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La esencia de prédicas para leer en menos de 5 minutos…

¿Conoce a alguna persona que ha estado enferma? ¿La vio en el espejo esta mañana? Pablo dijo ¿Quien enferma, y yo no enfermo? Todos enfermamos alguna vez y las enfermedades varían. Casi todos los días me informan de alguien que está enfermo y que hay que ayudarle de alguna manera, hay que orar de alguna manera. Hace apenas diez minutos me dijeron hay un niño de cinco años que hoy lo van a operar a corazón abierto.  Cinco años y con una operación ya, es para que le parta el alma a uno ver a niños sufrir enfermedades. También conozco a personas adultas que están padeciendo en estos momentos de cáncer, pasando por una situación difícil, sufriendo tratamientos de quimioterapia o radioterapia y no encuentran cómo superar  esa situación.

Cuando usted está enfermo tiene que gritar y decir Padre nuestro sáname, sálvame, cámbiame.

Hay quienes no están enfermos físicamente, pero están enfermos del alma, están tristes. Un conocido me decía esta semana que necesitaba de mis oraciones, porque un día su esposa puso sus maletas en la calle, pero gracias a Dios se logró mantener unido el matrimonio. A veces la familia sufre, porque ve a un hijo discapacitado, no porque está físicamente discapacitado, sino porque psicológicamente no logra superarse, no logra salir adelante, no logra obtener un trabajo estable. Y todo esto trae a la sociedad una carga muy difícil de llevar. Otras veces, los padres sufren al ver que los hogares de sus hijos se desboronan, hay pleito con la nuera, hay dificultades. La sociedad, a través de los siglos, ha sufrido crisis sociales de esta manera.

Jesucristo tuvo compasión al ver a las multitudes dispersas, desamparadas como ovejas que no tienen pastor. Vemos a las multitudes en nuestras ciudades, ríos de carros todos los días, centros comerciales – en la ciudad de Guatemala hay veinticinco- repletos de gente y cada una de ellas es una historia de dolor, de soledad, de tristeza, viudas desamparadas, huérfanos solitarios, hombres y mujeres que viven angustiados, porque no tienen para el pan cotidiano de sus hijos. Esta semana el gabinete de gobierno decidió tener una experiencia con los pobres de Guatemala. El presidente y la mayoría de los miembros de su gabinete se fueron por Quiché, a distintas aldeas, a comer como comen los pobres, a pasar algunas horas con los pobres.

Por eso, quiero decirles que Jesucristo siendo Dios se hizo hombre, para vivir entre los hombres y conocer la realidad de los seres humanos. Por eso Él nos comprende, por eso nos entiende, por eso intercede por nosotros Y está listo para ayudarnos. Quizás usted no lo vea con sus ojos naturales, lo más seguro es que no lo vea, pero aquí está Dios en medio de nosotros viendo cómo suple la necesidad de cada uno de los que estamos aquí.

Estamos como estaba el pueblo de Israel en Jerusalén, en Juan 5: 1 Algún tiempo después, se celebraba una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.  Como buen judío, Jesús participaba de las tres principales fiestas obligatorias para todo ciudadano judío que vivía a 30 kilómetros de Jerusalén. Debía estar en la Fiesta del Pentecostés, en la Fiesta de la Pascua, de los Tabernáculos. Juan nos presenta a Jesús muchas veces en las fiestas. Cuando hay fiestas todos emigran a la ciudad y hacen que la afluencia de personas sea mayor. Y estaban muchos ahí, y dice el versículo 2, Había allí, junto a la puerta de las Ovejas – hay que recordar que la Jerusalén que existió en la época de Jesús era una ciudad amurallada y como todas las ciudades amuralladas tenía puertas y cada una tenía su nombre, ésta era la Puerta de las Ovejas-, un estanque rodeado de cinco pórticos, cuyo nombre en arameo es Betzatá (segúnla Nueva Versión Internacional, quiere decir la casa del olivo). Jesucristo fue allí, y se encontró que en el estanque había muchos, pero estos muchos se hallaban tendidos, es decir, tirados en el suelo. A veces cuando está sufriendo una depresión y se encuentra tendido en su cama, deprimido, pensando que le tocó lo peor, pensando que eso no le pasa a nadie más. A veces piensa que es el único, claro podrá decir que mal de muchos es consuelo de tontos. La verdad no es el único que está sufriendo, hay muchos.

