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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

       ¿Cómo se siente ser amigo de alguien importante? Todos nos sentimos muy bien cuando tenemos un amigo que es importante. Alguien de mucha influencia en el deporte, en las ciencias, en las artes, en la política. Alguien famoso por cualquier causa y si es nuestro amigo pues nosotros nos sentimos halagados, y cuando hablan de fulano de tal, decimos jactanciosamente ese es mi amigo. ¿Qué se requiere para ser uno amigo de alguien muy importante y mantener esa amistad para toda la vida?

            Hay personas que son famosas, importantes por ciclos, es decir, en un período de la vida son campeones deportivos. En un período de la vida son gobernantes famosos de un país, pero después ya no. La verdad es que la amistad es algo que perdura, a las situaciones de bonanza, de fama, de abundancia o a las tribulaciones, por eso es importante si uno quiere ser amigo de alguien importante, hay que mantener ciertas características, hay que tener ciertas cualidades de carácter. Uno debe ser una persona que llene requerimientos fundamentales, para que uno pueda ser amigo de alguien por siempre.

            Hay amigos por interés, hay muchos que cuando tienen interés de venderle algo son muy amables, muy atentos. En fin, hay muchas amistades muy interesadas, pero una amistad que verdaderamente dura y sobre todo si es con una personalidad, se requiere que uno tenga cualidades básicas. En Proverbios 22:11 dice El que ama la pureza de corazón y tiene gracia al hablar tendrá por amigo al rey. Hay amigos que no se invitan para una reunión bastante formal, porque se sabe que si se llevan van a ser un desastre, van a causar problemas, van a ofender, van a crear dificultades, van a ponernos en conflicto. Hay amigos pura boca de calcetín que solo la abren para meter la pata. Hay gente que es imprudente y para que se pueda mantener una relación de amistad con gente importante toda la vida, tiene que ser una persona que tenga gracia al hablar, y que ame la pureza de corazón. Que sean sus motivos puros, no los motivos del lobo.

            ¿No cree que ser amigo de Jesús es mejor que ser amigo de cualquier otro personaje en esta Tierra? ¿Se alegra ser amigo de Jesús? Seguro que sí. Jesucristo vale la pena. Para ser amigo de Jesús se requieren esos requisitos: tener pureza del corazón y gracia al hablar. Y cuando usted tiene amigos como Jesús, por ejemplo, se va a exponer a situaciones difíciles, porque entre más conocido e importante es su amigo, más va a estar expuesto ese amigo a que lo critiquen, lo ataquen, a crear una serie de conflictos. Se verá en la prensa las barbaridades que se dicen de su amigo, calumnias y usted que lo conoce dirá: yo lo conozco y sé quién es. Usted dice, yo sé que aquel no es así, yo sé que eso no lo haría él, porque yo lo conozco.

            ¿Qué pasó, por ejemplo, con los amigos cercanos de Jesús, sus discípulos, en Mateo15:1-22? Se acercaron a Jesús algunos fariseos y maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén, y le preguntaron: — ¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Vino un ataque para los discípulos de Jesús, vino una consulta, la crítica. Ser amigo de alguien importante nos puede traer consecuencias y en este caso el ataque no vino para Jesús, vino para sus discípulos. Parte del precio que hay que pagar cuando estamos cerca de una personalidad como Jesús. ¡Comen sin cumplir primero el rito de lavarse las manos! Jesús les contestó: — ¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición? Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”,y también: “El que maldiga a su padre o a su madre será condenado a muerte.”Ustedes, en cambio, enseñan que un hijo puede decir a su padre o a su madre: “Cualquier ayuda que pudiera darte ya la he dedicado como ofrenda a Dios.” En ese caso, el tal hijo no tiene que honrar a su padre.Así por causa de la tradición anulan ustedes la palabra de Dios.

            Anulan ustedes la Palabra de Dios. Jesucristo presenta su mensaje, esto es en el principio de su ministerio. Es un mensaje que choca con el que tenía la religión judía. La religión judía se basaba en muchos rituales, en muchas prácticas y en muchas ceremonias. Y cuando habla aquí de lavarse las manos se refería a las leyes de Levítico, decía que cuando alguien toca un muerto se vuelve una persona inmunda, entonces tiene que purificarse. Si una mujer está con menstruación, es una persona inmunda. Y si alguien se sienta en un lugar donde estuvo sentada la mujer con menstruación, es una persona inmunda. Total, todos eran inmundos, y entonces tenían que purificarse y para hacerlo tenían una serie de ritos y de prácticas. Por eso lavarse las manos, los judíos, era todo un proceso, primero tenían que echarse un poco de agua en las manos y dejar que cayera hacia abajo, luego tenían que echarse otro poco de agua en las manos y dejar entonces que escurriera, primero era para abajo porque esa agua podía contaminar el resto del cuerpo si escurriría hacia el brazo.

