Abrazos-Banner

Lea

La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

Todos hemos sufrido algo alguna vez. Toda pérdida causa dolor, cuando pierde su anillo de matrimonio le duele. Cuando pierde su carro, le duele. Cuando pierde el examen final, para graduarse de la universidad, le duele. Toda pérdida causa dolor. Todos alguna vez hemos perdido dinero en alguna inversión que hicimos en alguna institución financiera legítima o no tan legítima y hemos perdido, y esa pérdida causa dolor. Cuando hay dolor se entra en un período de luto, se siente lo que es el dolor. Este año hubo elecciones en el país y los que perdieron las elecciones tuvieron dolor y los que ganaron también tienen dolor, porque se los está llevando la tristeza. Tienen en sus manos grandes problemas que resolver y que Dios les ayude y nosotros vamos a orar por ellos.
Hay gente que sufre y ¿por qué sufre? Si es gente buena. Todos conocemos gente buena que sufre. Yo oigo en los velorios comentarios sobre que deberían morirse los malos, pero se murió este que era tan bueno. ¿Por qué murió? Tan buena que era. Pero también los buenos sufren, ¿por qué sufren los buenos? Es una pregunta que normalmente nos hacemos y a veces no logramos responderla a cabalidad y quizás quedemos satisfechos totalmente con las respuestas que nos dé Dios, cuando estemos frente a Él y le digamos: ahora que estoy aquí, Señor, ¿por qué fue que se murió mi hermana tan jovencita? ¿Por qué murió mi tío tan bueno que era? ¿Por qué murió mi mamá y me dejó huérfano? ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Hay muchos por qué, pero hay muchos ejemplos en la Biblia de gente buena que sufrió y de quienes podemos aprender de los ejemplos que nos han dado.
Leamos en Job 1:1-5 “En la región de Uz había un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal. Este hombre se llamaba Job. Tenía siete hijos y tres hijas; era dueño de siete mil ovejas. Imagínese, la gran fábrica de hilados y tejidos que tenía, con tanta lana que daban, y también su fábrica de lácteos. Este hombre se llamaba Job y era dueño, además, de tres mil camellos – transporte de carga, equivalente a camioncitos-, quinientas yuntas de bueyes –equivalente a tractorcitos, para que se vaya haciendo la idea de lo que tenía. Job no era ningún gafo, no era ningún pobrecito, era un hombre notable allí en su pueblo-, también tenía quinientas asnas –Hoy podríamos decir unos picopitos o motos repartidoras-, y su servidumbre era muy numerosa –La esposa de Job tenia tiempo para ir al gimnasio, para ir al SPA, para hacer muchas cosas, porque tenía servidumbre numerosa-. Entre todos los habitantes del oriente era el personaje de mayor renombre. Sus hijos acostumbraban turnarse para celebrar banquetes en sus respectivas casas, e invitaban a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.
Rara vez hacemos hincapié en la conducta de los hijos de Job, pero a mí me parece que aquí hay algo importante. A nadie le gusta tener hijos egoístas. Hay hijos que tienen tantos celos, tanta envidia, tanto egoísmo que aunque vivan enfrente uno del otro no se visitan, no se dirigen la palabra y qué angustia para uno de padre ver a sus hijos que están como perros y gatos o que están de enemigos, pero estos eran diez hijos y se llevaban bien, se invitaban uno a otros a la casas, compartían juntos, cenaban juntos, tenían fiestas juntos y cuando usted como padre ve a sus hijos que disfrutan de lo que usted les da y lo comparten, ¿acaso no lo disfruta? Pero que tristeza le da a uno de padre ver cuando uno hijo habla mal del otro, cuando otro hijo está celoso del otro y hay envidas, pleitos, celos y contiendas. Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran. Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: «Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido en su corazón a Dios.» Para Job ésta era una costumbre cotidiana”.
