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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

La discriminación es un problema grave en el mundo, lo contrario a lo que la Biblia enseña en Gálatas 3:23-29 “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa”. El enemigo número dos que mencionamos en el anterior mensaje sobre los “Enemigos del amor al prójimo” fue el odio, ese sentimiento de aversión y rechazo muy intenso e incontrolable hacia alguien que se vuelve, para nosotros, un gran enemigo del amor al prójimo y este surge por la envidia, el éxito de otros o por el dolor que otros nos causan.

Proverbios 10:12 “El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas”. Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”. El enemigo número tres es la lengua. Cuántos problemas nos ha causado ese pequeño órgano, Santiago dice que es como un pequeño fuego que enciende e incendia grandes bosques. Efesios 4:29-30 dice “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan.

Hoy vamos hablar de un cuarto enemigo del amor al prójimo que evita que usted y su esposa se lleven bien, que usted y sus amigos se lleven bien, que usted y sus compañeros de trabajo se lleven bien. Y ese se llama envidia. Hemos oído decir: si la envidia fuera tiña, todos fuéramos tiñosos. Porque todos alguna vez hemos sido personas que sentimos envidia. A veces sentimos envidia al ver a una pareja que cómo se quieren, cómo se aman, cómo se llevan de bien y pensamos: así no es con mi pareja. ¿Por qué estos se llevan tan bien y nosotros no? Otras veces vemos a los hijos de un amigo que son tan bien educados, tan responsables, tan respetuosos, tan buenos estudiantes y decimos: y ¿por qué los míos repiten el año cada poco, son tan malcriadotes, insolentes? Y empezamos a sentir envidia, y la envidia se manifiesta por esa tristeza airada, no solo hay tristeza dentro de nosotros, hay ira, disgusto por el bien ajeno.

De pronto un amigo suyo de la universidad es nombrado alto funcionario del gobierno o de una empresa privada y usted siente, por dentro, la envidia. O un compañero de clases en la universidad recibe un reconocimiento por su mérito en el trabajo, en los estudios y usted en vez de gozarse por el bien ajeno lo que siente es ira, enojo, porque no fue usted. Se disgusta cuando a otros les va bien, se disgusta por el cariño que otros disfrutan, se pone triste y se molesta cuando oye a alguien hablar bien de otra persona, le cae mal que otros progresen, le cae mal que se reconozcan los talentos de otras personas. Si respondió afirmativamente a una de estas preguntas usted tiene serios problemas de envidia.

En la Biblia hay ejemplos de los cuales podemos aprender mucho, está el caso del rey Saúl, en 1 Samuel 9:1-2 nos muestra que el rey era un hombre único físicamente y destacado en todo Israel: Había un hombre de la tribu de Benjamín, muy respetado, cuyo nombre era Quis hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, también benjamita. Quis tenía un hijo llamado Saúl, que era buen mozo y apuesto como ningún otro israelita, tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro. Imagínese, aquí en Guatemala también hubiera sido extraordinario este hombre, aquí la estatura promedio en el país es de 1.50 m. Era altísimo y le llegaban al hombro los más altos de Israel. Buen mozo y apuesto.

Uno podría pensar que una persona como Saúl era dichosa, físicamente bien, muy bien parecido y, sin embargo, tenía problemas. En los versículos 15-17 leemos: Un día antes de que Saúl llegara, el Señor le había hecho esta revelación a Samuel: «Mañana, a esta hora, te voy a enviar un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como gobernante de mi pueblo Israel, para que lo libre del poder de los filisteos. Me he compadecido de mi pueblo, pues sus gritos de angustia han llegado hasta mí.» Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Ahí tienes al hombre de quien te hablé; él gobernará a mi pueblo.» Capítulo 10:1 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: — ¡Es el Señor quien te ha ungido para que gobiernes a su pueblo! En Israel los reyes eran ungidos por el profeta y este ocupaba el puesto. Era seleccionado por Dios a través del profeta Samuel. Antes de Saúl no hubo reyes, fue el primero, antes fueron los jueces que gobernaron a Israel.

Pero a pesar de que Saúl era el más guapo, el más alto y estaba ungido como rey, era un hombre inseguro, se escondió, como decimos en Guatemala, a la hora de rajar ocote no pudo. Dice en 1 Samuel 10:17-24 “Después de esto, Samuel convocó al pueblo de Israel para que se presentara ante el Señor en Mizpa. Allí les dijo a los israelitas: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo saqué a Israel de Egipto. Yo los libré a ustedes del poder de los egipcios y de todos los reinos que los oprimían”. Ahora, sin embargo, ustedes han rechazado a su Dios, quien los libra de todas las calamidades y aflicciones. Han dicho: “¡No! ¡Danos un rey que nos gobierne!” Por tanto, preséntense ahora ante el Señor por tribus y por familias.» Dicho esto, Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel y, al echar la suerte, fue escogida la tribu de Benjamín. Luego mandó que se acercara la tribu de Benjamín, familia por familia, y la suerte cayó sobre la familia de Matri, y finalmente sobre Saúl hijo de Quis. Entonces fueron a buscar a Saúl, pero no lo encontraron, de modo que volvieron a consultar al Señor: — ¿Ha venido aquí ese hombre?—Sí —respondió el Señor, pero se ha escondido entre el equipaje.

