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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Uno de los salmos que a mí me han bendecido a través de la vida es el Salmo 103, dice el Salmo 103, Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. ¿Cuántos han recibido beneficios del Señor alguna vez? Diga gracias Dios por todos los beneficios recibidos.

Debemos entender que Dios nos ha bendecido y nos ha prosperado. Tengo muchos conocidos, amigos y familiares que alguna vez en la vida anduvieron sin zapatos, pero no por gusto sino porque no los tenían. El otro día, hablando con unos amigos me decían que como solo tenían un par de zapatos, cada vez que iban a jugar fútbol tenían que jugar descalzos, porque los regañaban si raspaban los zapatos, pero ahora estos amigos ya no saben ni cual zapato ponerse, parecen que fueran cien pies, los tienen hasta para botar.

Somos muchos a los que Dios nos permitió nacer y experimentar en esa época de la infancia alguna escasez, alguna limitación, usar un pantalón hasta que quedaba como short, era el mismo del año antepasado, del año pasado y ahora parecía que lo usábamos para saltar charcos, se encogía. ¡Ah los tiempos aquellos en los que había una escasez! Algunos tenían que estudiar con una candela, porque no tenían electricidad en su casa y, sin embrago, a pesar de todas esas limitaciones, Dios los sacó adelante, algunos de ellos son profesionales, otros son empresarios y hoy estamos acá teniendo mucho más de lo que imaginamos alguna vez en la infancia. Dios nos ha bendecido. Nos ha prosperado rica y grandemente. Y es que no existen dudas que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza (Proverbios 14:23). Muchos en la infancia, en la juventud, decidimos que íbamos a salir de la pobreza y salimos. Decidimos que íbamos a salir de la ignorancia, y lo logramos. Decidimos salir del anonimato, y lo logramos, porque todo esfuerzo tiene su recompensa. En el libro Escuela para Padres hay un capítulo que dedico a lo que llamo “Determinar, permanecer para tener éxito”. Muchos de los logros en la vida se obtienen después de perseverar. No se logra a veces de la noche a la mañana, se tiene que perseverar, tenemos que darnos cuenta que el que persevera alcanza.

El que se esfuerza triunfa y el que permanece conquista aquellas montañas difíciles de la vida. Debemos entender que así como se esfuerza y triunfa el hijo de Dios, se esfuerza el impío que también triunfa. ¿Conoce usted a gente que no ama a Dios, que no cree en Dios que se esforzó y que se encuentra económicamente muy bien? Sí. Hay gente que es atea, pero está económicamente bien, eso quiere decir que la cuenta bancaria abundante en dinero no es una señal, necesariamente, de que somos hijos de Dios, porque hay algunos hijos del diablo que también la tienen llena.

Cada día vemos en los periódicos noticias de personas que han salido de la miseria a la abundancia, y no necesariamente gente que ama a Dios, es gente que ha causado mucho daño, su negocio es intoxicar a la gente, su negocio es secuestrar a la gente, su negocio es extorsionar, su negocio es trata de personas y claro que tienen mucho dinero. Algunos, se ha dicho, tienen cuartos llenos de millones de millones de dólares, no son hijos de Dios. Es muy importante entender que ni ser rico ni ser pobre es una evidencia de que alguien es un hijo de Dios. No podemos decir que pobre y ser hijo de Dios son sinónimos o rico y ser hijo de Dios son sinónimos, porque conozco en la historia de la Palabra y en la historia de la vida cotidiana a hombres muy ricos que son verdaderos hijos de Dios, también conozco personas muy pobres que no tienen nada de Dios. También conozco a gente muy pobre que ama a Dios y a gente muy rica que no incluye a Dios en sus planes o sea que el saldo en nuestra cuenta bancaria jamás reflejará nuestra relación espiritual con Dios.

Jesús mismo habló al respecto cuando contó la historia del hombre rico y Lázaro, el mendigo. Lucas 16:19-31, Había un hombre rico que se vestía lujosamente y daba espléndidos banquetes todos los días. “Dar banquetes todos los días”, quiere decir que hay mucha plata para gastar. A la puerta de su casa se tendía un mendigo llamado Lázaro, que estaba cubierto de llagas y que hubiera querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. Hasta los perros se acercaban y le lamían las llagas. »Resulta que murió el mendigo, y los ángeles se lo llevaron para que estuviera al lado de Abraham. También murió el rico, y lo sepultaron.

