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Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Si uno supiera que se va a morir hoy ¿de qué se arrepentiría? Imagínese que hoy llegan a visitarle y le dicen que los últimos exámenes que se hizo descubrieron que usted tiene un cáncer terminal y si mucho vive hoy. ¿Qué haría? ¿De qué se arrepentiría? ¿Qué serían aquellas cosas que diría? ¡Qué lástima que no le fui a romper la cara a aquel! ¡Qué lástima que no hice esto, aquello! Hay muchas cosas que usted ha pensado hacer, pero no las ha hecho, ha permitido que pase un día, un mes, un año, pase toda la vida. Algunos de nosotros ya somos hombres de las seis décadas, y a lo mejor hemos dejado de pasar las seis décadas. Hay cosas que no hemos hecho y si nos muriéramos hoy nos lamentaríamos de no haberlas hecho.

Que interesante lo que escribe Bronnie Ware una enfermera australiana que pasó varios años cuidando de los pacientes en las últimas 12 semanas de su vida. Doce semanas son tres meses, cuando usted ya está en los últimos tres meses de su vida necesita atenciones especiales de enfermera. En son de broma le he dicho a algunos amigos viudos viejos que si se van a casar que se consigan una con conocimientos de enfermería, porque cuando usted ya está entrando a la tercera edad necesita más una enfermera que una esposa, así que si su esposa nunca ha estudiado nada, anímela a estudiar enfermería, le va a servir. En las últimas doce semanas de su vida, ella cuidó a un buen número de personas y luego registró en su blog llamado Inspiración y Chai lo que más lamentaban las personas que estaban a punto de morir. Estos escritos se convirtieron posteriormente en un libro que vendió más de 3 millones de copias en su primer año, libro que tituló: Los cinco lamentos de los moribundos.
¿Qué es lo que más lamentan las personas que se están muriendo? Ware escribe acerca de la claridad de la visión fenomenal que la gente gana en el final de sus vidas, y cómo podríamos aprender de su sabiduría. “Cuando se le preguntó a los que estaban en sus últimos días de vida acerca de cualquier cosa por la que se lamentaban o arrepentían, surgieron vez tras vez unos temas muy comunes. Estas son las 5 cosas por las que se lamentaban y arrepentían las personas en las últimas semanas de su vida:

Primer lamento de los moribundos. Ojalá hubiera tenido el valor de vivir una vida fiel a mí mismo y no la vida que otros esperaban de mí. Shakespeare dijo: la vida es un teatro y los humanos los actores. Siempre estamos actuando y aparentando lo que no somos. A veces le seguimos el rumbo a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros maestros, a nuestros mentores, aparentando y viviendo para agradar a otros y no de la manera que nosotros quisiéramos vivir. Este era el lamento más común de todos. Cuando la gente se da cuenta de que su vida está a punto de terminar y mira hacia atrás claramente, es fácil ver cuántos sueños no se han cumplido. La mayoría de la gente no había cumplido ni la mitad de sus sueños, y tenía que morir sabiendo que era debido a las elecciones que habían hecho. La salud trae una libertad que muy pocos se dan cuenta, hasta que ya no la tienen. Cuando está sano usted puede elegir, puede escoger, hacer lo que más le gusta y agrada o sueña o sencillamente acepta las decisiones que los demás toman por usted. Usted se viste como los demás le dicen que se vista, usted come como los demás le dicen que coma, actúa como le piden que actúe, pero quizá al final de la vida usted se lamente no haber tenido el valor de vivir una vida fiel a usted mismo y no la vida que otros esperaban de usted. Hoy, muchos viven bajo la presión de grupo en los colegios, en las universidades y trabajos, y la gente vive y hace lo que el grupo presiona hacer, y no lo que la persona sabe que debe ser.

Segundo lamento de los moribundos. Ojalá no hubiera trabajado tan duro. Usted conoce a gente que trabaja duro. Cinco de la mañana arriba, ocho de la mañana va llegando al trabajo, transito por todos lados, empieza a trabajar, llega a su casa, siete, nueve, diez de la noche, todos los días. Hay unos amigos aquí que un día pregunté a ella ¿Cómo está su esposo? Por ahí anda de ratero, me dijo. Como así, le pregunté yo. Un rato en la clínica, otro rato en un hospital. Un rato en cada lado. A veces trabajamos tanto, hoy la gente tiene un trabajo, dos trabajos, tres trabajos y lo hacen tan duro que no pueden disfrutar de sus hijos, de su pareja, de la vida. Y dice esta enfermera: Esto vino de cada paciente de sexo masculino que cuidé, principalmente los hombres trabajólicos. Hay cristianos que ya no son alcohólicos, pero siguen siendo trabajólicos. Trabajan y trabajan como si fuera vicio.