            Los judíos eran muy obedientes, practicaban las abluciones, el lavamiento. Los sacerdotes, por ejemplo, en el templo no entraban a oficiar si primero no se lavaban las manos en el lavacro y era una serie de lavamientos y los discípulos de Jesús aunque eran judíos, una vez que andaban con Jesús no lo estaban practicando y, supuestamente, según los judíos estaban quebrantando la tradición de los ancianos. Un verdadero judío tenía que cumplir todos estos requisitos para mantenerse limpio. Jesucristo viene y eleva la religión a un nivel superior, no de ceremonias, no de ritos, no de prácticas, no de reglas, sino que lo eleva a una relación especial, interior y por eso les dice en el versículo 7: ¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes: »“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas. Jesús llamó a la multitud y dijo: Escuchen y entiendan. Lo que contamina a una persona no es lo que entra en la boca sino lo que sale de ella.

            Las leyes establecían que los judíos no podían comer cerdo, camarones, no podían comer langostas, no podían comer conejo y muchas cosas. Ellos estaban convencidos que todas esas comidas les contaminaba su espíritu, su relación con Dios. Y Jesucristo está diciendo aquí: es más fácil llevar una religión en la cual hay que cumplir ciertas reglas como lavarse las manos, no comer ciertas cosas. Ese tipo de religión es mucho más sencillo y más fácil de cumplir, pero yo les estoy enseñando algo que es más complicado más difícil, porque lo que contamina al hombre no es lo que el hombre come. Y por si acaso no lo entienden, se los explicó a los discípulos de esta manera: Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: — ¿Sabes que los fariseos se escandalizaron al oír eso? Por supuesto, para los fariseos todas su estructura religiosa, en ese momento, se puso en tela de duda, Jesús vino a conmover la estructura religiosa de los fariseos, porque les dijo que no es eso la religión: cumplir ritos, ceremonias y seguir reglas.

                —Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será arrancada de raíz —les respondió—. Déjenlos; son guías ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un hoyo. —Explícanos la comparación —le pidió Pedro. — ¿También ustedes son todavía tan torpes? —les dijo Jesús—. ¿No se dan cuenta de que todo lo que entra en la boca va al estómago y después se echa en la letrina? ¿Hablaba claro Jesús? El proceso digestivo es este: come, hace la digestión y lo demás lo echa a la letrina. Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. Aquí Jesús pone otro estándar de vida, pone otro nivel de conducta. Los judíos decían que se contaminaban por tocar a una persona leprosa o a una persona muerta o a una persona con menstruación, ellos se contaminaban con esas cosas, pero Jesús les dice: No, no. La contaminación no viene de afuera para adentro, la contaminación viene de adentro para afuera, lo que usted tiene en su alma, porque cuando habla del corazón se refiere al alma de la persona, en el corazón de una persona hay sentimientos de venganza, de odio, de rencor. Todos hemos sentido algo en el corazón. Como dice aquella señora, “no la puedo ver y me dan ganas de estrangularla”. Eso viene de adentro, del corazón, del alma, donde está el asiento de las emociones, los pensamientos. Los sentimientos de una persona están adentro de nuestro corazón.

            Y cuando tenemos dentro del corazón todas esas cosas malas, cuando salen por nuestra boca, entonces es cuando nos contaminamos. Pero lo que sale de la boca viene del corazón y contamina a la persona. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. Éstas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos. Al final concluye Jesucristo, una persona puede llevar una vida lavándose las manos siguiendo todo tipo de rituales, todo tipo de reglas judías, religiosas. Lo que lo contamina es lo que sale de su propia alma. Aun entre los hindúes que es una sociedad formada por castas, ahí hay castas de castas. Cuando alguien de una casta superior entra en contacto con una casta inferior, tiene que cumplir con una serie de ceremonias para limpiarse de esa contaminación, algo así como decía aquel actor mexicano que mirábamos cuando éramos más niños: no te juntes con esa chusma.