Imagínense ustedes al gran hombrón escondido entre el equipaje, porque tenía miedo de asumir la responsabilidad de ser rey. No es fácil asumir grandes responsabilidades. No todas las personas están dispuestas a pagar el precio de ponerse al frente de una nación, pagar el precio de ponerse al frente de una gran organización, pagar el precio de ponerse al frente de un problema para resolverlo. Por eso no basta que a usted le den una posición, es necesario que usted se gane el respeto de la gente y el permiso de la gente para, en este caso de Saúl, gobernar.

Fueron corriendo y lo sacaron de allí. Y cuando Saúl se puso en medio de la gente, vieron que era tan alto que nadie le llegaba al hombro. Dijo entonces Samuel a todo el pueblo: — ¡Miren al hombre que el Señor ha escogido! ¡No hay nadie como él en todo el pueblo! — ¡Viva el rey! —exclamaron todos”. Y Dios lo había llamado para que dirigiera a Israel en una batalla en contra de los filisteos, para que librara a Israel de quienes estaban oprimiendo a su pueblo. Entonces hubo un campo de guerra. Los filisteos se pusieron a un lado y los israelitas al otro lado, y dice en el 17:4-11 que “Un famoso guerrero, oriundo de Gat, salió del campamento filisteo. Su nombre era Goliat, y tenía una estatura de casi tres metros. Llevaba en la cabeza un casco de bronce, y su coraza, que pesaba cincuenta y cinco kilos, también era de bronce, como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro. El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba casi siete kilos. Delante de él marchaba un escudero. Goliat se detuvo ante los soldados israelitas, y los desafió: « ¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿No soy yo un filisteo? ¿Y no están ustedes al servicio de Saúl? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente? Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán.» Dijo además el filisteo: « ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!» Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo.

De nada le sirvió la estatura, de nada le sirvió ser apuesto, porque era un cobarde. La gente no debe ser juzgada por las apariencias, porque las apariencias engañan. Usted puede ver, por ejemplo, a una Marilyn Monroe que sigue figurando en los museos, en las fotografías, en las revistas, una mujer hermosa, una mujer sensual y, sin embargo, llena de inseguridades, llena de problemas, esclavizada por las drogas, con una vida de falta de cariño. Usted puede ver a una mujer bella y puede encontrarse con una mujer triste, sola, desamparada, equivocando el camino para encontrar satisfacción y felicidad. Saúl, un hombre apuesto, alto, rey ¿qué más podía pedir? Y sin embargo, inseguro de sí mismo, cobarde, miedoso. De qué le servía a Israel tener al frente a semejante galán, si a la hora de rajar ocote, a la hora de enfrentarse a los problemas, al gigante Goliat estaba igual que cualquier soldadito raso: con miedo. Hay aquí un hombre, decía el gigante y con el silencio todo Israel decía: aquí no hay hombres. ¿Hay aquí uno capaz de enfrentarse conmigo? decía Goliat y con el silencio Israel respondía: aquí no hay capaces. Qué tristeza encontrarse con una gran nación en la que no había un hombre capaz de enfrentarse a los gigantes enemigos que tiene.

En eso apareció un jovencito, el jovencito también era bien parecido, pero era un adolescente, no era alto, era de mediana estatura, pastor de ovejas. En su familia consideraban a David, el que menos posibilidades tenía de triunfar, por eso lo tenían cuidando las ovejas, sus hermanos eran los soldados, sus hermanos eran los militares. Su papá le dio una canasta con quesos y le dijo: – Vete al campo de batalla y dásela al oficial que está a cargo de tus hermanos, averigua cómo están.

Cuando llegó David se dio cuenta que todos estaban temblando de miedo, asustados, escondidos y David les dice: ¿Qué les pasa a ustedes, por qué están así? – Ah, le dijeron, hay un gigantón que se nos presenta todas las mañanas y todas las tardes nos está desafiando, ya lleva cuarenta días de hacerlo-. ¿Y por qué no se enfrentan con él? – Es muy grande, tenemos miedo-. Y David dijo: yo me agarro con él. Rápido llegó el chisme con el rey Saúl y le dijeron: aquí hay uno que se atreve. Y los hermanos le dijeron: vos patojo, ¿qué estás haciendo aquí? No podés, mirá el tamañote, vos no sabés usar la espada.

Total que llevaron a David delante del rey Saúl y aunque lo vio joven y pequeño no le dijo que no. Le dijo tomá mi armadura y ponétela, Y David se puso la armadura, pero como Saúl era tan grande, dice que no pudo ni dar un paso con la armadura, pesaba. Si Saúl no pudo ni con esa armadura, David menos. David le dijo: No tenga pena rey Saúl, cuando yo estaba pastoreando mis ovejas llegaba un oso a quererse comer mis ovejas y yo peleaba contra él y se le arrebataba. Del león también, del lobo también y si Dios me ayudó en contra del león, del oso, y del lobo, me va a ayudar en contra de este incircunciso filisteo.

