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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Leemos en Lucas 2:21-35 Cuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron Jesús, nombre que el ángel le había puesto antes de que fuera concebido. Así mismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos debían purificarse, José y María, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Así cumplieron con lo que en la ley del Señor está escrito: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» También ofrecieron un sacrificio conforme a lo que la ley del Señor dice: un par de tórtolas o dos pichones de paloma». Simeón, un anciano reconoce a Jesús y sus padres se quedan maravillados. Continuamos en el versículo 25 en adelante: Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel. El Espíritu Santo estaba con él y le había revelado que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando al niño Jesús lo llevaron sus padres para cumplir con la costumbre establecida por la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios: «Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» El padre y la madre del niño se quedaron maravillados por lo que se decía de él. Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús: «Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición, a fin de que se manifiesten las intenciones de muchos corazones. En cuanto a ti, una espada te atravesará el alma.»

            Había ahí otra persona, otra anciana que también reconoce a Jesús, en el versículo 36 en adelante dice: “Había también una profetisa, Ana, hija de Penuel, de la tribu de Aser. Era muy anciana; casada de joven, había vivido con su esposo siete años, y luego permaneció viuda hasta la edad de ochenta y cuatro. Nunca salía del templo, sino que día y noche adoraba a Dios con ayunos y oraciones. Llegando en ese mismo momento, Ana dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de haber cumplido con todo lo que exigía la ley del Señor, José y María regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba”. ¿Por qué se le dio el privilegio de cargar y bendecir a Jesús al anciano Simeón? Había muchos ancianos en Jerusalén, pero ¿por qué fue a él? La primera razón que vimos es porque era un hombre justo. Y si algo necesitamos hoy para tener el privilegio de tener revelación del Señor y estar cercanos al Señor es ser hombres justos. No vivía una fe teórica, practicaba su fe, hacía lo correcto en todo momento, era un hombre justo. Justo, es la misma palabra que utilizó Dios para describir a Noé en los tiempos de perdición que se vivieron antes del diluvio, esto era Simeón, un hombre justo.

            Ahora usted está pensando, pastor la Biblia dice que no hay un solo justo, porque todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Sí, pero también dice la Biblia en el libro de Romanos 5:1 En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos] paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. No hay justo ni aún uno, pero cuando creemos en Jesús como nuestro Señor y Salvador personal se obra en nosotros, se opera en nosotros la justificación, es decir, por medio del perdón que Jesús nos da, nos declara Dios justos, sin culpa, perdonados. Esto es lo que vino a hacer Jesucristo, a obrar la redención en nosotros. Sí, todos somos pecadores, hemos cometido muchos pecados, pero en el momento en que nos arrepentimos de ellos y declaramos a Cristo como nuestro Señor y Salvador nosotros somos justificados.

            Justo es también aquel que da los que corresponde a cada uno, al que respeto le corresponde, le da respeto. Al que le corresponde dar tributo, le da tributo. Al que le corresponde dar honra, le da honra. Una persona justa es una persona que a cada uno le da lo que corresponde. Por ejemplo, si usted contrata a un trabajador para que venga a su empresa. Usted le dice que va a trabajar ocho horas diarias y va a ganar cien quetzales diarios. Él espera recibir a fin de mes tres mil quetzales, pero alguien que no es justo cuando llegue el fin de mes le va a dar dos mil quinientos, no le dio lo que habían pactado. Hay trabajadores que son justos y hay trabajadores que no son justos, hay trabajadores que son contratados para trabajar ocho horas diarias, pero la primera hora se les va en llegar, meterse al baño, peinarse, cepillarse, maquillarse. Cuando ya que han hecho todas estas cositas y que han chequeados sus correos personales como a la hora empiezan a trabajar, a la hora y media ya es hora del café y se levantan una hora a tomar café, y cuando regresan tienen que hablar con la novia. Entonces, al final del día, en vez de trabajar ocho horas trabajan cuatro. ¿Será justo o no? Tanto el patrono como el empleado tenemos que ser justos, dar aquello que corresponde.

