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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Se le fue la semana trabajando? ¿Por qué trabajamos? Algunos dirán que se necesita dinero y por eso se trabaja. ¿Les gustaría que el lunes cuando llegue al trabajo les informen que les van a duplicar el sueldo? Y ¿qué tal si en vez de ser duplicado se lo triplican? Recuerdo aquel muchacho que fue a solicitar trabajo y el entrevistador le pregunta ¿cuánto quisiera entrar ganando aquí en la empresa? –Me conformo con diez mil dólares- ¿No preferiría que le paguemos veinte mil y que le demos un Mercedes Benz del año para que usted se conduzca, que le paguemos vacaciones cada seis meses, una vez en Miami y en otra en París? –Usted está bromeando- le respondió. Usted empezó.

            Todos quieren más. Hay una canción que decía “Todos queremos más, el que tiene diez, quiere tener veinte. El que tiene veinte, quiere tener cuarenta. El que tiene cuarenta, quiere tener cien. Todos queremos más.” Y en tiempo de crisis salen las ofertas de inversión y se aconseja, en algunos casos, que la gente invierta en oro, porque –dicen- es una buena inversión. Por eso hay quienes compran joyas de oro, compran sus pulseras, anillos, collares. En la época en que se perseguía tanto a los judíos, ellos decidieron invertir en diamantes, porque los diamantes, son unas piedras muy pequeñas pero tan valiosas, y no cuesta mucho trasportarlas de un país a otro y llevar consigo su fortuna.

            El oro es muy lindo. A todos nos gusta tener algo de oro, pero hay algo que vale más que la plata y el oro, y hay quienes buscan más plata y más oro, pero perdieron los valores que tenemos en la vida. Por eso estamos comenzando una serie que se llamará “Proverbios 22”, en la que nos daremos cuenta de cosas valiosas que tenemos, aunque quizá no tengamos tanto oro ni tanta plata, y que debemos cuidarlas más que al oro y más que a la plata. Vivir una vida santa produce una buena reputación que es más importante que las riquezas, el oro o la plata.

            El gran sabio Salomón, quien fue uno de los más ricos de la historia, en su época causó la más grande impresión e impacto a los reyes y reinas de otros lados. La reina de Saba fue a visitarlo, y después de estar con él y ver la gran fortuna, la gloria de su reino y cómo trataba a sus criados, le dijo: lo que ven mis ojos no es ni la mitad de lo que me habían contado que era tu reino, tu persona, tu fama. Este hombre con tanta sabiduría y con tanta riqueza, fue el constructor, el ejecutor del Templo de Salomón, que realmente fue construido con los recursos que proveyó el rey David, escribió el libro de Proverbios, vea cómo empieza: 1:1-7 Proverbios de Salomón hijo de David, rey de Israel: para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido, para discernir el proverbio y la parábola, los dichos de los sabios y sus enigmas. El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.

            Ahí está el propósito de conocer estos proverbios, podemos enriquecer nuestra mente, carácter y conocimiento a través de la lectura de Proverbios. Vamos a dar 12 temas que hemos llamado “Proverbios 22”, en las células también estaremos estudiando otros 12 versículos tanto del capítulo 22 como del 23. Si usted no asiste a una célula ubíquese hoy en el Centro de Información o llame al 2243-2243 y experimente el valor de pertenecer a una célula, a una comunidad de amigos. Ahí cerca de donde usted vive, seguramente hay una y ellos le ayudarán a vivir su vida cristiana y estarán ahí para usted en las buenas y en las malas.