Eso hace la gran diferencia. Las batallas pasadas nos dan confianza para las batallas presentes. Así que le dijo: -Ahorita vengo, fue al río para agarrar cinco piedras lisas, agarró su honda y enfrentó al gigantón que risa le dio ver al patojo que se le presentó, que ni se bajó la protección de la frente, se dejó el casco arriba, le quedó la cabeza descubierta. Agarró la honda, puso la piedra, empezó a dar vueltas, no era como las que conocemos hoy en día, soltó la piedra y cabal le dio en la mera frente, entre ceja y ceja quedó la piedra ensartada. Y se vino el gigante y cayó, ya se imagina usted cómo pudo haber sonado ese gigantón con todas esas armaduras, se puede imaginar cómo gritaron los de Israel cuando vieron caer al gigante: Viva Barrondo.

Todos felices, porque Barrondo sacó la primera medalla de plata en los Juegos Olímpicos para Guatemala, ¿estamos contentos por eso? ¡Estamos contentos! Llegó David Barrondo a quitarle la vergüenza a Israel, porque no había uno que se enfrentara al gigante Goliat. Corrió David, le quitó la espada y lo decapitó. El problema no se quedó ahí, el problema fue que, después de la gran celebración que hizo el ejército, Saúl se llenó de envidia por el reconocimiento que el pueblo le dio a David por vencer a Goliat. Dios ayude a Erick Barrondo, porque más de alguno va a tener envidia de él, tanto está en los medios ahora. El Congreso dice que le va a dar medio millón de Quetzales, ojalá que cumplan. El Comité Olímpico de Guatemala le va a dar otro medio millón de Quetzales, no sé qué empresa ya ofreció cien mil quetzales y otra empresa ya publicó en la prensa que le va a dar toda la línea blanca, me refiero a refrigeradora, estufa, lavadora que él necesite. Total va a tener Erick Barrondo muchas cosas, ¿creen que más de alguno va a tener envidia de él? Por supuesto que sí, así está el caso de David.

1 Samuel 18:5-11 “Cualquier encargo que David recibía de Saúl, lo cumplía con éxito, de modo que Saúl lo puso al mando de todo su ejército, con la aprobación de los soldados de Saúl y hasta de sus oficiales. No es fácil para un oficial de alto rango ver que un civil llegue y asuma la comandancia del ejército, pero en este caso hasta los oficiales estuvieron de acuerdo, porque también ellos estuvieron temblando frente de Goliat. Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderetas, cantaban y bailaban, y exclamaban con gran regocijo: «Saúl destruyó a un ejército, ¡pero David aniquiló a diez!» Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!» Y así fue. Finalmente le dieron el reino a David, pero cuando David recibía estos elogios, Saúl se molestó, se enojó, se le manifestó la envidia. El gran Saúl, el chaparro David. El guapo Saúl, el joven David. El rey y aquel oficial del ejército. Aunque tuviera un mayor rango, mayor autoridad, muchas riquezas, mucho más poder tenía envidia de David.

Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo. Como cuando llega a su empresa un jovencito o una jovencita recién graduada de la Universidad de San Carlos o de la Francisco Marroquín y llega con mucho conocimiento, con mucha capacidad, agarra la computadora y hace milagros con ella. Textea con las manos para atrás, como el campeón mundial de texteo que ganó el título en Estados Unidos por segundo año con las manos amarradas para atrás. Y usted empieza a ver que ese patojo puede quitarle el puesto. Empiezan a ver con recelo a aquellos nuevos que llegan al trabajo. De repente llega la junta directiva de esa empresa con una persona que va con ideas frescas, nuevas y dan resultado, empiezan a verla con recelo en vez de gozarse, porque si la empresa va bien, usted va a estar bien. No hay que ser como la olla de cangrejos, en la que los cangrejos que están abajo, no dejan que ninguno se salga, porque cuando alguno va para arriba lo jalan para abajo. Mientras no dejemos que prosperen los demás, no vamos a poder salir nosotros tampoco de la olla.

Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!» Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo. Al día siguiente, el espíritu maligno de parte de Dios se apoderó de Saúl, quien cayó en trance en su propio palacio. Andaba con una lanza en la mano y, mientras David tocaba el arpa, como era su costumbre, Saúl se la arrojó, pensando: « ¡A éste lo clavo en la pared!» Dos veces lo intentó, pero David logró esquivar la lanza. Si usted se deja llenar de envida pronto se va llenar de un espíritu maligno, se va a poner loco. La gente que se llena de envidia se enferma, resulta poseída. ¿No ha visto gente tan disgustada que parece endemoniada? Pero esto pasa cuando la gente se enoja, cuando se disgusta, porque tiene celos, y porque tiene envidia, se cumple lo que dice la Escritura: Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo ni den lugar al diablo. Cuando usted se enoja y peca – por ese enojo- lo que está haciendo es darle lugar al diablo, para que entre en su corazón y lo enferme. Hay gente que ha vivido muy grave y muy enferma simplemente por un gran enojo, una gran ira. El enojo es muchas veces consecuencia de los celos, de la envida. Por eso la envidia es un tremendo enemigo del amor al prójimo, imagínese, Saúl estuvo dispuesto matar a David, el héroe nacional, su yerno.