            Este hombre (Simeón) era justo y dice que era un devoto, es alguien que se dedica con fervor a obras de piedad y religión. No sólo se dedicaba a nutrir su relación con Dios al vivir en justicia y practicar la oración sino también era un hombre que nutría las relaciones de los demás. Por ser alguien devoto era alguien compasivo que practicaba las obras de piedad ante el necesitado. Simeón tenía, dice la Escritura, que aguardaba con esperanza la redención de Israel. Ahora, esto no es fácil. Antes que surgiera el nacimiento de Jesús, antes que Juan el Bautista, el primo de Jesús, predicara, habían pasado cuatro siglos en silencio. Es decir, no habían predicaciones, nos habían profetas no había ninguna manifestación de Dios en Israel. Y, sin embargo, las promesas, las profecías de la venida del Mesías estaban presentes en la mente de Simeón. Ahora bien, habían pasado cuatro siglos de silencio y habían pasado muchos años de opresión, en ese momento era el imperio romano el que estaba gobernando a Israel. Antes del imperio romano estaba el imperio griego y otros más antes y, sin embargo, todavía esperaba Simeón la redención de Israel. Ninguno de nosotros ha esperado 84 años para ver la obra de Dios. Muchos hemos visto la mano de Dios en nuestra vida desde niños, y hemos visto grandes cosas en el corto período de nuestra vida. Ahora Simeón aguardaba con esperanza.

            Nosotros debemos tener esperanza, no solo que el año nuevo va a ser mejor sino que todos los años que vienen van a ser mejores porque estamos con Cristo en nuestros corazones y Él ha prometido bendecirnos. A veces nos preguntamos ¿irá a cambiar el mundo? ¿Irá a cambiar Guatemala? Ya pasó el 13 Baktún, cambio de era, ahora ¿habrá cambio en lo que éramos nosotros o vamos a seguir siendo lo que éramos? Tenemos que tener esa actitud de expectación que tenía Simeón, quien esperó ver con sus propios ojos al redentor de Israel, y lo logró ver. Hay quienes todavía están esperando que aparezca el redentor de Israel, no se dieron cuenta que Jesús es el Mesías, que Jesús vino para redimir a Israel y todavía siguen ciegos esperando a que aparezca. Dice también que el Espíritu Santo estaba con él. Esto también nos parece como algo normal, pero ¿cuándo nos fue dado el Espíritu Santo para que llenara la vida de toda persona de fe?

La Biblia dice que Jesucristo impartió el Espíritu Santo a sus discípulos después de haber sido crucificado, resucitado y llevado al cielo, entonces Él bajó del cielo, se reunió con sus discípulos que estaban encerrados en un cuarto y les dijo: “Paz a ustedes, así como me envió el Padre, también yo los envío a ustedes.” Sopló y les dijo reciban el Espíritu Santo, y esa noche, la noche de las resurrección, Jesús dejó el Espíritu Santo a sus discípulos. En el día de Pentecostés recibieron el bautismo con el Espíritu Santo, el poder que vino sobre ellos. ¿Y cómo dice que el Espíritu Santo estaba con Simeón? En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo no permanecía con nadie. Descendía sobre un profeta, profetizaba y luego se apartaba, sin embargo, en el caso de este hombre, Simeón, justo y devoto tenía al Espíritu Santo con él. Jesucristo dijo claramente el Espíritu Santo vendrá sobre ustedes, pero estará en ustedes. Una cosa es que el Espíritu Santo esté con nosotros eso es compañerismo, eso es al lado de nosotros, a la par de nosotros, y así es como lo tenía Simeón, pero luego vino Jesucristo y soplo sobre sus discípulos y el Espíritu Santo entro en ellos, luego en el día de Pentecostés el Espíritu Santo vino sobre los discípulos y el poder de Dios se derramó sobre todos ellos. Hoy en día, nosotros los cristianos tenemos la dicha de tener el Espíritu Santo que no está con nosotros sino está en nosotros, dentro de usted, si usted es hijo de Dios.

