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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

 

¿Qué dice Filipenses 4:13? Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Ese es uno de esos versículos bíblicos cortos, puntuales, impactantes, y los usamos cuando necesitamos apoyo, cuando queremos enfrentarnos a una nueva empresa, cuando tenemos que entrar a formar una familia, cuando nos nace el primer hijo, y más cuando nos nace el número seis, entonces tenemos que decir Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Pero a menudo citamos este texto fuera de contexto y cuando citamos un texto fuera de contexto es un mero pretexto, así que veamos que dice la Escritura en Filipenses 4:12, Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. Vivir en la pobreza es terrible, se levanta por las mañanas, los hijos piden comida, usted no tiene ni para el pan. Vivir en la pobreza es difícil. Pablo dice: Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia.

Me recuerdo cuando vivía en la pobreza, era un problema. Cada mañana, a mí por ser el mayor de la casa, me decían: Vaya a la tienda a traer 25 centavos de pan, en esa época el pan valía un centavo, eran bastantes panes, y si uno compraba 25 centavos de pan le daban cinco de ganancia y ese era el premio por ir a traerlo, porque en el camino uno empezaba a quitarse el apetito comiéndose un su panito. Llegaba a la tienda, pedía cinco conchitas, cinco cachitos, cinco cortadas, cinco champurradas, en fin, los nombres que le ponen a lo panes deliciosos. Además una bolsa de café, una libra de azúcar, a veces una carterita de fósforos, pero el problema era cuando a veces, casi siempre, me tocaba pedirlo fiado. Para pedir fiado hay que poner cara de pedernal, a veces la tienda de doña Amanda estaba llena de clientes y delante de todos me decía: Jorge, dígale a su mamá que hace quince días que no paga, si quiere que le sigamos dando fiado tiene que venir a pagar lo que debe.

¡Qué terrible es estar en la pobreza! Yo aprendí a estar en la pobreza, aquello que usted usa un pantalón hasta que parece “saltacharcos”, porque uno va creciendo y el pantalón no crece, no como los israelitas en el desierto que crecían los niños y la ropa les crecía, nunca tuvieron que cambiar de ropa en el desierto. Pero lo bonito es que ahora he aprendido a estar en abundancia. La semana pasada fuimos a México a predicar y a promover nuestros libros y el avión nos llevó de México a Miami y de ahí a Guatemala de regreso, y esas cuatro o cinco horas en Miami las aprovechamos en un restaurante de comida cubana, es rica esa comida, pedimos arroz blanco, frijoles negros, con el sazón cubano. Pedimos masitas de puerco, pedimos plátanos fritos, total que nos dimos una forrada. Luego cuando llegó la cuenta mi esposa dijo: ¡Yo pago! ¡Qué tal! Pagó sin pena, ¿por qué? porque ella también ya aprendió a vivir en la abundancia.

En México, mientras yo andaba coleando a mi señora y a la hermana Gloriade Solórzano, que andaban dizque de shopping aunque no compraron mucho, gracias a Dios, su esposo y yo nos metimos en un almacén a ver y el vendedor que nos tocó bueno, me presentó este traje. Bonito el traje, y entonces me dice el hermano Edgar, ese traje está bonito, mira tiene un pespunte en la orilla, total que él ayudó al vendedor. Pablo dice he aprendido a estar en la pobreza, y he aprendido a estar en la abundancia. Esimportante entender el contexto, porque no siempre estamos en la abundancia y no siempre estamos en la pobreza. Dice, además He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez.

Y ahí viene el versículo 13, Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Lo que está diciendo Pablo es puedo estar con hambre, porque en Cristo Él me da las fuerzas para soportar. Puedo estar en abundancia, porque en Cristo puedo estar en abundancia y mantenerme humillado bajo la poderosa mano de Dios, porque el problema es que cuando la gente está en la abundancia se cree la gran cosa. Como ahora ya tiene el gran rollo de billetes en la bolsa, cree que ya no necesita de Dios, ¡qué engañado está! Basta con que le hagan un alto por ahí, una pistola en el pecho y el rollo desaparece, pero cuando usted está en Cristo, aunque desaparezca el rollo el Señor provee lo que usted necesita, porque Él es nuestro proveedor.