            Jesucristo dice no, lo que contamina no es lo que entra, es lo que sale de nuestro corazón. Jesucristo se va más adelante y nos dice en Mateo, si ustedes quieren saber ¿cuál es el más grande mandamiento de todos? les dijo a los discípulos, cuando le preguntaron ¿cuál es el mandamiento más grande? ¿Qué respondió Jesús? ¿Lavarse las manos, dejar de comer mariscos? —“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” y a tu prójimo como a ti mismo. Ahí está su prójimo, su vecino.

Mateo 22:34 -49

            Los fariseos se reunieron al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos. Uno de ellos, experto en la ley, le tendió una trampa con esta pregunta: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo. “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.” O sea que más adelante Jesucristo les aclaró todavía más a los fariseos y saduceos y a todos sus discípulos, toda la ley, todos los profetas dependen de estos dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo. Si quiere tener una verdadera relación con nuestro Señor, usted tiene que entender que cuando Jesús vino toda la religión estaba basada en ritos, reglas y ceremonias, pero Cristo vino a enseñarnos que la relación entre las personas correcta es la comprobación que tiene una buena religión. No me diga que usted tiene una buena religión si usted odia a su prójimo, usted odia a su marido o exmarido, si usted odia a su hijo o a su nuera, si aborrece a su jefe o al subalterno, usted está con problemas, porque los dos mandamientos más importantes son esos, y cuando usted ama a Dios y al prójimo tendrá un corazón puro, tendrá un corazón corregido, no estará pensando en otras cosas, porque del corazón impuro salen estos malos pensamientos que tenemos los seres humanos.

            Proverbios 22:11 dice: El que ama la pureza de corazón y tiene gracia al hablar tendrá por amigo al rey. No solo sea amigo del Rey de reyes sino que usted podrá ser amigo de todo el mundo. Si usted es amigo de Dios y tiene buenas conexiones con Dios y le atiende sus peticiones, todos los demás van a querer ser amigos suyos. Cuando usted está bien conectado, todo el mundo quiere estar bien conectado con usted. Por eso aquí les voy a dar un consejo, conéctese bien con el Rey de reyes y Señor de señores, porque esa es la relación que más les conviene a todos los seres humanos.

            Ezequiel 18:31-32 dice: Arrojen de una vez por todas las maldades que cometieron contra mí, y háganse de un corazón y de un espíritu nuevos. ¿Por qué habrás de morir, pueblo de Israel? Yo no quiero la muerte de nadie. ¡Conviértanse, y vivirán! Lo afirma el Señor omnipotente. Lea todo el capítulo y se va a dar cuenta de lo que pasa, hay padres malos que tienen hijos buenos, hay padres buenos que tienen hijos malos, pero el Señor no condena al padre por el hijo malo ni al hijo bueno por el padre malo. Porque cada quien es responsable de sus propios actos, por eso es importante que cada uno se convierta de sus malos caminos y busque a Dios y se arrepienta y adquiera un corazón y un espíritu nuevo.

            Si no fuera por ese milagro que Dios hace en nosotros, ese corazón que trajimos lleno de rencor, odio, de desprecio, de temor, de pecado estaríamos enfermos, muertos, quizá, muchos de nosotros, pero Dios ha cambiado nuestro corazón y al cambiar nuestro corazón, nuestra motivación y nuestra intención podemos tener una mejor vida, pero depende de nosotros, de nuestro corazón. Por eso en Mateo 5: 8 dice Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Incluye este versículo, la primera prédica de Jesús, el famoso Sermón del Monte, donde Jesús establece las normas de su fe, de su liderazgo en el reino aquí en la Tierra. Y dice Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Todos queremos ver a Dios, pero nuestro mayor sueño debe ser ver a Dios, Él sí es el verdadero santo, al que nosotros decimos Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos, toda la Tierra está llena de tu gloria. Yo también tengo ganas de ver al santo, a Dios, y si puedo no solo tocarle el bíceps sino abrazarlo, verle los ojos y decirle: Señor, toda mi vida he oído de ti. Qué bueno es estar aquí contigo Señor, gracias por hacerme un hijo tuyo, por hacerme un siervo tuyo, gracias Señor. Sentarme a la mesa, comer con Él, pero eso solamente lo vamos a lograr si tenemos un corazón limpio. Nos urge limpiar nuestro corazón y dejar de estar sintiendo ese odio jarocho contra cualquier persona.