            A principios del próximo año vamos a publicar otro libro titulado Mantenga su iglesias viva, y ahí dedico un capítulo entero para hablar de que el Espíritu Santo esta en nosotros, de que nosotros debemos de alabar como un templo, porque dice la Biblia que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Cuando venimos a este gran templo cantamos juntos, adoramos juntos, oramos juntos, pero cuando nos vamos de este templo ¿qué pasa? ¿Seguimos cantando? ¿Seguimos alabando? ¿Seguimos sirviendo al Señor? Así debe ser, porque nosotros somos templo del Espíritu Santo y Él mora dentro de nosotros. Donde quiera que usted vaya con su cuerpo, va el templo de Dios, por eso donde quiera que usted vaya tiene que ser justo, tiene que ser devoto, tiene que ser un adorador de Dios, un siervo de Dios, y eso es lo que era Simeón, tenía al Espíritu Santo en él. Y eso le daba una posición muy especial y como resultado bendijo la vida del futuro maestro. Lucas 2:28 dice Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios. Yo pregunto ¿qué hace usted cuando tiene en sus brazos a su bebé? ¿Bendice o maldice a Dios? Hay quienes toman a un bebé en sus brazos y se quejan, porque ahora hay que comprar pañales, hay que comprar leche, hay que pagar pediatra, hay que pagar colegio, hay que comprar ropa, hay que darle comida. ¿Cómo ve a un niño en sus brazos? ¿Cómo una carga, como una maldición o lo ve como una bendición? Eso va a determinar mucho el futuro de ese bebé. Si usted lo ve como una carga, como una maldición, que Dios le ayude. En cambio, usted debe tomarlo en sus brazos y bendecir a Dios y decir gracias Dios por este bebe.

            El crecimiento de la iglesia cristiana se ha reducido bastante, porque muchos ven a los bebés como una carga, como una maldición y en vez de tener bebés prefieren tener más carros, más casas, más joyas, más viajes, más títulos, más tiempo de deporte y entonces no están produciendo ni criándolos. Los musulmanes están tomando control de Europa y otras partes del mundo, ¿por qué? Porque no están limitando el tener bebés, tienen cinco, tienen seis, tienen siete, tienen ocho y usted no tiene ni uno y si tiene uno ya se cree el padre Abraham. Gracias a Dios porque podemos tener bebés, bendigamos a Dios por los que tenemos. Esta semana publicó el Instituto Nacional de Estadística que la tasa de crecimiento poblacional en Guatemala va para abajo. Se los he venido diciendo por años, pero me ven con ojos cuadrados, va para abajo el crecimiento poblacional en Guatemala. Los muchachos no se quieren casar y si se casan, se casan viejos y si tienen hijos los tienen más viejos, parece que en vez de que les nazcan hijos les van a nacer nietos. La Biblia dice que herencia de Dios son los hijos. Si usted no quiere la herencia de Dios no tengas hijos, pero son una bendición, por eso hemos escrito el libro Escuela para padres, animando a la gente a ser mejores padres y a darse cuentas que hay que bendecir no solo a Dios por los hijos que nos da, sino a los hijos que Dios nos permite tener.

            Versículo 29 dice Según tu palabra, Soberano Señor, ya puedes despedir a tu siervo en paz. Tanto esperó Simeón conocer al Salvador que cuando lo conoció le dijo: Ahora ya me puedo morir. Versículo 34 dice Simeón les dio su bendición y le dijo a María, la madre de Jesús: «Este niño está destinado a causar la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y a crear mucha oposición. ¿Quién no hubiera querido bendecir al maestro? ¿Quién no hubiera querido cargar al Hijo de Dios? Simeón ya anciano tuvo ese privilegio por ser un hombre justo, devoto y que aguardaba con esperanza la redención de Israel, vio tan grande el privilegio que ya podía morir, porque sus ojos habían visto la salvación de Dios.

¿Por qué se le dio el privilegio a Ana de 84 años conocer a Jesús y dar gracias a Dios? ¿Qué caracterizaba a esta anciana? Yo pienso, cuando veo a una anciana de 84 años, en mi mamá, ella cumple dentro de un mes 83 años, a esa edad usted ya no está como para jugar futbol, ya usted no tiene energía para estar haciendo la limpieza de la casa, usted ya no está con toda esa fuerza y vigor que se tiene en las adolescencia y en la vida adulta en la que de veras se hacen grandes esfuerzos.