            Pregunto ¿Por qué hay algunos nombres que nadie quiere ponerle a sus hijos? Por ejemplo, ¿le pondría a su hijo el nombre de Judas? ¿Por qué no se lo pondría? Porque Judas tiene la reputación de ser un personaje traidor, infiel, desleal, mercenario, suicida, vendió a Jesús por treinta monedas de plata. Pues nadie quiere llevar un nombre que implique esa reputación. Y ¿Quién conoce a alguien que se llame Barrabás? Es el nombre de aquel personaje al que Pilatos tuvo que soltar en vez de liberar a Jesús, porque el vulgo, la multitud, clamaba por Barrabás, un criminal famoso. Y ¿Quién conoce a una persona que se llame Satanás? Nadie quiere llamarse Satanás, porque representa todo lo maligno, infernal y pecaminoso que puede haber. Y ¿quién conoce a alguien que se llame Sansón? Aunque fue un personaje famoso en el Antiguo Testamento, un hombre fuerte, un nazareo a quien Dios usó para derrotar con su propia mano a cientos de filisteos, finalmente cayó ante la lujuria de su corazón y quedó prendado por los ojos y el cuerpo de Dalila. Ella lo entregó a los filisteos y ahí murió. Así que usted no le pondría así a su hijo.

            ¿Quién conoce a alguien que se llame Nerón? Nadie quiere ponerle ese nombre a sus hijos. Yo sí conocí a un perro en mi infancia que se llamaba Nerón, el nombre de un emperador termina siendo el nombre de un perro, pero no se lo quiere poner a un hijo, por la mala reputación alcanzada. Hemos conocido mucho la historia triste de hace más de 60 años en la que Adolfo Hitler levantó Alemania y la hizo participar de una guerra mundial tratando de eliminar a mucha gente que, según él, no eran parte de lo que llamaban la supremacía aria, un prejuicio racial terrible, que lo llevó a matar a millones, no solo de judíos también de gitanos y de muchos cristianos. Dicen que algunos parientes de Adolfo Hitler decidieron cambiarse el apellido, porque no querían ir a un lugar donde los identificaran con semejante personaje.

            ¿Por qué hay nombres que la gente reúsa poner a sus hijos? Y ¿por qué hay nombres y apellidos que la gente se siente orgullosa de ponerles? Hace poco una pareja dio a luz un varoncito y le preguntaron: ¿cómo le va a poner? –Erick- ¿Por qué? le preguntaron, por Erick Barrondo, el marchista que ganó la primera medalla olímpica, la medalla de plata. Recientemente ganó una medalla de oro en Europa y ha ganado otras competencias y gracias a Dios la sociedad guatemalteca al fin está reconociendo en vida a los atletas triunfadores y le han bendecido con vivienda, muebles, reconocimientos públicos. Erick Barrondo tiene una muy buena reputación ahora.

            Yo no sé por qué a mí me pusieron Jorge. No sé si nuestros padres, a los que nos pusieron Jorge, admiraban tanto a Jorge Ubico que nos pusieron su nombre. Mi madre y mi padre y toda la gente de esa generación hablan maravillas de Jorge Ubico. Sí, fue un dictador, pero un dictador que hizo obra. Construyó el Palacio Nacional hoy de la Cultura, el Palacio de la Policía Nacional, el Palacio de los Correos, los museos, los puentes que no se los ha llevado el río todavía. Hizo tanta obra. Nos pondrían Jorge por Jorge Washington, famoso presidente norteamericano. En fin, la gente busca nombres que tengan alguna buena reputación y significado. Nuestros nombres y apellidos siempre se asocian a una reputación o a una fama.

