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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

                Ya casi no se estila tener un mayordomo en la casa. La persona que es el mayordomo, es el criado principal de una casa o hacienda. Es el sirviente principal de una casa, encargado de la economía y de la organización del servicio. En otras palabras es el administrador y no el dueño. Administra todo como si fuera el dueño, pero no es el dueño. La mayordomía bíblica tiene que ver con administrar todo lo que Dios nos ha confiado. Nosotros somos mayordomos y administradores de Dios. El principio de la mayordomía bíblica descansa en las siguientes premisas:

            Premisa 1: Dios es el dueño de todo. Salmo 24:1-2, “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan; porque él la afirmó sobre los mares, la estableció sobre los ríos” El Salmo 50:9-12 dice, “No necesito becerros de tu establo ni machos cabríos de tus apriscos, pues míos son los animales del bosque, y mío también el ganado de los cerros. Conozco a las aves de las alturas; todas las bestias del campo son mías. Si yo tuviera hambre, no te lo diría, pues mío es el mundo, y todo lo que contiene”. Y vea lo que escribió Isaías 66:1-2, “Así dice el Señor: “El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa me pueden construir? ¿Qué morada me pueden ofrecer?”

 Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a existir —afirma el Señor—.

            Todo el universo es de Dios, pues él lo creó. El cielo es su trono y la Tierra el estrado de sus pies. La mayordomía comienza cuando comprendo que todo, todo en la Tierra, todo en el universo, es de Dios. La casa que usted tiene ¿de quién es? Usted dirá está a nombre de mi suegra, pero es de Dios. El carro que usted tiene ¿estará a nombre suyo? ¿De quién es ese carro? Es de Dios. Los hijos que usted tiene ¿son suyos o son de Dios? La cuenta bancaria que usted tiene, aunque está a nombre suyo ¿es suya? Dígale a su vecino, usted no es el dueño, el dueño es Dios, usted es el mayordomo. ¿Cuántos están comprendiendo que nosotros somos los mayordomos de Dios? Está feliz porque dice que ya tiene veinte casas, cinco fincas, diez millones de dólares, cinco de marcos, trece de yenes, pero todo lo que usted tiene es de Dios. La mujer que tiene ¿de quién es? Usted cuídela, adminístrela. Disfrute a su marido señora, porque ese marido que usted presume no es suyo, es de Dios.

            La segunda premisa, además de que Dios es el dueño de todo, es que Dios me ha confiado todo lo que tengo para administrarlo en su nombre. Mateo 25:14-15, dice, “»El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco mil monedas de oro, a otro dos mil y a otro sólo mil, a cada uno según su capacidad. ¿Sabe por qué Dios no le ha dado cinco mil monedas de oro? Porque a lo mejor su capacidad es solo para dos mil o su capacidad es solo para mil. Por eso es que Dios no reparte a cada uno igual cinco mil monedas de oro, para cada uno de los seres humanos. Hay quienes acá son capaces de administrar sin problemas cien millones de dólares, pero hay otros que no son capaces de administrar cien mil quetzales. A cada uno Dios le da según su capacidad. Luego se fue de viaje. Usted no elige ser un mayordomo o administrador de lo que Dios le ha confiado. Al momento que usted reconoce a Dios como su creador y a Jesús como su Señor y Salvador en ese momento está reconociendo que la mayordomía bíblica de Dios está sobre su vida. Usted se convierte en un administrador de los bienes de Dios.

            La tercera premisa es que Dios me ha confiado todo lo que tengo para multiplicarlo. Mateo 25:16-23 dice, El que había recibido las cinco mil fue en seguida y negoció con ellas y ganó otras cinco mil. Así mismo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que había recibido mil fue, cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. »Después de mucho tiempo volvió el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. El que había recibido las cinco mil monedas llegó con las otras cinco mil. “Señor —dijo—, usted me encargó cinco mil monedas. Mire, he ganado otras cinco mil.” Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!” Llegó también el que recibió dos mil monedas. “Señor —informó—, usted me encargó dos mil monedas. Mire, he ganado otras dos mil.” Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!

