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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

 

La semana pasada estuvimos hablando sobre un personaje muy conocido. Hablamos de Caín, el primogénito de Adán y Eva, estaba furioso y dijimos que no hay que enojarse y perder los estribos, hay que dominarlos. Caín estaba enojado porque Dios había mirado con agrado la ofrenda de Abel y no así la suya. Pero su enojo también provenía de los celos, el orgullo de no ser visto con agrado como Dios miró a Abel. Dios le dio las opciones de las que podía escoger: hacer lo bueno y andar con la frente en alto. O lo malo, aunque le dijo que él podía dominar lo malo. Lamentablemente el enojo, los celos y el orgullo triunfaron para mal sobre Caín y asesinó a su hermano.

Leamos, una vez más, Génesis 4:6-10 y aprendamos de esta lección algo importante: “Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.» Caín habló con su hermano Abel. Mientras estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató. El Señor le preguntó a Caín: —¿Dónde está tu hermano Abel? —No lo sé —respondió—. ¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano? —¡Qué has hecho! —exclamó el Señor—. Desde la tierra, la sangre de tu hermano reclama justicia”.

Y es esa respuesta de Caín la que nos da el tema para hoy. ¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano? Esa es una pregunta que debemos hacernos, ¿es mí responsabilidad cuidar a mi hermano? Hay por lo menos tres versiones que les quiero mencionar de este pasaje bíblico, en Reina Valera 1960 la pregunta se escribe de esta manera: ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y en Génesis 4:9 de la Biblia de las Américas dice: ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Y en la Nueva Versión Internacional dice: ¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano? Lo que está diciendo Caín es: a mí lo que me importa es mi persona. Mi hermano que mire cómo sale. ¿Han conocido personas a las que bien podríamos llamar “Don egoísta” o “Doña egoísta”? Sí, lo vio en el espejo hoy en la mañana.

Hay algunas personas que son egoístas, Curzio Malaparte decía que hay gente tan egoísta que la frontera de su piel es la que determina a quién ayudar. Se ayuda a sí mismo y a nadie más. Oía la historia de alguien que se ganó un viaje a Hawái para dos personas, él fue dos veces. Hay gente que verdaderamente no comparte, hay gente que no da ni las gracias. Tenemos que aprender a ser altruistas, no egoístas. Tenemos que pensar en los demás, no solo en nosotros mismos.

El New York Post publicó una foto sobre lo que ocurrió el 27 de abril del 2010, se puede ver que en la banqueta está tirado un hombre, ese hombre murió allí porque nadie lo ayudó a tiempo. Distintos periódicos en Estados Unidos publicaron una nota que precisamente refleja la actitud de Caín, y esta noticia involucró a un guatemalteco ilegal que vivía y trabajaba en Nueva York. El titular de uno de los periódicos decía “Un buen samaritano se desangra hasta su muerte en un calle de Nueva York. Hugo Tale Yax ayudó a una mujer que estaba siendo asaltada y recibió una puñalada en el pecho”. Luego fue ignorado por más de 25 personas mientras se desangraba. Una persona todavía se acerca a tomarle una foto con su celular y luego sigue su camino. La señora Marla Cohan quien da clases en una escuela frente a la calle donde Hugo fue asesinado expresa: “Es algo espantoso. Creo que las personas tan solo tienen temor de dar un paso, no quieren involucrarse, ¿Quién sabe cuáles son sus razones?”

En nuestra época no estamos muy lejos de dar a entender lo mismo que Caín, quien dijo: ¿acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano? Esa misma actitud no cristiana puede manifestarse en nuestra vida. De forma natural vivimos para nosotros mismos. Pero cuando Dios nos alcanzó con su gracia y perdón cuando aún éramos pecadores, recibimos una nueva naturaleza. Una creada a imagen y semejanza de Dios. Y es bajo el nuevo hombre que somos en Cristo que reflejamos a través de nuestra conducta la imagen de Dios. Le pregunto ¿Pasó Dios de largo cuando lo vio a usted tirado en el camino de la vida lleno de temores, de resentimientos, de vicios, de pecado y tristeza? No. Dios se detuvo en el tiempo y dijo: yo debo rescatar a esta persona y envió a Jesucristo, su Hijo amado, para dar su vida en la cruz del calvario y rescatarlo a usted y darle una nueva vida. Por eso está aquí gracias a Dios. Dígale, Gracias Señor, porque tú si viniste a rescatarnos. Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

¿Qué dice la Biblia sobre si debemos cuidar a nuestro hermano? En primer lugar, nos dice que no somos responsables de mantener al haragán, porque siempre hay haraganes que se agarran de estos pasajes de la Biblia y viven a expensas de todo el mundo y nunca trabajan, son los hermanos de la denominación Lirios del Campo, no trabajan ni hilan. 2 Tesalonicenses 3:10- 13 “Porque incluso cuando estábamos con ustedes, les ordenamos: «El que no quiera trabajar, que tampoco coma.» Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que sólo se ocupan de lo que no les importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida. Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.”

