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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…


¿Por qué obedecer? Yo no sé si a ustedes les es fácil obedecer, pero les voy a ser muy sincero, a mí me cuesta mucho trabajo. Llevo 32 años de caminar con el Señor, 27 años de servirle a tiempo completo, voy a cumplir 25 años de casado con mi esposa, tengo una hija de 23 años, un hijo de 20 años, tenemos diferentes proyectos y cosas que hemos hecho y que hemos logrado y muchas que queremos lograr todavía, y a estas alturas del partido, pareciera –sobre todo quizás los chicos, los más jovencitos piensan- que el hermano Marco Barrientos yala hizo. Fíjateque no. Me cuesta tanto trabajo obedecer a mí como a ti que te cuesta.

Hasta la abuelita de 85 años le cuesta igual trabajo obedecer que a ti, que tienes 15. ¿Sabes por qué? Porque en realidad nosotros hemos sido rodeados por una cultura de deshonra, de desafío y desprecio a la autoridad, que se nos hace muy difícil obedecer. Pensamos de quien está en autoridad, que lo único que quiere es sacar provecho y ventaja, manejarnos, manipularlos y controlarnos y no pensamos en realidad que aquel que nos está dando un mandato tiene un deseo bueno, una intención pura y quiere bendecirnos realmente.

Por eso hoy, en este mensaje, quiero hablarte acerca de por qué obedecer, cuándo requiere hacer cambios en tu estilo de vida, reorganizar tu vida en función de las enseñanzas de Jesús, y aún aceptar sus palabras duras. En Juan 6 está registrado el dicho de algunos hombres que dijeron “duras son estas palabras que nos está hablando”. Algunas de las cosas que Jesús nos pidió hacer son extremadamente difíciles, por ejemplo, te dijo no te enojes con tu hermano, no le digas necio a tu hermano, reconcíliate con tu hermano, no mires a una mujer para codiciarla, no repudies a tu mujer, no jures, no resistas al malo pon la otra mejilla, te piden el saco dales el abrigo, o la chumpa o como le digan en Guatemala. Si te cargan por una milla da dos, dale al que te pida, no rehúses al que te pide prestado, ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen, haz bien a los que te aborrecen, ora por los que te ultrajan y persiguen.

¡Qué cosas más difíciles de hacer! Pero sabes qué, los primeros cristianos, los cristianos del primer siglo, lograron algo que parecía imposible: perdurar. Lograron algo que parecía extremadamente difícil y es que se continuara esta bendición por medio de la sangre derramada en la cruz del Calvario para liberar, para sanar y para dar vida a todo aquel que cree en Él.

Fueron despiadadamente perseguidos por el Imperio Romano, fueron arrojados al circo romano, fueron devorados por bestias salvajes allí. Muchos de ellos fueron obligados a vivir en las catacumbas, cuevas profundas debajo de la ciudad sin poder salir por años, algunos nacieron, vivieron y murieron ahí sin poder salir y ver la luz del sol un solo día. Hoy, muchos años después que el Imperio Romano que parecía omnipotente desapareció, los seguidores de Jesús seguimos aquí vivitos y coleando.

¿Sabes por qué nosotros podemos estar aquí en este lugar exaltando a Jesucristo? Hay una razón muy particular por la que podemos estar aquí, nuestros antepasados espirituales, nuestros padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos y como se diga a los que siguen después, fueron personas que entendieron que no es la sabiduría de la mente ni la fuerza del brazo ni los títulos que puedas tener colgados en una pared, ni las riquezas que puedas juntar o acumular, lo que hace que una persona valga la pena seguir su ejemplo, que doble su rodilla delante de aquel que es el único que puede salvarle de sus males y de sus enfermedades. Lo que hace que una persona que no creído finalmente doble sus rodillas, es ver a uno de los seguidores de Jesús obedeciendo las cosas que son tremendamente difíciles.

