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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Ha sufrido alguna vez? Todos han sufrido, un asalto, la muerte de un ser querido, una pérdida económica, un desengaño amoroso, una decepción por algún gobierno, etc. El sufrimiento llega a todos, ninguno se queda sin sufrir, sufre el bueno y sufre el malo, sufre el pobre y sufre el rico. Todos sufrimos alguna vez. Suelo decir que hay personas que están en medio de un sufrimiento, hay otras que han salido de un sufrimiento, y otras que están a punto de entrar en un sufrimiento, así que no tenga envidia de los que sufren, porque a usted le tocará su propio sufrimiento. Hay momentos difíciles en la vida en los que tenemos sufrimiento, y el ejemplo bíblico del sufrimiento por excelencias es Job.
Job, dice la Biblia, fue un hombre justo, un hombre recto, un hombre temeroso de Dios, apartado del mal, extremadamente rico, sin embargo, Dios inició una conversación con Satanás y le dijo no hay otro como él en toda la tierra. Satanás le dijo que temía porque estaba muy bien, es muy rico, tiene diez hijos, todos sanos. Es el hombre más rico de toda la comarca, alredor de él y todas sus posesiones has levantado un cerco de protección. Así cómo no, le dijo, cualquiera te teme, pero quítale todo lo que tiene y verás si no te maldice en tu cara.
Le dio permiso al diablo para que le quitara a Job todo. En los dos primeros capítulos del libro de Job encontramos cómo Satanás le quitó sus miles de camellos, sus cientos de asnos, sus cientos de bueyes, sus criados y hasta sus hijos murieron. Se volvieron a juntar y dijo Dios, ya viste, te di permiso para que le quitaras todo y no me echó a mí la culpa. ¡Ah!, le dijo el diablo, es que todo lo que el hombre tiene lo va a dar por su vida, enférmalo. Y Dios le dio permiso para que lo enfermara pero le advirtió que cuidara la vida de Job. No le dio permiso para matarlo. Aquí hay algo importante que rara vez mencionamos, y es que Job pensaba que era Dios quien lo estaba castigando, pero sabemos que no era así, sino el diablo era quien le había quitado todo con permiso de Dios.
La historia termina en que Dios restaura todo lo de Job al doble. Dios lo bendice no solo económicamente sino con salud y con hijas más bonitas que las anteriores. No implico con eso que las primeras fueran feas, sino que las segundas eran más bonitas. Y ahí surge la pregunta ¿por qué los buenos sufren? Ya dije que sufren los buenos y sufren los malos, pero no se espera que los malos sufran. Lamentablemente oímos: mataron a uno, pobrecito. Mataron a un asaltante, que bueno. Hay una sensación como de satisfacción, de gusto cuando matan a un malo, pero lamentablemente también matan a los buenos. He conocido gente muy buena, muy querida, muy servicial, muy consagrada a Dios que la matan, ¿por qué los buenos sufren? Un día le dijeron a Jesús: Maestro bueno, y Jesús dijo, ninguno es bueno solo mi Padre que está en los cielos, pero hemos aprendido, según Romanos l5:1, que somos justificados por la fe en el nombre de Jesucristo y por lo tanto tenemos paz para con Dios y de modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas.
Así que aunque haya sido malo, cuando usted cree en Cristo, Cristo lo hace nuevo, lo hace cero kilómetros, una persona justa, una persona sin culpa. En Cristo tenemos una nueva oportunidad, una nueva vida, para ser mejores, para volver a intentarlo con la ayuda de Dios.
