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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Lucas 15:11-24 “»Un hombre tenía dos hijos —continuó Jesús—. El menor de ellos le dijo a su padre: “Papá, dame lo que me toca de la herencia.” Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia. ¿Qué es vivir desenfrenadamente? Es no ponerle límites a su conducta. Este hombre joven pidió su herencia y se fue a vivir desenfrenadamente, derrochó su herencia. Lástima que no teníamos en ese entonces el Libro “Alas para tu economía”, para dárselo a este joven. Los jóvenes se gradúan y empiezan a ganar mucha plata, la derrochan, llevan una vida desenfrenada y les pasa lo de este jovencito que derrochó su herencia. »Cuando ya lo había gastado todo -no lo gaste todo, siempre ahorre, siempre diezme-, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad.

             ¿Cuántos han pasado necesidad alguna vez? Todos hemos pasados necesidad alguna vez, por eso tenemos que aprender a ahorrar, a comprar por necesidad y no por vanidad. Comprar al contado y no al crédito, a comprar solo cosas que son apreciables con algún tipo de financiamiento, a ser gente generosa y prepararnos para la vejez. Tenemos que prepararnos para ese día. Un día vamos a ser viejitos, arrugaditos y vamos a tener necesidad de comer, de tener casa, de comprar pañales, porque cuando uno llega a cierta edad hasta los necesita, comprar medicina, etc. Así que hay que prepararse en la juventud y no seguir el mal ejemplo de este muchacho que derrochó todo lo que le dio su papá. Papás, la herencia adquirida al principio no tiene buen final, dice Proverbios, por eso no es conveniente darle tanto a los hijos cuando son jóvenes, porque terminan mal, no lo saben  aprovechar ni administrar,

            Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país –ahí es donde tenemos que empezar con nuestros hijos, dándoles la oportunidad que trabajen desde que son jovencitos, que aprendan a ganarse los centavos-, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos –esto para un judío era maldición, la ley judía decía maldito sea el que alimenta cerdos, agarró un trabajo del cual no tenía bendición sino maldición-. Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. Por fin recapacitó y se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros.” Así que emprendió el viaje y se fue a su padre. »Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo.” Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta”.

            En Deuteronomio 21:17 nos enseña que al primogénito, aunque fuera el primogénito de un una mujer a la que no amaba el hombre que tenía que dar la herencia, tenía que darle a ese primogénito el doble que a los demás. Ahora este padre solo tenía dos hijos, para darle el doble al primogénito que al segundo, pues tenía que dividir todo en tres partes para darle dos partes al primogénito y una parte al menor. Quiere decir que este muchacho se fue con un 33 por ciento del patrimonio, del capital del papá. Suponga que el papá hubiera tenido unos diez millones de dólares, le tocaron 3.33 millones a ese muchacho y se lo acabó todo. Supóngase que este hombre haya tenido 600 ovejas, pues doscientas ovejas le tocaron a este muchacho. ¿Y qué hizo con todo lo que recibió? Lo vendió todo, lo juntó, agarró la plata y se fue, y todo se lo mató, como decimos en Guatemala, se lo acabó.

            Cualquier fortuna puede ser muy grande, pero no soporta una vida de desenfreno, una vida de derroche. Muchos hijos de Dios recibimos del Señor una fortuna en bendiciones espirituales, nos bendice con talentos, con dones, con cualidades, con bendiciones y estamos en la casa del Señor y nos permite ser servidores de la iglesia, líderes de células, directores de alabanza, predicadores de la iglesia, nos permite hacer muchas cosas en la obra del Señor. Pero a veces con todas las bendiciones que Dios nos ha dado, las juntamos y nos alejamos de Él, y llevamos una vida no solo lejos de Dios sino desenfrenada y derrochándolo todo. Y llega un punto en la vida nuestra en el que nos damos cuenta en que estamos no solo lejos de Dios nuestro padre amante sino que estamos pobres espiritualmente, pobres, moralmente pobres, hemos caído en una situación de inmoralidad increíble, hemos caído en una situación de banalidad, de mundanalidad increíble, nos encontramos haciendo lo que no debíamos hacer como hijos de Dios nuestro Señor.

            Es importante entender cuando Pablo dice que no nos adaptemos al mundo. Usted se mete al mundo de las drogas y poco a poco se va haciendo a ese mundo. Se mete al mundo de la prostitución y poco a poco se adapta a ese mundo. Se mete al mundo de la corrupción y al rato usted también ve normal el estar recibiendo todo tipo de sobornos y mordidas. Cuando usted se deja llevar por el mundo, al rato usted está muriéndose en el mundo. Y este muchacho no fue la excepción. De pronto se encontró con las bolsas llenas de dinero, todos son amigos del hombre que da. Cuando usted tiene dinero y llega a cualquier restaurante, cualquier bar usted paga la ronda, todos están con usted ahí, y usted es el gran señor, porque usted el que paga y mientras usted esté pagando, todos estarán contentos. Pero cuando llega el momento cuando usted diga quién me regala un octavo de licor, para cuando usted amanece el otro día con resaca, no va a encontrar fácilmente quien se lo dé.

