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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

El enojo es algo muy inherente a la raza humana. Todos, alguna vez, nos enojamos. Jesús, estando aquí en la Tierra, se enojó cuando vio la incredulidad de sus discípulos, cuando vio la condición de irrespeto que había en el templo. Y la otra pregunta que yo quiero hacerle hoy es ¿ha sentido celos alguna vez? Cuando hablamos de celos pensamos en los celos enfermizos que tiene un hombre por su mujer o una mujer por su hombre, pero también hay otros celos, celos profesionales. A veces vemos a un compañero que aparece con un carro nuevo y nos dice: mira mi carro nuevo. Y nosotros decimos ¡ala! Qué bonito, pero por dentro sentimos celos, envidia a veces, y todo eso nos lleva a tener experiencias lamentables por nuestro enojo, por nuestros celos, por nuestra envidia y nos hace murmurar y criticar a aquella persona que está siendo favorecida. ¡Ah! qué difícil es la vida.

            Hemos escuchado decir dichoso Adán que no tuvo suegra, Eva también estaba en las mismas condiciones. Un día me preguntaba un niño ¿Adán y Eva tenían ombligo? Le dije, no deberían tener si no vinieron de la matriz de una mujer, porque el ombligo es la marca que señala que estuvimos conectados al cordón umbilical de nuestra madre. Adán y Eva no tuvieron mamá en ese sentido, pero por supuesto, nada le hubiera costado a Dios hacérselos, así que puede ser que sí, puede ser que no. Lo más seguro es que quizás. Adán y Eva, estos grandes personajes, fueron los primeros. Todos recordamos al primer hombre que puso su pie en la luna, el primero siempre lleva algo que nadie se lo va a quitar. El primero que hizo esto, el primero que hizo aquello, Adán y Eva fueron los primeros en todas las cosas prácticamente.

            Fueron los primeros en habitar el mundo, fueron los primeros en tener comunión con Dios. Imagínese el privilegio que Dios bajara al jardín del Edén todos los días a platicar con Adán y Eva. Qué dicha poder estar de frente con Dios, verlo sin temor, verlo con amor, tenerlo cerca, conversar con él, oír de su sabiduría, oír sus instrucciones. Adán y Eva fueron los primeros en tener ese tipo de amistad con Dios, una amistad íntima. El Señor les dijo: todo lo que está aquí en el jardín del Edén es para que ustedes lo administren, para que ustedes lo disfruten, para que ustedes lo cuiden, pero del árbol de ciencia, del bien y del mal no comerán, no podrán acercarse a ese fruto y saborearlo. Eva fue la primera que tuvo la oportunidad de hablar con la serpiente.

            Y por supuesto que la serpiente estaba poseída por el mismo diablo y le dijo a Eva: ¿con que Dios te dijo que no podés comer ni tocar este fruto? Y Eva fue la primera en desobedecer a Dios. Eva fue la que agarró el fruto y se lo llevó a Adán y le dijo: prueba, la verdad que está bueno. Adán, bobo, sin criterio, desobediente también, le hizo caso a Eva y por lo tanto transgredió la instrucción que había recibido de Dios. Ahora están recodando ¿cuántas veces le he hecho caso a mi mujer? Y como dijo aquella canción: toda la vida. Muchas veces los consejos son muy buenos, otras veces no son tan buenos, pero por supuesto que Efesios nos exhorta a que nos sometamos los unos a los otros, que las esposas obedezcan a sus esposos, que los esposos amen a sus esposas. Por supuesto, debemos compartir todo lo que hacemos y entre los dos tomar decisiones correctas.