Pero ¿por qué sufren? Mencionamos la vez anterior cuatro razones. Primero: Por la maldad de los pecadores. Muchos sufren por los malos. Me contaba anoche un querido hermano que entraron a la tienda de su hijo y los asaltaron. Sufrió el hijo, sufrió el padre, la madre, todo el mundo por el asalto, ¿quiénes hicieron el asalto? Hombres malos que no respetan la propiedad privada, que no guardan los mandamientos. Segundo: Sufrimos los seres humanos porque tenemos contados nuestros días y nuestro cuerpo se va desgastando. Anoche estaba en una funeraria consolando a los deudos de Lily de Wug, murió su mamá doña Cony de 83 años de edad. Cuando usted tiene 83 años, ya vivió algo. No podemos vivir muchos, muchos, muchos años más, porque cuando usted tiene 83, 90,95 ya no puede jugar básquetbol, ya no sale a realizar las compras así nomás, ya no come cualquier cosa, por qué, porque se va desgastando, antes corría de un lado para otro, y ahora a cámara lenta. Esto es muy normal, el hombre y la mujer se van desgastando, además nuestros días están contados. La Biblia dice que la vida del justo son 70 años y en los más fuertes son 80 y con todo eso molestias y trabajo, porque ya a los 80 ya le va costando a uno comer, vestirse, bañarse, salir, etc.
Así que cuando voy a un funeral y me toca enterrar a una viejita digo que ella está más contenta, los deudos están tristes llorando, pero ni modo. La gente sufre porque la tierra es la tierra y el cielo es el cielo y aquí en la tierra estamos para sufrir, aunque sea el tránsito del lunes, del martes, miércoles, jueves, viernes y sábado. Aquí en la Tierra se sufre. ¿Sabe donde no se sufre? En el cielo. ¿Cuántos se quieren ir al cielo? ¿Cuántos quieren irse ahora mismo? El único lugar donde no hay sufrimiento, donde no hay dolor es en el cielo, por eso es importante estar preparado para el encuentro con Dios nuestro Señor. ¿Cuántos han entregado su vida a Cristo Jesús y le han dicho: creo que tú eres el Hijo de Dios, mi Salvador, mi Señor?
En cuarto lugar, también se sufre por nuestras propias decisiones. Hay quienes sufren por sus propias decisiones. Hay quienes decidieron tomar todo el dinero de su jubilación y meterlo en inversión en una financiera que no era de buen crédito y se llevó todo, llámese Autocasa, llámese Finansur, llámese Grupo Pro, llámese Banco de Comercio, llámese algunas inversiones de Bancafé. ¿Cuántos conocen a alguien que perdió su dinero por decidir meterlo en una de esas instituciones? Hay bastantes. Hay esposas que sufren porque decidieron casarse con el hombre con el que la mamá le dijo: ese hombre no es bueno para nada. ¡Cómo va a creer! Mírelo tan lindo que es. Mire ese muchacho, tiene potencial. Pero como no le hizo caso a la mamá, ella tomó la decisión de casarse con ese medio mudo, hoy sufre las consecuencias. Lo mismo pasa con los jóvenes. Los papás le dicen que no ande saliendo con esa muchachita, a la que le dicen la novia del pueblo. –No te conviene-, pero la respuesta es – ustedes no creen que Cristo cambia a las personas-. Todos los muchachos cristianos argumentan bíblicamente. Pero los papás les dicen: Sí, pero la Biblia dice que no se unan en yugo desigual. Pero la decisión del muchacho es casarse e insiste tanto, ¿qué pasó? Sufre las consecuencias.
No hace mucho un amigo me mostró unas radiografías y unos exámenes que le habían hecho de la garganta y me mostró los resultados. Cuando vi su garganta me dio miedo: destruida totalmente. Le dieron seis meses de vida. Ya se había convertido a Cristo y dejó el cigarrillo, pero había fumado por décadas. Pidió consejo respecto a su testamento, a lo que debía hacer. Sabía que en seis meses se iba a morir y murió. Todo por el cigarrillo. Conocí a otra señora que murió de enfisema pulmonar, ella nunca fumó por su propia decisión, pero decidió casarse con un fumador y el fumador pasivo sufre igual que el activo, así que ella murió por fumar. Cada 31 de mayo se celebra el día sin tabaco, día sin humo. Es la fecha que instituyó la Organización Mundial de la Salud en 1987. El 60 por ciento de los pacientes diagnosticados con cáncer provocado por cigarrillo llegan a la Liga Nacional contra el Cáncer en estado avanzado. Esto es un dato de Guatemala, llega al INCAN, el cáncer provocado por el tabaco es el sexto más frecuente en el Instituto Nacional de Cancerología de Guatemala. La gente sufre de cáncer por una decisión equivocada. Deciden fumar y al decidir fumar, ellos se aseguran un buen cáncer y el cáncer de la familia.