Así que cuando cite Filipenses 4:13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Recuerde que Pablo lo dijo enseñando que él podía estar en cualquier circunstancia. Ahora ¿ya se preguntó en qué circunstancia estaba Pablo escribiendo esta cita? Estaba enla cárcel. Estar preso no es nada agradable, estar preso es deprimente. Yo he tenido conocidos que han estado presos y créanme y los he ido a ver, pero una vez cada ocho años. Cuando usted está preso desaparecen los amigos, los hermanos y hasta los pastores, a uno le da cosa ir ala cárcel. Aquí hay unos hermanos de la iglesia que van semana a semana a Santa Teresa a visitar a las detenidas y de parte de todos nosotros les llevan comida. A las que dan a luz a sus niños les llevan una canasta con ropa, con pañales, con talcos, aceite, todo lo que necesitan, porque aunque usted no lo crea hay mujeres que dan a luz en la cárcel.

Dice en los versículos 14-18 “Sin embargo, han hecho bien en participar conmigo en mi angustia. Noten, Pablo tenía razón de estar angustiado al estar preso, Y ustedes mismos, filipenses, saben que en el principio de la obra del evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en mis ingresos y gastos, excepto ustedes. Incluso a Tesalónica me enviaron ayuda una y otra vez para suplir mis necesidades. No digo esto porque esté tratando de conseguir más ofrendas, sino que trato de aumentar el crédito a su cuenta. Ya he recibido todo lo que necesito y aún más; tengo hasta de sobra ahora que he recibido de Epafrodito”. Así se llamaba el courier que usaron ellos para llevarle las ofrendas, recuerde que en ese entonces no había internet, no había teléfono, no había telégrafo, solo había mensajeros personales y Epafrodito fue quien tomó todas las ofrendas que reunieron, me imagino que no solo dinero le reunieron, le han de haber reunido un buena túnica, un buena frazada para la cárcel, alguna almohada y una de esas señoras muy buenas cocineras le ha de haber enviado un buen poco de comida, para que Pablo no extrañara la comida típica de su tierra.

Y Pablo dice, todo he recibido, ustedes han suplido para mis necesidades, tengo todo y hasta de sobra. Si usted quiere que el Señor le provea todo lo que usted necesita, sea usted un proveedor para alguien que necesita. Por eso dice la Escritura que hay más dicha en dar que en recibir. Cada vez que llega el fin de mes o quincena o la semana, conforme a usted le paguen, vaya con gusto y provéale a su familia lo que necesita. Si usted en ese momento recibió diez mil, le entregó nueve mil a su familia, porque mil son para el diezmo del Señor y usted se queda sin nada. Entonces ¿qué hace el Señor cuando usted se queda sin nada? Le provee otra vez, llega el otro mes y le da otra vez sus diez mil, nuevamente usted da sus mil para el Señor, nueve mil para la familia, si usted no quiere darle nueve mil a la familia, por lo menos siete. Usted tiene que proveer. Cuando provee el Señor ve que a usted le hace falta, le da para que tenga lo que necesita. No se trata solo de citar “Dios me suplirá”, claro, sí suplirá pero si usted primero ha suplido la necesidad de otros. Por eso dice la Escritura que hay más dicha en dar que en recibir, porque dando es como recibimos, amando es como somos amados, perdonando es como somos perdonados.