Saúl sabía que el Señor lo había abandonado, y que ahora estaba con David. Por eso tuvo temor de David y lo alejó de su presencia, nombrándolo jefe de mil soldados para que dirigiera al ejército en campaña. David tuvo éxito en todas sus expediciones, porque el Señor estaba con él. Lo mandó al frente de mil soldados para estar en guerra todo el tiempo, a ver si en una de esas lo mataban. Y en vez de que lo mataran a él, en todos lados tenía éxito. Porque cuando Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? Cuando Dios está con nosotros no hay batalla que no podamos ganar, sea enfermedad, sea de finanzas, sea de lo que sea. Por eso es importante que Dios esté con nosotros, porque si Dios es con nosotros, quién contra nosotros. Al ver el éxito de David, Saúl se llenó de temor – ahora la cosa se complicó más, ahora se llenó de temor-. Pero todos en Israel y Judá sentían gran aprecio por David, porque él los dirigía en campaña. La envidia nos amarga la vida, nos convierte en enemigos de los demás y nos hace buscar su caída. ¿Recuerda aquel dicho “la envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena”? Eso es precisamente lo que hace la envidia en nosotros. Cuando envidiamos las bendiciones que otros reciben, cuando envidiamos el cariño y el reconocimiento que otros reciben inmediatamente no solo nos amargamos por su éxito, nos convertimos en sus enemigos y empezamos a buscar su caída.

¿Sabe por qué mataron a Jesús? Lo mataron por este enemigo del amor al prójimo, la envidia. Y ahí está en Mateo 27:17 “Así que cuando se reunió la multitud, Pilato, que sabía que le habían entregado a Jesús por envidia, les preguntó: –¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, al que llaman Cristo?” Y la gente prefirió que soltaran a Barrabás, el delincuente, el criminal, en vez de soltar a Jesús. ¿Por qué? Por envidia. Le tenían envidia a Jesús los líderes religiosos, las sinagogas vacías, todos estaban oyendo a Jesús en el templo, todos estaban oyendo a Jesús en Capernaun, todos estaban oyendo a Jesús en la montaña. Y los fariseos y los saduceos y los ancianos del templo con envidia, porque Jesús era quien entraba a Jerusalén en el burrito como rey que llega conquistando, como conquistador pero en son de paz. Envidia, eso fue que hizo que entregaran a Jesús a Pilatos y lo crucificaran.

Proverbios 14:30 “El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.” Cuando usted tiene envidia, su corazón ya no está tranquilo, está inquieto. La envidia corroe los huesos y eso hace que nosotros suframos hasta muchas enfermedades. Proverbios 27:4 “Cruel es la furia, y arrolladora la ira, pero ¿quién puede enfrentarse a la envidia?” Hay muchos hoy en día que son crucificados, que son asesinados, secuestrados, calumniados, destrozados, porque alguien se llenó de envidia por lo que pasaba en esas persona. La envidia no puede habitar en el corazón del que se llama cristiano, de aquel que se llama discípulo de Jesús. Porque la envidia nos amarga la vida, nos convierte en enemigos de los demás y nos lleva a buscar su caída. Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Tenemos que amar y ¿quién es nuestro prójimo? Nuestro más próximo, la esposa, la suegra, la nuera igualmente, su yerno no digamos, tenemos que amar al prójimo.

Tito 3:3-6 “En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros. Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador”.

Solo Dios puede ayudarnos a vencer la envidia. Así que abandone la envidia. Para gozarse del éxito de los demás se requiere humildad. Humildad para reconocer nuestras propias capacidades, pero también para saber que no somos los únicos con capacidades, que hay otros con capacidades superiores a las nuestras. Que Dios también bendice a otros, prospera a otros y le da gracia a otros. No podemos morirnos de la envidia porque Dios bendice a otros. La cura contra la envidia es liberarnos del orgullo (tema que veremos la próxima semana, así que ya sabe, usted que es humilde venga) y con humildad alegrarnos del bien ajeno.

Finalmente, Gálatas 5:19-21 “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, -Ay de aquel que caiga en inmoralidad sexual, porque a ese nos lo comemos. – ¡Qué bárbaro el hermano! Cómo cayó en adulterio, en fornicación, en homosexualismo, lesbianismo, transexualismo, travesti, en fin, es escandaloso-, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos,

La discriminación es un problema grave en el mundo, lo contrario a lo que la Biblia enseña en Gálatas 3:23-29 “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús,  porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.  Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa”.  El enemigo número dos que mencionamos en el anterior mensaje sobre los “Enemigos del amor al prójimo” fue el odio, ese sentimiento de aversión y rechazo muy intenso e incontrolable hacia alguien que se vuelve, para nosotros, un gran enemigo del amor al prójimo y este surge por la envidia, el éxito de otros o por el dolor que otros nos causan.

Proverbios 10:12 “El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas”.  Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”.  El enemigo número tres es la lengua. Cuántos problemas nos ha causado ese pequeño órgano, Santiago dice que es como un pequeño fuego que enciende e incendia grandes bosques. Efesios 4:29-30 dice “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean debendición para quienes escuchan.