Seis millones de personas mueren cada año por tabaquismo, según estimaciones de la OMS, de esta cifra 600 mil son fumadores pasivos. Y dicen que ocho millones morirán para el 2030 si no disminuye el consumo de tabaco. Entonces sufrir un cáncer es terrible, pero muchas veces se sufre por la decisión que tomamos, equivocada, de fumar. Ochenta y nueve de cada cien hombres y veintidós de cada cien mujeres diagnosticados con cáncer bucal son fumadores, según la Liga Nacional contra el Cáncer en Guatemala. Ochenta y nueve de cada cien hombres con cáncer bucal y 22 de cada cien mujeres son fumadores. Cuando usted fuma usted está respirando monóxido de carbono, ese gas que genera humo que a la vez produce sustancias cancerígenas, gases irritantes que afectan al aparato respiratorio, benzopireno se forma de la combustión del tabaco y el papel de los cigarrillos, usted toma amoníaco, usted toma solvente industrial. Examine un ácido de muchas clases: metano, arsénico, metanol. Cada vez que usted fuma se envenena y envenena a la familia. No nos conviene fumar. El fumar lo va a matar, pero no instantáneo, primero va a sufrir.
¿Qué vamos a hacer cuando estemos frente al sufrimiento? ¿Cómo enfrentar el sufrimiento? Porque la primera reacción cuando nos roban el carro es enojarnos. Y lo peor es que nos enojamos con Dios y allá vamos el lunes colgando de la camioneta y decimos: me robaron el carro y ahora voy aquí colgado. Dios mío, pero si yo te sirvo, yo soy líder de célula, Dios mío. Yo soy miembro del grupo de los servidores, Dios mío soy maestro de la Zona de Campeones, soy cristiano, diezmo, ayuno dos veces a la semana, y por qué me están robando mi carro o por qué se enferma mi hijo. El sufrimiento llega y cuando se muere su ser querido, cuando tiene una pérdida la primera reacción es pelearse con Dios. Dios por qué a mí, Dios por qué yo. Por qué no le pasa eso a mi hermano que es un canalla. Por qué no le pasa eso a mi primo que es un sinvergüenza, por qué me pasa a mí. Empieza uno a pelear con Dios.
Y el buen ejemplo de no pelear con Dios nos lo da Job. La Biblia dice en Job 1:20-22 que después que le dieron la noticia de que había perdido todo, inclusive que sus hijos habían muerto “Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración. Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir.El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!». A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios”. Subráyelo en su Biblia. Ni le echó la culpa a Dios. Porque Dios no tiene la culpa de nuestro sufrimiento, a veces la culpa del sufrimiento lo tienen los malvados que son los que llegan a matar a nuestro ser querido. A veces la culpa la tienen nuestros seres queridos por decisiones equivocadas que toman y se involucran con gente de la mafia, los matan. A veces la culpa es nuestra, por decidir gastar todo nuestro dinero en un viaje de placer y luego quedarnos endeudados pagando altos intereses. Nos quitan el trabajo y empezamos a sufrir las consecuencias de nuestra mala administración. Job 2:9-10 dice que “Su esposa le reprochó: — ¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Job le respondió: —Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo? A pesar de todo esto, Job no pecó ni de palabra”.
Hice la observación, Job pensaba que Dios lo estaba haciendo sufrir, pero era Satanás. La Biblia dice en Juan 10:10 “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. La voluntad de Dios es que usted viva bien, que tenga todo lo necesario, pero el enemigo de nuestras almas nos está estorbando todo el tiempo. Recuerde que Satanás no cuestionó la buena conducta de Job sino su motivación. Satanás dijo: Job se porta bien, porque tú lo tienes bien prosperado. La voluntad de Dios es que usted sea prosperado. La prosperidad es plan divino para su vida, pero muchas veces, cuando estamos en la prosperidad, se nos hace muy difícil buscar a Dios, amar a Dios, servir a Dios. Y es más fácil buscar a Dios en medio de la adversidad que en medio de la prosperidad, pero Job nos demuestra que él puede buscar a Dios, servirle, serle fiel en la prosperidad y también en la adversidad. Por eso concluye: si recibimos el bien de Dios, no recibiremos el mal, aunque vuelvo a repetir, Job estaba equivocado. No era Dios quien estaba dando el mal, era Satanás.
Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11).
El segundo lugar, cuando enfrente un tipo de sufrimiento llore. Hemos dado permiso de llorar, si lo manda a volar la novia o el novio llore. No está prohibido llorar, si le quitan el trabajo llore también, si quiere llorar. Si le roban sus bienes llore. Se le muere un ser querido, llore. No está prohibido llorar, pero quiero añadirle algo más al verbo llorar, llore, pero ore, repito, llore, pero ore. No se trata solo de llorar, hay que orar. Es importante cuando estamos en medio del dolor orar a Dios. En su desgracia el ser humano llora hacia el suelo, pero los cristianos lloramos hacia el cielo. Lloramos de modo que Dios nos vea llorar, no tanto que los seres humanos nos vean llorar sino sea Dios, ahí está nuestra esperanza, busque consuelo en el cielo, eleve su voz a Dios en oración, siempre el consuelo va a venir de lo alto. El salmista dice en el Salmo 121:1-2 ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra. Entonces hay que poner nuestra mirada en Dios nuestro Señor. Un ejemplo muy bonito, 1 Samuel 1:9-18 “Una vez, estando en Siló, Ana se levantó después de la comida. Y a la vista del sacerdote Elí, que estaba sentado en su silla junto a la puerta del santuario del Señor, con gran angustia comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente. ¿Ve la relación? Orar al Señor y llorar desconsoladamente. Entonces hizo este voto: «Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la desdicha de esta sierva tuya y, si en vez de olvidarme, te acuerdas de mí y me concedes un hijo varón, yo te lo entregaré para toda su vida, y nunca se le cortará el cabello.» Como Ana estuvo orando largo rato ante el Señor, Elí se fijó en su boca. Sus labios se movían pero, debido a que Ana oraba en voz baja – A veces usted puede orar a gritos, pero otras veces puede orar en voz baja. Yo recuerdo, hace algunos años, fui a orar por un enfermo en el hospital y oré suave, habían otros enfermos allí en el intensivo y después la señora me dijo que por qué no había orado con más fervor. – Me sacan, le dije, ya no me dejan entrar-, pero si usted ora en voz baja, Dios lo oye- , no se podía oír su voz. Elí pensó que estaba borracha, así que le dijo: — ¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Deja ya el vino! —No, mi señor; no he bebido ni vino ni cerveza. Soy sólo una mujer angustiada que ha venido a desahogarse delante del Señor. No me tome usted por una mala mujer. He pasado este tiempo orando debido a mi angustia y aflicción. —Vete en paz —respondió Elí—. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido. —Gracias. Ojalá favorezca usted siempre a esta sierva suya”. Con esto, Ana se despidió y se fue a comer. Desde ese momento, su semblante cambió. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.
Jesucristo lo dijo de esta manera: Hasta ahora nada han pedido, pidan y se les dará. ¿Sabe cuál es la peor oración que existe? ¡La que no se hace! Hay un es estimado hermano que hace algunos años, un anciano de la iglesia, me abordó y me dijo que estaba preocupado, porque sus tres hijas ya estaban grandes y no conseguían novio. Y le dije que si ya le había pedido a Dios que le diera esposo para sus hijos. Pues me dijo que no y lo exhorté a que comenzara, que le pidiera tal como él quisiera. Porque la oración debe de ser específica. Al rato una tras otra consiguió novio. Las tres están casadas. Lo importante aquí es que se atrevió a pedir. Si usted se preocupa que su hijo de 40 años todavía está en la casa soltero, pídale al Señor, pida específicamente. Es importante aprender a pedir, pero pedir específicamente qué es lo que usted quiere. Ya se cansó del trabajo donde labora de día y de noche, pues pídale al Señor, Señor dame un trabajo en el que yo pueda trabajar 8, 9, 10 horas pero en el día y poder dedicarme el resto del tiempo a mi familia y a servirte a ti Señor. Ore específicamente.