Esta pareja experimentó lo primero en toda la humanidad. Imagínese usted señora si usted hubiera sido Eva, de pronto a usted le empieza a crecer el vientre, es porque está embarazada. Adán fue el primero que supo lo bonito que es estar con una mujer, porque le dieron la oportunidad de escoger entre todo lo creado. Hubo un desfile y pasó desde la jirafa, la cebra, la vaca, la burra, la oveja, la pata, la leona y le dijeron a Adán: escoge, cuál quieres. No le gustó ninguno de esos animales, entonces dijo el Señor, bueno, como no te gustó nada de lo que ha sido creado, voy a hacerte algo exclusivo, algo muy especial. Dice que de la costilla de Adán formó a la mujer. Alguien ha dicho, la sacó de la costilla porque si la hubiera sacado de los pies era para pisotearla, si la hubiera sacado de la cabeza era para que lo mandara, pero la sacó de la costilla para que ella estuviera muy cerca del corazón de Adán. Y por eso, cuando estamos enamorados, nos acercamos tanto, tanto, tanto que ella se emociona.

            Y por eso queda embarazada finalmente. Porque hay mucho acercamiento, Eva fue la primera mujer que experimentó un embarazo y le nació su primer hijo, Caín. ¿Qué representa Caín cuando oímos ese nombre? Representa, precisamente, al primer asesino de la tierra, al primer fratricida, mató a su hermano, qué terrible es tener a un hijo asesino, qué duro es para una madre y para un padre ver que su hijo es un criminal, un delincuente, pero más grave es verlo como el asesino de su otro hijo, porque eso fue lo que hizo Caín, mató a su hermano Abel y esta pareja, Adán y Eva, experimentaron lo que es tener el primer, el segundo hijo, pero también experimentaron lo que es ver entre sus hijos celos, enojos, iras, contiendas, maledicencias y cosas semejantes a estas, que a veces nos toca verlas en nuestros propios hijos, a veces hay pleitos entre nuestros propios hijos, a veces hay celos, a veces hay envidas, a veces hay contiendas y tenemos que pedir a Dios sabiduría para reconciliar las situaciones, ventilar los problemas y evitar que lleguen a extremos como los de Caín y Abel.

            Precisamente, en Génesis 4 está resumida esta historia, abra su Biblia en Génesis 4:1-16:“El hombre se unió a su mujer Eva, y ella concibió y dio a luz a Caín. Y dijo: «¡Con la ayuda del Señor, he tenido un hijo varón!» Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a pastorear ovejas, mientras que Caín se dedicó a trabajar la tierra. Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Abel también presentó al Señor lo mejor de su rebaño, es decir, los primogénitos con su grasa. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo. Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo? Si hicieras lo bueno, podrías andar con la frente en alto. Pero si haces lo malo, el pecado te acecha, como una fiera lista para atraparte. No obstante, tú puedes dominarlo.» Caín habló con su hermano Abel. Mientras estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató. El Señor le preguntó a Caín: —¿Dónde está tu hermano Abel? —No lo sé —respondió—. ¿Acaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano? —¡Qué has hecho! —exclamó el Señor—. Desde la tierra, la sangre de tu hermano reclama justicia. Por eso, ahora quedarás bajo la maldición de la tierra, la cual ha abierto sus fauces para recibir la sangre de tu hermano, que tú has derramado. Cuando cultives la tierra, no te dará sus frutos, y en el mundo serás un fugitivo errante. —Este castigo es más de lo que puedo soportar —le dijo Caín al Señor—. Hoy me condenas al destierro, y nunca más podré estar en tu presencia. Andaré por el mundo errante como un fugitivo, y cualquiera que me encuentre me matará. —No será así —replicó el Señor—. El que mate a Caín, será castigado siete veces. Entonces el Señor le puso una marca a Caín, para que no fuera a matarlo quien lo hallara. Así Caín se alejó de la presencia del Señor y se fue a vivir a la región llamada Nod, al este del Edén”.

            ¿Por qué Dios miró con agrado la ofrenda de Abel y no la de Caín? Porque a Dios le importa mucho el que nosotros le demos lo mejor de nuestra vida. No que le demos parte de lo que hemos recibido sino que le demos lo mejor. La Biblia enseña que Dios es el dueño de los primogénitos, a Dios le importa mucho tener los primogénitos y por eso el castigo más fuerte que recibió Egipto cuando Israel fue sacado de ahí, fue la muerte de sus primogénitos. Toda persona que tiene un hijo sabe que el amor que esto casusa en el corazón de un padre y de una madre, cuando Dios le pidió a Abraham que le ofrendara y le sacrificara a su hijo Isaac, no fue fácil, pero como Abraham estuvo dispuesto a hacerlo Dios proveyó un cordero a última hora, para tomar el lugar de su hijo. De ahí surge la famosa frase: el Señor proveerá. Dios siempre proveerá, agradezcamos la provisión que siempre encontramos en Él cuando más lo necesitamos.