Este uno de los pasajes, de los muy poquitos pasajes en la Biblia, que corren el velo para que veamos lo que ocurre después de la muerte. Nos moriremos, no importa lo que tenga en la cuenta bancaria, nos moriremos. 23 En el infierno, en medio de sus tormentos, el rico levantó los ojos -sus sentidos están funcionando, usted puede hablar, puede oír, puede sentir- y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Así que alzó la voz y lo llamó: “Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego”. Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente.

            Eso no quiere decir que todos los ricos van a sufrir terriblemente, porque hay muchos cristianos ricos que van a pasarla muy bien. Abraham fue un hombre muy rico y está en la presencia del Señor. Lo que pasa es que se puede llevar aquí una vida de riqueza y experimentar la pobreza espiritual. O se puede llevar aquí una vida de pobreza y experimentar la riqueza espiritual. O se puede llevar aquí una vida de pobreza y experimentar la pobreza espiritual. Lo importante es que usted, aquí en la Tierra, sea pobre o sea rico materialmente, usted sea una persona rica en fe y que conozca a Jesús como su Señor y Salvador personal. Su riqueza no le abrirá las puertas en el cielo, solamente usted tiene que creer en Jesucristo como su Señor y Salvador personal primero, confesarlo con su boca y vivir en obediencia a Su Palabra y entonces sea rico o sea pobre o medio rico o medio pobre usted va a lograr, al morir, llegar a la presencia del Señor.

            26 Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá. Si una vez muerta la persona le toca estar lejos de Dios, por más oraciones, misas que hagamos aquí en la Tierra no lograremos pasar al muerto del infierno al paraíso. Todo lo que podemos hacer por una persona, para que esté en el paraíso, para que esté como Jesús le dijo al ladrón, que estaba a la par de Él siendo crucificado: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Para que una persona logre estar con el Señor en Su presencia tiene que hacerlo antes de morir. El ladrón era un sinvergüenza, era un pecador, era un criminal, pero se arrepintió a tiempo y el Señor lo llevó a Su presencia.

Es muy importante entender eso. Abraham le explicó al rico. Él respondió: “Entonces te ruego, padre, que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento”. Pero Abraham le contestó: “Ya tienen a Moisés y a los profetas —Jorge H. López, predicándoles por la prensa, la radio, la televisión. Ahí tienen a la Fráter 35 años de estar predicando. Tú lo has oído, lo has puesto en la televisión, todos los domingos conectas la televisión, oyes la predicación—; ¡que les hagan caso a ellos!” “No les harán caso, padre Abraham —replicó el rico—; en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían.” Se morirían del susto pero no se arrepentirán. Imagínese que su abuela resucite y le aparezca a usted en la casa y le diga: hijo arrepiéntase, eso del infierno es cierto, mire, todavía estoy sudando el calor que hay allí.

Jesucristo estuvo muerto, resucitó y se le presentó a la gente diciéndole que creyera, algunos creyeron, otros no. Por eso es importante que todo hombre o mujer sin importar su condición socio económica reconozca a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. Por eso en vez de preocuparse solo por dejarle a sus hijos dinero, casas, terrenos, usted debe preocuparse por dejarle a sus hijos fe en nuestro Señor Jesucristo, para que cuando ellos mueran, lleguen también a la presencia de Dios nuestro Señor.

Si el saldo de nuestra cuenta bancaria reflejara directamente el estado de nuestra relación con Dios, podríamos decir que todos los ateos que han prosperado están en buena relación con Dios. Tener o no tener la abundancia de bienes materiales o dinero, nada tiene que ver con que alguien sea o no un hijo de Dios. ¿Por qué prosperan muchos que aún niegan la existencia de Dios? Proverbios 14-23 dice Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza.

Dice la Biblia en el Salmo 37:1-2 No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto. Usted los ve florecer y luego los ve marchitarse. Algunos hemos visto por la televisión historias de bandidos, ¿ha visto en la televisión de un hombre que se llamó Pablo Escobar? Falleció joven, a los cuarenta años. Eso sí, hizo impacto en el mundo con el tráfico, el trasiego de drogas. En Colombia hizo historia, se convirtió en diputado, por poco llega a ser presidente, y en medio de toda su influencia y de toda su fortuna murió.

La vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posee. La vida del hombre cosiste en las buenas relaciones que mantiene con Dios y con los demás, pero todo ser humano prospera porque este proverbio se aplica tanto al cristiano como al no cristiano: Todo esfuerzo tiene su recompensa, pero quedarse sólo en palabras lleva a la pobreza. Cualquier persona cristiana o no cristiana que se esfuerza, que es puntual en su trabajo, puntual en sus entregas, puntual en sus pagos, toda persona que se esfuerza y estudia, escala, logra éxitos porque Dios quiere bendecirnos, Dios quiere prosperarnos, y esta es la ley de la siembra y la cosecha.