Tercer lamento de los moribundos. Ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis sentimientos. Si, a veces la gente dice que paga por no pelear y pasan pagando toda la vida, porque no quieren pelear. No quieren expresar lo que sienten. No quieren decirle a alguien aquello que ha causado una ofensa. La Biblia nos exhorta a no dejar que se ponga el sol sobre nuestro enojo, sino cada día resolver nuestros enojos para no acumularlos, pero hay quienes se enojan y acumulan el enojo de hoy para mañana, mañana para pasado mañana y del año pasado para este año, y veinte años después tienen acumulados enojos y resentimientos de 20 años y por eso ya no soportan ver a la persona con la que viven o con la que trabajan o al amigo, porque no expresan sus sentimientos. Muchas personas suprimieron sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se establecieron para una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser. Muchas de las enfermedades que tenían quienes estaban a punto de morir, se desarrollaron en relación con la amargura y el resentimiento.

Por eso es tan importante hablar. Recuerdo aquella madre que me decía que tenía miedo de hablar con su hija “porque ya me amenazó con un cuchillo”. Hay circunstancias muy difíciles, pero es importante aprender a expresar lo que sentimos. Si estamos ofendidos, pues decirlo, si estamos enamorados decirlo para que no nos pase lo de aquel muchacho que se enamoró de una jovencita y ya se le iba a declarar cuando lo reclutaron para el Ejercito, dos años, “mejor me espero cuando regrese me le declaro y nos casamos”, se dijo. Eso sí, todos los días le enviaba una carta a la mujer que quería fuera su novia diciéndole lo que sentía, que cómo la admiraba, etc. Dos años más tarde la muchacha se casó con el cartero. Exprese sus sentimientos

Lamento número cuatro. Ojalá me hubiera quedado en contacto con mis amigos. Todos hemos tenido amigos en la infancia, en la adolescencia, en la vida adulta, pero a veces por trabajar duro nos sacrificamos de los amigos, nos evitamos estar con los amigos, y cuando usted ya está a punto de morir dice: Ay, ¿dónde estará aquel Perucho? Cómo me caía de bien, cómo jugábamos fútbol juntos. Cómo íbamos a matar pájaros con honda, cómo aquello, cómo lo otro. Cómo me hubiera gustado mantenerme en contacto con mis amigos. Los que se están muriendo se lamentan, porque ahí se dan cuenta realmente de las ventajas de los viejos amigos, pero ya cuando se estaba muriendo. Muchas veces ya no se puede localizarlos.

Que importante es que usted aprecie a los amigos que Dios le da. Esas reuniones que se hacen de las promociones, por lo menos una vez al año, hay que hacerlas, hay que llegar, ahí habrá gente que nos cae bien y gente que nos cae mal. Nosotros le caemos mal a unos y mal a otros, pero entre ellos algunos son amigos. Hay que fomentar la amistad, vale la pena fomentarla. Todo mundo echa de menos a sus amigos cuando se están muriendo, pero demasiado tarde para pensar en los amigos. Así que ahora que usted está vivo, si tiene un amigo llámelo, invítelo a comer, a ver una película o se lo trae al servicio de la Fráter y le comparte lo que Dios ha hecho en su vida. Dele tiempo a sus amigos, invítelos a su célula.

Lamento número cinco. Me hubiese gustado darme el permiso de ser más feliz. “Este es algo sorprendentemente común entre todos. Muchos no se dieron cuenta hasta el final que la felicidad es una elección. Usted elige ser feliz o ser infeliz. Ellos se habían quedado atrapados en viejos patrones y hábitos. El llamado “confort ” de lo familiar se reflejaba en sus emociones y en sus cuerpos. El miedo al cambio les hacía pretender ante los demás y ellos mismos que estaban felices, cuando muy en lo profundo de sus corazones, anhelaban reír correctamente y tener las cosas chistosas y divertidas en su vida de nuevo.” Si, probablemente usted sufrió la muerte de un hijo o de un cónyuge y eso lo puso deprimido un tiempo, de luto unos meses, pero no se quede así toda la vida. Esto es lo que dice la enfermera en su libro, muy interesante, lo que nos hace llegar a ver lo que dice la Biblia de cómo debemos vivir nuestra vida.

Ahora que estamos finalizando un año pensamos en el Año Nuevo y nos proyectamos en el Año Nuevo y pensamos lo que vamos hacer el Año Nuevo, y es muy común que entre nuestra plática digamos y preguntemos que pensamos hacer este año, que más se va a hacer este año. Santiago 4:13-17 Ahora escuchen esto, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad, pasaremos allí un año, haremos negocios y ganaremos dinero.» 14 ¡Y eso que ni siquiera saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.» Pero ahora se jactan en sus fanfarronerías. Toda esta jactancia es mala. Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace.”
Está bien que hagamos planes que realice un viaje a la China, que traiga pantuflas para venir a venderlas, porque aquí a las mujeres les gusta estar “empantufladas”. Está bien que haga sus planes, pero más vale que usted piense que la vida es corta. Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece. Esta mañana amaneció la ciudad de Guatemala con mucha niebla, todo nublado y otros días hemos visto cómo aparece la niebla en toda la ciudad y al rato viene el sol y desaparece la niebla, no dura mucho, así es la vida, la vida es corta, pronto se acaba. Por eso es importante que nos demos cuenta que la vida es breve y enterarnos de esta gran verdad que dice el versículo 16 de Santiago 4 Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace.