            Cuando Adán y Eva pecaron, de pronto se encontraron con que estaban desnudos, siempre habían estado desnudos, nunca habían sentido vergüenza ni temor, pero cuando ellos desobedecieron al Señor y adquirieron el conocimiento del bien y del mal, del pecado, de lo correcto y de lo incorrecto empezaron a sentir vergüenza de estar desnudos. Empezaron a cubrirse con hojas, pero vino el Señor y para quitarles la vergüenza del pecado, para quitarles la vergüenza que sentían ellos de haber fallado, mató unos animales y con el cuero los vistió. El primer sacrificio sustitutivo que hay en la Biblia. El primer sacrificio que se hace de un animal para salvar y ayudar a un ser humano, de ahí en adelante hubo sacrificios en todo el Antiguo Testamento y por eso Israel siempre, en toda su cultura religiosa, lo ha amarrado a los sacrificios, pero cuando Jesucristo vino Juan dijo, antes de bautizarlo en agua en el río Jordán, he aquí el cordero de Dios quita el pecado del mundo. Y desde Jesús para acá no necesitamos hacer sacrificios porque Jesús es el sacrificio que Dios hizo para darnos a nosotros salvación y vida eterna.

            Jesucristo fue molido por nuestros pecados, sacrificado por nuestras maldades y por eso, ahora, cada vez que un hombre viene y se acerca a Dios por medio de la fe en Jesucristo, este hombre es perdonado de todos sus pecados. Muchos de aquí hemos sido perdonados por nuestros pecados, ¡alabado sea Dios, bendito sea Dios que ha perdonado todos nuestros pecados! Por eso cuando Abel tomó uno de los primogénitos con su grasa le agradó a Dios nuestro Señor. Dar el diezmo al Señor es como dar lo primogénito de nuestra producción. Cuando usted recibe su sueldo, sus ganancias, sus utilidades lo primero que debe hacer es apartar para Dios, precisamente, el primer diez por ciento. Si usted tiene diez ovejas no es que le dé una de las diez, no, es darle la primera al Señor.

Por eso Abel agarró los primogénitos.  Cada vez que tenía un primogénito lo ofrendaba al Señor. Caín tomó cualquier cosa que había ahí y lo trajo, pero a Dios debemos darle siempre lo mejor y por eso debemos buscar primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas vendrán por añadidura. Cuando le damos al Señor lo mejor y le damos nuestra primogenitura y le damos a Él la preeminencia, se agrada de nuestro sacrificio, de nuestra ofrenda. Cuando Caín se dio cuenta que Dios había favorecido a Abel y le había dicho Gracias y qué buena ofrenda, se sintió enojado. Y por eso en Génesis 4:6 “Entonces el Señor le dijo: «¿Por qué estás tan enojado? ¿Por qué andas cabizbajo?

            Es terrible estar enojado. ¿Ha estado usted tan enojado que anda alguna vez cabizbajo? Cuando uno anda enojado y cabizbajo, es porque anda pensando qué va a hacer, pensando cómo voy a expresar mi enojo. Este me robó el carro y eso me tiene enojado. Mi mujer me fue infiel, eso me tiene enojado. Mi hijo me robó dinero, me tiene enojado. Mi socio me engañó, me tiene enojado. Fulano me pidió dinero prestado y no me lo paga, me tiene enojado. Cuando usted está enojado empieza a pensar en cómo cobrárselas, cómo desquitarse lo que le han hecho.