Lo que hace que una persona crea, es ver a otro que aunque está carcomiéndole el resentimiento, la amargura en su corazón y se siente terriblemente dañado por el abuso que sufrió – quizá el incesto, a lo mejor los golpes o el abandono o porque el esposo se fue con otra mujer-, algo sucedió que le dañó tan profundamente el corazón y está buscando la forma de vengarse, y llega un momento en el que es confrontada esta persona con el precioso Evangelio de Jesucristo, pero no solamente con la gracia que salva sino que con el camino que da vida, que da libertad, el camino que lleva a la más perfecta expresión de la vida abundante que Jesús vino a darnos. Y ese camino que lleva a la libertad es el camino de la obediencia.

Quiero decirles, mis hermanos, que no podemos resolver todos nuestros males pasando al frente y que alguien ore por nosotros y que ya todo está resuelto. No es así. La única forma en la que verdaderamente el Evangelio de Jesucristo explota en nuestro interior con todo el brillo, todo el color y toda la vida, la paz y el gozo que trae adentro es cuando decidimos obedecer. No hay mayor testimonio del poder transformador de Jesucristo que el de una persona que aunque sienta ira, coraje contra la persona que le hizo daño y está buscando cómo resolver esto que es tan horrible que siente adentro, y a veces tiene ganas de levantarse y hacerle daño, tal como se lo hicieron a ella, pero llega un momento en que el Evangelio de Jesucristo le confronta y entiende que aunque quisiera tomar venganza tiene que doblegar sus rodillas y decir: “Señor, quisiera matarle, quisiera hacerle daño, pero no puedo vivir con esto por dentro que me carcome toda la vida y no puedo ser feliz, porque no tengo dos corazones, un corazón para amar a la gente que quiero, y otro corazón para odiar a la gente que aborrezco. Tengo un solo corazón y no puedo vivir libre, no puedo sonreír y no puedo disfrutar de la vida, si verdaderamente no resuelvo la amargura y el resentimiento que traigo”.

Y ¿cómo lo puede resolver? Muy sencillo, obedeciendo, obedeciendo el mandato “y perdona a los que te ofenden, perdona a tus deudores”. En ese momento la persona dice: Me cuesta mucho trabajo, pero en obediencia a tu mandato, yo perdono a mi esposo, yo perdono a aquel que me defraudó tanto dinero. Yo perdono aquella persona que me difamó, yo perdono aquel que me traicionó, perdono aquel que cometió abusos sexuales en mi contra, perdono al que me discriminó, al que me estafó. Y en ese momento, no hay pastor que pueda orar por ti, que tenga más poder que el poder de tu obediencia a un mandato sencillo y práctico de la Palabra de Dios, así de sencillo. ¿Cómo pudieron lograr los primeros discípulos seguir adelante? Lo lograron porque hicieron las cosas que Jesús les dijo que hicieran: fueron generosos, bondadosos, trataron bien a los demás. No fue legalismo sino fue amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza lo que hizo que ellos perduraran.

¿Por qué obedecer? ¿Por qué hacer algo tremendamente difícil? Les voy a dar tres razones.

Número 1. Porque todo aquel que hace las cosas que Jesús mandó es inteligente, tiene sentido común, es sabio. ¿Cuántos quieren ser insensatos? No hay nadie que quiera ser un fracaso, que quiera levantarse por la mañana y diga: Padre, hoy te pido que me ayudes a ser una bestia ¿verdad que no? Todo aquel que hace las cosas que Jesús mandó es inteligente, tiene sentido común y es sabio. Yo quiero ser inteligente, yo quiero tener sentido común, yo quiero ser una persona sabia, ¿sabes por qué digo esto? Porque Mateo 7: 24-27 nos dice precisamente eso. Jesús en una de las más extraordinarias enseñanzas que dio dice Cualquiera, pues, que me oye estas palabras. ¿Cuáles palabras? Las que acababa de predicar desde el capítulo 5 hasta el final del capítulo 7 de Mateo, el famoso sermón del monte, lo que algunos han llamado la Constitución del Reino de los cielos. Continuamos Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. La realidad es esta, solamente hay dos opciones: o serás prudente o serás insensato, no hay puntos medios. O eres prudente o eres insensato, no se puede ser medio prudente y medio insensato. ¿Por qué? Porque no puedes construir la mitad de tu casa sobre la roca y la otra mitad sobre la arena.