Es posible que usted no conozca a la persona que está al lado suyo, enfrente suyo, pero si esta persona le hablara, le abriera su corazón y le contara por lo que ha pasado, usted se quedaría sorprendido, son personas que están, como estos muchos, alrededor del estanque de Betesda tendidos. La vida tiene diferentes maneras de hacer que nosotros seamos postrados, que caigamos al suelo, por un fracaso emocional, financiero, político, deportivo. Pero ahí, entre muchos que están tendidos, hay uno que está de pie y se llama Jesucristo, que está caminando entre esos muchos que están tendidos. Esa es la  esperanza que no avergüenza.

En esos pórticos se hallaban tendidos muchos enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. ¡Que terrible! Cuando uno va al hospital y se encuentra con que en una habitación hay una persona con cáncer, en otra una con una enfermedad del corazón, en otra una que no puede ver, otra con problemas de los huesos, en fin, son muchos los que sufren y por eso es que Jesús sintió compasión, al ver a toda esta gente sin pastores que les ayudaran. Entre ellos, Jesús escoge a uno, para mostrar la historia de muchos, este caso no era el único, no era el único enfermo, había muchos enfermos. Entre ellos se encontraba un hombre inválido que llevaba enfermo treinta y ocho años.

Recientemente estuve con un problema de salud, pero no estuve ni una semana, a los dos días ya estaba controlado.  Los médicos me mandaron a hacer un poquito de estacionamiento domiciliar, pero estar con una enfermedad que lo hace inválido por treinta y ocho años, tendido, enfermo sin poder trabajar, estudiar, sin poder tener una relación normal, porque está tirado en una camilla. Lo tienen que llevar, lo tienen que transportar, lo tienen que bañar, lo tienen que alimentar, lo tienen que servir. Se es un inválido y, para su propia autoestima, eso no ayuda. Y hay en este mundo muchos hoy en día que se sienten inválidos. No pueden por sí mismos hacer las cosas. No pueden por sí mismos salir adelante en su profesión, en sus estudios, en su deporte, en su familia, en sus negocios, son dependientes de otros, pero lo que a mí me alegra es contarles que mi Señor Jesucristo sí se detiene para ayudar a un inválido y si ha estado inválido, tenga la seguridad  de que Cristo está aquí ahora, listo para hablarle. Jesucristo existe hoy para ayudar a esos muchos que están inválidos. Este hombre con treinta y ocho años sin poder moverse por sí mismo tuvo ese encuentro con Jesús.  Cuando Jesús lo vio allí, tirado en el suelo, y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así, le preguntó: — ¿Quieres quedar sano? Así de primas a primeras nos suena como una pregunta irrelevante como aquella  publicidad de unos productos que decía “esa pregunta, ni se pregunta”, pero esa pregunta la hizo Jesús: ¿Quieres quedar sano?

A mí me enseña Jesús que siendo el Hijo de Dios, siendo Él quién era, se tomó el tiempo para  preguntar ¿Quieres quedar sano? Porque a veces caemos como aquel sacerdote, aquel fariseo, aquel levita que pasaron junto al hombre que estaba tirado, herido al ser asaltado en la carretera entre Jerusalén y el Mar Muerto. El levita, un hombre religioso, vio al hombre malherido y no le preguntó nada, simplemente se hizo a un lado y se fue. La canción popular dice “Ódiame por piedad, yo te lo pido. Odio quiero más que indiferencia”. No hay cosa más terrible en esta vida quela indiferencia. Si conoce a un inválido, no sea indiferente con él, haga lo que hizo Jesús: métase entre los inválidos, acérquese a ellos, agáchese un poco, pregúntele y dígale ¿cuánto hace que estás enfermo? ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? Cuando empiece a darse cuenta de la realidad de esa persona puede preguntarle ¿quieres ser sano? ¿Quieres cambiar? En la oficina donde trabaja, en la escuela donde estudia, en la universidad donde enseña, en el palacio en el que trabaja hay muchos a su alrededor que llevan treinta y ocho años inválidos, no han podido superar el problema que los tiene tendidos, postrados, deprimidos.