            Mire a su vecino a los ojos y dígale: ¿por qué estás enojado? A lo mejor es su hijo el que está ahí enojado, a lo mejor es su esposa la que está ahí enojada, a lo mejor es su suegra la que está ahí enojada, a los mejor es su amigo el que está ahí enojado. ¿Por qué estás enojado? ¿Debemos continuar enojados? ¿Debemos liberarnos del enojo? Sí. Pidámosle a Dios que nos quite el enojo. Oremos juntos y digamos: Padre nuestro quítame el enojo, ayúdame Señor a no enojarme y a no pecar. Ayúdame Señor que cuando me enoje, pronto me reconcilie. En el nombre de Jesús, amén. Dígale a su vecino. No te enojes, Dios quiere que estés contento, que estés feliz.

            A veces nos enojamos. Hace algunos años venía saliendo de Ciudad San Cristóbal, iba para la Calzada Aguilar Batres, en ese entonces ahí había salida y luego uno subía hacia el periférico, eran como las 7 de la mañana, estaba estacionado con mi automóvil esperando que me diera luz verde el semáforo que está la altura de las Charcas, 35 calle. Cuando de pronto vi que por atrás venía un carro y el que venía conduciéndolo no tenía intención de parar. Me agarré lo más firme que pude, metí freno para no hacer una cadena de choques, me senté lo mejor que pude y el de atrás vino con toda la velocidad que traía y se estrelló contra mí. En vez de enojarme en ese momento me bajé pensando: ojalá que este conductor esté en buenas condiciones, me bajé, me acerqué, era un hombre joven, más o menos de mi edad en ese entonces, y le digo: -¿qué le pasó? ¿Cómo estás? -Bien me dijo, el sol me encandiló y no vi nada-, pero el pobre no vio nada y siguió veloz. Si usted no ve a nadie y va manejando ¿qué debe hacer? Frenar, pero al pobre ni se le ocurrió frenar, hasta que se fue a estrellar.

            Puede bajarse, enojarse, insultar al otro piloto o puede bajarse y preguntar por el bienestar del otro piloto y ayudarlo a resolver el problema. Llamamos a la aseguradora, que se encargó de los carros. Pero evitamos el enojo, porque el enojo está como una fiera oculta, esperando saltar encima de usted y atraparlo y morderlo. Tengo un amigo que un día iba corriendo por la calle y de repente apareció un perro y lo asustó, el pobre por defenderse se cayó y se fracturó. Ahora imagínese que en vez de un perro sea un león, ¿qué pasa cuando el león aparece y salta encima de usted? ¿Qué le va a pasar? Lo va a devorar, el diablo dice que anda como león rugiente alrededor de nosotros buscando a quien devorar y a ¿quién va a devorar? A aquel que tiene olor, color y sabor a carne.

            Si usted anda en la carne y se anda enojando y peleando con Raymundo y todo el mundo, va a ser devorado por esa fiera de pecado que lo va a capturar. Usted siempre va a andar golpeado, porque el que da recibe, si usted golpea a alguien, será golpeado. Ofende a alguien, será ofendido. Si engaña a alguien será engañado, usted patea a alguien será pateado. Y por eso es que hay que dominar nuestras pasiones, nuestras emociones, nuestro impulso. Yo sé que a veces se siente el impulso y pone manos y patadas a alguien, pero no debe ser así. Debe de cuidarse.

            Recuerdo a un conocido que llegaba a su casa tarde, después de emborracharse y se le quedaba viendo a su mujer que estaba en la cama, y decía ¿cuándo se irá a morir esta hija de tantas? Y ella feliz durmiendo, Gracias a Dios se convirtió a Cristo, se liberó de todo su enojo y ha vivido por muchos años con su hija de tantas en paz, porque aprendió a dominarse. “Si hicieras lo bueno podrías andar con la frente en alto, pero si haces lo malo el pecado te acecha”, cuando usted hace lo bueno anda con la frente en alto. La Biblia dice “huye el impío sin que nadie lo persiga”. En otras palabras el que nada debe, nada teme, pero cuando usted hace algo malo, yo he hablado con personas que están hablando conmigo pero están nerviosas viendo a todos lados, ¿por qué andan así? Temen que algo les pase, desconfían que pronto alguien los va a atacar. Nosotros si hacemos lo bueno andaremos con nuestra frente en alto.