Usted sabe que es bueno abrazar, besar, acariciar a sus hijos, pero no lo hace. Abrace a sus hijos, ámelos, dígales que los quiere. Invítelos a comer algo por ahí y si no pídales que lo inviten, porque hay papás que ya no están en condición de invitar a los veinte hijos que tienen, cuando ya se asoman las nueras, los yernos y los nietos. Busque la manera de hacer el bien. Hay esposos que sostienen que a su mujer no le hacen nada malo, pero tampoco nada bueno. Eso es lo que se llama pecado de omisión, el pecado de comisión es darle una somatada a su marido, pero el pecado de omisión es no darle un besito, es no darle un abrazo, es no darle la comida sino dejarle rótulo típico de las señoras contemporáneas “Tu comida está en el micro”. Usted sabe que lo bueno es ir a visitar a su mamá, a sus abuelos, pero no lo hace. Tenemos que hacer lo bueno que sabemos, para no lamentarlo más tarde cuando queramos hacerlo y ya no podamos.

Eclesiastés 8:12 El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé también que le irá mejor a quien teme a Dios y le guarda reverencia. Porque usted puede decir que no hace nada malo, pero es coyote, lleva ilegales a México o a Estados Unidos, los despluma, los vende, hace mucha plata y nunca le pasa nada. Si, el pecador puede pecar cien veces y parece que nunca le va a pasar nada, espere que caiga en las manos del Señor, pero dice Salomón sé también que le irá mejor a quien teme a Dios y le guarda reverencia. Vale mejor pasar toda una vida con temor de Dios. Hablaba con un joven, pariente mío, y me decía: Pastor, me han ofrecido una serie de negocios, pero todos son raros, turbios. Yo la verdad, estoy feliz con que mis hijos estén sanos y felices, tener para la comida y la casa, ya estoy feliz, pues esto lo que piensa el apóstol Pablo, teniendo comida con que alimentarnos y techo con que cubrirnos estemos contentos con esto, pero todo lo que hagamos debemos hacerlo con el temor a Dios.
Eclesiastés 2:24-25 Nada hay mejor para el hombre que comer y beber, y llegar a disfrutar de sus afanes. He visto que también esto proviene de Dios, porque ¿quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios? Ya ha llegado al punto en el que usted no puede comer tomate, porque le hace daño, no puede comer chile porque le hace daño, no puede comer azúcar porque le hace daño. No puede comer nada porque le hace daño, entonces mientras pueda comer disfrute, goce de lo que puede comer. Va a llegar el día en el que el doctor le va a decir, aquí está la lista, no puede comer coche.

La vida es tan corta que debemos seguir el consejo de Hebreos 12:1 Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. La vida es una carrera de resistencia no de velocidad. Se casa, que felicidad, la luna de miel, pero espérese, si Dios le da la vida va a pasar cincuenta años con el mismo ahí, con la misma, en ese lapso van a haber enfermedades, dificultades, depresiones, extorsiones, momentos de desempleo, escasez, de riqueza, que está a punto de apartarse de los caminos de Dios por tanta abundancia.

La vida la debemos de vivir quitándonos todo peso, todo lastre. Una carrera de maratón no se puede correr con una gran mochila al hombro. Usted la tiene que correrla libre. Y lo que más impide nuestra carrera cristiana es el lastre del pecado que llevamos, por eso tenemos que despojarnos de ese lastre que llevamos, para que nuestra carrera sea buena. Y dice: “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. La Biblia nos enseña a no cansarnos en medio de las pruebas sino enfocarnos en nuestra meta, porque a veces llegamos a cansarnos y a desanimarnos, porque nos tocan pruebas difíciles. Por eso dice hebreos 12:2-3 Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.

Para que usted no se canse ni pierda el ánimo de vivir, ponga su mirada en Jesús. Si usted la pone en el Pastor, tal vez algún día se va a decepcionar, porque va a pasar corriendo y no lo va a saludar, peor si cuando iba hacia el hospital con problemas serios o se va a decepcionar por cualquier cosa. Si usted pone su mirada en el pariente, quizás se puede desanimar. Si pone su mirada en el candidato que con mano dura va a gobernar, quizá se desanime. Por eso la mirada hay que ponerla en el Señor. Si pone su mirada en el Señor, no importa lo que haya en el camino, usted va a perseverar, quizá tropiece en el camino, pero va a perseverar, pero si va corriendo con una gran mochila llena de pecados, usted se va a tropezar, se va a caer y se va a lesionar fuertemente.

Tenemos que despojarnos de todo pecado, no se desanime. No se canse.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…