            Debemos arrepentirnos de nuestros pecados. Aquí entre nosotros, como le diría Jesús a un hombre que le dijo maestro justo y Jesús le dijo: No, No me digas maestro justo, porque justo no hay ni uno. Jesús estaba en ese momento consciente de que Él llevaría el pecado de todos nosotros. Mire a sus alrededor, aquí hay gente que tiene cara de ángel, pero es pecadora. Aquí hay señoras que parecen ángeles, pero llevan una vida de demonios también. Aquí no hay ninguno de nosotros que pueda decir que nunca ha pecado. Todos hemos pecado, nadie se escapa, diferentes tipos de pecado, pero pecado es pecado. Usted agarre un pedazo de carbón pequeño, póngalo a la par de un pedazo de carbón gigantesco, ¿qué diferencia hay entre uno y el otro? El tamaño según nuestros ojos, pero sigue siendo carbón. El pecado que tenga puede llamarlo pequeñito, pero es pecado. ¿Quién peca más el que mata a uno o el que mata mil? Igual ¿qué es más pecado, robarse un quetzal o robarse un millón? Es igual entonces concluimos que todos necesitamos limpiar nuestro corazón. El Salmo 51 nos cuenta lo que le pasó a un personaje famoso, el rey David. Le pasó como a mí me pasó con los jocotes. Se asomó a la ventana del palacio una tarde y vio desde ahí que se estaba bañando una señora. Ahora díganme compañeros varones, usted ve a una señora bañándose desde la ventana de su casa ¿qué hace? ¿Cierra la ventana inmediatamente? la verdad que no. Usted se queda viendo, se le hace agua la boca. Y usted quiere robarse esos jocotes.

            La verdad, yo entiendo a David. Yo no sé si la señora ya había medido el ángulo de la ventana de David también, porque el que no enseña no vende, dicen. Y la señora estaba sola porque el esposo estaba en la guerra. A la señora le hacía falta su esposo. Yo no sé, pero algo tuvo que ver en la situación, David la mandó a traer, se acostó con ella, la embarazó y el marido no estaba en casa. Y una mujer embarazada sin marido en casa la iban a matar a pedradas. Lo mandó a traer para que se acostara con ella, vino el marido en vez de acostarse con ella se quedó en el palacio durmiendo en el piso porque así estaban sus soldados.

            Y David, ¿ahora qué hacemos? Mandó a que dejaran al esposo de esta señora, Betzabé, solo en el campo de batalla para que lo mataran. Mataron al pobre militar, entonces vino David y le dijo a todo el pueblo: ha muerto unos de nuestros héroes, Urías el hitita, ha dejado triste a una viuda, yo me haré cargo de ella. ¡Qué tal! Eso es ser buen rey, todos dijeron que corazonote el de David. Un día llegó el profeta Natán y le dijo a David: un hombre tenía cien ovejas y a la vecindad había otro hombre que tenía una oveja. Y le vinieron visitas al hombre de las cien ovejas y se acercó al hombre que tenía una y le quitó la única que tenía, para darle de comer a sus visitantes. ¿Qué merece ese hombre, David? La muerte. Y Natán le dijo: David, ese hombre eres tú, teniendo tantas viejas en el palacio le clavaste la única que tenía Urías el hitita. ¿Qué hizo David en ese momento? Se tiró al suelo, se arrepintió y se puso a pedir perdón, pidió la misericordia de Dios. Dios lo perdonó, y usted señora no quiere perdonar a su marido, que le quemó el rancho hace diez años, y Dios lo perdonó por caer en adulterio con Betzabé, mandar a matar al marido, engañar al pueblo. Entonces escribe David el Salmo 51:1-4, 10,17 Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.

            David sabía que su corazón no estaba limpio, y porque no estaba limpio salió de su corazón el deseo de cometer adulterio con Betzabé, cometió pecado, muchos pecados, pero Dios vino y lo perdonó. Versículo 17 El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. Jovencito, hombre y mujer adultos, viejos que estamos aquí presentes, Dios lo que quiere es un corazón limpio, y por eso debemos venir con un corazón quebrantado y arrepentido y decirle al Señor: Señor, Señor, perdóname, he pecado. Peca el niño que se robó los jocotes, peca el joven porque se roba la bolsa de una viejita. Pecamos todos, pero si nos arrepentimos de nuestros pecados nos perdona Dios. Su misericordia es grande y por eso es importante reconocer la necesidad de tener un corazón limpio, no solo amar la pureza de corazón que nos permite ser amigos del Rey, pero leamos lo que dice Proverbios 16:13: El rey se complace en los labios honestos; aprecia a quien habla con la verdad. Cualquier amigo que usted tenga, sea muy importante, sea el más importante en su país va a apreciar que usted tenga labios honestos y que hable con la verdad.