Recuerde que orar es hablar con Dios. Hace algunos años uno iba hablando con Dios en el carro, la gente lo volteaban a ver como si uno fuera loco, hoy todo el mundo anda hablando solo, porque andan con su teléfono, pues eso es la oración, es hablar con Dios, es como hablar por teléfono, usted no lo mira, pero Él lo está oyendo. Es importante, en medio de la angustia y de la aflicción, no solo llorar, es importante orar a Dios nuestro Señor.
Hace algunos años, recordándome de Ana que era estéril, decidí hacer una oración pero así masiva, por aquellas personas que eran estériles. Pasaron al altar varias mujeres estériles, oramos por ellas y el Señor les concedió quedar embarazadas a muchas de ellas y hubo una que ya tenía tres hijos, pero dijo voy a pasar a orar por mi amiga infecunda y pasó y quedó embarazada. Hace un par de años me llama y mes dice: Pastor, quiero invitarle a celebrar los 15 años de mi hija, la hija que tengo por culpa suya. Aclararemos el punto, le dije. Entonces me compartió el testimonio y estaba feliz, porque tenía a esta hija jovencita, los demás hijos son más grandes, es su adoración, feliz. Pero una cosa sí es cierta, hay que orar al Señor y pedir, porque al que pide se le dará, el que busca haya y el que llama se le abrirá. Dice la Biblia, ustedes no han pedido, por eso no reciben. Que importante es aprender a orar al Señor y llorar con Él.
El cincuenta por ciento de una oración contestada es una oración pronunciada. Si usted no pronuncia la oración, no espere la contestación. Hay que hacer la oración y luego esperar. El otro cincuenta por ciento es esperar la respuesta a la oración, porque Dios siempre contesta. A veces contesta sí, a veces contesta no y otras veces contesta espera. Y a veces contesta sí, pero espera. Tenemos que aprender a tener paciencia, pero hay que empezar pronto a hacer la oración. Por eso yo animo a la gente a que ore por sus hijos desde que están en el vientre de la madre. Ahí mismo empiece a orar diciendo Señor, bendice a mi hijo y provéeme una buena nuera, un esposo para ella, a orar a tiempo.
Tercer consejo: Cuando esté en medio del sufrimiento. Primero era no pelearse con Dios, segundo era orar a Dios, no solo llorar sino que orar a Dios. Y el tercer consejo es rodearse de personas que lo ayuden en su sufrimiento. La persona cuando sufre tiende a aislarse, como aquella señora que perdió a su esposo quedó viuda y dos años después estaba en su dormitorio, una hijita de pocos años de edad había pasado esos dos años creciendo a la mano de Dios, creciendo con la ayuda de no sé quienes y sus amigas me dijeron que fuera a orar por ella, estaba deprimida, encerrada en su cuarto abandonada desde que murió su esposo. Fuimos a su casa, nos recibió, le hablamos del Evangelio. Así que aquella mujer que estaba encerrada llorando por su difunto esposo, ahora andaba brillando de alegría, porque se arregló y me dijo que se había vuelto a casar.
Todo es posible, pero no se aísle, no se encierre, no se proteja debajo de las sábanas en su cama indefinidamente. Llore, y luego salga. Arréglese, vístase porque algo le puede salir, pero es muy importante que usted se proponga salir y vencer el desánimo. Fíjese que en Eclesiastés 4:8-9 encontramos una gran verdad: Vi a un hombre solitario, sin hijos ni hermanos, y que nunca dejaba de afanarse; ¡jamás le parecían demasiadas sus riquezas! « ¿Para quién trabajo tanto, y me abstengo de las cosas buenas?», se preguntó. ¡También esto es absurdo, y una penosa tarea! Esto va para aquellos que no se quieren casar, solo quieren trabajar, realizarse profesional, política y deportivamente, realizarse de muchas cosas y se olvidan de formar familia. Seguimos: Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. Que importante es tener a otro, porque más valen dos que uno, si usted está con su novio desde hace quince años juntos, dígale, más valen dos que uno, casémonos, si no en vez de hijos vamos a tener nietos. A veces en la vida caemos, nos desanimamos, nos desilusionamos, nos decepcionamos y creemos que el mundo se acabó y ahí estamos tirados, hechos una piltrafa, despeinados, sin rasurar, sin bañar. Tenemos que levantarnos, bañarnos, cambiarnos, peinarnos. Señora váyase al salón de milagros, váyase al SPA que salga de ahí renovada, entusiasmada y siga adelante, busque a sus amigos y amigas, sobre todo a los que son parte de su vida, que le aman, que están cercanos y sobre todo aquellos miembros de la célula.