            La reputación es la opinión que se tiene de alguien o algo. La fama es la opinión es la opinión pública sobre alguien o algo. Su nombre podrá ser el mismo que otros, su apellido podrá ser el mismo que otros, pero su combinación de nombres y apellidos siempre se asocia con su reputación, hay quienes tienen fama de algo. Esta semana fui a solicitar una visa a la embajada de Perú, me pidieron antecedentes penales, rara vez me habían pedido, así que le pedí a uno de nuestros abogados que me hiciera el favor de tramitarlos, los míos y los de mi acompañante. Me dijo, saqué los antecedentes penales de su acompañante, pero no los suyos, porque hay cuatro homónimos, finalmente lo obtuve. Esto me hizo recordar, allá por los 80’s, tenía que ir a dictar una conferencia al Hotel María Isabel Sheraton en la ciudad de México. Llegué al aeropuerto La Aurora, presenté mis documentos, me dijeron: Usted no puede viajar, porque tiene arraigo. Mire, me dijeron, Jorge Humberto López Hernández, pero no había ninguna otra información, solo el nombre. Así que llame en ese momento a un amigo abogado que era primo de la directora de migración y él asistía a la iglesia en ese entonces, le dije lo que me estaba sucediendo. Llámame en 15 minutos, me dijo. Voy a migración ahora. Lo llamé en 15 minutos después y me dice: Aquí nos estamos riendo, porque este Jorge Humberto López Hernández que está arraigado es un ayudante de camioneta en Zacapa, así que van a levantar una anotación en el telegrama donde está la notificación para migración, informado que este Jorge Humberto López Hernández, hijo de Noé López García y de Alicia Hernández Roche de López, no es el que está arraigado.

            Eso es lo que ocurre, podemos tener el mismo nombre pero no la misma reputación. Cuando otros mencionan su nombre, la gente piensa en la reputación que usted tiene como persona. ¿Cuál es el primer pensamiento que les viene a la mente cuando dicen su nombre y su apellido? Ahí viene Julia, cuiden su bolsa. Ahí viene Juanita, cuiden a sus maridos. ¿Cuál es el primer pensamiento que les viene a la mente cuando mencionan su nombre? ¿Perezoso o diligente? ¿Corrupto o íntegro? ¿Grosero o amable? ¿Mentiroso o sincero? ¿Hipócrita o genuino? ¿Ladrón u honrado? ¿Indisciplinado o disciplinado? Todos tenemos una reputación y una fama asociada a nuestra vida y a nuestros nombres y apellidos.

            Yo agradezco cuando me invitan a una cena o una boda o a unos 15 años o cualquier actividad y me dicen: Pastor, la invitación dice 8:30, pero la verdad vamos a empezar a las 9:00. Y como sabemos que usted es puntual no queremos que esté esperando mucho tiempo. Porque si me dicen a mí a las 8:30 yo estoy antes de esa hora. Usted va creando su reputación, su fama. Hay gente que siempre llega tarde. ¿Qué hay en su nombre? ¿Qué reputación tiene usted? Para Dios, nuestro buen nombre y nuestra buena reputación valen más que las riquezas. Esta es precisamente la enseñanza que encontramos en el primer versículo del capítulo 22 del libro de Proverbio, Vale más la buena fama que las muchas riquezas, y más que oro y plata, la buena reputación. Hemos confundido los valores y por eso muchas veces equivocadamente pensamos que entre más tenemos, más valemos. Y si nuestra casa vale un millón, valemos un millón. Si vale diez millones, valemos diez veces más. Y si vale cien millones, valemos mucho más. Pero yo les tengo muchas noticias, una de ellas es que tener más no significa ser, valer más. Usted no vale por lo que tiene, usted vale por lo que es. ¿Conoce a narcotraficantes que tienen mucho dinero, conoce secuestradores que tienen mucho dinero, conoce políticos corruptos que tienen mucho dinero? ¿Valen más porque tienen más dinero que usted? No. Hay valores que no se compran con oro ni con plata. La honradez, la integridad, la buena reputación, eso vale mucho más. Deja mejor herencia a su familia cuando deja un buen nombre y una buena reputación. Puede dejar muchos millones, pero una mala reputación. Todos los que disfruten de esos millones sabrán que trae consigo sangre, lágrimas, viudas estafadas, huérfanos robados. Todo eso no conviene.

