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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Tenemos que pedir al Señor que obre en nuestro sistema judicial, para que se apliquen las sentencias de los delitos rápidamente, para que entre verdadero temor en los delincuentes y sepan que la ley sí se aplica. Por supuesto, eso ha ocurrido en más de una ocasión, en el Antiguo Testamento tenemos la historia del rey David, quien fue perseguido, quien tuvo que huir de cueva en cueva, de montaña en montaña, sufrir noches de frío a la intemperie por la persecución que se desató en él en una y otra ocasión. Él vivió la maldad del hombre, la maldad de la gente y también sintió ese fastidio de ver a los malos hacer cosas malas y aparentemente prosperar. A veces usted se pregunta ¿cómo esta gente tan sinvergüenza, tan delincuente monta sus empresas y le va viento en popa? ¿Están conectados con el crimen organizado y les va de maravilla, tienen éxito, no les pasa nada? Y ante esa situación, David se pregunta en el Salmo 10:1-11, lo hace directamente a Dios y le dice: ¿Por qué, Señor, te mantienes distante? ¿Por qué Señor estás como alejado? ¿Por qué Señor estás como sin darte cuenta de lo que pasa? ¿Por qué Señor te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia? Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas. El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Señor.

Es lamentable ver cómo gente malvada expresa abiertamente su codicia, sus ambiciones, se lucen con toda la cantidad de barbaridades que hacen, y menosprecian al Señor. Versículo 4 dice: El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos. Para ellos Dios no cuenta, para ellos Dios no tiene sentido, para ellos la vida religiosa, la vida de fe no tiene lugar. Todas sus empresas son siempre exitosas; tan altos y alejados de él están tus juicios que se burla de todos sus enemigos. Y se dice a sí mismo: «Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemasLlena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua esconde maldad y violencia. Se pone al acecho en las aldeas, se esconde en espera de sus víctimas, y asesina a mansalva al inocente. Cual león en su guarida se agazapa, listo para atrapar al indefenso; le cae encima y lo arrastra en su red. Bajo el peso de su poder, sus víctimas caen por tierra. Se dice a sí mismo: «Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada.»

Y pareciera que Dios deja pasar todas las maldades que hacen personas malvadas en esta tierra. Pareciera que a Dios no le importa que estas personas vivan de maldad, pareciera que Dios está distante, porque muchas veces los justos sufren por causa de los malvados, sin tener aparente defensa divina inmediata. Cada vez que nosotros queremos que Dios actúe rápido, me recuerda aquel que hablaba con Dios y le decía: “Señor para ti un centavo es como un millón ¿verdad? Si, le dijo el Señor, Y un día es como mil años. Sí. Señor, podías darme un centavo. Cómo no, le dijo, espérame un día”. A veces el tiempo de Dios no es el nuestro, el tiempo de Dios es un tiempo que se mide en la eternidad, en donde no existen relojes, en la eternidad no existe el tiempo. Es aquí en la tierra en la que nos medimos por el cronos y medimos minutos, horas, días, años. Para Dios no existe el tiempo, Dios vive en la eternidad.

Así que el problema y el conflicto de David es similar al suyo, estoy seguro que aquí hay mucha gente que ha visto morir violentamente a sus familiares o a sus amigos. Han visto el robo de fincas, casas, propiedades a personas inocentes. Ha visto a otros que son secuestrados, mutilados. Han visto a muchos sufrir y la pregunta igual que la de Davides: ¿Por qué Señor? ¿Por qué Señor tú no tomas a cada uno de estos delincuentes? Y, por lo tanto, el salmista hace una petición en 10:12-13: ¡Levántate, Señor! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos! ¿Por qué te ha de menospreciar el malvado? ¿Por qué ha de pensar que no lo llamarás a cuentas?

Es una petición de defensa por parte del que está sufriendo. Hay muchos hoy en nuestro mundo clamando a Dios, pidiéndole que obre en sus vidas, pidiéndoles que los libre. Y cuando le dice “levanta oh Dios tu brazo” me imagino que le está diciendo: Señor, tú sí puedes tener mano dura, tú sí puedes aplicar la fuerza, Señor tú sí tienes brazo fuerte. ¿Cuántas veces hemos oído a los distintos gobiernos, a través de la historia, ofrecernos seguridad, bienestar, justicia, mano dura? ¿Cuántos lo han cumplido? Yo puedo mostrar testimonios vivientes de hombres y mujeres huérfanos, a los que el Señor socorrió, defendió, que les ayudó a salir de esa situación difícil como lo es la orfandad, lograr superarse sus limitaciones familiares sentimentales, psicológicas, económicas. Y hoy Dios los tiene bendecidos, prosperados, porque Dios cuida al huérfano y al oprimido.