Si usted asiste a una célula de oración, a un grupo C.A.F.E., una célula de atención familiar y evangelismo, va encontrar quienes le apoyen cuando esté en el hospital usted o un ser querido. En la funeraria, usted o un ser querido, va a tener compañerismo. Dios dijo, “No es bueno que el hombre esté solo”. El ejemplo, Jesús, Mateo 6:36-39 nos muestra cómo Jesús aprovechó a sus amigos. En el segundo año de su ministerio escogió entre todos sus discípulos a doce para que estuvieran con Él dice la Escritura. Los doce los escogió para que estuvieran con Él y cuando llega el final de su ministerio dice: “Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní (Getsemaní es el nombre de un lugar donde había una prensa de aceitunas, en ese entonces estaba lleno de árboles de olivo y las aceitunas eran prensadas para extraerles todo el aceite que producen, que es el famoso aceite de oliva. Para tener aceite de oliva hay que ser prensado y Jesús llegó a ese lugar porque iba a ser prensado por la carga, el dolor y el sufrimiento de la humanidad), y les dijo: «Siéntense aquí mientras voy más allá a orar.» Se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentirse triste y angustiado (Jesús se sintió igual que usted. Él también sabe que es sentirse triste y angustiado. A veces nos toca aunque seamos Jesús mismo sentir tristeza, angustia). «Es tal la angustia que me invade, que me siento morir —les dijo—. Así que no es extraño lo que usted siente cuando dice que siente morirse, que esa angustia que tiene la está matando.
Es cierto, a veces la angustia es tal, la tristeza es tal que la muerte está a su alrededor. Y luego les dijo: Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo.» Lo que Jesús quería era compañía, alguien que estuviera con Él en medio de su angustia de su lucha. Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró. Oró al padre. Jesús siempre hizo sus oraciones al Padre, por eso es que nosotros tenemos que aprender a orar y cuando oramos tenemos que decir: Padre nuestro que estás en el cielo. Las oraciones bíblicamente correctas son las oraciones que usted dirige al Padre nuestro y Jesús nos da aquí el ejemplo: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»”
¡Ah Jesucristo! Abrió su corazón con sus amigos. Abra su corazón, con su cónyuge, con sus hermanos, con sus amigos, con los miembros de la célula, dígales lo que siente, su angustia para que apoyen, le animen, para que oren por usted.
Gálatas 6:2 dice Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo. Amar al prójimo como a nosotros mismos, nosotros tenemos un dicho: hoy por ti, mañana por mí. Créame que cuando usted está consolando a alguien que perdió a su mamá, usted debe prepararse porque usted va perder a la suya. Cuando usted está animando a alguien que está con algún problema legal, consuélelo, ayúdelo, porque mañana puede ser que usted sea el que esté con un problema legal. Es importante que nosotros nos consideremos a nosotros mismos y ayudemos a los demás.