Por eso es tan importante entender bien cómo funcionan estos principios del reino de Dios. Esta semana tuvimos la graduación de nuestros bachilleres en el Liceo Bilingüe Fraternidad Cristiana, treinta y ocho, treinta y cinco presentes, dos ausentes y uno que ya está estudiando para chef en Francia. Qué linda estuvo la graduación, cada vez que hay una graduación hay mucha gente. Entre los padres de familia de los graduandos hay quienes lloran, hay quienes se alegran, la mayoría están alegres de que al fin sale su hijo y dejar de pagar la cuota mensual, aunque empiezan a pagar otra más grande en la universidad, pero se alegran. El problema es cuando usted está ahí y oye que llaman a fulano: medalla de excelencia académica, medalla deportiva, medalla por buena conducta. Y ahí donde está sentado dice para sí: ¿A qué hora llamarán a mi hijo? Y lo llaman, pero solo para darle su diploma, raspado pero se graduó. Entonces ve que los padres de aquel que recibe medallas y honores están alegres. Llega y les dice: Qué alegría, tanta medalla para su hijo. Cuesta que eso salga del corazón, porque dentro de usted estará diciendo: Ah mi hijo tan mudo, igual que su papá o igual que su mamá, ¿por qué no logró los premios que les están dando a esta señorita o a este joven?

Cuesta alegrarse con los que se alegran. Lo llevan a usted, por ejemplo, a ver una casa nueva de un amigo y tiene que atravesarse la ciudad y llegar a un lugar que es verdaderamente exclusivo, solo mansiones. Al llegar a la casa de su amigo desde afuera, su mujer es la que más habla, usted solo mira, y la mujer le dice qué linda casa, pero por dentro está diciendo y la mía tan fea, qué bonito el lugar y el barrio donde yo vivo lleno de narcos y violencia, mareros, terrible. Y lo saludan los nuevos dueños de esa casa y usted se asombra de ver esa sala, esa cocina y lo primero que le ofrecen es un tour, más durala tortura. Vade cuarto en cuarto y en cada cuarto le dice a su amigo qué lindo tu cuarto, pero por dentro usted está sufriendo, Señor, era yo quien te pedía la casa, por qué se la diste a ellos, si yo soy más espiritual, Padre. Alégrese con los que se alegran. No es fácil, es difícil alegrarse con los que se alegran, por eso Pablo nos da el consejo y nos dice: alégrense con los que se alegran, porque si no se alegra con los que se alegran, lo que tiene es envidia. ¿Ha tenido envidia alguna vez? Ah que lindo tu carro, es envidia usted se dice: Padre yo te lo estaba pidiendo para mí.

Una prueba de que no tenemos envidia es que honestamente nos alegramos con el triunfo ajeno. La indiferencia es permanecer inconmovible ante lo que le pasa a los demás. Dice el pasaje Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran (Romanos 12:15). Es más fácil llorar con los que lloran, porque cuando está viendo a alguien que llora usted llora, pero dice gracias a Dios que él es el viudo y no yo. Gracias a Dios que él es el huérfano, no yo. Gracias a Dios que él es quien está preso, y no yo. Usted ve a alguien que sufre y empieza a sentirse contento porque no es usted el que está padeciendo. Llorar con los que lloran es más sencillo que alegrarse con los que están alegres.

Un escritor cuenta la historia de una mujer norteamericana. “Una dama en Charlton encuentra a la sirvienta negra de un vecino. - Me apena la muerte de tu amiga Lucía, le dijo. Debes extrañarla mucho, eran tan amigas-. Si señora, le contestó la sirvienta, siento mucho su muerte, pero no éramos amigas. -¿Cómo? Creí que lo eran, las he visto reír juntas, una cantidad de veces-. Si señora, así es - fue la respuesta de la sirvienta-, hemos reído juntas, hemos caminado juntas, pero éramos solo conocidas. Usted verá, señorita Ruth, nunca compartimos nuestras lágrimas”. Las personas deben llorar juntas para transformarse en amigas. La unión que proporcionan las lágrimas es la unión más fuerte, pero nosotros tenemos que aprender también a llorar con los que lloran, para que se vea que nunca nos acostumbramos a las desgracias de los demás, en un país como el nuestro en donde hay asesinatos día a día podemos dejar de ser personas sensibles.