            Económicamente podemos tenerlo todo y a nivel de carácter no tener nada. Cuántos casos hemos visto en nuestro país de personajes que de pronto ascienden a la opulencia y la sociedad local les abre las puertas, ¿por qué? porque ya viven en cierto lugar, manejan ciertos vehículos, haciendo ciertos viajes, ciertas fiestas, cierto estatus y de repente son capturados, extraditados. Todos aquellos que estaban deslumbrados por la riqueza que tenía esta persona se quedan frustrados, porque estaban codeándose con la escoria de nuestra sociedad. Si, el dinero nos brinda comodidad, pero jamás felicidad. Hay un capítulo en el libro “Alas para tu economía” en el que hablo de ¿por qué compramos? ¿Por qué queremos más? Y es porque tenemos la falacia, la idea equivocada de que al comprar más tendremos más felicidad. Si tengo un reloj, bueno compro otro, voy a ser feliz con ese otro reloj. Si yo tengo un carro, pero compro otro carro más nuevo y más lujoso, voy a ser más feliz. Pero usted que ha comprado el otro reloj, el otro carro nuevo, que ha comprado la otra casa nueva se habrá dado cuenta que la felicidad no está ni en el reloj ni está en la casa ni en el carro.

            Puede entrar a una casa lujosa y puede ser infeliz en esa casa. Puede tener un carro nuevo y ser infeliz en ese carro, porque los hombres y mujeres no recibimos felicidad de las cosas. No son los carros los que nos hacen felices, nos dan comodidad, seguridad, pero no felicidad. La felicidad viene de las personas. Cuando usted tiene una persona a la que ama, y usted es correspondido, usted es feliz. Cuando su hijo lo ama, lo respeta y lo obedece, usted es feliz. Cuando su esposo la ama y le respeta y le es fiel, usted es feliz. Cuando las relaciones entre los compañeros de trabajo son armoniosas, usted es feliz, sobre todo, cuando la relación entre hombre y Dios es buena, usted es feliz. La vida del hombre no consiste en la abundancia de bienes que posea. Ahora, ¿es malo tener un carro lujoso, una casa preciosa, muchas riquezas? No. Lo malo es poner la fe en estas cosas y la esperanza de que las cosas nos vayan a hacer felices.

            Ojalá sea feliz y con carro nuevo y lujoso, ojalá sea feliz y con muchas comodidades, pero recuerde que nuestro buen nombre y nuestra reputación son valores mucho más preciados que las riquezas, mucho más preciados que el oro y la plata, cuando estos se consigan de manera lícita, jamás valdrán más que la buena fama, el buen nombre y la buena reputación. Su mayor posesión es su carácter. Esa fuerza interna de conducirse en el camino correcto a pesar de cualquier tentación o prueba. Poseer carácter, es más importante que poseer posesiones.

            Zig Ziglar me impresionó más con su libro “Más allá de la cumbre”, que con su libro “Nos veremos en la cumbre”. Porque cuando lo escribió, 25 años más tarde, se dio cuenta que la vida era más que alcanzar estatus, riqueza, posesión y posición. Dijo: “Si yo volviera a nacer y volviera a vivir gastaría mi tiempo menos en alcanzar éxitos y dinero y más en ser un mejor padre, un mejor esposo, ser un mejor amigo y ser un mejor hijo de Dios”. Lo aprendió cuando ya estaba viejo, esto lo puede aprender usted ahora que es joven y si ya es viejo igual que Zig Ziglar, aprenderlo. Hay cosas más valiosas en la vida que el mero estatus que tanto nos causa afanes. Un padre le decía a su hijo “Podremos ser pobres, pero jamás ladrones”. Y si algo es importante es ser pobre, pero honrado. Y ser rico, pero honrado. Hay quienes son pobres y rateros, ser pobre no es sinónimo de honradez, pero si somos pobres o ricos debemos ser honrados.