            Y por eso lo importante de vivir en una ciudad en donde a usted lo conocen y saben cómo es cuando va a la gasolinera, saben cómo es usted cuando va al banco, saben cómo es usted cuando va a restaurantes, saben cómo es usted cuando va al trabajo, cuando va a la escuela, cuando va a la universidad, porque lo han visto transitar esas calles, esos negocios, esas actitudes, un día, un mes, un año, un lustro, una década, medio siglo, la gente lo ve y por eso es necesario que usted y yo que somos hijos de Dios donde quiera que vayamos seamos luz, porque entonces la luz en medio de las tinieblas resplandece y la gente empieza a querer ser como usted es, a querer imitar lo que hace, a creer lo que usted cree y a vivir lo que usted vive.

            |Pero no podemos ser hijos der Dios y andar por todas partes menospreciando a la gente, insultando a la gente, enojados con la gente, con celos de la gente, con envida de la gente. Si usted tiene amigos que son más ricos que usted, dele gracias a Dios, nunca le van a pedir prestado. Sí, si usted tiene amigos que están llenos de plata gócese, porque usted nunca va a tener que darles plata para que salgan adelante. Si todos sus amigos tienen sus hogares en paz gócese, porque nunca va tener que darles posada a ninguno de ellos en su casa. Tenemos que alegrarnos de que los demás mejoren y si sus amigos son el presidente, el ministro, el gerente, el gobernador, el diputado, el maestro, el jefe alégrese donde quiera que vaya, usted va tener muchos amigos que están en buenas condiciones. No sienta celos por ellos, alégrese, además se va a levantar tranquilo, al ministro lo van a llamar desde las cinco de la mañana: ministro, hoy amaneció más cara la gasolina ¿qué piensa? Un amigo mío que fue ministro de economía me decía, me acababa de despertar y ya me estaban llamando los reporteros para decir que había subido la papa, que había subido la sal, que había subido el azúcar, que había subido el pollo, que había subido todo.       En la vida hay contrastes y conflictos, toda posición tiene su precio, no envidie a nadie. No tenga celos de nadie, no se enoje con nadie y si se enoja no peque. La Biblia dice: no dejen que el sol se ponga sobre su enojo. Si usted se enojó hoy con la novia, se enojó hoy con la esposa, se enojó hoy con el empleado no deje que pase la noche, llame a su empleado y dígale: jovencito, yo lo contraté a usted para que haga aquí un trabajo de ocho a cinco, ¿por qué viene todos los días a las nueve? Háblele. Si usted se enoja con su jefe, porque cada vez que son las cinco le da trabajo para que se vaya a las ocho, hable con su jefe, en vez de llegar enojado a su casa pateando al chucho, sopapeando al hijo, maltratando a la suegra, ¿qué culpa tiene la pobre doña? Usted tiene que resolver su conflicto antes de que pase el día.

            No guarde el enojo de hoy para mañana, no guarde el enojo de hoy y de mañana para pasado mañana, resuélvalo cada día y usted va a ser una persona diferente. Porque si damos lugar a estos enojos vamos a caer en lo que 1 Juan3:11-15 dice “Éste es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros. No seamos como Caín que, por ser del maligno, asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo hizo? Porque sus propias obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos, no se extrañen si el mundo los odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna”. Levítico 19:17 “No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado”.      Reprende con franqueza a tu prójimo. En vez de enojarse con su marido, hable con su marido, repréndalo con franqueza. Diga la verdad con amor: mi cielo, no me gusta que me estés llamando la “Pelangocha” delante de tus amigos. Es mejor que se lo diga y no que usted viva enojada por eso. Y después le dice “pelangochita” y usted enojadita. Háblele con franqueza. Esposo dígale a su esposa: no me gusta que delante de todos tus amigos me digas que soy un enano mental, un tonto y un idiota, no me gusta. Es mejor un rato colorado que mil descoloridos y evitemos así enojarnos.