Llorar con los que lloran, es jamás acostumbrarse a las desgracias de los demás. Sí, podemos volvernos insensibles, oímos recientemente que hay un promedio de dieciséis, diecisiete asesinatos diarios en Guatemala, y podemos pensar que eso es normal, pero no lo es. No debería haber asesinatos en nuestro país, no debería haber mujeres violadas en nuestro país, no debería haber mujeres maltratadas en nuestro país, no debería de haber niños explotados y abusados en nuestro país. No debería de haber niños muriéndose por desnutrición en nuestro país. No podemos volvernos insensibles, tenemos que entender que esas situaciones son dolorosas y que tenemos que llorar, no solamente, con los que lloran sino ponernos en su lugar, pensar qué se sentiría sí yo fuera esa persona, eso es tener empatía.

Además, llorar con los que lloran no solo es entender su sufrimiento sino hacer algo al respecto. No es solo llorar y sentir el dolor, es hacer lo que está a nuestro alcance para consolar al que sufre y ayudarle, eso es no ser indiferente. Que bueno es cuando podemos extender la mano y accionar para ayudar a alguien. Si, cuando se acerca la época de navidad no todos tienen aguinaldo, no todos tienen regalos, no todos tienen comida, ¿no le parece que conviene pensar en alguna persona? Puede ser una familia de unos parientes, una familia de algunos vecinos, alguna familia de excompañeros de clases que usted sabe que están pasando por necesidad, ¿por qué no piensa en comprar una canasta de víveres y a lo mejor meterle unos cuantos dulces, si hay niños? Y si puede extender más y llevarles zapatos, porque vio que los zapatos están mal, pues hacer el paquete y llegar y decirles: feliz Navidad. El Señor puso en nuestro corazón ayudarles, en darles, porque mi Dios proveerá todo lo que necesite conforme a sus riquezas gloriosas en Cristo Jesús.

Como el Señor proveerá, entonces yo debo despojarme de un poco de lo que tengo y dárselo a alguien que lo necesite, entonces el Señor se encargará de suplir lo que a nosotros nos hace falta. Esa es la razón por la que estamos constantemente haciendo jornadas médicas y llegando a las aldeas más alejadas del país, donde está la gente más pobre y necesitada, a donde no llega todavía bien la salud pública, ahí van nuestros médicos, enfermeras y a veces se nos unen médicos y enfermeras extranjeros. Llevamos, no solo una consulta médica, no solo comida, no solo ropa y zapatos sino amor y consuelo. Y todo eso se hace gracias a los diezmos y ofrendas que usted da, y es gracias a sus diezmos y ofrendas que llevamos semanalmente a los presos de las distintas cárceles, y atendemos con pan, consuelo, ropa, ayuda. Tenemos que ayudar al necesitado, ¿conoce a un niño huérfano? Déle un poco de consuelo, es más, invítelo si puede a comer con usted, tenemos que hacer algo por el necesitado.

No basta solo con llorar, hay que actuar. Imagínese a alguien que esté muerto de hambre y lo que hace usted es llorar un rato ¿con eso va a resolver? No, hay que decirle, mira aquí te traje un pan, aquí te traje comida. Te traje para que tú vayas a comprar tu pan, tu comida. Les he contado la historia de aquel soldado que estaba frente a una panadería observando a un niño de la calle que veía a través de la vitrina el pan caliente, delicioso que se vendía allí, pero él no tenía para comprar. Entró el soldado, compró una bolsa de panes calientitos, ricos, bien olorosos, sabrosos y llegó con el niño y le dijo: toma, este pan es para ti. El niño lo tomó en sus brazos, se le quedó viendo y le hizo esta pregunta: ¿Usted es Dios? Porque seguramente este niño había pedido muchas veces a Dios que le proveyera pan, pero entraban y salían todos y nadie le daba. Usted y yo somos las manos de Dios. Usted y yo somos el corazón de Dios aquí en la tierra, usted y yo somos el cuerpo de Cristo aquí enla tierra. Yeste cuerpo de Cristo todavía puede abrir los brazos y abrazar al necesitado, al que sufre, al que llora y darle un poco de lo mucho que de Dios hemos recibido. ¿No ha sido fiel Dios con nosotros? Él ha sido fiel, nos ha dado en abundancia y estamos agradecidos por ello.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…