            Ante Dios sólo hay dos tipos de siervos. A uno de ellos, al mayordomo productivo se le dirá: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”. Pero también existen mayordomos que son malos para administrar lo que Dios les ha confiado. La pregunta que debemos hacernos es ¿Estoy siendo un mayordomo o administrador productivo ante lo que Dios me ha confiado?

            La cuarta premisa es: Yo puedo ser un mal administrador o un mal mayordomo de lo que Dios me ha confiado. Mateo 25:24-30 dice, “»Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. “Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Este siervo tuvo miedo y el miedo paraliza a las personas. El miedo hace que la gente no piense en el potencial que tiene, en los recursos que tiene y nunca se atreve a invertir, porque tienen miedo. El cristiano no debe tener miedo, debe tener fe, porque todo es posible para el que cree. Sin fe es imposible agradar a Dios, porque el que a Dios se acerca debe creer que existe y es galardonador de los que le buscan. Mire, aquí tiene lo que es suyo.” Pero su señor le contestó: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Así que sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido? Pues debías haber depositado mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo hubiera recibido con intereses. Desde la época de Jesús ya el Señor nos decía que conviene poner el dinero en el banco. »”Quítenle las mil monedas y dénselas al que tiene las diez mil. Porque a todo el que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia. Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil échenlo afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes”.

            El primer tipo de siervo que vimos es productivo, este segundo es improductivo, entierra su potencial y devuelve lo mismo, no lo multiplica. El mal administrador o mayordomo de Dios se le dirá lo siguiente: “¡Siervo malo y perezoso!” y “siervo inútil”. ¿Quiere tener más de lo que tiene? Use lo que tiene, trabájelo, inviértalo, compre, venda con lo que tiene, no se lamente, piense qué es lo que tiene y eso debe usarlo bien y hacerlo que se multiplique, de tal manera que usted va a ser de aquellos que diga: Señor, quítenle mil, a aquel inútil y dénselo a este productivo aunque tenga mucho. Al que tiene bien administrado le será añadido más, al que no tiene bien administrado aún lo poco que tiene le será quitado.

            La siguiente premisa es, Dios me ha confiado lo que tengo para ser generoso con los demás. ¿Para qué me ha confiado Dios todo lo que tengo? Para ser generoso con los demás. 1 de Juan 3:16-18, “En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Cuando damos de nuestro dinero para ayudar a otros estamos dando nuestra vida. Si alguien que posee bienes materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”.

            Señora, ¿su esposo alguna vez le hizo alguna promesa? Sí, yo oí una canción cuando era niño que decía: “Marieta, no seas coqueta, porque los hombres son muy malos, ofrecen muchos regalos y los que dan son puros palos”. Pero supóngase que su esposo llega con usted y le ofrece el cielo y la tierra, porque así es cuando la estaba enamorando. Te voy a poner una casa aquí, te voy a poner un carro allá, te voy a poner joyas, te voy a poner ropa, te voy a bajar el sol, la luna y las estrellas, caminaría montañas por amor a ti. Pero ya en el uno del mes usted sabe que hay que comprar comida otra vez, hay que pagar la renta de la casa, hay que pagar electricidad, el teléfono, el seguro, el colegio y llega otra vez su esposo con la misma historia: Amor, yo caminaría todas las montañas del mundo para irte a buscar. Yo iría a la luna para traerte un pedazo de ella para ti, pero dinero para lo del gasto no te doy. ¿Creería usted las palabras de amor que le ofrece su esposo? No. Obras son amores y no buenas razones. Eso es lo que está diciendo aquí en 1 Juan 3:18, Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.