Era un hombre muy rico, pero todos los días daba una ofrenda a Dios extraordinaria. Porque un holocausto significaba sacrificar un buey, sacrificar un carnero, una oveja. Siempre era sacrificar algo de lo mucho que había recibido. Además de ser recto e intachable, temeroso de Dios era una persona generosa y se aseguraba por medio de sus sacrificios y sus ofrendas pedir por sus hijos. Pero Dios mismo habló un día de Job con el diablo y lo que dijo está registrado en el versículo 8: “No hay en la tierra nadie como él”. Ser recto no es fácil. Unos amigos profesionales de cierta carrera, muy interesante, me decían: aquí todos parecemos plátanos. ¿Por qué? – Porque aquí ni uno es recto-. Me decían. Eso es bíblico. La Biblia dice: no hay justo, por cuanto todos pecaron. Así que en ese sentido todos los que estamos aquí puros plátanos, no hay ningún recto, pero ¿cuántos se alegran que Dios nos ha hecho rectos? Él nos ha transformado, nos ha enderezado, ha hecho que cambiemos nuestra conducta, nuestra manera de ser. No podemos negar nuestra vida de pecado, pero sí podemos proclamar nuestra vida nueva en Cristo.
Así que Job, ante Dios y los hombres, era recto e intachable. No es muy fácil encontrar a una persona súper rica, súper recta, súper intachable y súper temerosa de Dios, pero sí se puede. Usted puede decir ahora, quiero ser rico como Job, pero recto, un hombre que teme a Dios, un hombre que no da ni recibe mordidas, coimas, sobornos, algunos corruptos que dicen ser cristianos dicen que solo aceptan “ofrendas”. Es importante que seamos intachables, que la gente pueda decir de nosotros que somos rectos como Job. Además, era un padre de familia que apreciaba a sus hijos. La verdad es que nosotros nos podemos ufanar de nuestro tesoro material, nuestras casas, nuestras fincas, nuestros carros, nuestros vehículos, nuestros helicópteros o nuestros aviones o nuestros barcos, pero el tesoro más grande que Dios nos ha dado son los hijos. Claro, algunos dirán como aquella señora “cuando mis hijos eran chiquitos me daban ganas de comérmelos. Ahora que crecieron me arrepiento de no haberlo hecho”. Nosotros queremos a nuestros hijos, los amamos y damos la vida por ellos, estamos dispuestos a trabajar duro y dar nuestro dinero par que estudien y ellos tengan viajes, gustos y disfruten, se vistan bien, y coman como que son leones, etc. Lo importante de Job es que tenía a Dios y estaba apartado del mal. Es más fácil buscar a Dios en la adversidad que en la prosperidad. Yo he visto gente que cuando está en la prosperidad empieza a presentar excusas y a decir que tiene mucho que hacer, mucha gente que atender, muchos compromisos, muchas deuda, muchos viajes, mucho de esto o de aquello, y entonces ya no buscan al Señor, se les olvida que en la prosperidad es más difícil buscar a Dios que en la adversidad.
Pero en ambos casos tenemos que hacer como dice Pablo, he sido enseñado a vivir en escasez y he sido enseñado a vivir en abundancia. Claro, a mí me gustó cuando aprendí a vivir en abundancia y ¿a usted? Es más bonito, porque eso de que un banano para cinco cuesta, pero ya un banano para cada uno es mejor. A pesar de que Job fue intachable, experimentó sufrimiento, tras sufrimiento, tras sufrimiento. Porque este es un problema, cuando usted sufre y encima de lo que sufre debe sufrir y vuelve a sufrir, decimos en Guatemala que a veces llueve sobre mojado. Y eso fue lo que le pasó a Job, en un solo día lo perdió todo. Así que si usted es de aquellos que se quejan, que dicen que trabajó toda su vida y a los 30 años cuando se jubiló y le dieron su dinero lo invirtió un banco famoso y de repente se desaparecieron los banqueros y lo perdió todo. Quizás quedó su casa, su familia, aquí que no lo perdió todo, perdió todo el dinero que tenía en ese banco, pero el que tenía en el otro ahí está todavía. Qué dicen los versículos 13-22, lo importante es notar que Job perdió todo, menos su fe, recuerde, nunca pierda la fe, pierda el dinero, la casa, la vida, a su mujer, pero no la fe, porque con fe usted consigue otra mujer, otra casa, otro dinero, otro trabajo, así que no pierda la fe. Llegó el día en que los hijos y las hijas de Job celebraban un banquete en casa de su hermano mayor. Entonces un mensajero llegó a decirle a Job: «Mientras los bueyes araban y los asnos pastaban por allí cerca, nos atacaron los sabeanos y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo a usted!» No había terminado de hablar este mensajero cuando uno más llegó y dijo: «Del cielo cayó un rayo que calcinó a las ovejas y a los criados. ¡Sólo yo pude escapar para venir a contárselo!» No había terminado de hablar este mensajero cuando otro más llegó y dijo: «Unos salteadores caldeos vinieron y, dividiéndose en tres grupos, se apoderaron de los camellos y se los llevaron. A los criados los mataron a filo de espada. ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!» No había terminado de hablar este mensajero cuando todavía otro llegó y dijo: «Los hijos y las hijas de usted estaban celebrando un banquete en casa del mayor de todos ellos cuando, de pronto, un fuerte viento del desierto dio contra la casa y derribó sus cuatro esquinas. ¡Y la casa cayó sobre los jóvenes, y todos murieron! ¡Sólo yo pude escapar, y ahora vengo a contárselo!» Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración. Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!» A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios.
