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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Las parábolas que aparecen en el capítulo 15 de Lucas las hemos llamado “Tres parábolas de amor”, y hoy estamos, precisamente, analizando una de ellas. ¿Qué es una parábola? Es una historia de la vida real que tiene una enseñanza en sí misma. ¿Por qué Jesucristo enseñaba con parábolas? Pues así enseñaban todos los maestros y fariseos y rabís en aquella época, usando parábolas, ilustraciones de la vida diaria, una de las más famosas es aquella del sembrador, todos los agricultores de aquel entonces entendieron el mensaje.

            La parábola en sí es el mensaje, para interpretarla identifique primero lo que la origina. Para entenderla es necesario conocer qué fue lo que Jesús contó y generalmente es para responder a preguntas o a críticas o murmuraciones. Leímos en Lucas 15:1-3 “Muchos recaudadores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para oírlo” ¿Quiénes se acercaban a Jesús para oírlo? Recaudares de impuestos y pecadores. Hoy cuando usted escucha hablar de recaudares de impuesto se preocupa un poco, porque cuando la SAT lo visita, usted siente que le van a cobrar más de la cuenta o por lo menos le van a cobrar lo que corresponde y se preocupa.

En la época de Jesús, ser recaudador de impuestos era un oficio de mala reputación. La gente que se dedicaba a ese negocio no era querida por el pueblo. Recuerde que se tributaba a un imperio extranjero, era Roma la que estaba gobernando al mundo conocido, los judíos soñaban con ser libertados de esa opresión y, sin embargo, algunos judíos se ofrecían para ser los recaudadores de impuestos de Roma y eso caía mal. A nadie le gusta pagar impuestos, ¿estamos de acuerdo? No le gusta pagar cuando le llega el cobro del IUSI, lo paga, pero de mala gana. Cuando le llega el cobro del boleto de ornato lo hace con algo de mala gana y cuando tiene que hacer el pago del IVA, lo paga, pero... Yo no he visto a nadie pagar feliz el IVA, nunca he visto a alguien pagar el impuesto sobre la renta y estar alabando a Dios.

La gente se resiste a pagar los impuestos, aun cuando sea dentro de un marco legal, pero dentro del sistema romano era muy duro, y los cobradores de impuesto, los recaudadores, siempre buscaban la manera de cobrar de más, para poderse quedar con una buena porción. Los pecadores también eran los que escuchaban a Jesús, eran los demás que no eran judíos, cualquier otro que no fuera judío era pecador, y por eso los judíos ni siquiera permitían que entraran a su casa los pecadores, y ellos no entraban a la casa de los pecadores.

Se consideraban tan clase aparte, tan santos que los demás eran gentiles. Por eso Jesús cuando estaba hablando con la mujer siro-fenicia, que intercedía por su hija que estaba atormentada por un demonio, le dijo: ¿Por qué vienes a mí? Si el pan es para los hijos, no es para los perros. Suena fuerte, pero esa era la forma en la que los judíos llamaban a los gentiles. Jesucristo vino a buscar a los suyos, pero los suyos no le recibieron, más a todos los que lo recibieron les dio potestad de ser hijos de Dios. Alégrese que nosotros creyéramos en el nombre de Jesús y que lo recibimos como nuestro Rey y Señor. Pero cualquier otro era un pecador. Y eran estos los que se acercaban a oírlo.

Imagínese, en ese contexto, la congregación de Jesús estaba formada por prostitutas, por corruptos, por ladrones, lo peor de la sociedad de aquella época eran los que iban a escucharlo. De modo que los fariseos y los maestros de la ley se pusieron a murmurar: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Él entonces les contó esta parábola. ¿Por qué les contó la parábola? Porque estaban murmurando en contra de Él. ¿Qué pensaría usted si el Pastor se sentara a comer con uno de los corruptos de Guatemala? Usted diga el nombre que quiera, y usted me ve con él, sentado en un restaurante comiendo con ese sinvergüenza, según usted y según todos. ¿Qué diría usted del Pastor? A saber en qué negocios anda con este. Bien decía yo que algo así era el Pastor.