            A lo mejor su esposo es un poco parco, hay señoras que dicen mi esposo nunca me dice que me quiere, pero todos los fines de mes está con el cheque. ¿Qué más quiere señora? Ahí le está diciendo su esposo que “te quiero tanto que te doy mi plata, aquí está”. Su esposo la ama y se lo demuestra dándole lo que usted necesita. Dios me ha confiado lo que tengo para ser generoso con los demás, empezando con nuestra casa, porque el que no cuida de los suyos y los de su casa es peor que un infiel, la fe negó.

            Primer lugar. Sea un buen mayordomo o administrador de su tesoro. La mayordomía bíblica de su tesoro involucra tres cosas básicas. 1. La creación de la riqueza. La riqueza no viene por arte de magia, no es algo espontáneo que llega a nuestra vida, la riqueza es un producto de nuestro trabajo. La Biblia dice que Dios nos da el poder para hacer las riquezas, y si Dios nos da el poder para hacer las riquezas de nosotros depende si las hacemos o no las hacemos. Dios bendice el trabajo de sus manos, por lo que Dios no bendice al perezoso.

            Mire sus manos un momentito y pregúntese ¿qué estoy haciendo con mis manos? Si usted hace escrituras públicas en una computadora, Dios va a bendecirlo. Si usted hace trajes, porque es una modista o un sastre, pues Dios va a bendecir el trabajo de sus manos. Si usted hace cirugías, porque es un cirujano, pues Dios va a bendecir sus cirugías. Si usted hace tacos, porque es un cocinero, Dios va a bendecir los tacos que usted hace. Si hace chiles rellenos, señora, le va ir bien, lo que haga con sus manos Dios lo va a bendecir. Dígale a su vecino, hermano, Dios no bendice al perezoso, sobre todo si es aquel hijo de cuarenta años que no trabaja todavía. Dios no bendice al perezoso. Usted no es un buen mayordomo cuando no es un buen trabajador y no produce riqueza. El buen mayordomo, al igual que con la parábola de los talentos o de las monedas de oro, multiplica lo que se le ha confiado.

            Yo he visto señoras que son bien trabajadoras, un poco dinero y compran joyas y las venden. Compran bolsas y venden bolsas, compran dulces y venden dulces, compran cosméticos y venden cosméticos y ahí van multiplicando, al rato ya son señoras que tienen sus fichas (dinero), porque son trabajadoras, son creadoras de riquezas. Eclesiastés 10:18 “Por causa del ocio se viene abajo el techo, y por la pereza se desploma la casa”. Para que una casa no se arruine, alguien tiene que ser diligente y repararla o asegurarse de que se repare.

            2 Tesalonicenses 3:7-9 dice, “Ustedes mismos saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Nosotros no vivimos como ociosos entre ustedes, ni comimos el pan de nadie sin pagarlo. Al contrario, día y noche trabajamos arduamente y sin descanso para no ser una carga a ninguno de ustedes. Y lo hicimos así, no porque no tuviéramos derecho a tal ayuda, sino para darles buen ejemplo”. Yo sé que hay cristianos que confunden el vivir por fe al vivir de vagos. “Hermano, yo vivo por fe”. El Señor me va a mandar lo que necesito”. Pues Pablo nos dio el ejemplo de una vida por fe, pero no se atuvo a nada más que trabajar, porque Dios bendice el trabajo de nuestras manos.

            El segundo elemento de la mayordomía bíblica de su tesoro es el disfrute de la riqueza. Hay algunos que son muy buenos para crear riqueza y trabajan, producen mil y hacen cinco mil y hacen cien mil, un millón y dos y cien millones. Yo he conocido gente que produjo mucha riqueza, pero no supo disfrutarla. No comían donas por no desperdiciar el hoyo. Es importante disfrutar de la riqueza. Hay quienes ya son ricos pero siguen pensando que son pobres y viviendo como pobres. 1 Timoteo 6:17 “A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos”.