Y esto no ha ocurrido sólo en nuestra época. Si nos vamos a la época del Antiguo Testamento y nos ubicamos, por ejemplo, en el libro del Éxodo nos encontramos con una historia de un pueblo oprimido. Un pueblo que trabaja apenas para comer, le construye las grandes ciudades a Egipto, le construye al faraón los grandes monumentos y apenas gana para comer. Parecido a lo que ocurre hoy en nuestros países, tenemos millones de gente en Guatemala, que trabajan duro día tras día y apenas reciben una paga suficiente para comer. Por eso es que lamentablemente ocupamos uno de los primeros lugares en el mundo a nivel de desnutrición. Hay muchos padres que no pueden darle ni lo elemental a sus bebes, porque están siendo oprimidos hoy, como fueron oprimidos ayer en Egipto.

Y entre esa realidad en que estaban, Dios envió a Moisés a liberarlos, precisamente, porque escuchó sus gritos desesperados. En Éxodo 3:6-10 dice “Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios. Pero el Señor siguió diciendo: —Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel. Me refiero al país de los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. Han llegado a mis oídos los gritos desesperados de los israelitas, y he visto también cómo los oprimen los egipcios. Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo. Así como Dios oyó los gritos desperados de los israelitas y envió a Moisés para liberarlos y para sacarlos a una mejor situación ¿no podrá Dios escuchar los gritos desesperados de los guatemaltecos que sufren y que necesitan que Dios intervenga en esta nación? Dios escuchará nuestras oraciones. Tenemos que elevar a Dios nuestro clamor. Es urgente que doblemos también nosotros nuestra cerviz y que humillados delante del Señor elevemos a Dios nuestro clamor pidiendo que Él obre en nuestra nación.

Salmo 68:5 dice “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa”. Los huérfanos y las viudas representan a los más desprotegidos en cualquier nación. Aquel hijo que se queda sin la protección y el amor de sus padres, y aquella mujer que se queda sin la presencia, el apoyo económico y el amor de su esposo a ellos Dios defiende. A veces me siento a escuchar las historias de mi querida madre, porque ella cuenta que a los cuatro o cinco años de edad quedó huérfana de padre y de madre. Y cuando usted es huérfano a los cinco años de edad ¿qué le queda? Ver quién le hace a usted la caridad de darle de comer, de vivir, vestir y algunas veces le toca, como a mi madre, ir a trabajar a una casa donde hay doce personas que hay que atender. Trabajar desde chiquita en los oficios domésticos duramente, esclavos contemporáneos como aquellos israelitas en Egipto que trabajaban para comer. Por eso me casé a los 16 años, me dijo. No sé si después se arrepintió de haberse casado tan joven, pero esa es la realidad.

Ser huérfano es difícil, ser viuda es difícil. Hace algún tiempo escuché a una mujer de las tantas viudas que conozco. En el funeral, cuenta ella, yo le hablé y le dije lo que está en el Salmo 68:5. Dios será su defensor, recuerde de ahora en adelante, su marido, su hacedor, es Dios. Tomó ella nuevas fuerzas, Salió adelante con la empresa de su esposo y ahora es una líder muy activa aquí dentro dela congregación. Dioscuida de los huérfanos y de las viudas. Qué lindo es tener hijos, pero que terrible es dejarlos huérfanos, desprotegidos. Si usted se muere hoy, ¿cómo va a dejar a sus hijos? ¿Protegidos o desprotegidos? La Biblia nos cuenta la historia de un profeta que se murió y dejó a sus hijos endeudados, tan endeudados que ya estaban a punto de ser tomados como esclavos para cobrarse la deuda con ellos. Es nuestra responsabilidad pensar en que nuestros hijos no solo queden protegidos sino que no los dejemos endeudados.

Y aquí viene un punto importante, no envidie a los impíos sino que tenga paciencia que el Señor hará justicia, porque podemos caer en el error de envidiarlos e imitarlos. Podemos preguntarnos si los malvados hacen el mal y prosperan ¿valdrá la pena que yo siga haciendo el bien? O mejor dejo de hacer el bien y me vuelvo un malvado y empiezo a hacer el mal. Podemos envidiar la gran vida que el malvado se da con el dinero mal habido y anhelar su prosperidad obtenida por los malos caminos, pero Dios nos enseña en Su Palabra a no envidiar a los impíos, porque aunque prosperen, pronto se marchitarán y terminarán destruidos por el mismo. Salmo 37: 1-2 dice “No te irrites a causa de los impíos ni envidies a los que cometen injusticias; porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como el verdor del pasto”. De repente usted se encuentra con un amigo del barrio, de la infancia y lo ve con mansiones, carros, lujos, séquito de servidores, guardaespaldas, hombre lleno de mucha riqueza y usted siente envidia. Se acerca, y a lo mejor se atreve y le dice, vos ¿cómo la hiciste, cómo lograste tener todo esto? Y a lo mejor le dice: lo hice, empecé siendo mula, mula  se le llama a aquellas personas que transportan droga en menores cantidades y a aquellas personas que tragan cápsulas con droga y la llevan en el estómago de un lugar a otro. Ya no es secreto, porque ahora las novelas por las televisoras, las más vistas y más populares son precisamente las novelas de los narcotraficantes. Una vez que usted se mete en un negocio del crimen organizado, ya no sale, a menos que salga muerto. No envidie, no envide a los impíos, porque estos van a sufrir de parte de Dios el juicio.

