una visión. En las juntas pastorales en nuestra obra, yo empezaba a compartir la visión a dónde necesitamos ir, qué eventos necesitamos programar, cómo debemos de presentar nuevamente el Evangelio al pueblo. Y yo muy emocionada con mis pensamientos que recibí en oración de parte de Dios. Y mi hermano, pastor asociado, se sentaba y a veces escribía descuidadamente, nunca decía amén, nunca decía aleluya, lo siento tan bien, hermana. Nunca hizo eso. Y un día llegué a la casa bien molesta, le dije a mi esposo: no sé por qué mi hermano arrastra tanto sus pies cuando yo estoy comunicando la visión, en vez de estimular a los demás de seguir la visión, él está ahí nomás perdido. Le dije que pusiera atención a todo lo que yo digo. Mi marido me dijo: él no se está oponiendo a lo que tú estás exponiendo. Tú eres una mujer de muchos colores y de visión, y quieres que todo mundo lo sienta, tu hermano no lo está sintiendo, él está pensando lógicamente, cómo vamos a implementar eso. Cuánta gente voy a necesitar aquí, cuánto dinero vamos a necesitar acá, cómo puedo llamarla a usted para cumplir eso. Lógicamente está formando estrategias para poner tangiblemente tu gran visión, él piensa diferente que tú. Yo dije, ¿hay otros que tienen pensamientos válidos diferentes que los míos? Fue una gran revelación, y luego empecé a leer y aprendí que hay normalmente diez mayores maneras de pensar y uno solo no vas a poder hacer grandes cosas, necesitamos abrazar los pensamientos de otros.

            Los que admiten sus habilidades y sus limitaciones. Todos tenemos debilidades, todos tenemos fuerzas, pero no vamos a estar arrastrados por las debilidades y sin avanzar. Cuando no sabemos hacer algo, buscamos quien sabe hacerlo y si el que sabe se niega a hacerlo decimos heme aquí Señor. Si tú quieres manos, boca, pies, aquí estoy. Mejor te diré que lo voy a hacer no tan bueno como lo que hace donde Pepe, porque él tiene dones para eso, pero don Pepe no quiere hacerlo y yo aquí estoy Señor para servir en tu reino. Yo lo hago hasta que tú mandes a un talento grande para que venga a hacerlo. A mí nadie me va a aplaudir, porque no es mi fuerza, pero estoy dispuesta a reconocer que unas debilidades pueden producir grandes cosas cuando son tocadas por ti. Ir avanzando de las debilidades, aprendiendo y enfocándonos en el porvenir y no en lo que hemos vivido.

Si tú has vivido suficiente en la vida, creo que has sufrido algo, algún rechazados, algún abuso, algún insulto, algo has pasado. Yo tengo 60 años predicando el Evangelio en diferentes climas, de gente y oportunidades. Y durante estos años he sido atacada y a punto de ser violada sexualmente, he sido atacada físicamente. Una noche estaba saliendo de la iglesia en Los Ángeles, cuando dos hombres llegaron y me pegaron con una botella de whisky, botellas que son de vidrio grueso, y me pegaron en la cabeza. Se hizo pedazos, estaba perdiendo la conciencia, me rompieron la ropa y me iban a violar, eso me dijo la policía. Pero Dios mandó dos mensajeros de Él, llegaron en tiempo para poder salvarme y me escapé de la muerte y de algo tremendo.