            Los personajes muy importantes se rodean de gente esperando que le digan la verdad ¿pero cuántos le dicen la verdad? Muy pocos. La mayoría simplemente le dora la píldora, le dicen lo que él quiere oír, rara vez le dicen la verdad. Si algo espera Dios es que nosotros digamos la verdad, que tengamos labios honestos. Es como aquella señora que está preparando en su casa un pastel y prepara todo el betún de chocolate y en eso sale un ratito y regresa. Ve que le dieron una mordida al pastel. Viene la mamá y pregunta ¿quién se comió este pedazo de pastel? Y el niño con toda la boca llena de chocolate dice: a saber, yo no sé quién pudo haber sido, algún sinvergüenza mami, algún abusivo mami, algún mentiroso. Su mami lo está viendo y piensa: este mi patojo fue el que se comió, este mi muchacho fue quien se comió el pastel. Cuando usted viene delante de Dios, antes que usted diga la verdad Dios la sabe. Él nos ve la boca llena de chocolate, Él sabe que nos comimos el pastel antes del cumpleaños, nos conoce, pero espera que nosotros seamos honestos y le digamos la verdad.

            Hay dos cosas que menciona este pasaje: buscando la pureza de corazón y el que tiene gracia al hablar, tendrá por amigo al rey. Hay personas que no tienen gracia al hablar, tal vez está sentado a la par de esa persona en alguna comida y si ya la conoce se dice dónde me tocó, porque este puede tener a alguien enfrente y está hablando pestes de él o está hablando pestes de otro y todos oyendo y usted a la par, no sabe usted qué hacer, solamente dice trágame tierra. Hay quienes no saben hablar con gracia y eso no ayuda.

Efesios 4:29-30 dice Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan. No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención. Obsceno es aquello que ofrende al pudor. Ser recatado, especialmente en lo relativo a temas íntimos de las relaciones matrimoniales. Tenga gracia al hablar, evite la conversación obscena, hable pero jamás con obscenidades y si alguien las habla no continúe la conversación, cambie de tema.

            En el libro de Colosenses 4:5-6 dice: Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno. Si usted está con gente no creyente en el trabajo, en la universidad, en el barrio, en alguna reunión, ¿qué debe hacer? ¿Contar chistes vulgares? Aquí está mi tarjeta, soy servidor de la Fráter. Usted es servidor de la Fráter y contando los chistes más vulgares que puedan haber ¿le luce o no le luce? No le luce. Señora, señor tenemos que hablar con gracia, que lo que hablemos sea para edificar. De qué sirve que usted le diga a una señora: usted se vistió muy bonita, pero es muy fea. ¿Usted habló con gracia? No. Usted va a ver a un enfermo y lo ve grave y le dice: usted si ya está caminando… Como le decía el joven a su papá que estaba grave: papá, no mirés la luz del túnel, no la mirés. ¿Habló con gracia ahí? Usted puede que esté diciendo la verdad, pero no lo está diciendo con gracia. Tenemos que tener cuidado, mucho cuidado. Usted quiere ser amigo de la gente, hable con gracia. Quiere ser amigo del Rey de reyes tiene que tener cuidado, hay dichos entre nosotros que dicen en boca cerrada no entra mosca, y de acuerdo a lo que Jesús dice en boca cerrada no sale mosca. Hay quienes abren la boca y chorro de moscas. Hay que tener cuidado, solo si va a edificar hable, solo se va a bendecir hable.

            Voy a concluir con la lectura de un salmo importante, el Salmo 24:1-5, Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan; porque él la afirmó sobre los mares. En otras palabras, todo lo que usted tiene no es suyo. Le recuerdo, el carro que usted tiene no es suyo, la casa que usted tiene no es suya, la fábrica que tiene no es suya de ¿quién es? Del Señor, la estableció sobre los ríos. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Sólo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos. Quien es así recibe bendiciones del Señor; Dios su Salvador le hará justicia. Por eso es que ahora entendemos cuando el Señor dice: dame hijo mío tu corazón, porque en el corazón tenemos todos nuestros males, todos nuestros rencores, nuestros odios, envidias, celos, ahí está nuestro corazón lleno de estos males y el Señor viene y nos dice: dame hijo mío tu corazón. El Señor toma nuestro corazón dañado y nos da un corazón limpio, renovado.

 
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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…