            Hijo, hable con su papá, dígale la verdad en amor. –Papá, no me gusta que me lleves contigo cuando vas a ver a la otra. De verdad, no me gusta, me cae mal cuando ella me sienta en sus piernas, no me gusta, dígaselo. Yo no estoy de acuerdo con que tu vayas y tengas otra mujer, hazme el favor no me lleves, no quiero, si vamos a salir que sea con mi mamá, yo sé que la otra está más bonita papá, pero esta es mi mamá. Yo sé que la otra te da plata, pero esta es mi mamá. Es mejor hablar, no solo enojarse, hablar con franqueza, decir la verdad en amor. Dígale a su vecino: no se enoje. Y si su vecino es de aquellos que lo odian, uno sabe cuándo alguien lo odia, uno mira a la persona y en esos ojos sale un odio, rayos y centellas. Tal vez no le dicen nada, pero en esa mirada uno dice: me va a matar. No puede dar esas miradas ni a sus trabajadores, ni a sus jefes ni, a sus parientes, ni a sus hermanos en la fe, porque el que odia a su hermano, dice Juan, es un asesino. Jesús dijo de esta manera: oyeron a los antiguos decir no matarás, pero yo les digo el que aborrece a su hermano ya es culpable de asesinato. Así que no podemos aborrecer a ningún hermano.

            Mi esposa y yo tuvimos varias veces conflicto con ese tema, porque me decía cómo puedes saludar a este fulano de tal tan efusivamente, darle abrazo, darle apretón de manos, darle ayuda si este fulano de tal nos ha hecho tanto daño, pero yo le decía, yo no puedo guardar rencor contra nadie, no puedo guardar odio contra nadie, quién sea que nos haya hecho daño, tenemos que cumplir el mandato del Señor que dice amén a sus enemigos, bendigan a los que les maldicen. Joven fui y ahora que soy viejo, no he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan y cada vez que me encuentro con alguien, lo beso, lo abrazo, lo bendigo y mi corazón está libre de rencores, de odios y resentimientos.

            Si usted no lo hace va a sufrir las consecuencias, precisamente en el programa Diálogos que gravé con Haroldo Sánchez en Guatevisión, me recordé de un joven que llegaba para que orara por él, ya hace como cuarenta años, y me decía –Pastor, me duele el brazo no lo aguanto, ore por mí–. Oraba por él, sanaba. –Ya no me duele pastor– Se iba. A la siguiente reunión llegaba y me decía otra vez. –Me duele el brazo, ore por mí–. Oraba por él. Sanaba en ese momento el dolor. A la tercera vez le dije, hay algo más que te hace causar este dolor, ¿tenés en tu corazón un resentimiento contra alguien? –Si pastor, yo odio a mi padre, porque me abandonó cuando era niño y culpa de mi padre que se fue a Estados Unidos y me dejó, he sufrido muchas cosas en esta vida–.

            Era un joven, un adolescente, pero había sufrido, entonces le dije: el remedio para el dolor de tu brazo está en el perdón, perdona a tu papá. –Prefiero el dolor-, me dijo. Se fue, ya no oré por él y pasaron los días, regresó. –Pastor, ya no me dolió el brazo-. – ¿Qué paso? ¿Qué hiciste? –Le hice caso pastor, hice una carta a mi papá y le dije: “papá quiero decirte que siempre te he odiado, te he aborrecido, porque pensé que por tu culpa he sufrido tanto. Pero conocí a Jesús como mi Señor y Salvador personal y he aprendido que así como Dios perdona mis pecados, yo debo perdonar tus pecados y yo te perdono por lo que me hiciste, por abandonarme, te perdono. Te amo”. –Pastor, en cuanto puse esa carta en el correo, entonces no habían Email, solo correo físico y tan pronto como puse esa carta desapareció el dolor de mi brazo. Estoy sano, no me duele el brazo tampoco me duele el alma. Cuando Dios sana, sana nuestro corazón, sana nuestro cuerpo, sana nuestra mente y nos da una vida nueva en Cristo Jesús. Podemos vivir toda una vida libre de enojos, celos, envidias, iras y estar sanos.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…