Hay gente que es muy trabajadora, pero lleva treinta y ocho años de estar atado al vicio del cigarrillo, del aguardiente, de la trata de blancas, del contrabando, del pecado y necesitan que usted siga el ejemplo de Jesús y se le acerque y le pregunte ¿hace cuánto estás aquí? ¿Por qué estás aquí? Y él le va a contar: “Es que mi familia, es que mi hijo, es que mi mamá, es que yo” y la pregunta valedera es ¿quieres cambiar? Hay quienes están mal, pero no quieren  cambiar, no hay peor sordo, que el que no quiere oír. Ni peor ciego, que el que no quiere ver. Luis Padilla, uno de los ancianos de la iglesia, en una de sus prédicas contó la historia de un hombre en Nicaragua que tenía una llaga en la pierna. ¿Qué hace la gente que pide limosna y tiene llaga? La anda presumiendo o anda demostrando el dolor que tiene.

No sé que pasa con los seres humanos, cuando nos reunimos y alguien comparte que estuvo enfermo, que lo operaron de tal lugar, otro dice que lo operaron de otro lugar, y otro siete veces y el otro ocho veces, y se empieza a presumir de los dolores. Este hombre en Nicaragua, con la llaga,  dice Luis que salía a pedir limosna. Un día un grupo de personas se apiadaron de él, lo tomaron, lo llevaron al hospital, pagaron su curación, se le curóla pierna. Y¿qué creen que pasó? Un día lo descubrieron en un callejón  con un palo raspándosela pierna. Queríatener otra vez la llaga, para volver a enseñarla e inspirar compasión.

¿Quiere cambiar de veras? O quiere hacer que otros sientan lástima por usted. ¿Quiere  cambiar de veras su estilo de vida? O quiere simplemente que los demás le tiendan la mano y lloren con usted, porque usted tiene una fiesta de autocompasión constante y en treinta y ocho años se lamenta, porque es una persona “con tan mala suerte”, como aquel que decía: Si yo pongo circo me crecen los enanos. Hay gente negativa, pesimista que, aunque tenga la oportunidad de cambiar, no cambia. Cuánta gente tiene la oportunidad de estudiar y en vez de aprovechar la oportunidad, se la pasan perdiendo el tiempo en las universidades. Recuerdo a un amigo que me dijo: – creía que mi hijo iba a estudiar a la universidad, hasta que un día me di cuenta que tenia dos años de gastarse en muchas cosas el dinero que yo le daba, menos en estudiar.

Por eso la pregunta de Jesús es muy relevante ¿quieres quedar sano o no quieres quedar sano? Esto nos lleva a una gran verdad, el poder de Dios nunca prescinde el esfuerzo del hombre, Dios tiene todo poder de hacernos gente muy estudiosa, tiene poder de hacernos gente económicamente solvente, tiene poder de hacernos gente muy sana, pero tenga en cuenta que el poder de Dios nunca prescinde el esfuerzo del hombre.

¿Saben qué le dijeron a Josué, cuando tomó el mando en lugar de Moisés al frente de Israel?  Josué 1:9, Mira que te mando, que te esfuerces. El éxito y el esfuerzo son hermanos gemelos. Si, yo sé que el Señor tiene el poder para que oremos por usted que está pasado de libras, Dios tiene el poder para que rebaje cien libras de un solo, pero hasta hoy nunca lo he visto. Hasta hoy la persona que quiere bajar de peso tiene que esforzarse. Fui al cumpleaños de un niño y me encontré, entre todas las personas, a una joven que conocí desde muy niña aquí en la iglesia. Teníaproblemas de sobrepeso, ese día me la encontré más esbelta y le dije que la miraba más delgada y me contestó, ¡por fin! Cuéntame qué hiciste, le pregunté. – Cerrar el pico pastor-, me replicó.

¿Usted quiere bajar de peso? Esfuércese, cierre el pico, como dijo esta señora. Si se come tres hamburguesas de una sentada, redúzcalo a una, esfuércese. Le gusta el muñeco de tortillas, cómase el gorrito del muñeco. Qué lindo sería que usted pudiera venir conmigo y yo le impusiera manos y dijera: Señor, que esta persona de trescientas libras baje a ciento cincuenta. Sería maravilloso. En el mundo me buscarían por todas partes, me dirían el pastor quita grasa. Sería un ministerio exitoso, pero a lo más que puedo llegar es acariciarle la pancita y sentir que estoy acariciando a  Buda. Esfuérzate y sé valiente. Hay mamás que a veces un poco angustiadas me traen a su hijo y me dicen: Pastor ore por mi hijo, para que pase el grado. Mañana se examina. Y yo me le quedo viendo al niño y le veo cara de pícaro, así como quien dice no he estudiado nada, – pero tengo fe Pastor, ore por mí-. No resulta. Yo puedo orar por ese niño para que pase el grado y no va a pasar, porque el poder de Dios nunca prescinde del esfuerzo del hombre.