            La gente murmuraba de Jesús por eso, porque hablaba con la mujer samaritana, porque se sentaba con los recaudadores de impuestos. Por eso yo no tengo pena, cualquier corrupto que me invita a almorzar, yo voy. La idea es que podamos hablarle de Cristo.

La idea es que podamos compartirle del Señor. ¿Usted cree que todos los pecadores que hay en Guatemala y en todo el continente no necesitan del perdón de Dios? Claro, nos cuesta, igual le costaba a los fariseos y a los escribas ver que un hombre como Jesús estuviera rodeado de pecadores. Pero eso es lo bueno. Él vino a buscar y a salvar a los perdidos.

            Pablo dijo en Filipenses 3:4 “En cuanto a la interpretación de la ley, soy fariseo”. Hasta que Jesús ya resucitado se le apareció y lo comisionó a predicar Su Evangelio, Pablo fue un fariseo, como fariseo era uno de esos hombres que constituía un grupo religioso que la mayoría de los judíos admiraba. Ellos estudiaban la ley minuciosamente, deseaban obedecerla aunque su modo de interpretación a veces los llevara a ignorar los mandatos de Dios, por lo que Jesús los llamó hipócritas. Pablo antes de convertirse a Cristo era fariseo, fariseo de fariseos, y su celo religioso lo llevó a perseguir a la iglesia, a torturar a la iglesia, atormentar a la iglesia y a participar en crímenes en contra de la iglesia, porque ellos, los judíos y sobre todo los fariseos, veían en los pecadores un objeto del juicio divino. Para ellos no era motivo de alegría que Dios perdonara al pecador, para ellos era motivo de alegría que Dios castigara al pecador. El gusto del fariseo era ver al pecador sufriendo, muriéndose, quedándose en la calle, como se quedó Job. Por eso venían a acusarlo y a condenarlo.

            Los maestros de la ley que estaban ahí murmurando eran los escribas, los encargados no solo de copiar sino de preservar los libros del Antiguo Testamento, de interpretar y enseñar su contenido. Así que como muchos recaudadores de impuestos y pecadores se acercaban a Jesús para oírlo, los fariseos y los maestros de la ley se pusieron a murmurar. ¿Conoce a gente que se pone a murmurar? ¿Es usted una de esas personas que se ponen a murmurar? Pues eso le pasó a Jesús, por eso les respondió contándoles esta parábola, Lucas 15: 3-10, “Él entonces les contó esta parábola: «Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. ¿No deja las noventa y nueve en el campo, y va en busca de la oveja perdida hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, lleno de alegría la carga en los hombros y vuelve a la casa. Al llegar, reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido.” Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse”.

            Los pastores en Palestina tenían un trabajo muy duro, porque pastorear las ovejas allá no es como pastorearlas en la costa sur de Guatemala que es una planicie fértil, verde y hermosa, como diría Miguel Ángel Asturias verdes, verdes, verdes. No, en Palestina pastorear ovejas era hacerlo en montañas, entre riscos, en lugares muy difíciles para caminar y cuidar cien ovejas no era fácil. La costumbre del pastor era llegar por la tarde al redil y meter una por una y contarlas. Esta vez quizá contó dos veces las ovejas porque le faltaba una, y no dijo: una no es ninguna. No, dejó las noventa y nueve y fue a buscarla, y eso tampoco es tarea fácil. Ir a buscar una oveja perdida no es fácil. Cuando usted tiene un hijo que es la oveja negra de la familia y se ha perdido, no es fácil ir a buscarlo, metido en vicios, metido en drogas, metido en robos, metido en una vida disoluta. No es fácil ir a buscar esa oveja perdida. Pero eso es lo que nos enseña el pastor hebreo: buscarla hasta encontrarla es lo importante.