Por eso la Palabra de Dios dice que si tú edificas sobre la roca, van a venir las tormentas, los vientos, una serie de problemas pero, al final, tu casa no se va a caer si está basada sobre la roca. Y¿qué es establecer tu casa sobre la roca? Es establecerla por medio de una vida de obediencia a las palabras de Jesús. Hacer lo que nos pidió que hiciéramos. Por eso la palabra prudente, yo quiero ser prudente, quiere decir sagaz, discreto, alguien con habilidad, inteligente, sabio y que cuida sus intereses. El sentido común es a veces el menos común de los sentidos, pero no hay más sentido común básico que este si haces las cosas que Jesús te pide, vas a ser una persona próspera, una persona bendecida. Jesús nunca amenazó a la gente con su enseñanza, nunca llegó a decirles todo lo malo que les iba a pasar, porque ellos ya lo sabían. Por eso Jesús dijo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Luego en el verso 17, tan importante como el 16, leemos Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:16-17 RV 60).

La intención de Dios siempre ha sido la de salvarte, de bendecirte, de ayudarte.

Muchos hemos crecido en un ambiente en el que el refuerzo es negativo en vez de positivo. Yo crecí en un ambiente en que todo el tiempo era “… y cuidado te equivocas”, “…y cuidado metes la pata porque te doy una…”. ¿Por qué siempre el refuerzo es negativo en vez de ser positivo? ¿Por qué papá, mamá, tenemos el impulso de querer corregir el comportamiento de nuestros hijos hablándoles lo negativo, en vez de decirle: Hijo, no te voy a decir todo lo malo que te va a pasar si desobedeces, más bien, te voy a profetizar todo lo bueno que te va as ocurrir si tú obedeces? Y cuando hacemos eso, estamos presentando delante de ellos un camino de vida, un camino de bendición impresionante.

Número dos. ¿Por qué debemos obedecer? Porque serás enormemente bendecido, afortunado, próspero y mucho más feliz. Yo agradezco que me hayan invitado a predicar aquí, pero me preocupa que muchos de ustedes no sonrían, muchos de ustedes están demasiado serios. A veces algunos no se ríen porque las bombas están cayendo cerca de su campamento. No estoy aquí para caerte bien, estoy aquí para ayudarte, para hacerte el bien. ¿Por qué debemos obedecer? Porque si obedecemos a Dios vamos a ser enormemente bendecidos, afortunados, prósperos y mucho más felices. Si quieres sonreír, si quieres ser más feliz necesitas ajustar tu vida y tu comportamiento a la Palabra de Dios, te lo digo por experiencia propia, los tiempos en los que gracias a Dios yo no me deprimo fácilmente, la verdad que Dios me ha dado la gracia de tener bastante optimismo, pero puedo decir, sin temor a equivocarme, que los tiempos en los que he estado como muy cargado, muy pesado, como de malas y de “mira no me toques” y explotando por cualquier tontería, siempre han sido áreas que hay en mi vida que me he rehusado a obedecer a Dios. El que obedece vive feliz. No quiere decir que vives sin problemas.

Mateo 5:3-10, una de las partes extraordinarias de toda la Biblia: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Y esta palabra que se repite vez tras vez, vez tras vez, “bienaventurados”, en el griego original es la palabra makarios que significa bendecido, próspero, feliz.