            Hoy vamos hablar de un cuarto enemigo del amor al prójimo que evita que usted y su esposa se lleven bien, que usted y sus amigos se lleven bien, que usted y sus compañeros de trabajo se lleven bien. Y ese se llama envidia. Hemos oído decir: si la envidia fuera tiña, todos fuéramos tiñosos. Porque todos alguna vez hemos sido personas que sentimos envidia. A veces sentimos envidia al ver a una pareja que cómo se quieren, cómo se aman, cómo se llevan de bien y pensamos: así no es con mi pareja. ¿Por qué estos se llevan tan bien y nosotros no? Otras veces vemos a los hijos de un amigo que son tan bien educados, tan responsables, tan respetuosos, tan buenos estudiantes y decimos: y ¿por qué los míos repiten el año cada poco, son tan malcriadotes, insolentes? Y empezamos a sentir envidia, y la envidia se manifiesta por esa tristeza airada, no solo hay tristeza dentro de nosotros, hay ira, disgusto por el bien ajeno.

De pronto un amigo suyo de la universidad es nombrado alto funcionario del gobierno o de una empresa privada y usted siente, por dentro,la envidia. Oun compañero de clases en la universidad recibe un reconocimiento por su mérito en el trabajo, en los estudios y usted en vez de gozarse por el bien ajeno lo que siente es ira, enojo, porque no fue usted. Se disgusta cuando a otros les va bien, se disgusta por el cariño que otros disfrutan, se pone triste y se molesta cuando oye a alguien hablar bien de otra persona, le cae mal que otros progresen, le cae mal que se reconozcan los talentos de otras personas. Si respondió afirmativamente a una de estas preguntas usted tiene serios problemas de envidia.

En la Biblia hay ejemplos de los cuales podemos aprender mucho, está el caso del rey Saúl, en 1 Samuel 9:1-2 nos muestra que el rey era un hombre único físicamente y destacado en todo Israel: Había un hombre de la tribu de Benjamín, muy respetado, cuyo nombre era Quis hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, también benjamita. Quis tenía un hijo llamado Saúl, que era buen mozo y apuesto como ningún otro israelita, tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro. Imagínese, aquí en Guatemala también hubiera sido extraordinario este hombre, aquí la estatura promedio en el país es de1.50 m. Era altísimo y le llegaban al hombro los más altos de Israel. Buen mozo y apuesto.

Uno podría pensar que una persona como Saúl era dichosa, físicamente bien, muy bien parecido y, sin embargo, tenía problemas. En los versículos 15-17 leemos: Un día antes de que Saúl llegara, el Señor le había hecho esta revelación a Samuel: «Mañana, a esta hora, te voy a enviar un hombre de la tierra de Benjamín. Lo ungirás como gobernante de mi pueblo Israel, para que lo libre del poder de los filisteos. Me he compadecido de mi pueblo, pues sus gritos de angustia han llegado hasta mí.» Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: «Ahí tienes al hombre de quien te hablé; él gobernará a mi pueblo.»  Capítulo 10:1 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: — ¡Es el Señor quien te ha ungido para que gobiernes a su pueblo! En Israel los reyes eran ungidos por el profeta y este ocupaba el puesto. Era seleccionado por Dios a través del profeta Samuel. Antes de Saúl no hubo reyes, fue el primero, antes fueron los jueces que gobernaron a Israel.

Pero a pesar de que Saúl era el más guapo, el más alto y estaba ungido como rey, era un hombre inseguro, se escondió, como decimos en Guatemala, a la hora de rajar ocote no pudo. Dice en 1 Samuel 10:17-24 “Después de esto, Samuel convocó al pueblo de Israel para que se presentara ante el Señor en Mizpa.  Allí les dijo a los israelitas: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Yo saqué a Israel de Egipto. Yo los libré a ustedes del poder de los egipcios y de todos los reinos que los oprimían”.  Ahora, sin embargo, ustedes han rechazado a su Dios, quien los libra de todas las calamidades y aflicciones. Han dicho: “¡No! ¡Danos un rey que nos gobierne!” Por tanto, preséntense ahora ante el Señor por tribus y por familias.»  Dicho esto, Samuel hizo que se acercaran todas las tribus de Israel y, al echar la suerte, fue escogida la tribu de Benjamín.  Luego mandó que se acercara la tribu de Benjamín, familia por familia, y la suerte cayó sobre la familia de Matri, y finalmente sobre Saúl hijo de Quis. Entonces fueron a buscar a Saúl, pero no lo encontraron, de modo que volvieron a consultar al Señor: — ¿Ha venido aquí ese hombre?—Sí —respondió el Señor, pero se ha escondido entre el equipaje.

            Imagínense ustedes al gran hombrón escondido entre el equipaje, porque tenía miedo de asumir la responsabilidad de ser rey. No es fácil asumir grandes responsabilidades. No todas las personas están dispuestas a pagar el precio de ponerse al frente de una nación, pagar el precio de ponerse al frente de una gran organización, pagar el precio de ponerse al frente de un problema para resolverlo. Por eso no basta que a usted le den una posición, es necesario que usted se gane el respeto de la gente y el permiso de la gente para, en este caso de Saúl, gobernar.