Usted podrá decir, tanto que ayudo a este y no hace nada. Tanto que ayudo a este y no trabaja. Tanto que ayudo a este día tras día, mes tras mes, año tras año y no veo que se corrija. No se canse de hacer el bien, pero si alguien es haragán, aquí también dice la Escritura, el que no quiera trabajar, que tampoco coma. Hay haraganes, tan haraganes como aquel que llegó un día a una entrevista de trabajo y le preguntaron ¿usted a que se dedica? –A nada, dijo–. ¿Y su compañero? –El me ayuda–. Tenemos que ponernos pilas, como se dice hoy entre los jóvenes y todos a trabajar. Despierte a su vecino y dígale: trabaje hermano, trabaje, no sea haragán.

En segundo lugar, no somos responsables de los pecados de nadie, más que de los nuestros. Mire, esto es profundo y es importante. Usted no es responsable de los pecados de nadie, es responsable de sus pecados, no de los pecados de su abuela, de su papá o de sus hijos. Usted es responsable de sus pecados. Lea lo que dice Ezequiel 18:19-20 “»Pero ustedes preguntan: “¿Por qué no carga el hijo con las culpas de su padre?” ¡Porque el hijo era justo y recto, pues obedeció mis decretos y los puso en práctica! ¡Tal hijo merece vivir! Todo el que peque, merece la muerte, pero ningún hijo cargará con la culpa de su padre, ni ningún padre con la del hijo: al justo se le pagará con justicia y al malvado se le pagará con maldad”.

Debe ver esto como una liberación, porque a lo mejor es una persona que bebe licor, bebe y bebe y no puede liberarse y dice que no puede dejarlo, porque su abuelo era borracho, su padre y madre eran borrachos…tiene que ser borracho. Vengo a darle una noticia: usted no tiene que ser borracho. puede ser una persona sobria en el nombre de Jesús, porque cuando usted cree en Cristo usted nace de nuevo, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas y recibe el Espíritu Santo que le da poder para vencer esas malas prácticas, malas costumbres. Podrá decir que no puede dejar de pegarle a su mujer, porque el abuelo somataba a la abuela, el padre somataba a la madre. Y por lo tanto, usted tiene que somatarla a ella. Hay señoras que llegan a comparar la idea a tal extremo que el día que su esposo no les pega dicen: ya no me quiere. Tiene que entender que está libre de esas cosas.

Recuerde, todo el que peca merece la muerte, pero ningún hijo cargará con la culpa de su padre ni ningún padre con la del hijo. Así que señor y señora, no se sienta culpable porque su hijo es un sinvergüenza, es responsabilidad de él. Un día, como el hijo pródigo, Dios le hablará cuando toque fondo y entonces se levantará y dirá: Padre he pecado contra el cielo y contra ti, y lo verá volver arrepentido a su casa. Lo mejor de todo, a la presencia de Dios nuestro Señor. Tenga la confianza que él va a ser tocado por el Espíritu Santo y será redargüido y transformado. Quizá usted hijo esta angustiado porque ve que su padre y su madre están en conductas que no son correctas de cristianos, pero no se culpe usted, no es culpa suya. Usted no va a recibir la culpa de sus padres, va a pasar momentos difíciles, va a sufrir el dolor, quizá, de la separación de sus padres, va a sufrir la angustia del divorcio de sus padres, pero usted como hijo puede tener una vida llena de bendición, casarse y divorciarse jamás, pero si casarse y disfrutar de la familia. No tiene por qué tener una vida llena de conflictos como la de sus padres. En Cristo nuestra vida es una vida en abundancia. Dios quiere bendecirnos y no que continuemos en esa vida de pecado, de maldad y de angustia que hay en muchos hogares.