            Y además, dice, que cuando la encuentra todos se alegran. El versículo 7 dice Les digo que así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. La gente quiere mucho a sus perros ¿qué pasa cuando un perro que queremos mucho se pierde? Pues hay que ir a buscarlo, hay gente que da recompensa, hay personas que hoy en día dejan herencia a su perro, ¿No ha leído esos casos? El perro lleva una vida de rey, y los hijos, las hijas, las nueras y los yernos sufren cuando lo ven. Tenemos que llegar a tener tal aprecio por las personas como lo tenemos por los perros, y si se pierden buscarlos como va este pastor detrás de la oveja perdida.

            Segunda parábola, versículo 8: »O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido.” Les digo que así mismo se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente. Dios también se alegra cuando encuentra las cosas perdidas. Esta es una señora que tiene diez monedas de plata, cada una de ellas equivalía a un dragma, este era el jornal de un día. Las mujeres en aquella época, en esa zona del mundo, tenían un tocado formado por diez monedas de plata que estaban unidas por una cadena de plata y que era para ellas el equivalente a un anillo de bodas hoy en día. Las jóvenes ahorraban mucha plata, ahorraban tanta para poder tener su propio tocado y ese nadie se los podía quitar, nadie podía hipotecarlo, nadie lo podía vender, eso era su tocado. De pronto se le cae una de esas monedas y la casita de ella no era como las nuestras con tanta luz, tanta ventana, apenas tenían una redonda, piso con cañas y tierra apelmazada, oscuro. Así que dice la historia que enciende una lámpara para buscarla, y luego encontrarla.

            ¿Cuántos de los que tenemos anillos de boda lo hemos perdido alguna vez? Un día fui a la playa, me puse el traje de baño, me dije se me va a zafar la argolla del dedo, me la quité, la metí en la bolsita del traje de baño, se lo digo para que no lo haga, me fui a bañar y cuando regresé me di cuenta que no estaba, por más que me metí a buscarla no la encontré. ¡Qué va a encontrar uno una argolla en el mar! Tuve que quedar bien con mi señora y comprar un par nuevo. Cuando uno pierde algo que aprecia lo busca con ganas. Conozco señoras que tienen un anillo que, en verdad, no es muy bonito ni muy costoso, pero a ella se lo regaló su mamá, a su mamá se lo regaló su abuela y a la abuela se lo dio doña Beatriz de la Cueva. Y la gente aprecia mucho esas cosas, no por el valor metálico que tiene sino por el valor simbólico, el significado sentimental. Así es como lo perdido tiene mucho valor.

            Para Dios todo hombre y toda mujer que se ha extraviado, que se ha perdido tienen mucho valor, tanto valor que envió a su Hijo unigénito para venir a buscar y salvar lo que se había perdido aquí en la Tierra. Recuerden ustedes ¿por qué empezó la parábola de la oveja perdida? Porque murmuraban los religiosos de la época, debido a que los pecadores y los recaudadores de impuestos estaban oyendo a Jesús. Vean el caso que vivió Jesús en Lucas19:1- 10 “Jesús llegó a Jericó y comenzó a cruzar la ciudad. Resulta que había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, que era muy rico.” ¿Por qué era muy rico? Porque se había robado los impuestos de muchos, había robado mucho a la gente. Nosotros tenemos aquel dicho que dice: en arca abierta, hasta el justo peca. Y por eso cada vez que alguien asume una responsabilidad en la que tiene que administrar fondos públicos tiene que rendir cuentas. ¿Ustedes han oído hablar, por ejemplo, de un caso en Guatemala que se llama FONAPAZ? Alguien puso “robapaz”, todo ministro en el país tiene que rendir cuentas del dinero que él maneja. Todo presidente tiene que rendir cuentas si es que maneja dinero del país, pero todas las personas tienen que rendir cuentas, pero en este caso Zaqueo era el jefe de los recaudadores de impuestos, era el principal.