Fueron corriendo y lo sacaron de allí. Y cuando Saúl se puso en medio de la gente, vieron que era tan alto que nadie le llegaba al hombro. Dijo entonces Samuel a todo el pueblo: — ¡Miren al hombre que el Señor ha escogido! ¡No hay nadie como él en todo el pueblo! — ¡Viva el rey! —exclamaron todos”.  Y Dios lo había llamado para que dirigiera a Israel en una batalla en contra de los filisteos, para que librara a Israel de quienes estaban oprimiendo a su pueblo. Entonces hubo un campo de guerra. Los filisteos se pusieron a un lado y los israelitas al otro lado, y dice en el 17:4-11 que “Un famoso guerrero, oriundo de Gat, salió del campamento filisteo. Su nombre era Goliat, y tenía una estatura de casi tres metros.Llevaba en la cabeza un casco de bronce, y su coraza, que pesaba cincuenta y cinco kilos,también era de bronce, como lo eran las polainas que le protegían las piernas y la jabalina que llevaba al hombro.  El asta de su lanza se parecía al rodillo de un telar, y tenía una punta de hierro que pesaba casi siete kilos.Delante de él marchaba un escudero. Goliat se detuvo ante los soldados israelitas, y los desafió: « ¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿No soy yo un filisteo? ¿Y no están ustedes al servicio de Saúl? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente?  Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán.» Dijo además el filisteo: « ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!»  Al oír lo que decía el filisteo, Saúl y todos los israelitas se consternaron y tuvieron mucho miedo.

De nada le sirvió la estatura, de nada le sirvió ser apuesto, porque era un cobarde. La gente no debe ser juzgada por las apariencias, porque las apariencias engañan. Usted puede ver, por ejemplo, a una Marilyn Monroe que sigue figurando en los museos, en las fotografías, en las revistas, una mujer hermosa, una mujer sensual y, sin embargo, llena de inseguridades, llena de problemas, esclavizada por las drogas, con una vida de falta de cariño. Usted puede ver a una mujer bella y puede encontrarse con una mujer triste, sola, desamparada, equivocando el camino para encontrar satisfacción y felicidad. Saúl, un hombre apuesto, alto, rey ¿qué más podía pedir? Y sin embargo, inseguro de sí mismo, cobarde, miedoso. De qué le servía a Israel tener al frente a semejante galán, si a la hora de rajar ocote, a la hora de enfrentarse a los problemas, al gigante Goliat estaba igual que cualquier soldadito raso: con miedo. Hay aquí un hombre, decía el gigante y con el silencio todo Israel decía: aquí no hay hombres. ¿Hay aquí uno capaz de enfrentarse conmigo? decía Goliat y con el silencio Israel respondía: aquí no hay capaces. Qué tristeza encontrarse con una gran nación en la que no había un hombre capaz de enfrentarse a los gigantes enemigos que tiene.

En eso apareció un jovencito, el jovencito también era bien parecido, pero era un adolescente, no era alto, era de mediana estatura, pastor de ovejas. En su familia consideraban a David, el que menos posibilidades tenía de triunfar, por eso lo tenían cuidando las ovejas, sus hermanos eran los soldados, sus hermanos eran los militares. Su papá le dio una canasta con quesos y le dijo: – Vete al campo de batalla y dásela al oficial que está a cargo de tus hermanos, averigua cómo están.

Cuando llegó David se dio cuenta que todos estaban temblando de miedo, asustados, escondidos y David les dice: ¿Qué les pasa a ustedes, por qué están así? – Ah, le dijeron, hay un gigantón que se nos presenta todas las mañanas y todas las tardes nos está desafiando, ya lleva cuarenta días de hacerlo-. ¿Y por qué no se enfrentan con él? – Es muy grande, tenemos miedo-.  Y David dijo: yo me agarro con él. Rápido llegó el chisme con el rey Saúl y le dijeron: aquí hay uno que se atreve. Y los hermanos le dijeron: vos patojo, ¿qué estás haciendo aquí? No podés, mirá el tamañote, vos no sabés usar la espada.

Total que llevaron a David delante del rey Saúl y aunque lo vio joven y pequeño no le dijo que no. Le dijo tomá mi armadura y ponétela, Y David se puso la armadura, pero como Saúl era tan grande, dice que no pudo ni dar un paso con la armadura, pesaba. Si Saúl no pudo ni con esa armadura, David menos. David le dijo: No tenga pena rey Saúl, cuando yo estaba pastoreando mis ovejas llegaba un oso a quererse comer mis ovejas y yo peleaba contra él y se le arrebataba. Del león también, del lobo también y si Dios me ayudó en contra del león, del oso, y del lobo, me va a ayudar en contra de este incircunciso filisteo.

Eso hace la gran diferencia. Las batallas pasadas nos dan confianza para las batallas presentes. Así que le dijo: -Ahorita vengo, fue al río para agarrar cinco piedras lisas, agarró su honda y enfrentó al gigantón que risa le dio ver al patojo que se le presentó, que ni se bajó la protección de la frente, se dejó el casco arriba, le quedó la cabeza descubierta. Agarró la honda, puso la piedra, empezó a dar vueltas, no era como las que conocemos hoy en día, soltó la piedra y cabal le dio en la mera frente, entre ceja y ceja quedó la piedra ensartada. Y se vino el gigante y cayó, ya se imagina usted cómo pudo haber sonado ese gigantón con todas esas armaduras, se puede imaginar cómo gritaron los de Israel cuando vieron caer al gigante: Viva Barrondo.