            He sido acosada. Cuando tenía 22 o 23 años, trabajando en la iglesia recibí una llamada y contesté. Un hombre me empezó a decir cosas. Le dije, ¿cómo? repita, no le entendí. Y me volvió a decir. ¿Cómo? Y me volvió a decir y cuando me di cuenta de lo que estaba diciendo colgué. Era tan inocente que no entendía las cosas que me estaba proponiendo. Y seguía llamándome, iba al trabajo, me llamaba, en mi apartamento me llamaba, salía en mi carro lo encontraba en cada salida. En la iglesia, en la oficina, en el apartamento, en todas partes. Un día recibí un regalo con moño, cuando lo abrí encontré ropa íntima muy sexi con un mensaje: si te vas a poner esta ropa pon esta bandera en la antena de tu carro para que yo me pueda dar cuenta. Ya ni abrí los regalos, es más, los tiré a la calle. Una noche estaba trabajando en la iglesia, ya tarde, en el edificio de administración, como a las 3 de la mañana sola, escuché alguien caminando en el techo. Llamé a la policía y me dijeron que si él no entraba no podían hacer nada, si él no me hacía daño no los volviera a llamar. Pero un día él entró a la iglesia y cuando escuché su voz grité: ¡es él! Y habían dos misioneros de Brasil que estaban a mi lado, dos hombres fuertes y ellos llegaron corriendo detrás de él en la calle y lo agarraron. Me dejó en paz.

            He sido apedreada trabajando en México, predicando mientras me tiraban basura y piedras, atacada a balazos cuando salía de predicar en la noche para llegar a la ciudad. Había gente emboscada y preparados para dispararme y tratar con ello de asustarme. He sido robada, me han mentido, han dicho mentiras de mí, me han maldecido, he sido traicionada por gente en la que yo tenía gran confianza, he sido juzgada, me han calumniado. Recuerdo un día que me topé con una persona en una tienda y se acercó: tú eres Sandra Baker, sí. ¡Qué bien te ves! gracias. Y dijo, eres un milagro y le pregunté ¿por qué? Dijo, porque el Señor te sanó de cáncer y estás caminando bien obviamente puedes ver. El Señor te sanó de ser ciega. Dije: Yo nunca he estado ciega. Y el cáncer que tuve no fue gran cosa, en aquel tiempo cuando me topé con ella no me habían diagnosticado cáncer de seno. Eso era años atrás, pero vi a la señora tan emocionada en el milagro de mi sanidad que no quise decirle que eran chismes de la gente, que no quedé ciega, ¡ni ciega ni muda jamás!

            Un día mi esposo fue a la tienda, en nuestro pueblo, a comprar leche. Una persona se le acercó le dijo: Pastor Norman, ¿cómo estás? muy bien, le contestó. ¿Estás con Sandra aún? Sí, ella está en la casa. ¡Ay, qué bien! Hemos estado orando mucho, muchos de nosotros, para la restauración de tu matrimonio, por el adulterio que pasó Sandra. Y mi marido le dijo entonces, sabes qué, me voy a ir a la casa y ahora vengo. La gente levanta falsos, pero que esto no sea una ofensa que bloquea tu progreso. He estado sin casa, he estado hambrienta, he estado enferma y eh enterrado el cuerpo mortal de un ser querido que mi marido yo amamos más en la vida, nuestro hijo. Cosas difíciles que suceden, pero Hebreos 12:1 dice Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

            Vivo favorecida, bendecida, vivo una vida abundante de parte de Dios, a pesar de las cosas que he vivido, porque su misericordia es renovada cada mañana. Yo tengo 71 años, entonces ya me interesan mucho las estadísticas de la gente de 70 años y más, aprendí que si vives a los 75 años vas a despertar a un nuevo amanecer más de 27 mil veces, 27 mil oportunidades de recibir misericordias nuevas de parte de Dios. Él es la puerta abierta para nuestras vidas, yo creo en el universo que Dios ha creado y que es bondadoso, a pesar de las cosas terribles que suceden, porque Dios es bueno todo el tiempo, y estando en relación con Jesús uno tiene relación con Dios Padre. Y a Jehová nadie le determina sus días, Él es auto existente, Él solo determina Sus días y determina los nuestros. No importa el pasado triste, no importa el dolor, suéltelo en este día y diga: Señor, yo no voy arrastrar este peso, yo quiero entrar en tu presencia y en la plenitud que tú ofreces en tu perdón, en tu aceptación y en tu plan.

 

 

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