Tenemos que seguir sembrando para cosechar. Pero prosperar no es nada malo. La verdad, qué bueno es prosperar, pero prosperar lleva consigo una gran responsabilidad social y eclesiástica. Cuando usted prospera se vuelve una persona con una gran responsabilidad. El que está en Dios no sólo lo sostiene una esperanza futura de la vida eterna, sino el saber que su esfuerzo y la bendición de Dios sobre su vida, siempre, redundarán en salir de la pobreza para vivir mejor y bendecir a otros. Qué bueno cuando uno puede bendecir a otros, a veces quiere pero no tiene como y otras veces tiene de sobra pero no le da la gana compartir con nadie.

La prosperidad en Dios no es mágica, Dios no bendice al perezoso. El mismo Diablo sabe y le dijo a Job y le dijo a Dios hablando de Job, “al trabajo de sus manos has dado bendición. Si usted trabaja desde la madrugada porque es panadero, Dios va a bendecir su pan. Si usted trabaja toda la noche, porque está de turno en un hospital, Dios va a bendecir su turno. Si usted trabaja haciendo pantalones, Dios va a bendecir su sastrería. Lo importante es que usted trabaje, pero si se la pasa solo frotándose las manos, va a desear muchas cosas, pero no las va a alcanzar, todos los que han sido bendecidos por Dios son gente que se ha esforzado y mucha gente que ni cree en Dios y Dios la bendice en ese sentido, porque la ley se aplica. Pongamos aquí a un cristiano y a aquí a un ateo. El cristiano siembra maíz y lo siembra en la tierra, ¿qué va a cosechar? maíz. Y este ateo va a sembrar maíz en su tierra ¿qué va a cosechar? maíz. Son leyes naturales que se cumplen, no porque sea cristiano sino porque son principios naturales que Dios ha establecido. El que siembra, cosecha.

Conocí a un joven empresario, hace muchos años, y antes de convertirse al Evangelio empezó a dar sus diezmos. Traía sus diezmos a la iglesia, y yo le decía, ¿por qué trae sus diezmos si todavía no ha confesado su fe en Cristo? Y me decía: no puedo darme el lujo de dejar de diezmar, porque desde que empecé a hacerlo a la iglesia, Dios ha prosperado mi negocio.

Más tarde se convirtió, pero si no se hubiera convertido hubiera pasado su vida muy bien en su empresa, pero al morirse hubiera llegado al infierno. Usted no puede llegar al Señor y decir que diezmó todo el tiempo, pero el Señor le dirá, pero no te arrepentiste, no creíste en Jesús. Señor, si yo te mandé mis mordidas, digo mis diezmos. No es así, nosotros tenemos que darle al Señor nuestro corazón, eso es lo que dice Dios: dame, hijo mío tu corazón. Dios nos pide que sembremos el maíz, para cosechar maíz. Que demos nuestros diezmos para que Él pueda bendecirnos aquí en la Tierra, pero la salvación no es por obras, la salvación es por fe en nuestro Señor Jesucristo. Todo esfuerzo tiene su recompensa y en el largo plazo de la constancia y la bendición de Dios sobre nuestra vida, harán que prosperemos y muchas veces llegaremos a tener lo que jamás nos imaginamos, pero aunque prosperar y tener no es nada malo, lleva consigo una gran responsabilidad.

Quien tiene el poder económico para hacer el bien, debe hacerlo comenzando con su familia. A su señora le duele el estómago, está bien que ore por ella, pero si le sigue el dolor más vale que la lleve al doctor, que la cure o cómprese un buen plan funerario. Usted tiene que bendecir a su familia. Cómo va a ser eso que tenga en abundancia y sus hijos estén pasando penas, porque a veces le toca tener hijos que pierden el empleo y se les complica, tienen que pagar colegio, tienen que pagar la casa, tienen que pagar la luz y ¿usted? como tío rico McPato contando sus billetes y aquellos pobres contando a sus deudores, a sus acreedores. Tenemos que ayudar a la familia, empezar por la familia, para poder competir lo que Dios nos da.

Eso lo dijo Pablo a Timoteo en 1 Timoteo 6:17 A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. En primer lugar dice que no seamos arrogantes, usted ya anda con caites, no se crea más de los que andan sin caites, usted ya anda en moto, no se crea más de los que andan en bicicleta. Usted ya anda en carro, no se crea más de los que andan en ruletero, en microbús, en transporte público. No sea arrogante, Dios lo bendijo.