Vamos a ser bienaventurados, vamos a ser enormemente bendecidos, afortunados, prósperos y mucho más felices si hacemos lo que la Palabra de Dios nos dice. Por eso tenemos que pelear para obedecer, pelear para hacer que nuestros pasos se alineen con la Palabra de Dios. Yo rescribí estas bienaventuranzas para hacerlas un poquito más entendibles, porque a veces cuesta trabajo entender de primera lectura lo que Dios quiere decir y por eso las rescribí, espero que te ayuden a entender mejor lo que el Señor está diciendo y dice así: Si reconoces tu necesidad de Dios en vez de ser soberbio y autosuficiente, serás inmensamente feliz. Si te identificas con el dolor de otros, en vez de ser duro e indiferente, serás inmensamente feliz. Si eres humilde y aceptas la instrucción en lugar de disputar y resistir, serás inmensamente feliz. Si vives buscando agradar a Dios en todo lo que haces en vez de servirte a ti mismo, serás inmensamente feliz. Si eres paciente y compasivo, en vez de ser agresivo y hostil, serás inmensamente feliz. Si tus intenciones son puras y sinceras en vez de engañosas y sucias, serás inmensamente feliz. Si buscas resolver los conflictos, en vez de guardar rencor y resentimiento, serás inmensamente feliz. Y si prefieres ser íntegro en vez de corrupto y deshonesto serás inmensamente feliz.

Número tres. ¿Por qué obedecer? Porque si obedeces, enel día de la duda, no vas a tropezar. Todos hemos sido enfrentados con situaciones que nos hacen dudar. Les voy a contar una de las mías, una de las varias, cuando mi padre estaba muy grave en el hospital en la sala de terapias intensivas. Estuvo diez días en esa sala y yo siempre he dicho que si no te cura te mata, porque quién puede vivir días enteros con la luz prendida en tu cara las 24 horas del día, y con gente que viene a tomarte la presión, la temperatura y diciéndote: Don Eduardo ¿cómo se siente? Con perdón para el gremio de las enfermeras, no las estoy criticando, pero es el dolor que yo sentí un día. Día diez en la terapia intensiva, al entrar y verlo acostado en la cama amarrado de pies y manos con tubos por todos lados, me llené de enojo, de coraje y fui con la enfermera y le dije: ¿Por qué lo tienen así amarrado? Sus ojos estaban medio vidriosos, se le estaba yendo la vida, imagínense morir amarrado. Ella me dijo –Señor, cálmese, él ya está perdiendo la razón y está padeciendo del síndrome de la terapia intensiva –es cuando una persona ya lleva muchos días de estar ahí que se siente extremadamente cansado de permanecer en ese lugar-, se quiere levantar y arrancar todos los tubos que tiene e irse a su casa. Y por supuesto si su padre hace eso, se va a morir.

Hay muchos más detalles, pero lo que hice fue estar con él, tomarle su mano, por supuesto él no podía responderme, solamente me miró y me sonrió con sus ojos.

Sí, es posible sonreír con los ojos, no solamente con la boca. Dehecho esa es una de las formas en la que puedes saber si la persona es sincera. Hay personas que solamente sonríen con la boca y no con su mirada. Cuando salí de la visita, en la sala de espera, llegué a una crisis y dije: Señor, ¿por qué? Si oramos, si lo hemos puesto en todas las cadenas de oración que podemos, hemos ayunado, hemos clamado ¿por qué está pasando esto? Va a haber crisis de fe y si tú dice que no, te estás engañando. Habrá momentos de crisis. Quizá tu caso no es así, la crisis es contigo mismo que te golpeas incesantemente por la vergüenza que sientes por tus acciones, hay una crisis de fe. Hay algunos de ustedes que están pasando por una crisis de fe, estás a un paso de embarrancarte, estás con incredulidad, desánimo. ¿Sabes por qué? Porque tus pasos de desobediencia te han llevado allí, al borde del precipicio. Pero yo estoy aquí para decirte, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, vuélvete a Dios, porque no es demasiado tarde. Estoy aquí para decirte, vuélvete a Él y Él se volverá a ti. Es más, nunca se ha ido de ti, pero se va a manifestar como nunca pensaste que fuera posible. Hay momentos de crisis de fe. No te voy a decir ahora cómo resolví esa crisis, pero la resolví, porque de lo contrario no estuviera aquí. Y no solamente eso, hemos visto una serie de milagros, señales, prodigios y señales sobrenaturales a partir de ese punto, como nunca antes lo habíamos visto. ¿Por qué? Porque Dios es fiel, Su Palabra es fiel, es verdadera. Él no es una farsa.