El milagro se hace cuando la voluntad humana coopera con el poder divino. Por eso le dijo Jesús  al hombre ¿Quieres quedar sano? —Señor —respondió—, no tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes. La gente siempre le echa la culpa a otros. Hablando de los gorditos, por lo general, ¿por qué está gordito? Culpa de mi mamá. Ella decía cómase todo, si no se lo come no va a salir de viaje. Mi mamá tienela culpa. Siempre le echamos la culpa a otro. Por qué no asumimos nuestra responsabilidad. Yo estoy gordo porque soy glotón. Yo estoy pobre, porque soy gastón. Yo estoy solo, porque soy una persona que cae mal, pero la excusa de siempre: Yo le caí mal a mi mamá, le caí mal a mis hermanos, le caí mal a mi mujer, le caí mal a mis hijos, le caí mal a todo el mundo y por eso estoy solo.

Desde el principio, cuando Eva le dio a Adán a probar del fruto prohibido y Dios le preguntó a Adán por qué lo había hecho, dijo que la mujer que le había dado. Es culpa tuya Señor. Yo estaba muy bien solo, me trajiste este ángel, no te pude decir que no.

Por eso la pregunta ¿Quieres quedar sano? Le está diciendo que se haga responsable de su vida de aquí en adelante, porque ya nos habrá quien lo esté cargando, ya no habrá quien esté trabajando para sostenerlo, ya no habrá quien esté cuidando su vida, ya no habrá quien le esté alimentando, bañando. Ahora es él el responsable. Todos queremos cambiar, pero muchas veces no lo hacemos, algunos solo del diente al labio. No tengo a nadie que me meta en el estanque mientras se agita el agua, y cuando trato de hacerlo, otro se mete antes.  Ahora me llama la atención la forma en la que Jesús trató a este hombre. No le dijo ven, voy a orar por ti. No le dijo ven voy a imponer manos sobre ti. No le dijo ven, yo si tengo oro y plata, toma. No le dijo ven, la próxima vez que se mueva el agua yo te empujo. No.  —Levántate, recoge tu camilla y anda. Toma acción, levántate y anda. Toma acción. Levántate.

A veces  nos falta carácter para decirle a nuestro hijo levántate. Ustedes  oyeron la historia de aquel que todo dormido un día domingo se le acerca su mamá y le dijo: – Hijo, levántese-. Mama, estoy cansado. – Levántese m’hijo, es domingo, tenemos que ir ala iglesia-. Mama, le dijo, pero para que voy a ir a la iglesia,  ahí no me quieren. – Mejor levántese, su esposa ya está lista, sus hijos están listos,  solo usted falta-. Bueno, déme siquiera una buena razón para levantarme. – Tú eres el pastor de la iglesia m’hijo. Levántate. Tome acción, no se quede sentado esperando a que las cosas pasen. En la vida hay tres clases de personas: los que ven las cosas que pasan, los que no saben lo que está pasando, y los que hacen que las cosas pasen. Y por eso usted tiene que ser de esos que se levantan y actúan. Levántate le dijo el Señor. Me impresiona mucho Josué 1:9 porque el Señor le dijo esfuérzate y sé valiente,  no temas ni desmayes, porque el Señor tu Dios irá contigo donde quieras que vayas.

La cooperación de mi voluntad con el poder de Dios, hace el milagro. Si usted quiere que ocurra haga que ocurra. Si usted no hace que ocurra no va a ocurrir, por eso es que les he enseñado que fe es un hecho, pero también es acción. Sea esa acción. Santiago dice que la fe sin obras es muerta. Usted puede estar sentado hablando de toda la fe que tiene, pero si no acciona  yo no veo su fe. La fe sin obras es un cadáver que usted lleva adentro. La fe tiene que tener acción, por eso Jesús le dijo al inválido levántate, no le dijo te voy a levantar, levántate. Lo interesante es que se levante. Usted quiere que su hijo haragán deje de ser haragán, dígale mañana levántate, levántate. Arregla tu cama y ponte a brincar en la casa por los menos. Déle una lista de lo que tiene que hacer, póngale hacer cosas, déle instrucciones claras. Levántate, recoge tu camilla. Me levanto pero estoy muy débil para llevar mi camilla. Llévatela, tú puedes. Si quieres puedes, querer es poder, todo es posible para el que cree.  Este enfermo se levantó, tomó su camilla y se fue. Yo no sé si se fue diciendo que mala suerte que me encontré con Jesús. Tan cómodo que estaba en estos treinta y ocho años. Me llevaban, me traían. Me daban, me servían. Y ahora aquí voy cargando mi camilla.