            Estaba tratando de ver quién era Jesús, pero la multitud se lo impedía, pues era de baja estatura. Por eso se adelantó corriendo y se subió a un árbol para poder verlo, ya que Jesús iba a pasar por allí. Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa. Al ver esto, todos empezaron a murmurar: «Ha ido a hospedarse con un pecador.» De nuevo, Jesús no tiene pena de quedarse en la casa de Zaqueo, y este ni siquiera lo invitó, ¿Quién se invitó? Jesús. ¿Cualquier alcalde corrupto necesita conocer a Jesús como su Señor y Salvador? Sí. ¿Otto Pérez Molina necesita conocer a Jesús como su salvador? Sí. Hermanos amados, si nosotros no nos sentamos a la mesa con todas las personas en este mundo para hablarles de Cristo, no van a conocer a Cristo. Hace 34 años, empezando la Fráter, tomé una actitud imitando a Jesús, me invitó un hombre que era más borracho, mujeriego y parrandero y empecé a hablarle de Cristo a él y a su familia. Me invitó a celebrar la graduación o los Quince años de su hija, no me recuerdo bien. Me fui a meter al Club de Oficiales de Guatemala a celebrar esa fiesta con ellos. En todas las mesas había botellas de wiski, cerveza y bolos por todos lados, borrachos. Celebramos con ellos, al final acepté una gaseosa. Allí empezamos a conversar y entre más bebían, más se abrían, más los conocía y más hablamos. Luego me invitó para comer una carnita en su granja al día siguiente. Al otro día fuimos a la granja, andaban todos de resaca y entonces me di cuenta, que andaban buscando donde ir a quitársela. -Vamos a ir al pueblo cercano- Los acompaño, les dije. Se nos viene el Pastor, no vamos a poder ingerir. Me fui con ellos a comprar los aguacates, regresamos y ahí estuvimos comiendo, platicando y después me dicen: Pastor por qué no nos platica de algo, entonces empecé a compartir la Palabra. De todos los que estaban ahí, solo uno no se convirtió a Cristo, todos los demás vinieron a los pies del Señor y hoy sus familias todas son cristianas.

            Atrévase a sentarse con los pecadores, no para pecar con ellos sino para compartirles del amor de Dios, y téngales paciencia. Acuérdese que usted era bolo también. Hay hermanos que eran alcohólicos y ahora que ven a uno que empieza, no le tienen paciencia. Recuerdo a un hermano que llegó a ser jefe de servidores, por meses lo vi venir con su cajetilla de cigarros en la bolsa. Yo no le decía tire eso. Por adentro oraba y decía, Señor, que llegue a convencerse, que deje el cigarro. Jesucristo le dijo a Zaqueo, yo quiero estar en tu casa. Como consecuencia, Zaqueo se paró delante de todos y dijo: Yo voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a los que les he defraudado algo les voy a devolver cuatro veces más. ¿Valdrá la pena? ¿Por qué no agarramos a todos aquellos que se han robado el dinero del Estado y les hablamos de Cristo y de repente devuelven algo? De repente ayudan a los pobres, pero hablémosles de Cristo, amémosles. Ustedes me han oído decir que hay muchos que no han caído en ciertos pecados porque no han tenido la oportunidad. Ya quiero verlo a usted al frente de una institución, a ver si logra hacer las cosas como deben de ser. Sigue diciendo que Zaqueo muy contento recibió a Jesús, demostró un cambio en su vida y Jesús dijo —Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que éste también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

            ¿A qué vino Jesucristo? ¿No se alegra de eso? Porque si no fuera por eso usted y yo no estaríamos aquí hoy. Estamos aquí hoy, no porque seamos santos, porque somos pecadores arrepentidos que gracias a la obra de nuestro Señor Jesucristo hoy somos nuevas criaturas en Cristo Jesús.

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