Todos felices, porque Barrondo sacó la primera medalla de plata en los Juegos Olímpicos para Guatemala, ¿estamos contentos por eso? ¡Estamos contentos! Llegó David Barrondo a quitarle la vergüenza a Israel, porque no había uno que se enfrentara al gigante Goliat. Corrió David, le quitó la espada  y lo decapitó. El problema no se quedó ahí, el problema fue que, después de la gran celebración que hizo el ejército, Saúl se llenó de envidia por el reconocimiento que el pueblo le dio a David por vencer a Goliat. Dios ayude a Erick Barrondo, porque más de alguno va a tener envidia de él, tanto está en los medios ahora. El Congreso dice que le va a dar medio millón de Quetzales, ojalá que cumplan. El Comité Olímpico de Guatemala le va a dar otro medio millón de Quetzales, no sé qué empresa ya ofreció cien mil quetzales y otra empresa ya publicó en la prensa que le va a dar toda la línea blanca, me refiero a refrigeradora, estufa, lavadora que él necesite. Total va a tener Erick Barrondo muchas cosas, ¿creen que más de alguno va a tener envidia de él? Por supuesto que sí, así está el caso de David.

1 Samuel 18:5-11 Cualquier encargo que David recibía de Saúl, lo cumplía con éxito, de modo que Saúl lo puso al mando de todo su ejército, con la aprobación de los soldados de Saúl y hasta de sus oficiales. No es fácil para un oficial de alto rango ver que un civil llegue y asuma la comandancia del ejército, pero en este caso hasta los oficiales estuvieron de acuerdo, porque también ellos estuvieron temblando frente de Goliat.  Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderetas, cantaban y bailaban,  y exclamaban con gran regocijo: «Saúl destruyó a un ejército,  ¡pero David aniquiló a diez!»  Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!»  Y así fue. Finalmente le dieron el reino a David, pero cuando David recibía estos elogios, Saúl se molestó, se enojó, se le manifestóla envidia. El gran Saúl, el chaparro David. El guapo Saúl, el joven David. El rey y aquel oficial del ejército. Aunque tuviera un mayor rango, mayor autoridad, muchas riquezas, mucho más poder tenía envidia de David.

            Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo. Como cuando llega a su empresa un jovencito o una jovencita recién graduada de la Universidad de San Carlos o dela Francisco Marroquín y llega con mucho conocimiento, con mucha capacidad, agarra la computadora y hace milagros con ella. Textea con las manos para atrás, como el campeón mundial de texteo que ganó el título en Estados Unidos por segundo año con las manos amarradas para atrás. Y usted empieza a ver que ese patojo puede quitarle el puesto. Empiezan a ver con recelo a aquellos nuevos que llegan al trabajo. De repente llega la junta directiva de esa empresa con una persona que va con ideas frescas, nuevas y dan resultado, empiezan a verla con recelo en vez de gozarse, porque si la empresa va bien, usted va a estar bien. No hay que ser como la olla de cangrejos, en la que los cangrejos que están abajo, no dejan que ninguno se salga, porque cuando alguno va para arriba lo jalan para abajo. Mientras no dejemos que prosperen los demás, no vamos a poder salir nosotros tampoco de la olla.

            Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: «A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino!» Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo.  Al día siguiente, el espíritu maligno de parte de Dios se apoderó de Saúl, quien cayó en trance en su propio palacio. Andaba con una lanza en la mano y, mientras David tocaba el arpa, como era su costumbre, Saúl se la arrojó, pensando: « ¡A éste lo clavo en la pared!» Dos veces lo intentó, pero David logró esquivar la lanza. Si usted se deja llenar de envida pronto se va llenar de un espíritu maligno, se va a poner loco. La gente que se llena de envidia se enferma, resulta poseída. ¿No ha visto gente tan disgustada que parece endemoniada? Pero esto pasa cuando la gente se enoja, cuando se disgusta, porque tiene celos, y porque tiene envidia, se cumple lo que dice la Escritura: Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo ni den lugar al diablo. Cuando usted se enoja y peca – por ese enojo- lo que está haciendo es darle lugar al diablo, para que entre en su corazón y lo enferme. Hay gente que ha vivido muy grave y muy enferma simplemente por un gran enojo, una gran ira. El enojo es muchas veces consecuencia de los celos, de la envida. Por eso la envidia es un tremendo enemigo del amor al prójimo, imagínese, Saúl estuvo dispuesto matar a David, el héroe nacional, su yerno.