Así que no somos responsables de mantener al haragán, ni somos responsables de los pecados de nadie, sino de los nuestros, pero nos dice la Biblia que sí somos responsables de restaurar al que ha pecado con una actitud humilde, quizá con su padre, su madre, su hijo, su hermano, sus amigo. La responsabilidad nuestra no es la de acusar, juzgar, avergonzar. La responsabilidad nuestra no es de criticar, la responsabilidad nuestra es de restaurar. Si hemos visto a nuestros padres pecar, a nuestros compañeros de célula o cualquier otro miembro de la iglesia y lo sorprendemos en un pecado, nuestra función no es de destruirlo, no es de aniquilarlo, nuestra tarea es de restaurarlo, que no le pase como le ocurrió a Hugo Tale Yax, quien murió porque nadie se detuvo a socorrerlo. Si alguien se hubiera detenido para llevarlo al hospital, quizá no habría muerto, nosotros tenemos que hacer un alto en el camino, como en la parábola del buen samaritano y ver al que ha sufrido y darle una mano de ayuda, socorrerlo.

Gálatas 6:1 dice “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado”. A veces somos muy duros con alguien que cayó en un algún pecado, pero debemos, si somos espirituales, con una actitud humilde restaurar al que cometió pecado y recordar que nosotros también podemos ser tentados. ¿Qué va a pasar cuando caiga en pecado y esté sufriendo las consecuencias? ¿Qué alguien llegue a condenar, acusar y criticar o alguien que lo llegue a restaurar humildemente, para que venga de nuevo a los caminos del Señor?

Gálatas 6:2 dice que debemos ayudarnos a llevar los unos las cargas de los otros, dice: “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo”. Jesucristo dijo no he venido a este mundo para ser servido, sino para servir y dar mi vida en rescate por muchos. Así como Cristo dio su vida para rescatar a muchos, debemos estar dispuestos a dar nuestra vida y rescatar a otros. No podemos dejar ahí tirado a nuestro hijo, a nuestro hermano, a nuestro amigo, a nuestro compañero, simplemente porque cometió un pecado.

Pedro, el discípulo de Jesús, negó a Jesús tres veces delante del sumo sacerdote en Jerusalén y de mucha gente que estaba allí, ¿qué hizo Jesús? Pedro, ahora sí te vas a tostar en el infierno. No, dice que Jesús que estaba amarrado a un poste en el patio de la casa del sumo pontífice se le quedó viendo a Pedro con ojos de misericordia y de amor. Y cuando Jesús resucitó fue a buscarlo y le dijo ¿Pedro, me amas? Y para Pedro fue complicado responder, porque Jesús había visto cómo lo había negado tres veces y ya se lo había advertido: Pedro, antes que el gallo cante me negarás tres veces. Y Pedro dijo, no Señor, voy a dar mi vida por ti, pero aun así, sabiendo Jesús que Pedro lo iba a negar estaba dispuesto, después de la negación, irlo a buscar y restaurarlo. ¿Valió la pena que Jesús fuera a buscar a Pedro una vez más? ¡Valió la pena! Pedro se convirtió en un discípulo fiel de Jesús, en el primer predicador del Evangelio el día de Pentecostés, se convirtió en un hombre de Dios, pero porque había experimentado el amor de Dios, la misericordia de Dios. Dios lo ama, sabe las veces que ha pecado, porque a veces estamos aquí y nadie sabe de nuestros pecados, pero Dios sí los conoce, a pesar de eso nos ama y envió a Jesucristo para salvarnos y darnos vida nueva en Cristo. No se condene más, no se sienta mal, si usted pecó, Dios lo sabe, pero nuestro deber es restaurar a quien ha pecado con una actitud humilde, ayudarnos a llevar los unos las cargas de los otros.

En tercer lugar, hacer el bien especialmente a los de la familia de la fe, dice en los versículos 9-10 de Gálatas 6 “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe”. Yo me esfuerzo tanto, dice la esposa, por mantener la casa ordenada, limpia, para que haya comida en la mesa y mi marido nunca reconoce mi labor. No se canse de hacer el bien. Esposo, usted dice: yo trabajo día y noche y llevo con sacrificio el sustento a mi casa y mi mujer ni las gracias me da. No se canse de hacer el bien, porque a su tiempo cosechará, usted siga sosteniendo su casa. Señora, usted siga atendiendo a su esposo. Hijo usted siga estudiando aunque su papá nunca reconozca que ganó. Porque siempre está diciendo por qué no sacaste un cien por lo menos. Con que gane, dele gracias a Dios. Recuérdese como le iba a usted en la escuela.