            Ha sido triste para mí, ver hijos de Dios alejarse de la casa de Dios, alejarse de la familia de Dios, alejarse de la iglesia del Señor y encontrarlos de pronto como a este hijo pródigo comiendo comida de la cual no tenían necesidad de comer, porque estuvieron a la mesa del Señor. Cualquiera de nosotros cuando se aleja del hogar del Padre nuestro, del Padre amante puede terminar sentado a la orilla de la calle muriéndose del hambre, lleno de historias de mundanalidad que lo llevan a la desgracia. Al irse de la casa no es nada bueno. Y esto me hace pensar en el Salmo 42: 1-5 que dice “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser. Tengo sed de Dios, del Dios de la vida. ¿Cuándo podré presentarme ante Dios?Mis lágrimas son mi pan de día y de noche, mientras me echan en cara a todas horas: « ¿Dónde está tu Dios?» Recuerdo esto y me deshago en llanto: yo solía ir con la multitud, y la conducía a la casa de Dios. Entre voces de alegría y acciones de gracias hacíamos gran celebración. ¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!

            Cuando usted está lejos del Señor, este salmo es una realidad, usted quizás puede pensar como el salmista. Yo solía ir con la multitud allá al Mega Auditórium de Fraternidad Cristiana Ciudad San Cristóbal, yo solía ir allá al Auditórium Mayor de la Roosevelt. A veces hemos estado en la presencia de Dios, hemos sido líderes en la iglesia del Señor, hemos crecido en el Evangelio, pero por alguna u otra razón que no viene al caso hoy en día, nos alejamos del Señor. Nos alejamos de la iglesia entonces terminamos finalmente como este hijo pródigo pidiendo en su corazón ser, por lo menos, un jornalero en la casa de su papá. En esa época habían esclavos y eran casi parte de la familia porque ahí vivían, ahí dormían y ahí comían y no comían mal, tenían que estar alimentados lo suficientemente bien para ser productivos en su trabajo. Pero al jornalero se le contrataba por el día, al jornalero se le pagaba solamente lo que trabajaba ese día, se le contrataba para ciertos trabajos y una vez hecho, el jornalero se iba. No tenía derecho de quedarse a dormir, vivir, comer ahí. Recibía su jornal y se iba. Y este hijo pródigo, este hijo perdido llegó a concluir: voy a ir con mi papá y decirle que por lo menos me contrate como un jornalero.

            Y sin embargo, cuando este hijo se acercó, a la distancia veía su casa, nunca se imaginó que su papá estaba atisbando el camino, esperando el retorno de su hijo. Era su rutina todos los días seguramente, ver hacia el camino y pensar: quizás hoy regrese mi hijo, quizás hoy vuelva mi hijo, y pensar como un padre amante ¿quién sabe cómo estará mi hijo? ¿Estará durmiendo bien? ¿Estará vistiendo bien? ¿Estará comiendo bien? ¿Estará bien de salud? Y cundo este hijo corrió hacia su casa e iba, seguramente no corriendo sino caminando despacio, cabizbajo, incierto, temeroso ¿qué irá hacer mi papá? ¿Me recibirá bien o me va a echar? Hay papás naturales que no van a recibir a un hijo rebelde, hay papás naturales que no van a recibir a un hijo que despilfarró su fortuna, hay papás naturales que si un hijo vuelve a la casa después de haber sido todo eso, lo que hacen es patearlo, echarlo, llamar a la policía, para que lo metan preso.

            Este padre no actuó como los fariseos, porque los fariseos así actuaban cuando un pecador se acercaba, cuando sorprendían a una mujer en el mismo acto del adulterio recogían piedras y se las lanzaban hasta matarla, porque eso decía la ley, pero Jesús no actuaba de esa manera, cuando le llevaron a una mujer sorprendida en el acto del adulterio desnuda o a lo mejor con un manto que alguien le tiró, Jesús les dijo: El que se encuentre sin pecado que lance la primera piedra. Y Jesús, una vez que se fueron todos, le preguntó: ¿Dónde están los que te acusaban? –Se han ido Señor- y el Señor le dijo, ni yo te condeno.

Si, cuando nosotros sabemos los pecados de nuestro amigo o nuestro hijo o familiar entonces lo que hacemos es condenarlo. Eso sí, le dijo, vete y no peques más. Y el padre amante, cuando vio que su hijo venía, salió corriendo. Dice la Biblia que lo abrazó y lo besó. Dios es el padre amante y Él está aquí con los brazos abiertos para recibir a todos los hijos de Él que se han alejado de su casa, que andan por otros caminos, quiere bendecirlos de nuevo, vestirlos de nuevo como hijos, no como jornaleros ni como esclavos, sino como hijos, ponerles calzado, porque todos los jornaleros y los esclavos andaban descalzos, pero el hijo no andaba descalzo, además ponerle anillo ¿por qué? Porque el anillo era el sello con el que se finalizaban todas las transacciones, antiguamente los sellos en los negocios estaban en los anillos, darle de nuevo autoridad, darle de nuevo dignidad.

            No hay momento más memorable, más agradable para el Padre Dios, que el momento en el que regresan sus hijos otra vez. Habrá algunos que se disgustan por verlos regresar como los fariseos, los maestros de la ley, el hermano mayor del hijo perdido cuando regresó a su casa vio que había una fiesta, llamó a un criado y le dijo: ¿qué pasó? -Tu hermano apareció y tu papá ha matado el becerro más gordo para celebrarlo-. Y el papá ve que su hijo mayor no quiere entrar, está ofendido, está molesto porque volvió su hermano, pero el papá le dice que él tiene acceso a todas las bendiciones y puede comer todos los chivos que quiera estando ahí con él, pero su hijo que estaba perdido ha vuelto.

 

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