Recuerdo la historia de un hermano en la fe que me contó su historia de cómo vino de su pueblecito, lo único que traía era un morralito en la espalda y descalzo. Dios lo bendijo, se esforzó, lo prosperó, lo hizo dueño de una gran empresa de transporte, pero él dice que en algún lugar de su casa guarda el morralito. Cuando ya empezaba a sentirse la gran cosa, dice que iba, agarraba el morralito y decía: así vine yo, con un morralito, una bolsita donde metía las pocas cosas que tenía.

Hay muchos de nosotros que si se bajan el calcetín tienen la marca del caite todavía. Y ahora no se crea más de lo que andan con caites, usted ya anda con Nike, con Boss. Mire, si Dios le bendice y ahora puede vestirse con ropa de marca, porque le abunda la plata, no sea arrogante, no se crea la gran cosa, porque entre más alto sube el mico más se le mira el trasero. Además, dice ahí, que Dios nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos.

Si usted tiene la oportunidad de viajar, de disfrutar con su familia, de que se vistan bien, que coman bien, de que se traten bien sus dolencias y enfermedades, disfrute lo que Dios le da, porque cuando usted se muera el que va a tener una sonrisa de oreja a oreja va ser su yerno, su nuera. Dios nos da todo para que lo disfrutemos. Toda la ley de Dios se reduce a dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu alma, con todo tu dinero, y a tu prójimo como a ti mismo. Ahí está todo.

Si Dios nos permite prosperar es para que hagamos prosperar la obra de Dios y la obra de nuestro prójimo. Vea que Dios es quien nos provee de todo para que lo disfrutemos. Nuestra esperanza no debe estar en las riquezas, pero las riquezas están para que las disfrutemos. Comparta con su familia y disfrute de lo que Dios le ha dado. No existe condenación en que usted disfrute de sus riquezas. Usted no necesita hacer un voto de pobreza para acercarse a Dios. En la abundancia más excesiva, puede vivir bajo Su voluntad. Tiene que aprender a disfrutar y a compartir.

1 Timoteo 6:18-19, Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera. ¿Es usted rico en buenas obras? ¿Es usted generoso? ¿Es usted alguien dispuesto a compartir lo que tiene? Si no lo es, no está atesorando para usted un seguro caudal para el futuro y no ha obtenido la vida verdadera. Esta es la que se tiene más allá de tener y disfrutar, es la que se experimenta cuando uno voluntariamente se desprende. Dios nos provee de todo para que lo disfrutemos, pero también nos provee de todo para que lo compartamos.

Mis hijos no nacieron en la pobreza, ellos no saben lo que es la pobreza. Ellos nacieron en casa propia, agua, electricidad, carro, colegio privado, universidad privada. Ellos no saben lo que es la pobreza, yo sí sé lo que es las pobreza, pero les he enseñado para que lo que tienen aprendan a compartirlo. Un día estaba mi hijo mayor, Jorge, que estuvo cantando aquí con el coro, y fueron a ayudar a los jóvenes que estaban presos, y ahí en ese lugar llamado Las Gaviotas, había un bolo, un borracho, que estaba afuera y mi hijo Jorge se sentó a la par de él para hablarle del Evangelio y le empezó a decir que se convirtiera a Cristo, pero este borracho le dijo: ¿a sí? para usted es fácil, porque mírese los zapatos que tiene, mire los míos. Si usted me da sus zapatos creo en Cristo, pícaro el bolo, chispudo. Mi hijo se quitó los tenis nuevos que cargaba, se los dio al borracho, este confesó su fe en Cristo, espero verlo un día en el cielo y si no se pudrirá en el infierno por aprovecharse del patojo, pero el joven experimentó la generosidad al dar sus zapatos.     Mi hijo Alex contaba esta mañana una experiencia que tuvo. Se fue con unos amigos a comer al mercado de San Lucas. Dice que estaba tomándose un caldo, feliz. Y en eso llegaron un par de muchachitos a ofrecerle películas piratas, les dijo: no les voy a comprar estas películas, porque son piratas, pero los invito a comer con nosotros ¿querés comer? Sí. ¿Qué querés comer? y pidieron su pollo frito, felices los patojos, él dice que eran apestosos, pero los invitó a comer. No vio a ninguno en la mesa comer con tanto gusto y con tanta alegría como esos muchachitos. A media comida estaban cuando uno salió corriendo y regresó con otro patojo, le fue a decir: vos nos invitaron a comer, venite. Dice que agarró la pieza de pollo que tenía con sus manos todas shuquitas, la partió y se la dio al otro patojo. Es que cuando uno da, lo que uno tiene es satisfacción. Él no tenía, de pronto mi hijo le regaló un almuerzo y de lo que recibió le dio la mitad al otro.