Mis respetos para Job, en un solo día se quedó sin sus miles de ovejas, miles de camellos, sus yuntas de bueyes, sus cientos de asnos, sus criados y sus diez hijos. La muerte de un hijo es muy dura. Ver que se muere un hijo es un dolor terrible, ver que se le mueren ha de ser más terrible y si se le mueren todos sus hijos, en este caso diez, el nivel de estrés que se acumula sobre una persona que pierde sus posesiones, sus familia, es muy intenso, y es muy humano que la primera reacción sea reclamarle a Dios. ¿Por qué me pasa a mí, si soy tan bueno, si yo soy servidor de la Fráter, soy un fiel diezmador, soy un maestro de la Zona de Campeones, yo tengo un grupo en mi casa, yo ayudo en las jornadas médicas, yo visito a los presos en la cárcel? Señor, si yo soy bueno, ¿por qué me pasa esto?
Pero Job nunca le reclamó a Dios ni le echó la culpa. Todo lo pierde, memos la posesión más preciada que se llama fe. A mí me gusta decir que mi abuela, la única abuela que tuve, porque las otras se murieron antes que yo naciera. Mi madre quedó huérfana de cuatro o cinco años, así que el abuelo y la abuela maternos no los conocí, ni ella, muy poquito ha de haber conocido de sus papás, así que la única abuela que tuve fue una excelente abuela y se murió y no me dejó ni un solo centavo. No es reclamo, solamente les cuento, no me estoy quejando, solamente estoy relatando. Los centavos que pudo darme me los dio en vida, pero una vez muerta, la pobre ni testamento dejó, porque no tenía mucho que dejar. Pero sí me dejó fe, con esa fe hemos llegado hasta donde estamos el día de hoy. Porque todo es posible para el que cree. Así que usted no se preocupe porque le quitaron el trabajo el viernes, déle gracias a Dios, puede aprender otra cosa, o tener un nuevo empleo o a lo mejor su propio negocio. Dios lo va a bendecir. Lo más importante es la fe. Lo he dicho a través de los años que me pueden sacar desnudo de este país y ponerme desnudo en cualquier otro país y al rato voy andar bien entacuchado otra vez. Donde estemos, si tenemos la fe en Dios, lo tenemos todo. Y si perdemos todo lo que tenemos con la fe en el Señor lo recuperamos todo, así que por eso es tan importante no perder la fe.
Fue una masacre la que le hicieron a Job, en un solo día, de todos sus criados y además una tragedia familiar al desplomarse la casa encima de todos sus hijos, pero no había perdido la salud. Decimos que si yo estoy sano, con estas manos, con estos pies yo trabajo y levanto otra vez mi empresa y salgo adelante, pero la salud es lo más importante. En Job 2:1-10 leemos esto: “Llegó el día en que los ángeles debían hacer acto de presencia ante el Señor, y con ellos llegó también Satanás para presentarse ante el Señor. Y el Señor le preguntó: — ¿De dónde vienes?—Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro —le respondió Satanás. — ¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Y aunque tú me incitaste contra él para arruinarlo sin motivo, ¡todavía mantiene firme su integridad! — ¡Una cosa por la otra! —replicó Satanás—. Con tal de salvar la vida, el hombre da todo lo que tiene. Pero extiende la mano y hiérelo, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara! —Muy bien —dijo el Señor a Satanás—, Job está en tus manos. Eso sí, respeta su vida. Dicho esto, Satanás se retiró de la presencia del Señor para afligir a Job con dolorosas llagas desde la planta del pie hasta la coronilla. Y Job, sentado en medio de las cenizas, tomó un pedazo de teja para rascarse constantemente. Su esposa le reprochó: — ¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Job le respondió: —Mujer, hablas como una necia. Si de Dios sabemos recibir lo bueno, ¿no sabremos también recibir lo malo? A pesar de todo esto, Job no pecó ni de palabra”.