            Los cristianos nos llamamos así por Cristo, honremos su nombre en cada decisión y en cada momento de nuestras vidas. En el libro de los Hechos dice que a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia y se les llamó cristianos porque eran seguidores de Cristo. Y si alguien es seguidor de Chávez va a actuar como Chávez y si alguien es seguidor de Cristo debe actuar como Cristo. Y por eso nuestro nombre debe llevar una reputación que honre el nombre de Cristo que nos ha rescatado. 1 Juan 2:5 En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió. Debemos vivir como Él vivió: íntegramente, honestamente, sinceramente, fielmente o con santidad como es el estilo de vida de nuestro Dios. Ahora Dios prohíbe el falso testimonio porque destruye la reputación de alguien. Si usted es uno de aquellos que les gusta andar chismeando y levantando falsos testimonios. Podríamos decir que lance la primera piedra el que esté libre de falso testimonio. A veces leemos algo en la prensa y corremos con el pico y el tambor a contarle a todo el mundo. Y después sale una aclaración a la par de las esquelas diciendo que lo publicado no es cierto. Pero ya lo repetimos. Ya ensuciamos más la reputación de aquella persona.

            Recuerdan el caso Rosenberg, él mismo salió hablando en el video diciendo: a mí me mató fulano, zutano y mengano. Y con el tiempo la misma Cicig y los mismos testigos y su mismo chofer dieron evidencias de que no lo habían matado los que él había dicho sino que se había matado él mismo. Él mismo contrató o pidió favor a personas parientes que lo ayudaran a conseguir quien lo matara. Pero en Guatemala salieron por montones a las calles a levantar falsos testimonios. Ese es un caso público mundial reconocido, pero todos los días podemos caer en ese error. Y cuando levantamos un falso testimonio destruimos la reputación de alguien. Por eso Dios prohíbe el falso testimonio, en Éxodo 20:16 dice No des falso testimonio en contra de tu prójimo. A Dios le importa la reputación de cada uno de sus hijos. Sea cuidadoso con lo que cuenta o repite, si no le consta, y aunque le constara sea prudente, aún si aparece en los periódicos. Proverbios 10:18-19 dice El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio. El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua. Si somos sabios debemos refrenar nuestra lengua, ponerle candado a nuestra boca.

            Una señora de esas que usted conoce, las que van a su cuchubal o al baby shower, al club, empezó hablar un montón de calumnias de su pastor. Y dijo barbaridades y hasta que se dio cuenta del error que estaba cometiendo. Llegó con el pastor y le dijo: Vengo a pedirle perdón. – ¿Por qué? Porque yo fui hablar de usted esto, esto y esto. Y me he dado cuenta que es falso, perdóneme pastor por haber hablado mal de usted. –Yo la perdono –le el pastor-, pero quiero pedirle un favor, una penitencia. Usted tiene una almohada de plumas, tómela, súbase a un bus en su comienzo de recorrido y vaya tirando las plumitas por las ventanas, hasta que se le acaben las plumas, llega al otro extremo del bus. Luego viene conmigo. Ya fui a tirar las plumas, ¿me perdona? –Sí, claro, cómo no. Pero antes hágame un favor, vaya a recogerlas todas. Pastor, eso es imposible. –Eso es lo que pasa cuando uno habla mal de la gente, es como regar plumas por toda la ciudad, después ya cuesta mucho recogerlas todas.

            Por eso es muy difícil aclarar ciertas publicaciones en los medios, algunos lo oirán, otros no, pero ya el daño está hecho, por eso lo mejor es que sigamos el consejo de Éxodo: No andarás chismeando entre tu pueblo. En Dios todos podemos tener un antes y un después de Cristo, una antigua y una nueva vida, y una nueva reputación. Cree que nuestra reputación puede cambiar. ¿Cuántos han logrado cambiar su reputación? Sí, yo he conocido aquí borrachos empedernidos que ahora son líderes de la iglesia. Ya no toman ni vino ni en la Santa Cena. He conocido a gente increíblemente de mala reputación que viene a Cristo y el Señor se las cambia, ya son nuevas personas.