            Nuestra confianza debe estar puesta en Dios, no en las riquezas sino en el dador de las riquezas, quien nos da todo en abundancia para que lo disfrutemos. Dios le ha dado ropa en abundancia, debe ponérsela, porque el mismo pantalón de lona roto se pone siempre. Los mismos zapatos rayados se pone siempre. Disfrute lo que Dios le da, use lo que tiene en su casa, disfrute de sus vajillas, disfrute de sus muebles, de sus vehículos. Lo que Dios le da es para que usted lo disfrute. Si puede comer coma, recuerde que dije coma, no dije hártese. No es lo mismo disfrutar un tamalito que comerse diez, no por comer más lo disfruta uno más. Hay que aprender a disfrutar de la riqueza que Dios nos da. Hay gente que tiene mucha riqueza y no ha salido de la frontera de su país, porque no quiere gastar en pasaje de avión, en gastos de hotel y comida. No ha llevado a su familia jamás a pasear, pudiendo hacerlo. Eclesiastés 2:24-25 Nada hay mejor para el hombre que comer y beber (Lo escribió el hombre más rico de su época, el rey Salomón), y llegar a disfrutar de sus afanes. He visto que también esto proviene de Dios, porque ¿quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios? Sea un buen mayordomo, disfrute de su riqueza. No solo hay que crear la riqueza, hay que disfrutarla.

            El tercer elemento es compartir la riqueza con la obra de Dios y su prójimo. Comparta su riqueza con la obra de Dios. Malaquías 3:10 nos dice, “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo. Hay quienes dicen ¿por qué voy a dar tanto diezmo en la iglesia? Mejor lo reparto. Doy un poco a la iglesia, otro poco a la otra iglesia, otro poco a aquella iglesia. Así no es, usted debe traer íntegro el diezmo para el templo, aquí donde usted se congrega. Usted no puede administrar el diezmo y decir: voy a dejar el diezmo para comprar biblias y regalarlas. Usted está saludando con sombrero ajeno, el diezmo del Señor debe traerlo íntegro para los fondos del templo. Y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde”.

            Sin lugar a dudas usted y yo queremos bendición hasta que sobreabunde. Todos queremos bendición hasta que sobreabunde, pongo las manos en este lado y chorro de quetzales, pongo la mano en el otro lado y el chorro de dólares. En esta bolsa marcos, en la otra yenes. Queremos tener sobreabundancia, pero no queremos dar al Señor lo que es del Señor, dar nuestros diezmo al Señor es un mandato con promesa. Entregarle el 10 % no significa que seremos más pobres sino todo lo contrario, Dios nos desafía a probarlo y ver si no abrirá las compuertas del cielo y derramará ese chorro de bendiciones.

            Le quiero decir algo, es mejor el noventa por ciento con la bendición de Dios, que el cien por ciento sin su bendición. Por eso, cuando nosotros venimos a la casa del Señor, lo primero que debemos apartar de nuestro sueldo, de nuestras utilidades, de nuestros ingresos es el diez por ciento del Señor y traerlo al templo con mucho agrado. En Estados Unidos muchos cristianos nos llevan ventaja en esta lección, porque es común que los cristianos fieles no sólo den sus diezmos sino que al hacer su testamento dejan establecido qué porcentaje van a dar para su iglesia, o una propiedad que van a dejar para su iglesia o algunas acciones que van a dejar para su iglesia. Aquí primero tenemos que aprender a hacer el testamento. La gran mayoría no lo hemos hecho, porque aquí piensa la gente que si lo hace se va a morir, y es cierto, si hace el testamento se va morir y si no lo hace también. Así que es mejor que lo haga y deje resuelto el problema, consulte con su abogado y trate de resolver su testamento y procure incluir a la obra del Señor, porque así se asegura que su familia siempre siga invirtiendo en la obra delo Señor.