Con tal de salvar la vida el hombre da todo lo que tiene. Satanás estaba diciendo: Mira, le quitaste todo los bienes, pero está sano, y con la bendición que tú le das, al rato va a estar bien. Pero Job, aún en medio de su enfermedad no maldijo a Dios, aunque la esposa le dijo: mejor muérete. No solo estás sin ni un centavo sino que apestas, lleno de llagas desde la coronilla hasta la planta de los pies, estás mal. Job. A pesar de ser justo estaba sufriendo al igual que muchos justos sufren hoy.
¿Qué significa justo? Justo significa, según el diccionario, alguien que obra según la justicia, la moral o la razón. Y dice el diccionario: los justos verán a Dios. Job, a pesar de ser justo, recto, temeroso de Dios sufrió. Eclesiastés 8:14 dice Salomón: En la tierra suceden cosas absurdas, pues hay hombres justos a quienes les va como si fueran malvados, y hay malvados a quienes les va como si fueran justos. ¡Y yo digo que también esto es absurdo! ¿Ha visto usted eso? Hay malvados que les va como si fueran justos y justos que les va como si fueran malvados. Cualquier cosa mala les pasa a ellos, Job es un ejemplo, conoce usted a esa gente buena y ve que le pasan cosas malas. Por ejemplo, un secuestro Express del papá que cuando pagan y lo devuelven regresa con diabetes el pobre. Un secuestro de un hijo amado que a pesar de las negociaciones termina en la muerte el tesoro de sus padres. Sí, yo conozco personas que han negociado el rescate por sus hijos y han pagado fortunas por ellos y luego no les han devuelto al hijo, han encontrado el cadáver del hijo y a veces han tenido que pasar angustias para encontrarlo y nunca lo encuentran. Es gente buena que yo he conocido, personas intachables y serviciales que mueren de cáncer, jovencitos, antes de los 30 años y ya están muriéndose de cáncer. Conozco a un joven muy servicial en la iglesia, con todo su corazón servía al Señor y de pronto se queda ciego, ¿cómo se explica usted esto?
¿Ha conocido a gente buena que por robarles un celular lo mataron? Lamentablemente. Alguien que pasa por un accidente y queda paralítico o en estado vegetal, alguien que es víctima de las situaciones, que es estafado y su negocio se viene a la quiebra, etc. Usted conoce más historias que yo seguramente de lo que ocurre. Ahora quiero dejarle bien claro, Dios no busca nuestro mal, Dios no anda viendo a quien fastidiar, a este hijo de Dios, a esta hija de Dios. No. Jeremías 29:11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza. Los planes de Dios son de bien y no de mal. Ezequiel 18:23 “¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva? Yo, el Señor, lo afirmo”. Dios quiere bendecir al malvado, Dios quiere que el secuestrador, el extorsionador, el asesino, el ladrón, el pedófilo, cualquier pecador cambie su conducta, se arrepienta de su conducta y empiece una vida nueva. Dios no quiere andar matando gente así por así, nos es esa su voluntad.
¿Por qué los buenos sufren? Los buenos sufren por varias razones. Vea lo que dice por ejemplo Romanos 4:18-25 “Contra toda esperanza, Abraham creyó y esperó, y de este modo llegó a ser padre de muchas naciones, tal como se le había dicho: « ¡Así de numerosa será tu descendencia!» Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Sara sufría por no tener hijos, Abraham sufría por no tener hijos, eran personas rectas, eran personas temerosas de Dios, habían recibido una promesa de Dios, pero fueron años de años de sufrimiento. ¿Cómo se llama Abraham? Y eso quiere decir padre de multitudes, y si usted es padre de multitudes, ¿dónde están sus hijos? Mire las estrellas, así van a ser mis hijos. Mire las arenas de la playa, así van a ser mis hijos. Pero ¿dónde están? Primero, la gente seguramente se reía de ella, se burlaban de ellos, los miraban raros y les decían fanáticos religiosos, están diciendo cosas que no pueden cumplir. Abraham y Sara sufrieron y alguna vez a los mejor Abraham y Sara dijeron probemos.