            Y eso es lo hermoso de la fe en Cristo. ¿Qué pensaría de una mujer que ha tenido cinco esposos y que ahora vive con un sexto aunque no están casados? ¿Puede esta mujer cambiar la mala reputación que posee? ¿Puede Dios perdonar a una mujer que ha pecado y pecado y continúa pecando? Por supuesto que puede, en el Evangelio de Juan encontramos la historia de aquella famosa mujer samaritana que por vergüenza a su mala reputación iba a traer agua a la ahora más calurosa del día, al mediodía, porque las demás señoras no querían tenerla con ellas en la hora fresca sacando agua. Y Jesucristo dialogó con ella y logró que esta mujer le reconociera como el Cristo y luego esta mujer fue corriendo al pueblo a decirle a todos: he encontrado a un profeta, al Cristo, que me ha dicho toda la verdad, vengan y conózcanlo. Cientos de personas, ese día, conocieron a Cristo y cambiaron su vida. Y esa mujer samaritana de ser la aborrecida del pueblo se convirtió en la primera predicadora del pueblo. Dios transformó la reputación de esta mujer, de una manera extraordinaria. ¿Puede Dios cambiar reputaciones? Puede cambiar vidas y reputaciones.

            Zaqueo, el jefe de los recaudadores de impuestos, tuvo un antes y un después de Cristo. ¿Qué pensaría de un funcionario público que cobra comisiones, coimas, cohechos, sobornos, mordidas? ¿Qué pensaría si su Pastor decide ir a cenar a la casa de este funcionario público? A lo mejor diría: Ah, ya el pastor está cayendo en la misma, el que anda entre la miel, algo se le pega. Dime con quién andas, te diré quién eres. Ahora ya es coyote de la misma loma. Ahora es pájaro del mismo plumaje. Cosas como estas dijeron de Jesús, el día que entró a Jericó, iba la multitud con él, como ven ustedes a los candidatos por la televisión cuando están en campaña. Así iba Jesús con la multitud. Y Zaqueo, que era un funcionario corrupto pero como cualquier ser humano buscaba algo mejor, buscaba de Jesús. Se subió a un árbol para verlo.

            Imagínese hoy a un funcionario subido en un árbol en la Avenida de la Reforma viendo pasar al Pastor Jorge y todos ustedes conmigo. Me detengo y le digo: Mire, don fulano de tal, usted piense en el nombre del funcionario más corrupto que conoce. Ahí está en el árbol. Yo le digo, mire don fulano o doña fulana, bájese del árbol porque hoy voy a pasar la noche en su casa. ¿Qué pensaría usted? Cómo es posible que el Pastor se junte con semejante gente, qué barbaridad, y la lengua, la voraz tijera. Jesús se sentó con Zaqueo, durmió en su casa, pero esa noche el funcionario dijo: la mitad de mis bienes doy a los pobres y al que he defraudado en algo, le voy a dar cuatro veces más. Y Jesús dijo: Hoy vino la salvación a esta casa. ¿No creen que la salvación pueda llegar hoy a la casa de todos los corruptos en Guatemala, El Salvador, Honduras, México, Venezuela, Estados Unidos? Claro que sí, pero usted y yo nos tenemos que atrever a sentarnos con todos los corruptos para hablarles de Cristo. Hay que ir y dar testimonio y no a recibir curso de cómo pedir mordidas, cómo evadir nosotros también las cosas, a pedir que nos enseñen a ver cómo meter nuestro producto de contrabando.

            Tenemos que aprender que hay un antes y un después de Cristo. Por eso decimos en Proverbios 22:1 “Vale más la buena fama que las muchas riquezas, y más que oro y plata, la buena reputación.” Honre con su vida, con su conducta y con su forma de hablar el nombre Cristo. Sólo así podrá tener buena fama y buena reputación que es más valiosa que las muchas riquezas. No sólo honre a Dios con su vida, enseñe a sus hijos y a sus nietos a hacerlo. Yo le pido a Dios que todos ustedes, incluyéndome, tengamos muchas riquezas sin dejar de tener buena reputación y buena fama. Gracias a Dios usted y yo tenemos un antes y un después de Cristo. Él nos ha cambiado, y por eso hoy le damos gloria y honra por la vida nueva que tenemos.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…