Cuando los discípulos escucharon algunas palabras de Jesús se ofendieron y ya no le seguían. ¿Cuántos no están aquí, porque en alguna ocasión el Pastor Alex o el Pastor Jorge predicaron una palabra que fue “dura” y que fue “ofensiva?”. No fue que ellos fueran ofensivos, sino que tú te sentiste ofendido, así como cuando Jesús les dijo: Si ustedes no beben mi sangre y comen mi carne no tienen parte conmigo, y algunos se ofendieron y dijeron ¿y este qué? ¿Qué pasó? Ahora teológicamente hablando entendemos el argumento de participar de su cuerpo, de su sangre, pero en aquel tiempo, Jesús estaba allí de carne y hueso frente a ellos y les estaba diciendo come mi carne, bebe mi sangre, pero en ese tiempo de ¿qué estaba hablando? – Mira, las multitudes te siguen, acabas de hacer un milagro tremendo, alimentaste a miles y la gente estás feliz, estás en la cúspide de tu popularidad, no empieces a decir cosas así medio raras, Señor bájale tantito-.

Pero no, los que se ofendieron se fueron. Al fin y al cabo, algunos cruzarán la línea de la meta, no todos la van a cruzar, y yo quiero decirte la razón, sin temor a equivocarme. No porque otros hayan sido débiles, porque todos somos débiles. No porque otros hayan sido descuidados, porque todos hemos sido descuidados en algún momento. La razón por la cual algunos van a cruzar la meta y otros no, será porque los que la cruzaron decidieron resolver la ofensa en su corazón. Debes decir: Señor, aunque no lo entiendo, y eso fue lo que yo hice en la sala de espera del hospital, aunque no lo entiendo y me siento ofendido, yo resuelvo eso y te digo que no voy a vivir por mis sentimientos, que no voy a vivir por mis emociones, voy a vivir en obediencia a Tu Palabra y en obediencia a Tu mandato.

Y cuando tú decides hacer eso, Dios te da una gracia que viene debajo de ti, a levantarte con sus alas de misericordia y te carga cuando tú ya no puedes más y te ayuda a seguir adelante. Estoy seguro que tú quieres eso. Estoy seguro que no quieres fracasar, pero tienes que aprender a obedecer y aprender a decir sí Señor, yo seguiré adelante, seguiré escuchando tu voz y haciendo lo que tengo que hacer. Jesús también les dijo a los doce si se querían ir que se fueran, cuando muchos se apartaron de Él, pero ¿qué dijo Pedro, qué respondió? ¿A quién iremos? Tú tienes que llegar a esa conclusión, nadie puede llegar por ti. Yo sé que aquí en las células hay una tremenda riqueza y que tantos líderes de células hacen un trabajo tan fiel de llamar a la gente, de estar ahí pastoreando, de ayudar enla obra. Yohe entendido esto, que sí tenemos que ayudar a los pequeñitos. Pero hay un momento en el que tú has crecido lo suficiente que ya nadie seguirá cambiándote los pañales ni nadie va a seguir preparando tu pacha, tu biberón. Ya tienes 27, te imaginas de 27 y con tu bolsa atrás. Y si ya tienes un tiempo caminando con Jesús resuelve tus ofensas, no esperes a que alguien venga y te sobe la espalda y te diga, ya, ya, sh, sh, sh. Di, Señor ayúdame a obedecer, he venido a la iglesia, no sé por cuanto tiempo y aún no soy consistente en dar mi diezmo, porque me cuesta trabajo obedecer. He sido cristiano por muchos años y todavía a estas alturas no soy fiel a mi esposa.

Ayúdame a obedecer Señor, estoy dispuesto hacer tu voluntad, estoy dispuesto a servirte en el nombre de Jesús.

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