Cuarto lugar. Somos responsables de orar para que la mente de los incrédulos pueda ver la luz. Usted tiene amigos, familiares incrédulos que a lo mejor se ríen de usted por lo que cree, por lo que es, por lo que hace, pero no se canse de orar por ellos. Dice 2 Corintios 4:3 “Pero si nuestro evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Pero nosotros seguiremos orando para que ese velo sea quitado y vean la luz de Cristo, así como Pablo quedó ciego cuando iba en persecución de los creyentes a Damasco, pero el Señor se enfrentó a él y estuvo tres días ciego. Le habló a Ananías y le dijo: ve a visitar a Pablo, entonces era Saulo de Tarso, ora por él para que reciba la vista, esa era la oportunidad para que Ananías dijera: No. Que se quede ciego, si este anda persiguiendo a los cristianos, este tortura a las cristianas, este entra a las casas , los saca a todos, los mete presos, los tortura y hasta ayuda cuando matan a los cristianos como en el caso de Esteban.

Esa era la oportunidad para que Ananías se vengara de toda la persecución que Saulo había hecho, pero no. Como espiritual fue con espíritu de humildad a orar por Saulo y Saulo recuperó la vista y no solo recuperó la vista sino que Ananías se encargó de convertirlo en un discípulo de Jesús, fue quien lo tomó de la mano y lo llevó a Jerusalén y lo presentó a todos los miembros de la iglesia y por muchos años no le creían a Saulo, decían que se había infiltrado para ver cómo los mata a todos, pero allí estaba Ananías discipulando a Saulo. ¿Valió la pena lo que hizo? ¡Se convirtió en el apóstol Pablo! Y gracias a él, catorce de las epístolas que tenemos en el Nuevo Testamento fueron escritas por él. Pablo es una bendición para nosotros, usted y yo tenemos amigos, conocidos que a veces en la carne usted podría pensar que mejor no se convierta, mejor que se tueste en el infierno, es tan malo, tan injusto, trata tan mal a sus hijos, explota a sus empleados, es una persona corrupta, es una persona malvada, es una persona sin principios. Pero no, usted debe orar para que ese amigo, familiar se convierta y luego discipularlo, porque usted no sabe si ahí viene otro apóstol Pablo.

Mateo 28:18-20 “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: —Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo”. Somos responsables de orar por los no creyentes, de llevarles el Evangelio de Cristo, de discipularlos, en resumen, vivir la regla de oro. Mateo 7:12 dice “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”. Trate usted al que está caído como usted quisiera ser tratado, si usted estuviera caído. Trate al enfermo como quiere usted ser tratado si estuviera enfermo. Trate al desempleado como usted quisiera ser tratado si estuviera desempleado. Trate al divorciado como usted quisiera ser tratado si estuviera divorciado. Trate a los demás como usted quiere ser tratado.

El mejor lugar para cuidar y para ser cuidado son las células. Todas las semanas más de 542 células se reúnen por las casas. Estos grupos pequeños de miembros de la Fráter que se reúnen para edificarse unos a otros y evangelizar. Las células son la manera de ser una iglesia grande y a la vez pequeña. Con multitudes pero a la vez personal. Asistir semanalmente a una célula nos permite cuidarnos unos a otros, apoyarnos en nuestro caminar cristiano y encontrar una familia espiritual fiel en las buenas y en las malas. ¿Cuántos de los que estamos aquí vamos a una célula cada semana? Toda esa gente va a células, si usted no va a una, pregunte hoy en el Centro de Información cuál célula le queda a la mano o escríbanos con su dirección de casa, edad y estado civil a celulas@frater.org o llámenos a 2243-2243 y lo ubicaremos en una, para que usted tenga un grupo pequeño que ore por usted, le visite si necesita, le acompañe al hospital y si fuera necesario le acompañe en el funeral. Usted necesita a alguien que le ame y que le cuide desde la cuna hasta la tumba. Yo bendigo a los líderes y anfitriones de células, muchas gracias.

Cristianos altruistas no egoístas. ¿Soy yo el que debo cuidar a mi hermano? ¿Cuál es la respuesta? Sí. Concluyo con el Salmo 68:5-6 “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa. Dios da un hogar a los desamparados y libertad a los cautivos; los rebeldes habitarán en el desierto. Usted es una persona que se siente sola, solitaria, abandonada, nadie se preocupa por usted, pregúntese ¿soy rebelde? Quizá Dios ha hecho un llamado para que le obedezca, pero no lo ha querido hacer, así que habita en el desierto. Dios quiere darle libertad del pecado y un hogar en la familia de todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y viven para él. Entréguele hoy su vida a Jesús.

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