 Saúl sabía que el Señor  lo había abandonado, y que ahora estaba con David. Por eso tuvo temor de David y lo alejó de su presencia, nombrándolo jefe de mil soldados para que dirigiera al ejército en campaña.  David tuvo éxito en todas sus expediciones, porque el Señor  estaba con él. Lo mandó al frente de mil soldados para estar en guerra todo el tiempo, a ver si en una de esas lo mataban. Y en vez de que lo mataran a él, en todos lados tenía éxito. Porque cuando Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? Cuando Dios está con nosotros no hay batalla que no podamos ganar, sea enfermedad, sea de finanzas, sea de lo que sea. Por eso es importante que Dios esté con nosotros, porque si Dios es con nosotros, quién contra nosotros.  Al ver el éxito de David, Saúl se llenó de temor - ahora la cosa se complicó más, ahora se llenó de temor-.  Pero todos en Israel y Judá sentían gran aprecio por David, porque él los dirigía en campaña. La envidia nos amarga la vida, nos convierte en enemigos de los demás y nos hace buscar su caída. ¿Recuerda aquel dicho “la envidia nunca es buena, mata el alma y la envenena”? Eso es precisamente lo que hace la envidia en nosotros. Cuando envidiamos las bendiciones que otros reciben, cuando envidiamos el cariño y el reconocimiento que otros reciben inmediatamente no solo nos amargamos por su éxito, nos convertimos en sus enemigos y empezamos a buscar su caída.

¿Sabe por qué mataron a Jesús? Lo mataron por este enemigo del amor al prójimo, la envidia. Yahí está en Mateo 27:17 “Así que cuando se reunió la multitud, Pilato, que sabía que le habían entregado a Jesús por envidia, les preguntó: –¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, al que llaman Cristo?” Y la gente prefirió que soltaran a Barrabás, el delincuente, el criminal, en vez de soltar a Jesús. ¿Por qué? Por envidia. Le tenían envidia a Jesús los líderes religiosos, las sinagogas vacías, todos estaban oyendo a Jesús en el templo, todos estaban oyendo a Jesús en Capernaun, todos estaban oyendo a Jesús enla montaña. Y los fariseos y los saduceos y los ancianos del templo con envidia, porque Jesús era quien entraba a Jerusalén en el burrito como rey que llega conquistando, como conquistador pero en son de paz. Envidia, eso fue que hizo que entregaran a Jesús a Pilatos y lo crucificaran.

Proverbios 14:30 “El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.” Cuando usted tiene envidia, su corazón ya no está tranquilo, está inquieto. La envidia corroe los huesos y eso hace que nosotros suframos hasta muchas enfermedades. Proverbios 27:4 “Cruel es la furia, y arrolladora la ira, pero ¿quién puede enfrentarse a la envidia?” Hay muchos hoy en día que son crucificados, que son asesinados, secuestrados, calumniados, destrozados, porque alguien se llenó de envidia por lo que pasaba  en esas persona. La envidia no puede habitar en el corazón del que se llama cristiano, de aquel que se llama discípulo de Jesús. Porque la envidia nos amarga la vida, nos convierte en enemigos de los demás y nos lleva a buscar su caída. Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Tenemos que amar y ¿quién es nuestro prójimo? Nuestro más próximo, la esposa, la suegra, la nuera igualmente, su yerno no digamos, tenemos que amar al prójimo.

Tito 3:3-6 “En otro tiempo también nosotros éramos necios y desobedientes. Estábamos descarriados y éramos esclavos de todo género de pasiones y placeres. Vivíamos en la malicia y en la envidia. Éramos detestables y nos odiábamos unos a otros. Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador,  él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo,  el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador”.

Solo Dios puede ayudarnos a vencerla envidia. Asíque abandonela envidia. Paragozarse del éxito de los demás se requiere humildad. Humildad para reconocer nuestras propias capacidades, pero también para saber que no somos los únicos con capacidades, que hay otros con capacidades superiores a las nuestras. Que Dios también bendice a otros, prospera a otros y le da gracia a otros. No podemos morirnos de la envidia porque Dios bendice a otros. La cura contra la envidia es liberarnos del orgullo (tema que veremos la próxima semana, así que ya sabe, usted que es humilde venga) y con humildad alegrarnos del bien ajeno.

Finalmente, Gálatas 5:19-21 “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, -Ay de aquel que caiga en inmoralidad sexual, porque a ese nos lo comemos. – ¡Qué bárbaro el hermano! Cómo cayó en adulterio, en fornicación, en homosexualismo, lesbianismo, transexualismo, travesti, en fin, es escandaloso-, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos  y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Lo que a mí me impresiona es que la envidia está en el mismo nivel que el homosexualismo, del  adulterio, de la fornicación, de las borracheras, y usted se cree la gran cosa porque nunca ha caído en adulterio ni metido en homosexualismo, nunca ha ido a una orgía, nunca ha hecho una borrachera, pero si es envidioso o envidiosa está en el mismo nivel del borracho, del homosexual, del adúltero, de la prostituta, y usted que mira a la prostituta con desprecio y si es envidiosa, está en la misma categoría. Los celos, las disensiones y la envidia, son tan malos a los ojos de Dios como las borracheras y las orgías y la inmoralidad sexual.

La envidia se manifiesta en las cosas más simples dela vida. Necesitamosque Dios nos ayude. Solo Dios nos puede ayudar, porque esa envidia que llevamos dentro nos tiene bravos, enojados, iracundos y por eso hay que tener cuidado, porque podemos arrojar la lanza en contra de aquel que envidiamos para querer matarlo. Además de envidiosos somos hipócritas. Que Dios nos ayude para amar al prójimo

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