Abraham no podía y tenía la gran promesa y no se cumplía, ¿por qué no se cumplía? Las luchas. Leemos que la fe de Abrahán no flaqueó aunque las circunstancias decían que ya no. Sigamos leyendo Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia. Y esto de que «se le tomó en cuenta» no se escribió sólo para Abraham, sino también para nosotros. Dios tomará en cuenta nuestra fe como justicia, pues creemos en aquel que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. Él fue entregado a la muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Capítulo 5:1-5 “En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. No hay justo ni uno, pero por medio de la fe en el nombre de Jesucristo somos justificados y nos convertimos en justos. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.
¿Por qué sufren los justos? Porque necesitan aprender a perseverar. ¿Ha oído la frase “el que persevera alcanza”? Y ¿qué dijo Jesucristo? Que el que persevere hasta el fin, este será salvo y para tener esa perseverancia se requiere sufrimiento. Creo que usted va a salir hoy diciendo: Señor, está bien, dame un poco de sufrimiento, yo necesito alcanzar perseverancia. En medio de las dificultades es cuando cuesta perseverar, cuando usted tiene trabajo y todo le abunda, eso es fácil, pero cuando usted ya no tiene trabajo y todo escasea, ahí se complica. Cuando su esposo es una seda y siempre le dice sí mi cielo, lo que tú digas mi amor, qué bonito. Pero cuando se pone a decir mejor maldice a Dios y muérete.
El sufrimiento produce perseverancia y la perseverancia, dice la Escritura, produce entereza de carácter, y la entereza de carácter, esperanza. Todos queremos llegar a ser maduros, ser perfectos, pero se necesita pasar por ese proceso que se llama sufrimiento. Dice la Biblia que Jesús por lo que padeció aprendió obediencia. Usted no es muy obediente, prepárese, ya viene el padecimiento. Cuando usted necesita aprender y se resiste lo someten al padecimiento. ¿Por qué sufren los justos? A veces sufren por la maldad de otros. Hay justos que sufren por la maldad de los secuestradores. Las últimas noticias nos muestran que en México han encontrado muchas fosas con restos humanos. ¿Por qué sufrieron estas gentes? Por la maldad de unos. Caín, el primer hijo de Adán y Eva mató a Abel ¿por qué sufrió Abel, por qué sufrió Adán, por qué sufrió Eva? Por la maldad de Caín. A veces un hijo malvado hace que sufran todos los demás hijos buenos, hace que sufran los padres de todos los hijos. ¿Por qué, hay malvados? Hay malvados que hacen que suframos. Los secuestradores, los asesinos, los políticos corruptos, la gente que no tiene integridad, por la maldad de ellos sufren los demás. ¿Por qué sufrimos? Porque nuestros días están contados y nuestro cuerpo se va desgastando, aunque ya vimos el caso de Abrahán que aunque su cuerpo ya estaba como muerto él por la fe hizo que ese cuerpo como muerto funcionara, pero también es cierto que los días van pasando y de pronto usted ya tiene plata en la cabeza, oro en las muelas, plomo en los pies. Y cómo cuesta ya dar los pasos. Uno ve a los que se van, van desgastando y al rato ya no pueden ni con su carta de venta. Es parte del proceso. ¿Usted no cree que se va desgastando? Yo veo gente ya mayor que dice si yo jugaba básquetbol, pero vaya a probar un veintiuno ahorita. Al tirar la primera canasta lo van a poner en camilla para el IGSS.
Porque el cuerpo se va desgastando, eso es cierto. No se puede evitar. Yo estaba tomando un caldo con un hermano un día en un restaurante y dije yo: este huesito de dónde me salió. No era huesito, era una muela que se me zafó. A cierta edad uno se empieza a desarmar solo. Además hay que tomar cuidado porque, como dice un amigo servidor, a veces uno se echa llave solo. Me acuerdo, había un preso que estaba muy enfermo y pidió permiso para ser operado de la próstata, y entonces el alcaide de la prisión le dijo No, yo no creo que tengas que ser operado de la próstata. Porque primero nos dijiste que tenían que operarte de las uñas encarnadas y te quitaron las dos de los dedos gordos. Y después dijiste que te dolía y te quitaron la apéndice, y después que tenías no sé qué cálculos y te operaron. No, vos te queres escapar de la cárcel por pedazos. Nos vamos desgastando, por pedazos nos vamos desarmando. Por eso sufren los justos peros también sufren por su propio pecado como Caín, por su propio pecado sufrió las consecuencias. Los buenos también sufren, pero la semana entrante vamos a estar hablando sobre “Cómo enfrentar el sufrimiento”.

Escuche

La fe viene por el oir…

 

Vea

Como en casa aún en el extranjero…