Si todos compartimos lo que tenemos, no van a ver niños desnutridos en el país, no va a haber necesidad en el país, tenemos que compartir de lo que Dios nos da. Dios quiere que disfrutemos pero también disfrutemos de la dicha de darle al que no tiene. Por eso dice la Biblia, Hay más dicha en dar que en recibir (Hechos 20:35). Jesucristo dice que vino a la Tierra y dijo: Yo no vine para ser servido sino para recibir y dar mi vida en rescate por muchos. Cuando todos damos, todos somos dichosos. Todos tenemos una responsabilidad social y eclesiástica. Social al bendecir a nuestro prójimo que atraviesa necesidad económica. Y eclesiástica, al sostener a nuestra congregación con nuestros diezmos, ofrendas y promesas de fe. Cuando bendecimos económicamente a otros creamos un mejor mundo terrenalmente hablando. Cuando bendecimos económicamente a nuestra iglesia, creamos un mejor mundo espiritualmente que redundará en una prosperidad terrenal para muchos. Pues todos aquellos que alcancemos con el Evangelio de Jesús, al vivir bajo Su voluntad, prosperarán no sólo espiritualmente sino también terrenalmente, aprenderán a ser generosos y nuestra mundo será mejor.

El pueblo de Israel estuvo 430 años en Egipto, la mayor parte de ese tiempo lo vivió como un pueblo oprimido, esclavizado. Pero llegó Moisés y lo sacó de la esclavitud, los trasladó por el desierto y allí en el desierto Dios les dio los 10 mandamientos y les prometió llevarlos a una tierra prometida donde abundaría la leche y la miel y no vivirían en escasez sino en abundancia. Pero les dio este pasaje que es clave:

Deuteronomio 8, póngale atención, estas son las instrucciones que recibió Israel Deuteronomio 8:1-20 “Cumple fielmente todos los mandamientos que hoy te mando, para que vivas, te multipliques y tomes posesión de la tierra que el Señor juró a tus antepasados. Recuerda que durante cuarenta años el Señor tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. Durante esos cuarenta años no se te gastó la ropa que llevabas puesta, ni se te hincharon los pies. Reconoce en tu corazón que, así como un padre disciplina a su hijo, también el Señor tu Dios te disciplina a ti. Cumple los mandamientos del Señor tu Dios; témelo y sigue sus caminos. Porque el Señor tu Dios te conduce a una tierra buena: tierra de arroyos y de fuentes de agua, con manantiales que fluyen en los valles y en las colinas; tierra de trigo y de cebada; de viñas, higueras y granados; de miel y de olivares; tierra donde no escaseará el pan y donde nada te faltará; tierra donde las rocas son de hierro y de cuyas colinas sacarás cobre. »Cuando hayas comido y estés satisfecho, alabarás al Señor tu Dios por la tierra buena que te habrá dado. Pero ten cuidado de no olvidar al Señor tu Dios. No dejes de cumplir sus mandamientos, normas y preceptos que yo te mando hoy. Y cuando hayas comido y te hayas saciado, cuando hayas edificado casas cómodas y las habites, cuando se hayan multiplicado tus ganados y tus rebaños, y hayan aumentado tu plata y tu oro y sean abundantes tus riquezas, no te vuelvas orgulloso ni olvides al Señor tu Dios, quien te sacó de Egipto, la tierra donde viviste como esclavo. El Señor te guio a través del vasto y horrible desierto, esa tierra reseca y sedienta, llena de serpientes venenosas y escorpiones; te dio el agua que hizo brotar de la más dura roca; en el desierto te alimentó con maná, comida que jamás conocieron tus antepasados. Así te humilló y te puso a prueba, para que al fin de cuentas te fuera bien. No se te ocurra pensar: “Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos”.

Aunque usted se esfuerce y se haya esforzado y sacrificado y por eso Dios le ha bendecido grandemente, no piense que es por usted mismo que tiene todo lo que ha alcanzado.

18 Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados. »Si llegas a olvidar al Señor tu Dios, y sigues a otros dioses para adorarlos e inclinarte ante ellos, testifico hoy en contra tuya que ciertamente serás destruido. Si no obedeces al Señor tu Dios, te sucederá lo mismo que a las naciones que el Señor irá destruyendo a tu paso”.

Prosperar trae consigo un enorme peligro, creer que nuestra riqueza es fruto de nuestro poder y de la fuerza de nuestras manos. Es Dios quien nos da el poder para producir la riqueza. A él le debemos todo, démosle la gloria y la honra por lo que hoy tenemos al Rey de reyes, al Señor de señores.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…