Salmo 37:7-15 dice “Guarda silencio ante el Señor, y espera en él con paciencia; no te irrites ante el éxito de otros, de los que maquinan planes malvados. Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal. Porque los impíos serán exterminados, pero los que esperan en el Señor heredarán la tierra. Dentro de poco los malvados dejarán de existir; por más que los busques, no los encontrarás. Pero los desposeídos heredarán la tierra y disfrutarán de gran bienestar. Los malvados conspiran contra los justos y crujen los dientes contra ellos; pero el Señor se ríe de los malvados, pues sabe que les llegará su hora. Los malvados sacan la espada y tensan el arco para abatir al pobre y al necesitado, para matar, para matar a los que viven con rectitud. Pero su propia espada les atravesará el corazón, y su arco quedará hecho pedazos”. Eclesiastés 8:12 dice “El pecador puede hacer lo malo cien veces, y vivir muchos años; pero sé también que le irá mejor a quien teme a Dios y le guarda reverencia.”. Y eso lo escribe Salomón, el más rico de su época, el más famoso de su época, se dio gusto – dice-, él probó el guaro, chupó todo lo que quiso, él probó mujeres, tuvo un harem de mil, con una como cuesta. Él supo lo que es tener riqueza, fama, sexo, todo lo que quisiera, pero al final llega a concluir que al que teme con reverencia, le irá mejor. Cada 1 de diciembre se recuerda que en el mundo existe un mal que se llama VIH virus de inmuno deficiencia humana, que produce lo que se llama Sida, y yo le recuerdo que el sida sí da, usted dirá que no le dará porque usted ora antes. Pero sí da. Mi hermano amado, tenga cuidado, no envide a los impíos porque serán exterminados finalmente. Existen muchas razones para permanecer en la fe, aunque el pecador viva una buena vida, una de ellas es la paz que produce el andar por los caminos de Dios. Aquel que guarda sus mandamientos duerme tranquilo.

Proverbios 28:1 dice “El malvado huye aunque nadie lo persiga; pero el justo vive confiado como un león”. Cuántos pagarían una fortuna con tal de vivir en paz, con tal de dormir en paz. Cuando usted tiene la paz de Dios, cuando tiene su conciencia tranquila vive en paz. Sale, va a un centro comercial, da su caminata, da su recorrido, compra su helado, se echa un lustre, entra al banco, compra un regalo para el Pastor dela Fráter. Usted la pasa bien, usted está tranquilo, ¿por qué? Porque el impío huye sin que nadie lo persiga, pero como usted no es impío, no tiene temor de que alguien lo esté persiguiendo, usted no anda viéndole la cara a todos y a cada uno le ve cara de secuestrador, la cara de extorsionador, cara de sicario. La gente que tiene negocios mal habidos no vive en paz, no duerme en paz.

Qué rico es llegar ala casa. Hermanosqué bueno es poder tener sueño y dormir tranquilo hasta que suena el despertador. El Señor sí oye nuestras oraciones, el Señor sí nos defiende de los malvados, el Señor sí consuela a los que sufren, el Señor está con nosotros. Ya no envidie a los impíos, déle gracias a Dios que aunque a usted le toca levantarse temprano y salir en medio del tránsito e ir a trabajar cada semana, cada quincena, cada mes, usted recibe su cheque y a lo mejor no se compara con aquel cuate que está en el crimen organizado, pero ese dinero que el Señor le da, usted le aplica la fórmula 10-10-80. De todo lo que recibe, aparta el diezmo que lo trae para el Señor, otro diezmo lo guarda para sus ahorros y vive con el 80 por ciento, y usted está contento, cuidando que la época navideña no lo deje en trozos, que no gaste más de lo que debe, que no se endeude más de lo que debe. Usted contento con lo que gana, porque es un dinero lícito y Dios lo bendecirá y lo hará rendir para todo lo que necesita.

La próxima semana voy a estar predicando sobre cómo salir de deudas. Vale la pena, no les digo cómo no endeudarse porque ya están. ¿Cómo salir de deudas? ¿Conoce a alguien que está endeudado? Lo invito a que encuentre entre sus parientes y amigos todos los endeudados que conozca, tráigalos el próximo domingo, en base del libro “Alas para tu Economía” voy hablarles de cómo salir de deudas, y si no conoce a ningún endeudado, traiga al que vio hoy en el espejo por la mañana. El Señorpermite que lo que recibimos sea un dinero justo, lícito. Romanos 12:19-21 dice “No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: "Mía es la venganza; yo pagaré", dice el Señor. Antes bien, "Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta." No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien”. No tomen venganza, hermanos míos, y aquí va mi consejo para mis paisanos: no linchen a la gente, entréguenla a las autoridades, a las que pedimos hagan bien su trabajo, pero no tome venganza usted, yo sé que si le mataron a un hijo es difícil quedarse sin tomar venganza, sobre todo cuando alguien le dice: “Ya sabemos quién fue, ¿quiere que le hagamos el trabajito? Se lo hacemos gratis”. Porque hasta gratis los hacen algunos, solo por el gusto de tronarse a otro, de torturar a otro. ¡No tomen venganza!

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