Y lo más interesante del caso, los fariseos lo detienen en el camino. Versículos más adelante dicen que Al instante aquel hombre quedó sano, así que tomó su camilla y echó a andar. Pero ese día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido sanado: —Hoy es sábado; no te está permitido cargar tu camilla. Siempre habrá alguien que le diga que no está permitido ser exitoso. No le está permitido ser triunfador. No le está permitido dejar de ser pobre y llegar a la vida en abundancia. No le está permitido salir de la opresión y vivir  en libertad, pero el que conoce a Cristo es verdaderamente libre y Dios lo levanta y lo hace triunfador, lo hace vencedor y lo saca de la pobreza, de la miseria y de la ignorancia. No permita que los religiosos de hoy en día le digan que no le está permitido.

Cuando era jovencito y estaba enla Escuela Bíblicahabía una enseñanza que nos decía: Ustedes como siervos de Dios no deben tener casa propia, no deben tener carro, no deben estudiar, porque Cristo ya viene, hay que predicar, pero el maestro tenía su casa y tenía su carro y yo decía: Lo que dice no va de acuerdo con lo que hace, qué dice la Biblia y me di cuenta que Dios, mi Señor, no solo no me prohíbe tener casa propia o carro propio o salir de la ignorancia sino que para eso envió a Jesucristo para que por medio de su pobreza usted y yo fuésemos enriquecidos y “el ladón viene  para hurtar, matar y destruir, pero yo he venido –dice Cristo- para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

El enfermo iba cargando su camilla y los religiosos en lugar de decir alabado sea Dios, por el milagro que se hizo. Le dijeron, ¿por qué estás cargando tu camilla? Casi le dijeron acuéstate en la camilla, nosotros te llevamos. Hay personas en este mundo que quieren verlo siempre en la miseria, siempre pobre, siempre dependiente de la migajas que caen de la mesa de sus señores, pero Cristo vino para servirle un banquete, para que usted viva en abundancia, tenga el pan cotidiano y todo lo que necesita, que no se afane por el techo, la comida y el vestido, porque Él sabe que usted requiere de esas cosas y se lo va a proveer. Alégrese de ser hijo de Dios, y alégrese que quiere su bendición, su bienestar.

Los religiosos en esta época decidieron que era mejor matar a Jesús, porque estaba haciendo obras como esta en sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido sanado: —Hoy es sábado; no te está permitido cargar tu camilla.  —El que me sanó me dijo: “Recoge tu camilla y anda” —les respondió.  — ¿Quién es ese hombre que te dijo: “Recógela y anda”? —le interpelaron.  El que había sido sanado no tenía idea de quién era, porque Jesús se había escabullido entre la mucha gente que había en el lugar.  Después de esto Jesús lo encontró en el templo y le dijo: —Mira, ya has quedado sano. No vuelvas a pecar, no sea que te ocurra algo peor.  El hombre se fue e informó a los judíos que Jesús era quien lo había sanado”.

Nadie nos vas a quitar la convicción de que Jesús es el Hijo de Dios, es nuestro Señor y Salvador y está aquí ahora, listo para sanar a todos los cojos, ciegos, paralíticos, inválidos, enfermos, deprimidos, hogares destrozados, familias fracasadas, Jesús es el mismo de ayer, de hoy y por todos los siglos. A Jesús ya lo mataron por todo esto, pero resucitó al tercer día y nadie lo puede matar otra vez. Ahora con más libertad, yo le vengo a decir a usted en el nombre de Jesús levántate, toma tu camilla, deja de vivir esa vida de miseria, de auto conmiseración, de depresión, de tristeza, de lamento. Si llevas treinta y ocho años como ese inválido sufriendo algo, yo te exhorto a que el día de hoy creas que Dios puede terminarlo aquí y ahora.

 

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