            Esta mujer tenía una peculiaridad, dice el pasaje, nunca salía del templo. Miren la vida de esta señora, nunca salía del templo, su vida era el templo, su vida era servir en el templo, su vida era servir ahí todo el tiempo. Qué bueno. Miro aquí a muchas mujeres jóvenes y espero que su vida – igual que a la de Ana- esté vinculada a las actividades de la iglesia. Hay papás que a veces he oído decir: Mi hijo se la pasa tanto en la Fráter que le digo que le voy a conseguir una cama, para que duerma allá. Le respondo que le dé gracias a Dios que le gusta estar en la iglesia o prefiere que este con las maras en las calles, vagando, asaltando, robando, drogándose. Qué bueno que nuestros pollos encuentran nido en la iglesia, como dice el salmo, aún los polluelos hayan nido para sí, dice el Salmo 84, en la iglesia. Pues Ana, por estar en la iglesia todo el tiempo, estuvo cuando Simeón cargó a Jesucristo y se dio cuenta de eso, el templo era lugar de adoración. Seguramente era una mujer con muchos a achaques. Fue una mujer justa e integra en su forma de conducirse y Dios la premió permitiéndole conocer a Jesús. Quién sabe cuántos años más vivió antes de morir, después de conocer a Jesucristo. Quién sabe si fueron días, semanas o años, pero tuvo el gusto de conocer a Jesús y luego hizo algo que yo animo a todas las mujeres hacer, salió de ahí y le fue a contar a todos que Jesús había nacido. Vaya a contarles a todos que Jesús ya nació.

            No solo las mujeres deben ir a contarlo, a mí me llama la atención que las primeras en contar las cosas son las señoras. Aquí está un caso ¿Quién fue la primera persona que fue a contar que Jesús había nacido? Ana. ¿Quién fue la primera persona que fue a contar que Jesús había resucitado? María. Las mujeres son atrevidas, atrévanse mis queridas hermanas, cuenten del Señor, sigan contando del Señor. Y los hombres no nos quedemos atrás, contemos acerca de nuestro Señor Jesús. La gente está desesperada, la gente está ansiosa, está triste, solitaria, está enferma, desesperanzada y necesita que alguien como usted, como yo vaya y les diga: hay esperanza en Jesús. Hay esperanza de cambios para usted, a través de la fe en Jesús y tenemos que seguir compartiendo ese mensaje. Ahora la pregunta es si hubiéramos vivido en los tiempos de Jesús ¿habríamos sido como un Simeón, como una Ana o como uno más del montón? ¿Al igual que Simeón, somos justos, devotos y aguardamos con esperanza la redención del mundo? Nuestra fe no es solamente para ser conocida, es para vivirla. Qué gran error en el que podemos caer en creer que fe es solo asistir a la iglesia y llevar una Biblia, tomar notas o ser un fiel diezmador, ayudar al necesitado, tratar bien a nuestro prójimo. Primero antes que todo a lo anterior está Dios. Todo lo anterior lo puede hacer cualquier persona, sin tener la presencia de Dios, pero Dios nos pide el diez por ciento de nuestros ingresos – que llamamos diezmos-, y el cien por ciento de nuestro corazón, ahí es donde nos resistimos a darle al Señor el cien por ciento de nuestro corazón.

            Al igual que Ana ¿nunca salimos del templo sino que de día y de noche adoramos a Dios con ayunos y oraciones? O venimos al templo un domingo sí y seis meses no, porque a veces venimos al templo un domingo y dejamos de venir seis domingos. Luego volvemos a venir un domingo y nos apartamos otros seis domingos. Tenemos que aprender que nuestra relación con Dios tiene que ser continua, tiene que ser constante, tiene que ser permanente, todo el tiempo. Nuestro compromiso con Dios y con nuestra iglesia no debe ser algo que sentimos que lo cumplimos porque tuvimos una hora el fin de semana en la iglesia o una hora y media. Debe ser que estamos con Él toda la vida. Ana no salía del templo, aunque ya no era una mujer con mucha energía, pero gastó sus energías sirviendo al Señor.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…