Cuarto consejo. Crea en la esperanza futura de la vida eterna. No hay mal que dure cien años ni enfermo que los aguante, ¿ha oído eso? Es cierto, antes de llegar a los cien años, se muere. Ahí se quedó. Crea que hay esperanza futura de la vida eterna. En Lucas 23:39-47 está escena es muy interesante: Uno de los criminales allí colgados empezó a insultarlo: — ¿No eres tú el Cristo? ¡Sálvate a ti mismo y a nosotros! Pero el otro criminal lo reprendió: — ¿Ni siquiera temor de Dios tienes, aunque sufres la misma condena? En nuestro caso, el castigo es justo, pues sufrimos lo que merecen nuestros delitos; éste, en cambio, no ha hecho nada malo. Luego dijo: —Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso —le contestó Jesús. Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó sumida en la oscuridad, pues el sol se ocultó. Y la cortina del santuario del templo se rasgó en dos. Entonces Jesús exclamó con fuerza: — ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, expiró. El centurión, al ver lo que había sucedido, alabó a Dios y dijo: —Verdaderamente este hombre era justo.
Y el criminal que estaba siendo crucificado igual que Jesús y que le pidió que se acordara de él ¿dejó de sufrir en la cruz? No. Siguió sufriendo la crucifixión, la asfixia, el dolor, la presión, a él sí le quebraron los huesos para que se muriera más rápido. Sufrió la muerte en la cruz, pero eso sí, después de muerto ¿siguió sufriendo? Ya no, porque Jesús le dijo: Hoy estarás conmigo en el paraíso. ¿Quiere dejar usted de sufrir? Muérase. Solo cuando usted se muere deja de sufrir, siempre y cuando usted se muera con la fe puesta en Cristo, si no se va ir allá con el puro diablo. El peor infierno es estar incomunicado de Dios, el que se muere sin Cristo tiene condenación eterna, sufrimiento eterno, pero cuando usted se muere con la fe en Cristo, su sufrimiento paró, ya no tiene que seguir pagando el IUSI, el IVA, el Impuesto Sobre la Renta, no hay que estar pagando la ofrenda de los extorsionadores, se acabó el sufrimiento, pero para eso usted tiene primero que morirse, pero como dije hace un rato, ¿cuántos quieren irse al cielo? La mayoría. ¿Cuántos quieren irse ya? Ninguno. Entonces siga sufriendo, aguante a su marido, aguante a su mujer, aguante a su empleado, aguante a su jefe, aguante a todo el mundo que lo hace sufrir. Mientras estemos en la vida terrenal habrá sufrimiento. Jesús dijo, Juan 16:33, Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. No solo Jesús venció al mundo sino que murió y resucitó para vivir eternamente.
Por último, número cinco, la experiencia del sufrimiento le permite entender y consolar a otros que sufren. El problema de perder a un cónyuge lo entiende mejor la viuda o el viudo. Yo sé que perder a un ser querido es doloroso, pero como nunca he quedado viudo no sé exactamente qué es lo que uno pasa. He conocido hermanos aquí que enviudaron y al año y pico se murieron ellos, no soportaron. He visto a otros que enviudaron y disfrutaron décadas después su estado civil, pero el dolor de la pérdida de un hijo lo entiende alguien quien ha perdido a un hijo. Aquí en la Fráter hay un ministerio que se llama Abrazos de Esperanza y ese lo integran personas que han sufrido la muerte de un hijo. Cuando alguien sufre la muerte de un hijo, ellos van a darle aliento, ánimo, consuelo, porque lo pueden hacer mejor que aquellos que no han perdido a un hijo, ellos ya saben lo que se siente, se sufre, lo que cuesta superar ese período de luto, esa crisis emocional que llega a la vida cuando perdemos a un hijo.
La experiencia del sufrimiento le permite entender y consolar a otros que sufren. Cuando sufrimos somos consolados por Dios y cuando otros sufren nosotros tenemos que consolarlos a ellos, como hemos sido consolados. 2 Corintios 1:3-7 “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. Pues así como participamos abundantemente en los sufrimientos de Cristo, así también por medio de él tenemos abundante consuelo. Si sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si somos consolados, es para que ustedes tengan el consuelo que los ayude a soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos. Firme es la esperanza que tenemos en cuanto a ustedes, porque sabemos que así como participan de nuestros sufrimientos, así también participan de nuestro consuelo”.
Aún el sufrimiento más terrible que puede estar enfrentando hoy, servirá para consolar a otros y fortalecerlos en la fe.

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La fe viene por el oir…

 

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Como en casa aún en el extranjero…