            Comparta su riqueza con el prójimo. Hechos 20:34-35 dice, “Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados. A veces se pregunta ¿por qué trabajar duro? Yo trabajo de madrugada hasta el anochecer ¿para qué? Para ayudar a los necesitados. Pablo dice que trabajaba duro para ayudar a los necesitados. Muchas veces los necesitados son sus propios hijos y a ellos tiene que ayudar. A veces los necesitados son sus propios padres, hay padres que han llegado a la vejez y nunca hicieron una provisión para la vejez, fueron despilfarradores o fueron viciosos o fueron imprudentes y llegaron a viejos y sin nada. ¿Qué le queda a usted hacer por sus viejitos? Ayudar a su prójimo. A veces es su propio hermano o su compañero de trabajo o su compañero de célula, el que está con alguna necesidad.

            Ayer reunimos alrededor de 2 mil maestros de Escuela Dominical y pastores de muchas congregaciones pequeñas de la ciudad y algunas fueras de la ciudad. Y nos reunimos en el Auditórium Mayor de Fráter Roosevelt para darles un seminario de capacitación, para enseñarles cómo trabajar en Escuela Dominical que nosotros llamamos Zona de Campeones. Les dimos materiales, refacción y les dimos enseñanza, estuvimos enseñándoles. Y todo lo hicimos sin cobrarles un solo centavo, porque ustedes dan sus diezmos y ofrendas y podemos compartir un poco con otros que están necesitados, que no tienen para hacer este tipo de esfuerzos. Y gracias a sus diezmos, ofrendas y promesas de fe, pues como iglesia podemos bendecir a miles de personas de iglesias muy pequeñas que están comenzando. Yo les decía que cuando comencé con Fraternidad Cristiana no teníamos ni un solo terreno, ni un solo auditorio, también tuvimos que pasar por limitaciones. Ahí estuvimos infundiendo fe, confianza, visión para salir adelante, porque en nombre de Jesús, Dios rescata del hoyo nuestras vidas y        nos corona de bienes y de favores. Dios lo ha hecho con nosotros y por eso la riqueza que Dios nos ha dado la compartimos con otros que la necesitan.

            Ponga sus bienes al servicio de Dios. Su carro, su casa, su terreno debe estar al servicio de Dios. Bendecimos a los que ponen su casa al servicio de Dios en las células. Recuerdo el caso de una señora que renovó los muebles de la sala de su casa, estaban tan bonitos que dijo, mejor voy a cambiar la célula de mi casa, porque se van a manchar, se van a gastar. ¿De qué le sirve a usted tener muebles lindos, arreglos lindos, cuadros lindos, mesas lindas, casa linda y usted sentado solo? Los amigos que nos visitan son el ornato de nuestra casa. Ponga su casa al servicio de Dios, su carro al servicio de Dios, su comedor al servicio de Dios, su finca, todo lo que tiene. Tenemos que recordar que lo que tenemos es de Dios, así que meta en su carro a todos los niños que haya que meter y tráigalos a la Fráter, meta en su carro a todos los amigos y llévelos a su célula, ponga todo lo que tiene al servicio de e Dios.

            Hay personas que donan el servicio de transporte cuando en ocasiones hay necesidad de enviar toneladas de alimentos y ayuda como por ejemplo a San Marcos, el año pasado. Personas que prestan sus camiones para ir a dejar esos alimentos que vamos a dejar, gracias a sus diezmos y ofrendas. Hay camiones que sí pagamos cada vez que hacemos Jornadas Médicas, hay transporte que compramos el servicio para que lleve a nuestra gente, a los distintos pueblos a hacer de ayuda a los más pobres de nuestro país. Pero cuando pensamos en la mayordomía lo primero que viene a nuestras mentes es nuestro tesoro: el dinero y los bienes materiales. Pero la mayordomía no incluye sólo el administrar bien el tesoro que Dios nos ha dado, ese dinero o bienes materiales que están en nuestra cuenta o a nuestro nombre. También incluye los talentos, el tiempo, la salvación y la influencia entre otros, estos los estudiaremos la próxima semana.

 

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